¡Buenitas, Julito!Vuelvo a la carga con mi cruzada personal de traducción generacional, porque sé que en el fondo lo disfrutas (aunque protestes por el lenguaje de hoy). Hoy toca hablar de una expresión que seguramente te va a costar más que «flexear», porque esta no es solo una palabra nueva, es matemáticas aplicadas al tonteo: hacer un ‘dospa’.Como buen término de mi generación, viene comprimido. «Dospa» es la contracción de ‘dos pa’ dos’, y sí, Julio: es, ni más ni menos, la cita doble de toda la vida. Tú y tu amigo quedáis con una chica que, previsora ella, se trae a su amiga. Dos para dos, la cuenta sale sola. Ojo: el dospa no es con tus mejores amigos, ni con completos desconocidos. Es ese punto intermedio incómodo de ‘nos conocemos, pero no me sé tu segundo apellido’.El dospa tiene su propio rito, no creas que es quedar sin más. Seguro que reconoces esta coreografía social: el amigo que ‘casualmente’ tiene otro plan si la cosa no cuaja, la mesa donde por algún motivo siempre se sientan en diagonal para que las conversaciones se crucen, y ese silencio incómodo de los primeros diez minutos donde nadie sabe muy bien quién el gusta a quién. Esto, claro, cuando tienes presupuesto. Cuando yo era adolescente (o sea, hace ocho años), íbamos al parque y nos sentábamos en los bancos por parejas: una chica con un chico, otra chica con otro chico, y rezad para que la cosa fuese bien. Esto, entiéndeme, no es una cita y nunca se le debe llamar como tal, porque una cita exige un mínimo de compromiso, y es muy raro que de un dospa salga algo serio. Llamarlo cita rompe la magia y genera una presión insoportable. Todo tiene que sonar tan espontáneo como una tarde cualquiera, aunque tú con tu amigo lleves tres días coordinando estrategias e imaginando escenarios.Y aquí está lo bonito, Julio: el dospa democratiza el valor. Ir solo a una cita da un vértigo tremendo, pero si vas acompañado, el miedo se reparte entre cuatro. Es ligar en modo cooperativo. Trabajo en equipo. Total, si la cosa sale mal, siempre queda la excusa de «es que mi amigo estaba muy raro», y si sale bien, hay testigos para contarlo el resto de la semana.Así que, Julio, ahora te toca a ti confesar, porque en la redacción me acaban de chivar que tú has hecho «de todo»: ¿tú has hecho un dospa? ¿Los sigues haciendo? ¿Cómo lo hacíais? ¿Ibais con la chupa de cuero dando vueltas por la plaza a ver quién picaba? Espero tu respuesta, como siempre, con la ilusión intacta. ¡Un abrazote de tu zeta!CarmenPD: Sí, la existencia del ‘dospa’ implica la del ‘trespa’, y así sucesivamente.Querida Carmen:Me asombra (y me divierte) el repertorio de saludos que estás mostrando en esta correspondencia, que me está alegrando el verano. Del ‘holi’ al ‘buenitas’. Pero siempre, y eso es muy de agradecer, con sus signos de admiración correspondientes: el de apertura y el de cierre, algo que se está perdiendo.Pero entremos en materia. Me lo pones muy difícil con la palabra de hoy -un inciso; el otro día le pregunté a mi sobrino, de 28 años, por la palabra ‘flexear’, y él no la había escuchado nunca, lo cual me supuso un cierto alivio y el reforzamiento de mi teoría de que este lenguaje sobre el que me ilustras es, a la vez que efímero, muchas veces ‘de nicho’, pero esa es otra historia-. Tengo la sensación, porque no quiero erigirme en representante infalible de los ‘boomer’, que la gente de mi generación no teníamos, cuando éramos jóvenes, esa aparente necesidad que tenéis ahora de ponerle nombre a todo, incluso a aquello que no lo necesita. Y no te confundas, por favor; no protesto por el lenguaje de hoy, protesto por el mal uso (incluido el de mi generación y el mío también) de un idioma que todos, quede claro, nos empeñamos en maltratar y degradar.El ‘dospa’ del que me hablas es más antiguo que el hilo negro, pero nunca se me hubiera ocurrido atribuirlo a las citas dobles de toda la vida -como tú bien señalas-. No le veo, por otra parte, la necesidad de ponerle nombre, salvo en ese furor que parecéis demostrar