Gritos, gesticulaciones excesivas e insultos. ¿Quién no se ha alterado más de una vez al volante? Esos cabreos con el resto de conductores, aunque puedan parecer cotidianos, tienen efectos negativos: multiplican por 30 las posibilidades de tener un accidente de tráfico con heridos graves, según Línea Directa. El problema es que en muchas ocasiones una palabra más alta que la otra a través de la ventanilla del coche puede derivar en un batalla campal, ante la atenta mirada de los demás: el 10% de los conductores afirman haberse peleado físicamente o haber estado cerca de ello alguna vez.
La agresividad multiplica por 30 el riesgo y se produce de forma más asidua cuando el conductor va acompañado de amigos en el interior del vehículo, según Línea Directa
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Gritos, gesticulaciones excesivas e insultos. ¿Quién no se ha alterado más de una vez al volante? Esos cabreos con el resto de conductores, aunque puedan parecer cotidianos, tienen efectos negativos: multiplican por 30 las posibilidades de tener un accidente de tráfico con heridos graves, según Línea Directa. El problema es que en muchas ocasiones una palabra más alta que la otra a través de la ventanilla del coche puede derivar en un batalla campal, ante la atenta mirada de los demás: el 10% de los conductores afirman haberse peleado físicamente o haber estado cerca de ello alguna vez.
Aunque en muchas ciudades la conducción no es precisamente cómoda y hay que aguantar pequeñas infracciones que otros cometen y que son invisibles a ojos de la autoridad, la agresividad al volante constituye un riesgo que es mejor evitar, ya que además de las posibilidades de accidente, es imposible saber a quién se está insultando. Un adelantamiento mal hecho, un frenazo inoportuno o una excesiva lentitud de los usuarios de la vía hace que los que menos paciencia tienen se tiren de los pelos en la carretera: se transforman, lo que pone en peligro a ellos mismos y al resto de usuarios. Si ya el estado de las carreteras atraviesa el peor momento de su historia, no conviene sobreexponerse al peligro por una rabieta contra otro conductor totalmente desconocido.
Sin embargo, esa falta de contención es común a una gran parte de los usuarios de la vía: tres de cada cuatro afirman insultar al volante, es decir, 21 millones de conductores son incapaces de respetar al resto, algo que se acentúa si van acompañados de amigos en el interior del vehículo. El 25% adelanta bruscamente para intimidar en cualquier tipo de carretera y el 29% usa el claxon para reprochar, según la encuesta que ha realizado Línea Directa.
De hecho, la gran mayoría de los accidentes que se producen cada día son debidos a errores humanos. Esto choca frontalmente con el modelo de Conductor Sostenible que ha presentado hoy la Fundación Línea Directa: ni seguridad al volante, ni concienciación con el medio ambiente, ni respeto con el que está en frente. Aunque hay diferencias entre las regiones españolas: los vascos y los asturianos se autoperciben como más respetuosos y responsables, en cambio, los riojanos y balearicos reconocen estar lejos de los estándares de seguridad y respeto.
Respecto a ello, el Catedrático de Estadística en Psicología de la Universidad de Valencia Pedro Valero-Mora, ha explicado las excusas que suelen poner este tipo de perfiles agresivos: creen que son poseedores de la autoridad moral para actuar como quieran, echan la culpa de sus infracciones al resto de conductores e incluso creen que tiene más derechos que otros por tener un coche más caro.
Pero la agresividad no es lo único que influye en la cantidad y tipo de los accidentes de tráfico: según el presidente de la Confederación Nacional de Autoescuelas Enrique Lorca, uno de cada tres se produce por las distracciones con el teléfono móvil, ya sea para poner música, enviar un whatsapp o responder una llamada. Uno de cada cuatro se debe a el consumo de alcohol y drogas antes de conducir y un 33% reconoce no respetar los límites de velocidad que marca la DGT. En total, una cantidad de infracciones que suponen el 22% de todos los delitos que se comenten en España.
El caso es que casi todo el mundo que conduce se ha sacado su carnet y conoce las normas más básicas. Incluso los que no han aprobado el examen teórico serían capaces de enumerarlas: «Realmente lo que hace falta no es más formación, sino concienciación. A cualquiera que le preguntemos por la calle las normas básicas de seguridad en la conducción sabe responderlas, el problema es que luego no se aplican en la práctica», ha expresado Lorca.
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