Los gestores de fondos españoles sortean los vaivenes del mercado y la fuerte volatilidad de 2026. La escalada geopolítica y su repercusión en los mercados financieros han impactado negativamente tanto en la rentabilidad de los productos de inversión como en el apetito de los partícipes. Pese a ello, las gestoras españolas han cerrado el primer trimestre del actual ejercicio con un incremento de su volumen bajo gestión.
La convulsa situación internacional está desviando el interés de los fondos hacia regiones como Asia y sectores como el energético. Mientras tanto, la inversión basada en criterios ESG entra en una fase de moderación y las gestoras que operan en España registran cifras récord.
Los gestores de fondos españoles sortean los vaivenes del mercado y la fuerte volatilidad de 2026. La escalada geopolítica y su repercusión en los mercados financieros han impactado negativamente tanto en la rentabilidad de los productos de inversión como en el apetito de los partícipes. Pese a ello, las gestoras españolas han cerrado el primer trimestre del actual ejercicio con un incremento de su volumen bajo gestión.
Aunque el patrimonio de los fondos españoles descendió ligeramente el pasado mes de marzo, las gestoras habían sumado alrededor de 2.528 millones de euros durante los tres primeros meses del año. Los fondos de inversión alcanzaron entonces un patrimonio bajo gestión de 453.417 millones de euros, lo que representaba un avance del 0,6% respecto a las cifras récord que el sector ya había registrado durante el mismo periodo de 2025.
El último dato disponible, correspondiente al pasado mes de abril, indica que los fondos de inversión españoles han dejado atrás el bache provocado por la fuerte volatilidad en los mercados que se desencadenó tras el inicio de la guerra en Oriente Próximo. Esa escalada bélica motivó que los inversores españoles retiraran dinero de los fondos de inversión, rompiendo con una racha positiva de 63 meses consecutivos de entradas.
Sin embargo, las gestoras de activos españolas registraron en abril unas suscripciones netas valoradas en 1.238 millones de euros, según datos de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensión (Inverco), la patronal del sector. Es decir, los fondos vuelven a captar dinero.
En 2025, el sector de la gestión de activos ya protagonizó un ejercicio histórico para el negocio. Las gestoras españolas sumaron 57.886 millones de euros a su patrimonio, el mayor incremento en términos absolutos, mientras que el volumen bajo gestión de estas firmas superó la barrera de los 450.000 millones de euros en inversiones por primera vez en la historia.
La mayor parte del avance del negocio registrado a lo largo del pasado ejercicio se explica por la revalorización de las carteras en las que invierten los fondos. Básicamente, se vieron beneficiadas por un año muy positivo para los mercados de renta variable.
Otra buena parte de esa subida del patrimonio se explica por la madurez del mercado nacional. En este sentido, los inversores españoles cada vez destinan una mayor parte de sus ahorros a invertir en fondos. En 2025, los partícipes en estos productos realizaron las mayores suscripciones de los últimos once años, confirmando que los fondos de inversión se han consolidado como el producto favorito de los ahorradores españoles.
A lo largo de 2025, las gestoras atrajeron 32.427 millones de euros netos de los partícipes. Las grandes gestoras bancarias, en especial las filiales de gestión de activos de CaixaBank, Bankinter y Unicaja, dinamizaron el sector, atrayendo las mayores cantidades de dinero neto durante el año.
Las grandes gestoras españolas destacaron el año pasado por consolidar la tendencia, iniciada varios años atrás, hacia los fondos de inversión conservadores. En 2025, los fondos monetarios y los productos de renta fija volvieron a ser los claros protagonistas del sector, atrayendo las mayores sumas de dinero de todas las categorías.
La suma de los fondos de renta fija y los productos monetarios acumularon durante el pasado curso unas suscripciones valoradas en 30.000 millones de euros netos, es decir, una cifra superior al 90% de las entradas totales registradas.
Pese a la madurez de los partícipes españoles, que cada vez muestran mayor predisposición para invertir en fondos y construirse una cartera diversificada, lo cierto es que los productos más conservadores siguen atrayendo la mayor parte de la atención del inversor nacional. Y eso, a pesar de que los productos de mayor riesgo, como los fondos de inversión especializados en renta variable, muestran unos retornos mucho mayores que los conservadores a largo plazo.
GESTORAS FORÁNEAS. Otra de las tendencias que se fueron consolidando en el sector español de fondos a lo largo de 2025 fue la proliferación de una arquitectura abierta. Así, la presencia de fondos de distintas gestoras en las carteras de inversión de los partícipes cada año es mayor. Esto ha favorecido enormemente la expansión de las grandes gestoras internacionales en España.
Año tras año, las firmas foráneas arañan cuota de mercado y controlan un patrimonio que se mueve en cifras récord. A cierre de 2025, los activos de los fondos internacionales se situaron en 370.000 millones, tras incrementarlo en 42.000 millones de euros a lo largo del año.
