Críticas al golpe de Urtasun en la Biblioteca Nacional: «Lo hacen para poner a alguien de su cuerda»

El golpe de Ernest Urtasun en la Biblioteca Nacional de España (BNE) para cambiar, por la puerta de atrás y sin publicidad , la manera de elegir al director ha provocado la censura de exministros, oposición y funcionarios con peso dentro del Ministerio de Cultura. «Si han hecho estos cambios es porque piensan nombrar a alguien de su cuerda, entre esta intelectualidad sanchista y podemita», opina César Antonio Molina , el ministro socialista que impulsó la profesionalización del puesto tras el «desorden» que dejó Rosa Regàs en 2007. La suya es una opinión compartida por las fuentes consultadas por este periódico, algunas en condición de anonimato, que expresan su sorpresa ante este movimiento y alertan del riesgo de que una institución tan importante quede en manos de perfiles sin especialización.La modificación de los Estatutos del organismo no solo suprime la exigencia de ser un alto funcionario con experiencia en gestión de bibliotecas y archivos, abriendo el cargo a perfiles de prestigio del ámbito de la cultura, sino que impone el criterio del ministro de turno sobre el director de la BNE en la dirección estratégica. «En mi época, la presencia del ministerio en la BNE era importante –recuerda Molina, ministro de Cultura por el PSOE entre 2007 y 2009–. Pero se respetaba siempre la opinión del director y del Patronato. Hay que apartar la cultura de las decisiones estrictamente políticas. La intención era que los directores aguantaran fuera cual fuera el Gobierno. Ahora, todo esto viene de un ministro de extrema izquierda, que no sabe nada de cultura. Solo podemos esperar objetivos de control de las instituciones, que es una táctica muy soviética y trotskista».César Antonio Molina fue el ministro que rompió con la senda de nombramientos de perfiles prestigiosos de la cultura para dirigir la BNE. No es que se oponga a que perfiles como Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi asumieran ese cargo –podrían hacerlo perfectamente con un subdirector que asumiera la gestión, reflexiona–, pero sí piensa que precedentes como el de Regàs obligan a exigir conocimientos especializados. A la salida de la escritora catalana, la BNE «vivía en el desorden total». Más allá del escándalo por el robo de dos mapamundis históricos, «jamás se había hecho un inventario para ver la situación en la que estaban las colecciones, si había habido más robos». «Regàs dijo que quería convertir la BNE en la casa del pueblo y empezó a tomar una serie de medidas bastante destructivas. Es un antecedente importante».Noticia relacionada No No Urtasun veta en la Biblioteca Nacional a la empresa israelí a la que renovó hace dos meses Jaime G. MoraEsta crisis obligó al exministro a profesionalizar ese puesto y a impulsar unos códigos de buenas prácticas que aún siguen vigentes para museos como el Reina Sofía. «Todo lo hicimos pasando por el Consejo de Ministros», recuerda. Unos años después, en 2016, hubo otra reforma de los Estatutos que exigía ser funcionario de carrera A1 con experiencia en bibliotecas y archivos para acceder a ese puesto. Todo esto es lo que Urtasun ha borrado de un plumazo, sin informar en ningún momento. Su equipo de prensa ni siquiera ha respondido a las preguntas de este diario. Es una «reforma por la puerta de atrás», opinan fuentes del ministerio. Suena a un intento de controlar una institución más con un nombramiento personal, dicen. En la reforma publicada en el BOE ni siquiera se dice que se hará un concurso público entre profesionales de reconocido prestigio –esta condición solo se apunta en el preámbulo–, sino que «se acudirá a un sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia». No se aclara cómo es ese sistema, ni los méritos o la antigüedad necesarios.Malestar entre facultativosEn el Ministerio de Cultura hay malestar porque este movimiento perjudica a los cuerpos facultativos. «No confían en la gente de la casa». De todos los nombramientos que ha hecho Urtasun en los cerca de tres años que lleva al frente de la cartera de Cultura, apenas ha habido uno relevante de un facultativo, el del responsable del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Y, como informó ABC , en el caso de la elección de la número dos, el puesto estaba asignado antes de sacarlo a concurso. El resto de designaciones de Urtasun han correspondido a gente de confianza del partido o técnicos afines a la Subsecretaría. Otras voces desde dentro de la Biblioteca Nacional hablan de sorpresa y decepción. La decisión de Urtasun supone una ruptura de un cierto