Lo que esconde la ficha de una gran tarde de toros

Casi una década había pasado desde la última cita de El Fandi con Málaga. Volvió a pisarla tras la reciente cornada en el escroto, con el drenaje retirado apenas unas horas antes. Lo hizo con el hambre de siempre, con ese vendaval de músculo y entrega para hacer feliz al público. Decía el empresario, que es también su apoderado, que el nombre de David era el tercero por el que más preguntaban en taquilla. Y lo cierto es que los tendidos presentaron un aspecto extraordinario: prácticamente llenos, con alguna calva y muchos niños, que habían entrado a precio de un euro en la llamada corrida de la juventud. Joven aún el espíritu de Fandila, con toda su veteranía a cuestas. De rodillas abrió su capote como el que abre la puerta a una fiesta, seguida de verónicas ganando terreno y una serpentina. La plaza estalló de júbilo pronto, con un par al violín de barreras en pie. Todo lo tuvo que poner en banderillas el torero, con el toro apalancado y capotazos sin tino de su subalterno, con el del Parralejo marchando a la jurisdicción del matador durante el brindis. ¡Vaya recorte: ni El Peque! Parecía que Regente había echado la persiana, pero lo cierto es que rompió a embestir en el prólogo de rodillas. Qué manera de colocar la cara mientra lo toreaba en redondo. Fue lo más rotundo, pues aquello derivaría luego en muletazos de más voluntad que estética. Como este espectáculo es para listos, recurrió a eternos desplantes perdiendo la cara al toro; ojo, que hay que tenerlos cuadrados para eso. ‘Enfandilado’ acabó el gentío y ‘enmalagado’ David en la vuelta al ruedo, pues ni el pinchazo previo a la estocada paralizó la oreja. Marco Pérez, con las dos orejas del tercero EfeSolo el palco se interpuso en el camino de la puerta grande en el cuarto, con una doble petición abrumadora. Qué gran toro este Mestizo de una corrida de variado y notable juego, con bravo fondo (y eso que alguno no fue el más bonito de los cercados). Era para que todos se marchasen a hombros -¡»enhorabuena, ganadero!», gritaron en el broche-, pero solo Marco Pérez lo lograría, mientras que Borja Jiménez, con un lote para encumbrarse, pinchó los naturales más macizos. No se puede torear así con la zocata, tan a cámara lenta, y matar tan rematadamente mal. Otra vez la espada se llevó el premio después de saborear con exquisito temple el supremo ritmo a babor de Arrumbador. Se atascó con el verduguillo, que cambió hasta en tres ocasiones. Y a la décima sonó la flauta. Menudo era también por el izquierdo el quinto, que lo demandaba por abajo. Y a rastras ofreció su muleta el de Espartinas, que hundiría menos la espada. El golpe de descabello enfrió los ánimos y la petición no cuajó lo suficiente. Vuelta al ruedo con el lote de más clase, de gloria grande. Ya hubiese querido la estocada de Pérez al tercero, al que otorgaron dos exageradas orejas. Faena de mucho querer, que arrancó con el péndulo en un templado y ligado inicio. Soltó la cara por el derecho y tuvo más calidad por el otro lado, dentro de su media continuidad. Entre los pitones, con un tremendo arrimón, acabó el salmantino, que tuvo el gesto de brindar a Fandila: siete temporadas llevaba de matador cuando nació Marco. Desordenada la movilidad del sexto en una faena de doble velocidad, rematada de un espadazo.Feria de Málaga Coso de la Malagueta Martes, 18 de agosto de 2026. Casi lleno. Toros del Parralejo, de desiguales hechuras y variado juego, de bravo fondo y muy notable juego en conjunto. El Fandi, de nazareno y oro: pinchazo y estocada (oreja); estocada desprendida (oreja con fortísima petición de otra y bronca al palco). Borja Jiménez, de grana y oro: pinchazo y estocada que hace guardia y diez descabellos (palmitas tras aviso); pinchazo hondo y descabello (vuelta al ruedo tras petición). Marco Pérez, de blanco y oro: estocada tendida (dos