De este modo, las gestoras internacionales incrementaron sus activos en un 13% en 2025. Eso les ha permitido disminuir la distancia en volumen que mantienen con las firmas españolas, que, pese a ello, se mantienen como líderes del sector. En la actualidad, dos gestoras estadounidenses y otras dos de origen europeo lideran el patrimonio de las firmas internacionales en el mercado de fondos de inversión en España: BlackRock, Amundi, JPMorgan Asset Management y DWS.
De cara al futuro inmediato, el gran objetivo del sector es registrar un nuevo hito: alcanzar el billón de euros gestionado en fondos de inversión. De momento, entre las gestoras internacionales y las nacionales, el volumen de activos en fondos ya alcanza los 820.000 millones de euros.
La gran duda del inversor actual es saber qué regiones son estratégicamente resilientes. Es una pregunta que inquieta a los ahorradores, pero también a los analistas y gestores de fondos. La coyuntura es inusitada: tensiones internacionales y conflictos bélicos, así como frenazo en la rentabilidad. Y todo ello, envuelto en un panorama previo de revisiones a la baja del crecimiento mundial.
La situación descrita cambia las estrategias de inversión. «Recientemente, la geopolítica ha vuelto a los inversores más selectivos, ya que reconocen las posibles implicaciones de los acontecimientos mundiales para los mercados y las carteras», explica Lale Akoner, analista global de mercados de eToro. Los conflictos globales, según Akoner, están transformando el panorama de la inversión de tres formas. Primero, obligando a los inversores a reconsiderar la idea de que EEUU es el único destino por defecto para el capital global. Segundo, modificando la posición de Europa de mercado de bajo crecimiento a mercado con relevancia estratégica, valorada no por su crecimiento débil sino desde la perspectiva de la expansión fiscal y el gasto en seguridad. Y finalmente, destacando que los mercados emergentes se están diferenciando cada vez más, por lo que exportadores de materias primas como Brasil y otras partes de Latinoamérica podrían beneficiarse si los precios de la energía, los alimentos o los metales siguen elevados.
En Europa, «la defensa, la seguridad energética, la infraestructura de redes eléctricas, la automatización industrial y la relocalización de la producción se están convirtiendo en áreas de inversión atractivas», afirma Akoner. La demanda de fondos europeos se ha fortalecido, a pesar de las tensiones en Oriente Medio, gracias «a la diversificación fuera de EEUU y a la demanda de efectivo y renta fija a corto plazo».
En opinión de Romain Aumond, estratega cuantitativo de Natixis IM Solutions, los mercados de renta variable europeos ya se están viendo gravemente afectados por el conflicto. Se debe «al aumento de los costes de los insumos, que socava el poder de fijación de precios, y a la incertidumbre fiscal respecto al crecimiento de los beneficios en el sector energético».
En cambio, un posible destino de los fondos son los mercados emergentes con menor correlación. Es decir, aquellos que poseen tres características específicas: distancia a la zona de conflicto, exposición a la exportación de materias primas y dependencia limitada del petróleo importado. Esto apunta a Brasil, México, Chile y Perú, así como a Sudáfrica. Para Aumond, son Asia y Latinoamérica las que ofrecen una baja correlación con el conflicto actual, con un fuerte sentimiento positivo y sólidas perspectivas de ganancias.
Para Akoner, la clave es operar con «menor concentración en EEUU y mayor inversión en Europa, apostando por defensa, infraestructura y seguridad energética, junto a una exposición selectiva a los mercados emergentes». Son ajustes motivados por una táctica temporal, pero que supondrán un cambio estructural a largo plazo.
El mapa de los mercados globales empieza a redibujarse bajo una fuerza cada vez más determinante: la geopolítica. En 2026, en un contexto de fragmentación global y con los tambores de guerra resonando en distintos frentes internacionales, la inversión ha dejado de regirse principalmente por regiones para reorganizarse en sectores capaces de resistir o incluso aprovechar este nuevo entorno.
En ese nuevo tablero, el sector energético se sitúa entre los grandes ganadores del año. Los vehículos especializados lideran las rentabilidades: el fondo Schroder ISF Global Energy supera el 41% de rentabilidad en lo que va de ejercicio, seguido de estrategias como el Guinness Global Energy o el BGF World Energy Fund. El movimiento viene impulsado por el rally del crudo y la revalorización de grandes petroleras como Shell o Exxon Mobil, compañía que acumula alzas bursátiles superiores al 30%.
Desde la óptica de la inversión institucional, Marco Giordano, director de Inversiones en Wellington Management, sostiene que este giro «es estructural por naturaleza», por el mayor papel de los gobiernos en la reconfiguración de las cadenas de suministro. En este escenario, identifica como actividades beneficiadas la energía, la defensa, la industria aeroespacial, las tierras raras y la resiliencia digital.