consenso que se había alcanzado sobre el organismo. La ley reguladora de la BNE fue aprobada en 2015 con el apoyo de PP y PSOE, y sin votos en contra. La inclusión, un año después, de la exigencia de ser alto funcionario para acceder a la dirección volvía a la tradición histórica de otorgarle el puesto a facultativos de bibliotecas. Hasta ahora se entendía que la BNE «ejerce un liderazgo como primera institución bibliotecaria del país y debe actuar como centro de referencia», y para eso hacía falta un especialista; según Urtasun, la institución «va más allá del ámbito bibliotecario y archivístico», y las funciones del director «exceden del ámbito estrictamente administrativo». Quién quiere un técnico en un altavoz propagandístico tan potente.«No entendemos por qué se hace este cambio en este momento y con esta opacidad. Vamos a pedir explicaciones al ministro», dice el PPA la oposición, este golpe le parece un escándalo. «Nos parece un insulto a la función pública y a los funcionarios que dirigen las bibliotecas en el ámbito regional, donde han demostrado su capacidad de gestión para poder aspirar a dirigir la Biblioteca Nacional», declara Sol Cruz-Guzmán , portavoz de Cultura del PP en el Congreso. «No entendemos por qué se hace este cambio en este momento y con esta opacidad. Vamos a pedir explicaciones al ministro. Los procesos, cuanto más transparentes y limpios, mejor».Joaquín Robles , de Vox, denuncia por su parte que «Urtasun concibe el Ministerio de Cultura como un medio para enchufar a su gente, por dos motivos». El primero es una cuestión estrictamente práctica: «Para tener ahí su Ministerio de Propaganda», dice Robles. «Y, en segundo lugar, porque ellos conciben la cultura como una prolongación de su ideología». Sumar, añade Robles, «prefiere la deriva ideológica de quienes nombran antes que su valía demostrada; ya lo hicieron con la creación de nuevas direcciones generales». El golpe de Ernest Urtasun en la Biblioteca Nacional de España (BNE) para cambiar, por la puerta de atrás y sin publicidad , la manera de elegir al director ha provocado la censura de exministros, oposición y funcionarios con peso dentro del Ministerio de Cultura. «Si han hecho estos cambios es porque piensan nombrar a alguien de su cuerda, entre esta intelectualidad sanchista y podemita», opina César Antonio Molina , el ministro socialista que impulsó la profesionalización del puesto tras el «desorden» que dejó Rosa Regàs en 2007. La suya es una opinión compartida por las fuentes consultadas por este periódico, algunas en condición de anonimato, que expresan su sorpresa ante este movimiento y alertan del riesgo de que una institución tan importante quede en manos de perfiles sin especialización.La modificación de los Estatutos del organismo no solo suprime la exigencia de ser un alto funcionario con experiencia en gestión de bibliotecas y archivos, abriendo el cargo a perfiles de prestigio del ámbito de la cultura, sino que impone el criterio del ministro de turno sobre el director de la BNE en la dirección estratégica. «En mi época, la presencia del ministerio en la BNE era importante –recuerda Molina, ministro de Cultura por el PSOE entre 2007 y 2009–. Pero se respetaba siempre la opinión del director y del Patronato. Hay que apartar la cultura de las decisiones estrictamente políticas. La intención era que los directores aguantaran fuera cual fuera el Gobierno. Ahora, todo esto viene de un ministro de extrema izquierda, que no sabe nada de cultura. Solo podemos esperar objetivos de control de las instituciones, que es una táctica muy soviética y trotskista».César Antonio Molina fue el ministro que rompió con la senda de nombramientos de perfiles prestigiosos de la cultura para dirigir la BNE. No es que se oponga a que perfiles como Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi asumieran ese cargo –podrían hacerlo perfectamente con un subdirector que asumiera la gestión, reflexiona–, pero sí piensa que precedentes como el de Regàs obligan a exigir conocimientos especializados. A la salida de la escritora catalana, la BNE «vivía en el desorden total». Más allá del escándalo por el robo de dos mapamundis históricos, «jamás se había hecho un inventario para ver la situación en la que estaban las colecciones, si había habido más robos». «Regàs dijo que quería convertir la BNE en la casa del pueblo y empezó a tomar una serie de medidas bastante destructivas. Es un antecedente importante».Noticia relacionada No No Urtasun veta en la Biblioteca Nacional a la empresa israelí a la que renovó hace dos meses Jaime G. MoraEsta crisis obligó al exministro a profesionalizar