orejas); estocada (petición y saludos).Fue el debutante el único al que finalmente auparían a hombros, pero la actitud de Fandila ahí quedó, con más variedad que los jóvenes -vaya empacho de chicuelinas-. A las ocho y media, un tío con un cuarto de siglo de alternativa se marchaba a portagayola para dar la bienvenida al cuarto. Una lección magistral su lidia por abajo en terrenos de chiqueros, imantándolo al capote con cadencia y un remate soberbio. Fenomenalmente siguió el director para poner a Mestizo en el peto, donde lo cuidó. Y alboroto en las zapopinas, de perfecto trazo. Qué alegre galope el del parralejo, que llevaba media faena encima -cuatro pares puso- antes de que cogiese la muleta El Fandi, mejor de hinojos que de pie. No fallaron las guapas hechuras de Mestizo, pero el granadino no estuvo a la altura del gran toro con la franela. Igual dio: tal entusiasmó desató, con gritos de «¡torero, torero!», que solicitaron con fuerza las dos orejas, aunque esta vez el presidente se puso serio y dejó todo en una. La bronca llegó a la tierra de Lorca en su noventa aniversario. Casi una década había pasado desde la última cita de El Fandi con Málaga. Volvió a pisarla tras la reciente cornada en el escroto, con el drenaje retirado apenas unas horas antes. Lo hizo con el hambre de siempre, con ese vendaval de músculo y entrega para hacer feliz al público. Decía el empresario, que es también su apoderado, que el nombre de David era el tercero por el que más preguntaban en taquilla. Y lo cierto es que los tendidos presentaron un aspecto extraordinario: prácticamente llenos, con alguna calva y muchos niños, que habían entrado a precio de un euro en la llamada corrida de la juventud. Joven aún el espíritu de Fandila, con toda su veteranía a cuestas. De rodillas abrió su capote como el que abre la puerta a una fiesta, seguida de verónicas ganando terreno y una serpentina. La plaza estalló de júbilo pronto, con un par al violín de barreras en pie. Todo lo tuvo que poner en banderillas el torero, con el toro apalancado y capotazos sin tino de su subalterno, con el del Parralejo marchando a la jurisdicción del matador durante el brindis. ¡Vaya recorte: ni El Peque! Parecía que Regente había echado la persiana, pero lo cierto es que rompió a embestir en el prólogo de rodillas. Qué manera de colocar la cara mientra lo toreaba en redondo. Fue lo más rotundo, pues aquello derivaría luego en muletazos de más voluntad que estética. Como este espectáculo es para listos, recurrió a eternos desplantes perdiendo la cara al toro; ojo, que hay que tenerlos cuadrados para eso. ‘Enfandilado’ acabó el gentío y ‘enmalagado’ David en la vuelta al ruedo, pues ni el pinchazo previo a la estocada paralizó la oreja. Marco Pérez, con las dos orejas del tercero EfeSolo el palco se interpuso en el camino de la puerta grande en el cuarto, con una doble petición abrumadora. Qué gran toro este Mestizo de una corrida de variado y notable juego, con bravo fondo (y eso que alguno no fue el más bonito de los cercados). Era para que todos se marchasen a hombros -¡»enhorabuena, ganadero!», gritaron en el broche-, pero solo Marco Pérez lo lograría, mientras que Borja Jiménez, con un lote para encumbrarse, pinchó los naturales más macizos. No se puede torear así con la zocata, tan a cámara lenta, y matar tan rematadamente mal. Otra vez la espada se llevó el premio después de saborear con exquisito temple el supremo ritmo a babor de Arrumbador. Se atascó con el verduguillo, que cambió hasta en tres ocasiones. Y a la décima sonó la flauta. Menudo era también por el izquierdo el quinto, que lo demandaba por abajo. Y a rastras ofreció su muleta el de Espartinas, que hundiría menos la espada. El golpe de descabello enfrió los ánimos y la petición no cuajó lo suficiente. Vuelta al ruedo con el lote de más clase, de gloria grande. Ya hubiese querido la estocada