Si usted es inversor y quiere pegarse cabezazos contra una pared por una oportunidad perdida, mire estos dos valores de Wall Street: la estadounidense Micron y la surcoreana SK Hynix. Los títulos de la primera han subido un 728,02% en un año. Los de la segunda, un 677,93%.
El precio de los teléfonos subirá un 34% en los próximos dos años, y el de los PCs, un brutal 67%
Si usted es inversor y quiere pegarse cabezazos contra una pared por una oportunidad perdida, mire estos dos valores de Wall Street: la estadounidense Micron y la surcoreana SK Hynix. Los títulos de la primera han subido un 728,02% en un año. Los de la segunda, un 677,93%.
No son chicharros, es decir, títulos valores sin apenas liquidez que pueden dispararse o hundirse con un mínimo movimiento especulativo. Micron valía ayer martes a la apertura de Wall Street 972.000 millones de euros. SK Hynix, 950.000 millones. Ambas compañías entraron casi de la mano, el 26 y 27 de mayo, en el club del billón de dólares de capitalización bursátil.
Al contrario que SpaceX, OpenAI o Anthropic, Micron y SK Hynix no pierden dinero. Más bien, todo lo contrario. En el primer trimestre del año, Micron tuvo un margen de beneficio bruto del 84,5%. En el que acaba de terminar, espera que haya llegado al 86%. Dicho en otras palabras: Micron vende sus productos a siete veces lo que le cuesta hacerlos.
Precisamente, quienes más les compran sus productos son esas empresas de IA que no ganan dinero. Micron, SK Hynix y la también surcoreana Samsung tienen el 89,7% del mercado mundial de chips de memoria DRAM, según la empresa taiwanesa especializada en análisis de cadenas de suministro TrendForce. A su vez, la DRAM funciona como la memoria inmediata del sistema: no almacena información de forma permanente, sino que mantiene disponibles, a gran velocidad, los datos que la GPU están utilizando.
Los microchips de la GPU de Inteligencia Artificial (IA) son diseñados por la archifamosa Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, y fabricados por otro gigante, la taiwanesa TSMC. Pero, para trabajar, esos chips necesita los de memoria DRAM (o su versión para la IA conocida como HBM). Durante las fiebres del oro de América del Norte del siglo XIX se decía que los únicos que ganaban dinero no eran los buscadores del metal precioso, sino los que les vendían a éstos palas para excavar o cedazos para filtrar el agua. Nvidia es al fabricante y vendedor de la pala más importante. Pero ahora resulta de Micron y SK Hynix se han unido al club.
Sin esas empresas, no hay IA, porque los microchips de Nvidia no pueden procesar datos a gran velocidad.
Tampoco la hay sin los microchips de memoria NAND, que almacenan datos de manera permanente, incluso cuando el dispositivo está apagado. En este producto, el oligopolio de la DRAM tiene algo menos de poder: solo alcanza el 63,1% del mercado mundial. Pero si se añaden otras dos empresas – la estadounidense SanDisk y la japonesa Kioxia – pasan del 91%.
Sin NAND, tampoco hay IA, porque es imposible almacenar los datos para la DRAM y los microchips de Nvidia trabajen con ellos.
Pero, sin DRAM y NAND, tampoco hay teléfonos móviles, ordenadores, tabletas, televisiones, consolas, servidores, la nule, telefonía 5G, robots, vehículos eléctricos, híbridos, o con ayudas electrónicas a la conducción, como frenado automático, control de carril o sensores de aparcamiento. Estos chips son la piedra fundacional de todos los aparatos inteligentes, incluyendo lavadoras y neveras con sensores y hasta las grúas de los puertos de contenedores
Y, ahora, todos se los están llevando las empresas de IA. Los precios de esos componentes han crecido entre un 50% y un 70% en solo seis meses. Y la producción no va a empezar a aumentar hasta, por lo menos, finales de 2027. La razón es que el sector de los microchips de memoria se caracteriza por booms y crashes. Ninguno de los grandes jugadores quiere sobreinvertir para luego tener una fábrica funcionando a medio gas.
Esa es la razón por la que Apple anunció el 25 de junio una subida inesperada e inmediata del 20% del precio de varios modelos de sus ordenadores MacBook y sus tabletas iPad. Una semana antes, el consejero delegado de la empresa, Tim Cook, había comparado la subida de precios de los chips de memoria en lo que va de año a «una inundación de las que pasan una vez cada cien años». Para Cook, que deja el cargo el 1 de septiembre, tras una década y media en la que ha multiplicado el valor de la empresa por trece, «en cuarenta años, nunca he visto nada como esto en ninguna área». Y no hay que olvidar que la especialidad de Cook es la cadena de suministros.
