Crece la preocupación en Sumar por los efectos abrasivos que la corrupción del PSOE puede provocarle. Y más cuando siempre ha sido un espacio político que ha llevado por bandera la denuncia implacable de las irregularidades y la obligatoriedad de depurar responsabilidades. En el recuerdo está aquel listón moral de exigir dimisiones cuando había imputación.
Cobra fuerza la opinión de que no pueden continuar con la tibieza actual, porque la situación es «muy grave» y requiere de mayor contundencia
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Crece la preocupación en Sumar por los efectos abrasivos que la corrupción del PSOE puede provocarle. Y más cuando siempre ha sido un espacio político que ha llevado por bandera la denuncia implacable de las irregularidades y la obligatoriedad de depurar responsabilidades. En el recuerdo está aquel listón moral de exigir dimisiones cuando había imputación.
A la vista está, Sumar no ha resuelto aún cómo responder políticamente a la acumulación de casos que afectan al corazón político del PSOE. Más aún desde la imputación y los indicios contra Zapatero y ante las últimas revelaciones del caso de las «cloacas» de Ferraz. No es un juicio de valor periodístico. Es la opinión que manifiestan varios sectores de Sumar: que tienen una dificultad palmaria para tomar una posición clara que concilie su presencia en el Gobierno, y su voluntad de permanecer en éste hasta el final de la legislatura, y su histórica postura dura contra la corrupción, «venga de donde venga».
Atrapado en este laberinto, los escándalos judiciales han precipitado un debate interno en Sumar sobre cómo responder ante el errático rumbo que están teniendo. Y lo que es más importante, sobre si Sumar tiene que adoptar medidas más drásticas para separarse de la corrupción del PSOE y exigir respuestas. Esto, por ahora, no significa que haya una corriente de opinión partidaria de romper y salirse del Gobierno. Ni siquiera fuentes que opinan así lo sostienen -los indicios que hay «no son suficientes» para hacer caer al Gobierno, dicen-. Pero sí hay una llamada de atención de que no pueden continuar con la tibieza actual, porque la situación es «muy grave» y requiere de mayor contundencia.
Este pasado miércoles hubo una reunión muy significativa sobre todo esto, la que celebró el grupo parlamentario de Sumar en el Congreso. No estaban todos los diputados y no fueron los ministros, que no cambiaron sus agendas pese a la gravedad de los indicios del auto de Pedraz, pero el encuentro fue el primer foro en el que se ha pulsado la opinión y el estado de ánimo del socio minoritario y de su coralidad de partidos. Claro está, el debate versó sobre cómo hay que responder. Hubo voces que reclamaron la necesidad de tomar decisiones más fuertes y otras que defendieron la importancia de proteger la continuidad del Gobierno de coalición.
Debate hubo, y mucho, pero conclusiones, ninguna, según relatan varias fuentes consultadas. Porque no hay una posición clara y mayoritaria en el grupo. La resolución de esto parece congelada, pues, hasta después de la visita del Papa.
Desde luego, los partidos que forman parte del Ejecutivo –Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y Comunes- son los que más abiertamente apuestan por mantenerse dentro del Consejo de Ministros y no poner en riesgo al Gobierno de coalición. IU, por ejemplo, está siendo un fiero defensor y no ha tenido complejo en airear teorías conspirativas para justificar las investigaciones. Involucra a la Embajada de EEUUcomo parte de una «operación de desestabilización del Gobierno» junto a la derecha y «el partido de las togas» -jueces-.
«No nos vamos a ir del Gobierno, ¿qué hemos hecho nosotros?», dice una voz autorizada de otro de los socios, que recalca que éste es un espacio «limpio».
A la espera de ver qué hace, Sumar ha elevado el tono para airear su «vergüenza», exigir «explicaciones» y al menos ha logrado que Sánchez comparezca en el Congreso. Por ahí empieza a subir el listón.
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