ese puesto y a impulsar unos códigos de buenas prácticas que aún siguen vigentes para museos como el Reina Sofía. «Todo lo hicimos pasando por el Consejo de Ministros», recuerda. Unos años después, en 2016, hubo otra reforma de los Estatutos que exigía ser funcionario de carrera A1 con experiencia en bibliotecas y archivos para acceder a ese puesto. Todo esto es lo que Urtasun ha borrado de un plumazo, sin informar en ningún momento. Su equipo de prensa ni siquiera ha respondido a las preguntas de este diario. Es una «reforma por la puerta de atrás», opinan fuentes del ministerio. Suena a un intento de controlar una institución más con un nombramiento personal, dicen. En la reforma publicada en el BOE ni siquiera se dice que se hará un concurso público entre profesionales de reconocido prestigio –esta condición solo se apunta en el preámbulo–, sino que «se acudirá a un sistema de preselección que garantice la publicidad y concurrencia». No se aclara cómo es ese sistema, ni los méritos o la antigüedad necesarios.Malestar entre facultativosEn el Ministerio de Cultura hay malestar porque este movimiento perjudica a los cuerpos facultativos. «No confían en la gente de la casa». De todos los nombramientos que ha hecho Urtasun en los cerca de tres años que lleva al frente de la cartera de Cultura, apenas ha habido uno relevante de un facultativo, el del responsable del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Y, como informó ABC , en el caso de la elección de la número dos, el puesto estaba asignado antes de sacarlo a concurso. El resto de designaciones de Urtasun han correspondido a gente de confianza del partido o técnicos afines a la Subsecretaría. Otras voces desde dentro de la Biblioteca Nacional hablan de sorpresa y decepción. La decisión de Urtasun supone una ruptura de un cierto consenso que se había alcanzado sobre el organismo. La ley reguladora de la BNE fue aprobada en 2015 con el apoyo de PP y PSOE, y sin votos en contra. La inclusión, un año después, de la exigencia de ser alto funcionario para acceder a la dirección volvía a la tradición histórica de otorgarle el puesto a facultativos de bibliotecas. Hasta ahora se entendía que la BNE «ejerce un liderazgo como primera institución bibliotecaria del país y debe actuar como centro de referencia», y para eso hacía falta un especialista; según Urtasun, la institución «va más allá del ámbito bibliotecario y archivístico», y las funciones del director «exceden del ámbito estrictamente administrativo». Quién quiere un técnico en un altavoz propagandístico tan potente.«No entendemos por qué se hace este cambio en este momento y con esta opacidad. Vamos a pedir explicaciones al ministro», dice el PPA la oposición, este golpe le parece un escándalo. «Nos parece un insulto a la función pública y a los funcionarios que dirigen las bibliotecas en el ámbito regional, donde han demostrado su capacidad de gestión para poder aspirar a dirigir la Biblioteca Nacional», declara Sol Cruz-Guzmán , portavoz de Cultura del PP en el Congreso. «No entendemos por qué se hace este cambio en este momento y con esta opacidad. Vamos a pedir explicaciones al ministro. Los procesos, cuanto más transparentes y limpios, mejor».Joaquín Robles , de Vox, denuncia por su parte que «Urtasun concibe el Ministerio de Cultura como un medio para enchufar a su gente, por dos motivos». El primero es una cuestión estrictamente práctica: «Para tener ahí su Ministerio de Propaganda», dice Robles. «Y, en segundo lugar, porque ellos conciben la cultura como una prolongación de su ideología». Sumar, añade Robles, «prefiere la deriva ideológica de quienes nombran antes que su valía demostrada; ya lo hicieron con la creación de nuevas direcciones generales».  RSS de noticias de cultura

El golpe de Ernest Urtasun en la Biblioteca Nacional de España (BNE) para cambiar, por la puerta de atrás y sin publicidad, la manera de elegir al director ha provocado la censura de exministros, oposición y funcionarios con peso dentro del Ministerio de Cultura. « … Si han hecho estos cambios es porque piensan nombrar a alguien de su cuerda, entre esta intelectualidad sanchista y podemita», opina César Antonio Molina, el ministro socialista que impulsó la profesionalización del puesto tras el «desorden» que dejó Rosa Regàs en 2007. La suya es una opinión compartida por las fuentes consultadas por este periódico, algunas en condición de anonimato, que expresan su sorpresa ante este movimiento y alertan del riesgo de que una institución tan importante quede en manos de perfiles sin especialización.

 

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