los jóvenes (o algunos al menos) por las contracciones. Salvo que alguien me corrija, no hay un término ‘boomer’ para definir esta situación. No quiero dármelas de psicólogo o de sociólogo, pero está claro que todo el mundo busca compañía y apoyo cuando quiere afrontar un reto. Un ejemplo: son varias las personas que fueron elegidas en una audición cuando solo iban de acompañante de una amiga o un amigo. Ligar, sobre todo para algunos con los que la naturaleza ha sido, digamos, poco generosa, es siempre un reto. Y todos, siempre, hemos buscado el apoyo de un amigo, parece que el trago es más llevadero. Tengo la sensación, y no me llames machista, de que eso ha ocurrido más entre las mujeres que entre los hombres, pero puedo estar equivocado.Y si preguntas por mi experiencia personal, claro que he intentado ligar ‘en cuarteto’ o acompañar a un amigo a hacerlo; incluso lo he hecho en pandilla. Y claro que me ha tocado ‘aguantar la vela’ -¿se sigue empleando este término?- con otra chica mientras nuestros respectivos amigos lograban su objetivo. Piensa, querida Carmen, que todo lo que vivimos lo han vivido exactamente igual nuestros antepasados; aunque ellos no le pusieran nombre.Un abrazo de tu ‘boomer’,JulioPdta. Me sigues debiendo la explicación de dónde viene la palabra ‘flexear’. ¡Buenitas, Julito!Vuelvo a la carga con mi cruzada personal de traducción generacional, porque sé que en el fondo lo disfrutas (aunque protestes por el lenguaje de hoy). Hoy toca hablar de una expresión que seguramente te va a costar más que «flexear», porque esta no es solo una palabra nueva, es matemáticas aplicadas al tonteo: hacer un ‘dospa’.Como buen término de mi generación, viene comprimido. «Dospa» es la contracción de ‘dos pa’ dos’, y sí, Julio: es, ni más ni menos, la cita doble de toda la vida. Tú y tu amigo quedáis con una chica que, previsora ella, se trae a su amiga. Dos para dos, la cuenta sale sola. Ojo: el dospa no es con tus mejores amigos, ni con completos desconocidos. Es ese punto intermedio incómodo de ‘nos conocemos, pero no me sé tu segundo apellido’.El dospa tiene su propio rito, no creas que es quedar sin más. Seguro que reconoces esta coreografía social: el amigo que ‘casualmente’ tiene otro plan si la cosa no cuaja, la mesa donde por algún motivo siempre se sientan en diagonal para que las conversaciones se crucen, y ese silencio incómodo de los primeros diez minutos donde nadie sabe muy bien quién el gusta a quién. Esto, claro, cuando tienes presupuesto. Cuando yo era adolescente (o sea, hace ocho años), íbamos al parque y nos sentábamos en los bancos por parejas: una chica con un chico, otra chica con otro chico, y rezad para que la cosa fuese bien. Esto, entiéndeme, no es una cita y nunca se le debe llamar como tal, porque una cita exige un mínimo de compromiso, y es muy raro que de un dospa salga algo serio. Llamarlo cita rompe la magia y genera una presión insoportable. Todo tiene que sonar tan espontáneo como una tarde cualquiera, aunque tú con tu amigo lleves tres días coordinando estrategias e imaginando escenarios.Y aquí está lo bonito, Julio: el dospa democratiza el valor. Ir solo a una cita da un vértigo tremendo, pero si vas acompañado, el miedo se reparte entre cuatro. Es ligar en modo cooperativo. Trabajo en equipo. Total, si la cosa sale mal, siempre queda la excusa de «es que mi amigo estaba muy raro», y si sale bien, hay testigos para contarlo el resto de la semana.Así que, Julio, ahora te toca a ti confesar, porque en la redacción me acaban de chivar que tú has hecho «de todo»: ¿tú has hecho un dospa? ¿Los sigues haciendo? ¿Cómo lo hacíais? ¿Ibais con la chupa de cuero dando vueltas por la plaza a ver quién picaba? Espero tu respuesta, como siempre, con la ilusión intacta. ¡Un abrazote de tu zeta!CarmenPD: Sí, la existencia del ‘dospa’ implica la del ‘trespa’, y así sucesivamente.Querida Carmen:Me asombra (y me divierte) el repertorio de saludos que estás mostrando en esta correspondencia, que me está alegrando el verano. Del ‘holi’ al ‘buenitas’. Pero siempre, y eso es muy de agradecer, con sus signos de admiración correspondientes: el de apertura y el de cierre, algo que se está perdiendo.Pero entremos en materia. Me lo pones muy difícil con la palabra de hoy -un inciso; el otro día le pregunté a mi sobrino, de 28 años, por la palabra ‘flexear’, y él no la había escuchado nunca, lo cual me supuso un cierto alivio y el reforzamiento de mi teoría de que este lenguaje sobre el que me ilustras es, a la vez que efímero, muchas veces ‘de nicho’, pero esa es otra historia-. Tengo la sensación, porque no quiero erigirme en representante infalible de los ‘boomer’, que la gente de mi generación no teníamos, cuando éramos jóvenes, esa aparente necesidad que tenéis ahora de ponerle nombre a todo, incluso a aquello que no lo necesita. Y no te confundas, por favor; no protesto por el lenguaje de hoy, protesto por el mal uso (incluido el de mi generación y el mío también) de un idioma que todos, quede claro, nos empeñamos en maltratar y degradar.El ‘dospa’ del que me hablas es más antiguo que el hilo negro, pero nunca se me hubiera ocurrido atribuirlo a las citas dobles de toda la vida -como tú bien señalas-. No le veo, por otra parte, la necesidad de ponerle nombre, salvo en ese furor que parecéis demostrar los jóvenes (o algunos al menos) por las contracciones. Salvo que alguien me corrija, no hay un término ‘boomer’ para definir esta situación. No quiero dármelas de psicólogo o de sociólogo, pero está claro que todo el mundo busca compañía y apoyo cuando quiere afrontar un reto. Un ejemplo: son varias las personas que fueron elegidas en una audición cuando solo iban de acompañante de una amiga o un amigo. Ligar, sobre todo para algunos con los que la naturaleza ha sido, digamos, poco generosa, es siempre un reto. Y todos, siempre, hemos buscado el apoyo de un amigo, parece que el trago es más llevadero. Tengo la sensación, y no me llames machista, de que eso ha ocurrido más entre las mujeres que entre los hombres, pero puedo estar equivocado.Y si preguntas por mi experiencia personal, claro que he intentado ligar ‘en cuarteto’ o acompañar a un amigo a hacerlo; incluso lo he hecho en pandilla. Y claro que me ha tocado ‘aguantar la vela’ -¿se sigue empleando este término?- con otra chica mientras nuestros respectivos amigos lograban su objetivo. Piensa, querida Carmen, que todo lo que vivimos lo han vivido exactamente igual nuestros antepasados; aunque ellos no le pusieran nombre.Un abrazo de tu ‘boomer’,JulioPdta. Me sigues debiendo la explicación de dónde viene la palabra ‘flexear’. RSS de noticias de cultura
Vuelvo a la carga con mi cruzada personal de traducción generacional, porque sé que en el fondo lo disfrutas (aunque protestes por el lenguaje de hoy). Hoy toca hablar de una expresión que seguramente te va a costar más que «flexear», porque esta no es … solo una palabra nueva, es matemáticas aplicadas al tonteo: hacer un ‘dospa’.
Como buen término de mi generación, viene comprimido. «Dospa» es la contracción de ‘dos pa’ dos’, y sí, Julio: es, ni más ni menos, la cita doble de toda la vida. Tú y tu amigo quedáis con una chica que, previsora ella, se trae a su amiga. Dos para dos, la cuenta sale sola. Ojo: el dospa no es con tus mejores amigos, ni con completos desconocidos. Es ese punto intermedio incómodo de ‘nos conocemos, pero no me sé tu segundo apellido’.
El dospa tiene su propio rito, no creas que es quedar sin más. Seguro que reconoces esta coreografía social: el amigo que ‘casualmente’ tiene otro plan si la cosa no cuaja, la mesa donde por algún motivo siempre se sientan en diagonal para que las conversaciones se crucen, y ese silencio incómodo de los primeros diez minutos donde nadie sabe muy bien quién el gusta a quién. Esto, claro, cuando tienes presupuesto. Cuando yo era adolescente (o sea, hace ocho años), íbamos al parque y nos sentábamos en los bancos por parejas: una chica con un chico, otra chica con otro chico, y rezad para que la cosa fuese bien.