de Pérez al tercero, al que otorgaron dos exageradas orejas. Faena de mucho querer, que arrancó con el péndulo en un templado y ligado inicio. Soltó la cara por el derecho y tuvo más calidad por el otro lado, dentro de su media continuidad. Entre los pitones, con un tremendo arrimón, acabó el salmantino, que tuvo el gesto de brindar a Fandila: siete temporadas llevaba de matador cuando nació Marco. Desordenada la movilidad del sexto en una faena de doble velocidad, rematada de un espadazo.Feria de Málaga Coso de la Malagueta Martes, 18 de agosto de 2026. Casi lleno. Toros del Parralejo, de desiguales hechuras y variado juego, de bravo fondo y muy notable juego en conjunto. El Fandi, de nazareno y oro: pinchazo y estocada (oreja); estocada desprendida (oreja con fortísima petición de otra y bronca al palco). Borja Jiménez, de grana y oro: pinchazo y estocada que hace guardia y diez descabellos (palmitas tras aviso); pinchazo hondo y descabello (vuelta al ruedo tras petición). Marco Pérez, de blanco y oro: estocada tendida (dos orejas); estocada (petición y saludos).Fue el debutante el único al que finalmente auparían a hombros, pero la actitud de Fandila ahí quedó, con más variedad que los jóvenes -vaya empacho de chicuelinas-. A las ocho y media, un tío con un cuarto de siglo de alternativa se marchaba a portagayola para dar la bienvenida al cuarto. Una lección magistral su lidia por abajo en terrenos de chiqueros, imantándolo al capote con cadencia y un remate soberbio. Fenomenalmente siguió el director para poner a Mestizo en el peto, donde lo cuidó. Y alboroto en las zapopinas, de perfecto trazo. Qué alegre galope el del parralejo, que llevaba media faena encima -cuatro pares puso- antes de que cogiese la muleta El Fandi, mejor de hinojos que de pie. No fallaron las guapas hechuras de Mestizo, pero el granadino no estuvo a la altura del gran toro con la franela. Igual dio: tal entusiasmó desató, con gritos de «¡torero, torero!», que solicitaron con fuerza las dos orejas, aunque esta vez el presidente se puso serio y dejó todo en una. La bronca llegó a la tierra de Lorca en su noventa aniversario.  RSS de noticias de cultura

Casi una década había pasado desde la última cita de El Fandi con Málaga. Volvió a pisarla con la reciente cornada en el escroto, con el drenaje retirado apenas unas horas antes. Lo hizo con la misma hambre de siempre, con ese vendaval de músculo … y entrega para hacer feliz al público. Decía el empresario, que es también su apoderado, que el nombre de David era el tercero por el que más preguntaban en taquilla. Y lo cierto es que los tendidos presentaron un aspecto extraordinario: prácticamente llenos, con alguna calva y muchos niños, que habían entrado a precio de un euro en la llamada corrida de la juventud. Joven aún el espíritu de Fandila, con toda su veteranía a cuestas. De rodillas abrió su capote como el que abre la puerta a una fiesta, seguida de verónicas ganando terreno y una serpentina. Y la plaza estalló de júbilo pronto, con un par al violín de barreras en pie. Todo lo tuvo que poner en banderillas el torero, con el toro apalancado y capotazos sin tino de su subalterno, que dejaría que el del Parralejo marchase a la jurisdicción del matador en el brindis. ¡Vaya recorte: ni El Peque! Parecía que Regente había echado la persiana, pero lo cierto es que rompió a embestir en el prólogo de rodillas. Qué manera de colocar la cara mientra lo toreaba en redondo. Fue lo más intenso, pues aquello derivaría luego en muletazos de más voluntad que estética. Como este espectáculo es para listos, recurrió a eternos desplantes perdiendo la cara al toro; ojo, que hay que tenerlos cuadrados para eso. ‘Enfandilado’ acabó el gentío y ‘enmalagado’ David en la vuelta al ruedo, pues ni el pinchazo previo a la estocada paralizó la oreja.

 

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