El ‘boom’ de los robots chinos llega a Bolsa: Unitree se dispara un 629% en su estreno en Shanghái

Hace unos pocos meses los robots humanoides daban volteretas, bailaban en horario de máxima audiencia en la gala del Año Nuevo chino y repartían patadas de kung-fu ante cientos de millones de espectadores. Este miércoles han dado otro gran salto, esta vez en los mercados.

 El fabricante de robots protagoniza uno de los debuts bursátiles más esperados mientras el Gobierno chino convierte la robótica en una de sus principales prioridades estratégicas  

Hace unos pocos meses los robots humanoides daban volteretas, bailaban en horario de máxima audiencia en la gala del Año Nuevo chino y repartían patadas de kung-fu ante cientos de millones de espectadores. Este miércoles han dado otro gran salto, esta vez en los mercados.

Unitree Robotics, la compañía de Hangzhou convertida en uno de los grandes escaparates de la nueva ofensiva tecnológica de China, debutó en la Bolsa de Shanghái con una subida del 629%. Sus acciones abrieron a 1.100 yuanes, frente a los 150,8 yuanes fijados para la oferta pública inicial, lo que otorgó al mayor fabricante de robots una capitalización de mercado de aproximadamente 445.000 millones de yuanes (57.000 millones de euros).

Era uno de los estrenos bursátiles más esperados en la superpotencia. Unitree se ha convertido en el primer fabricante de robots que cotiza en la China continental. El desembarco se produjo en el Star Market, el parqué tecnológico de Shanghái que el gigante asiático diseñó como una especie de Nasdaq chino para alimentar a sus futuros campeones nacionales.

El salto de Unitree tiene además una fuerte carga simbólica: llega cuando la robótica y la inteligencia artificial se han convertido en otro frente de la competición tecnológica entre China y Estados Unidos. El Gobierno de Xi Jinping considera los robots una «prioridad estratégica» y una herramienta para reducir su dependencia tecnológica del exterior, ganar productividad y amortiguar el impacto de una población que envejece mientras se reduce la fuerza laboral.

La historia de Unitree comenzó en 2016 en Hangzhou, una de las grandes capitales tecnológicas chinas. Su fundador, Wang Xingxing, empezó desarrollando robots cuadrúpedos cuando estas máquinas todavía eran vistas más como curiosidades de laboratorio que como un negocio de masas.

Una década después, la empresa fabrica desde sensores y brazos automatizados hasta perros robot y humanoides, y cuenta con el respaldo de pesos pesados del ecosistema tecnológico chino como Tencent, Alibaba y Meituan. Incluso DeepSeek, la empresa de IA que sacudió al sector con sus modelos de bajo coste, aparece entre sus apoyos.

Su gran escaparate llegó en las últimas dos galas del Año Nuevo chino, el programa televisivo más visto del país. Los androides de Unitree irrumpieron con coreografías sincronizadas y, posteriormente, exhibiciones de artes marciales que se hicieron virales en todo el mundo.

El espectáculo funcionó como una formidable campaña publicitaria para una empresa hasta entonces prácticamente desconocida fuera de los círculos tecnológicos. El propio Wang recibió después otra fotografía cargada de simbolismo político: ocupó un lugar destacado en el encuentro que Xi Jinping mantuvo con algunos de los principales empresarios tecnológicos del país.

Unitree no vive únicamente de vídeos virales. En apenas dos años, sus ingresos se multiplicaron por más de diez hasta rozar los 1.700 millones de yuanes en 2025, alrededor de 200 millones de euros.

Además, frente a muchas compañías del sector que todavía queman enormes cantidades de capital, Unitree obtuvo un beneficio neto de 278 millones de yuanes el año pasado, unos 33 millones de euros. En 2025 entregó más de 5.500 robots humanoides, lo que la convirtió, por volumen de unidades, en el mayor vendedor mundial. Los cuadrúpedos siguen siendo también fundamentales para su negocio y aportaron alrededor del 42% de sus ingresos.

Una de las claves de su expansión está en el precio. Unitree lleva años siguiendo una receta que China ya utilizó con éxito en los paneles solares, las baterías o los vehículos eléctricos: fabricar rápido, escalar la producción y abaratar el producto. Sus perros robot parten de unos alrededor de 2.300 euros, mientras que Spot, el famoso cuadrúpedo de la estadounidense Boston Dynamics, ronda los 70.000 dólares, más de 60.000 euros.

Con los humanoides ocurre algo parecido. Unitree comercializa desde 2024 su G1, un robot de tamaño similar al de un niño cuyo precio arranca en unos 11.600 euros. Mientras competidores estadounidenses como Tesla continúan desarrollando sus máquinas antes de una comercialización a gran escala, la compañía china ya está colocando miles de unidades en el mercado.

Hace unos días incluso presentó un nuevo humanoide bautizado como «Superman«, capaz, según la empresa, de saltar dos metros desde parado y alcanzar los 12,66 metros por segundo.

China parte con otra ventaja: una gigantesca cadena industrial capaz de fabricar motores, sensores, baterías y componentes electrónicos a precios reducidos. El apoyo estatal también ha sido decisivo. Alrededor de Hangzhou y otros polos tecnológicos han proliferado clústeres respaldados por gobiernos locales, fondos estatales y subvenciones. Según el diario China Daily, el número de compañías chinas dedicadas a la robótica se multiplicó por más de tres entre 2020 y 2024.

Pero detrás de la euforia bursátil todavía hay importantes interrogantes. Los humanoides continúan teniendo limitaciones de hardware y software y los expertos advierten de que faltan años para que puedan desplegarse masivamente en fábricas o viviendas. En el caso de Unitree, las universidades y centros de investigación siguen concentrando buena parte de las compras, mientras que las aplicaciones industriales representaban menos del 10% de sus ventas durante 2025.

También está la guerra tecnológica entre las dos principales potencias mundiales. Estados Unidos ha colocado a Unitree en una lista de compañías chinas vinculadas al ejército, bloqueando sus negocios con el Pentágono, y ha endurecido las restricciones contra nuevos robots humanoides y cuadrúpedos extranjeros en una ofensiva dirigida fundamentalmente contra los fabricantes chinos.

El golpe no es menor para una compañía que obtiene en el extranjero más del 40% de sus ingresos. Pekín acusa a Washington de utilizar la seguridad nacional para contener el avance tecnológico chino. Una batalla que recuerda cada vez más a las que ya enfrentan Washington y Pekín con los demandados semiconductores, los coches eléctricos, los drones y la IA.

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