Esto, entiéndeme, no es una cita y nunca se le debe llamar como tal, porque una cita exige un mínimo de compromiso, y es muy raro que de un dospa salga algo serio. Llamarlo cita rompe la magia y genera una presión insoportable. Todo tiene que sonar tan espontáneo como una tarde cualquiera, aunque tú con tu amigo lleves tres días coordinando estrategias e imaginando escenarios.
Y aquí está lo bonito, Julio: el dospa democratiza el valor. Ir solo a una cita da un vértigo tremendo, pero si vas acompañado, el miedo se reparte entre cuatro. Es ligar en modo cooperativo. Trabajo en equipo. Total, si la cosa sale mal, siempre queda la excusa de «es que mi amigo estaba muy raro», y si sale bien, hay testigos para contarlo el resto de la semana.
Así que, Julio, ahora te toca a ti confesar, porque en la redacción me acaban de chivar que tú has hecho «de todo»: ¿tú has hecho un dospa? ¿Los sigues haciendo? ¿Cómo lo hacíais? ¿Ibais con la chupa de cuero dando vueltas por la plaza a ver quién picaba?
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Espero tu respuesta, como siempre, con la ilusión intacta.
¡Un abrazote de tu zeta!
Carmen
PD: Sí, la existencia del ‘dospa’ implica la del ‘trespa’, y así sucesivamente.
Querida Carmen:
Me asombra (y me divierte) el repertorio de saludos que estás mostrando en esta correspondencia, que me está alegrando el verano. Del ‘holi’ al ‘buenitas’. Pero siempre, y eso es muy de agradecer, con sus signos de admiración correspondientes: el de apertura y el de cierre, algo que se está perdiendo.
Pero entremos en materia. Me lo pones muy difícil con la palabra de hoy -un inciso; el otro día le pregunté a mi sobrino, de 28 años, por la palabra ‘flexear’, y él no la había escuchado nunca, lo cual me supuso un cierto alivio y el reforzamiento de mi teoría de que este lenguaje sobre el que me ilustras es, a la vez que efímero, muchas veces ‘de nicho’, pero esa es otra historia-. Tengo la sensación, porque no quiero erigirme en representante infalible de los ‘boomer’, que la gente de mi generación no teníamos, cuando éramos jóvenes, esa aparente necesidad que tenéis ahora de ponerle nombre a todo, incluso a aquello que no lo necesita. Y no te confundas, por favor; no protesto por el lenguaje de hoy, protesto por el mal uso (incluido el de mi generación y el mío también) de un idioma que todos, quede claro, nos empeñamos en maltratar y degradar.
El ‘dospa’ del que me hablas es más antiguo que el hilo negro, pero nunca se me hubiera ocurrido atribuirlo a las citas dobles de toda la vida -como tú bien señalas-. No le veo, por otra parte, la necesidad de ponerle nombre, salvo en ese furor que parecéis demostrar los jóvenes (o algunos al menos) por las contracciones. Salvo que alguien me corrija, no hay un término ‘boomer’ para definir esta situación.
No quiero dármelas de psicólogo o de sociólogo, pero está claro que todo el mundo busca compañía y apoyo cuando quiere afrontar un reto. Un ejemplo: son varias las personas que fueron elegidas en una audición cuando solo iban de acompañante de una amiga o un amigo. Ligar, sobre todo para algunos con los que la naturaleza ha sido, digamos, poco generosa, es siempre un reto. Y todos, siempre, hemos buscado el apoyo de un amigo, parece que el trago es más llevadero. Tengo la sensación, y no me llames machista, de que eso ha ocurrido más entre las mujeres que entre los hombres, pero puedo estar equivocado.
Y si preguntas por mi experiencia personal, claro que he intentado ligar ‘en cuarteto’ o acompañar a un amigo a hacerlo; incluso lo he hecho en pandilla. Y claro que me ha tocado ‘aguantar la vela’ -¿se sigue empleando este término?- con otra chica mientras nuestros respectivos amigos lograban su objetivo. Piensa, querida Carmen, que todo lo que vivimos lo han vivido exactamente igual nuestros antepasados; aunque ellos no le pusieran nombre.
Un abrazo de tu ‘boomer’,
Julio
Pdta. Me sigues debiendo la explicación de dónde viene la palabra ‘flexear’.