Sin embargo, este experto también introduce un matiz de cautela: este proceso de inversión en capital hará que el mercado sea progresivamente más selectivo. Esto implicará «ganadores y perdedores, tanto entre estos sectores como dentro de ellos». Eso obliga a vigilar los riesgos de valoración y concentración. El principal peligro, advierte, es que el impulso derive en excesos de entusiasmo y concentración en ciertas temáticas.
En paralelo, el auge de determinadas materias primas refuerza este giro temático. El uranio ha pasado de activo marginal a elemento estratégico en 2026, ganando protagonismo por la demanda energética ligada a la inteligencia artificial y la descarbonización. El cobre, por su parte, se consolida como pieza clave de la electrificación y las infraestructuras digitales. En palabras de Giordano, se trata de «un paso desde apuestas cíclicas hacia posiciones más estructurales dentro de carteras diversificadas».
El comportamiento del inversor minorista presenta, sin embargo, más matices. El director de Inversiones de MyInvestor, Ignasi Viladesau, señala que el interés por materias primas como el cobre, el uranio o las tierras raras sigue siendo todavía modesto frente a posiciones mucho más consolidadas en oro y plata. Aun así, reconoce que, dentro de este universo aún incipiente, se aprecia un cambio relevante: se incrementa el uso de ETF, ETC y fondos ligados al uranio o a mineras del sector, exposición que hace apenas varios años era claramente residual.
En cualquier caso, la mayor parte del dinero que entra en los fondos sigue concentrándose en estrategias globales y diversificadas. Pese a ello, Viladesau admite un mayor interés por temáticas ligadas al nuevo entorno internacional, en un contexto en el que el inversor minorista se muestra prudente en el corto plazo, pero cada vez más expuesto a las grandes tendencias que actualmente definen el tablero global.
Las tendencias y las modas en el mundo de las finanzas no son ni más ni menos que un reflejo de la realidad social, económica y tecnológica de un momento concreto. Cualquier detalle puede hacer que activos que estaban al alza hace no mucho dejen de resultar tan interesantes. Y eso, al menos según algunas fuentes, es lo que está sucediendo con la inversión socialmente responsable (ISR).
Una de las fuentes que observa una ralentización momentánea de este segmento es Morningstar. Según sus datos, los fondos ESG globales registraron salidas netas por valor de 84.000 millones de dólares en 2025. Fue el primer ejercicio con balance negativo desde 2018, año en el que la firma norteamericana comenzó a recopilar información sobre este tipo de inversión. Contrasta con lo sucedido al cierre de 2024, cuando se registraron 38.000 millones de dólares de ingresos netos.
Partiendo de esas estadísticas, surge una duda: ¿Asistimos a un cambio de tendencia, a un fin de ciclo? ¿O simplemente este tipo de inversión atraviesa un lógico periodo de estabilización tras varios años de crecimiento significativo? Hay varios elementos que pueden explicar esta evolución…
ÁMBITO EN EVOLUCIÓN. Claudia Antuña, socia y responsable de Sostenibilidad de Analistas Financieros Internacionales (AFI), aboga por «mantener la cautela antes de sacar conclusiones» y contrasta estos datos con otros como los de la encuesta internacional de Morgan Stanley Sustainability Institute, que refleja que el interés sigue siendo elevado: «El 88% de los inversores particulares a nivel global declara estar interesado en este tipo de estrategias y el 86% de los propietarios de activos prevé aumentar sus asignaciones sostenibles en dos años».
Además, Antuña recuerda que «la inversión sostenible es un ámbito todavía en evolución, que no llega a todas las categorías de productos, ni es aplicable a todas las estrategias de inversión». Teniendo esto en cuenta, prefiere definir el momento actual como de «fase de ajuste«.
Comparte este diagnóstico Beatriz Alonso-Majagranzas, directora de Desarrollo de Negocio del Instituto de Analistas, quien define el momento actual como de «periodo de maduración«, al que se habría llegado en un «marco de simplificación regulatoria y equilibrio en los objetivos». Para resaltar el interés, todavía al alza, por la inversión sostenible, se remite al ejemplo de España: «Según Inverco, a cierre de 2025 el patrimonio de los fondos verdes rozó los 180.000 millones de euros, lo que supone un incremento interanual del 22%«.
El contexto geopolítico actual, pese al movimiento anti ESG impulsado por EEUU, invita a pensar que estas inversiones serán muy necesarias a corto y medio plazo. «Episodios como el conflicto en Oriente Medio ponen de manifiesto la relevancia del mercado energético y aceleran la necesidad de avanzar en el desarrollo de fuentes de energía renovables y alternativas«, argumenta Antuña. Y concluye: «No sólo por sostenibilidad, sino también como palanca de autonomía y seguridad económica«.
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