Apple ha sido la primera gran empresa que ha reconocido el golpe de la escasez de chips. No en balde, la segunda empresa más valiosa del mundo llevaba al menos cerca de una década siendo la mayor compradora de microchips de todo el mundo. En 2025, todavía logró mantenerse. Pero en este 2026 es muy probable que pierda ese puesto a manos del gigante de la IA Nvidia.
La escasez de estos microchips va a hacer que el precio de los teléfonos móviles aumente de una manera brutal. El gigante de la banca de inversión Morgan Stanley calcula que, para mantener sus márgenes de beneficio, Apple deberá cobrar 270 dólares más por los teléfonos móviles que saque este otoño -incluyendo la versión plegable del iPhone 19- en relación a los del año pasado. No es solo que cada iPhone lleve dentro chips de memoria que valen 50 dólares, y que ahora van a pasar a 200, de acuerdo con los datos de la empresa de análisis de mercado Tech Inisghts. También es el aumento de la memoria de los teléfonos. A Apple, solo le cuesta 15 dólares aumentar la memoria de un teléfono 256 GB a 512 GB, pero cobra 200 dólares de diferencia por ello. En el pasado, la compañía de Tim Cook podía disfrutar de su inmenso poder de compra para imponer a los fabricantes de chips de memoria condiciones leoninas. Ahora, los gigantes de la IA han terminado con ese periodo de gloria. Apple tiene que pujar como cualquier otro por un producto escaso.
Y no solo compite, además, contra la IA. Los dos mayores fabricantes de automóviles estadounidenses. General Motors y Ford, han firmado acuerdos de compra de microchips a largo plazo con Micron. Las patronales estadounidenses NCTA (infraestructura de cable y televisión) y MDMA (fabricación de equipos médicos) han dado la voz de alarma ante la escasez de estos componentes tecnológicos, mientras que Cook podría haberse dirigido directamente a Donald Trump. La patronal de la industria digital alemana Bitkom también ha hechos suyas esas alarmas, y la mayor cadena de tiendas de artículos de electrónica de consumo del Reino Unido, Currys, pese a haber hecho acopio de stocks de teléfonos móviles y ordenadores, ya ha reconocido que las subidas de precios van a ser inevitables en el último trimestre del año. Según algunos análisis realizados en EEUU, el precio de los teléfonos subirá un 34% en los próximos dos años, y el de los PCs, un brutal 67%.
Es una combinación de precios exorbitantes y cuellos de botella. Y un serio problema para los Gobiernos, que afrontan tensiones en los precios por los aranceles de Trump y por la guerra de EEUU e Israel y sus aliados contra Irán, y no quieren ni pensar en una tercera oleada inflacionaria, esta vez por la escasez de microchips. Hay otra opción que atrae a las empresas, pero preocupa a los gobiernos por su obvio riesgo geopolítico: relajar el sistema de licencias de importación de microchips de memoria de China. Pero que conllevaría el riesgo de poner a los chips del mayor rival estratégico de Occidente en sus modelos de LLM y agentes de IA.
Y, aparte, está el componente regulatorio. Hace justo cuatro años que EEUU aprobó la Ley CHIPS, que consistía en un masivo plan de política industrial para aumentar la capacidad manufacturera del país en alta tecnología incluyendo, como su propio nombre indica, los chips. Sin embargo, una gigantesca inversión de Micron en el estado de nueva York por 100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros) ha estado durmiendo el sueño de los justos hasta que esta primavera se solucionaron las trabas legales a su construcción debido a la presencia de una colonia de murciélagos en peligro de extinción en el bosque que va a ser talado para hacer la fábrica. Por esa misma razón, el Plan de Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea aprobado el mes pasado, que preveía el desarrollo de la industria de microchips dentro de la UE, tardará años -como poco- en tener consecuencias tangibles. Y, entonces, es posible que el sector de los microchips haya entrado en una de sus características fases bajistas.
Lo que está claro es que el que quiera comprarse un teléfono o un ordenador personal este año, que se dé prisa. O eso, o que se compre una acción de Micron o de SK Hynix y que fece para que la apreciación siga. Mirando las cosas con cinismo, resulta que la IA no solo nos va a traer paro, sino, también, hiperinflación. Eso se llama estanflación, y la última vez que el mundo lo sufrió fue hace medio siglo durante la crisis del petróleo de los ochenta. Mientras esperamos los beneficios futuros de esta tecnología, sus costes a corto plazo parecen cada día más onerosos.
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