Timothy Garton Ash: «Hay que hacer todo lo posible para controlar la inmigración irregular»

Timothy Garton Ash (Londres, 1955) levanta su teléfono y lo muestra a la pantalla: «Esta máquina mágica a mí me parece una maravilla: tengo toda la música del mundo, las películas, la información… todo en mi bolsillo. Pero para mucha gente no funciona así». En el continente de la Ilustración, del «piensa por ti mismo, mira los hechos y utiliza la razón crítica» –desarrolla el historiador en una entrevista por videoconferencia–, el torrente de desinformación, las redes sociales y la IA «han polarizado y fragmentado» el entorno informativo: «Las condiciones para esa Ilustración se han vuelto mucho más difíciles. ¿Tenemos unos hechos comunes que todo el mundo comparte? Seguramente no». Quién sabe. Quizá por eso su último libro, ‘Europa en 7 capítulos y medio’ (Taurus), se presente como una ‘brevísima introducción al continente más antiguo y más joven del mundo’. Adaptarse o morir. En este «ristretto», el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales –en tres semanas estará recibiendo el galardón en Oviedo– advierte de que el futuro de Europa pende de un hilo.’Europa en siete capítulos y medio’ Autor Timothy Garton Ash Traducción Andrés Barba y Álvaro Marcos Editorial Taurus Número de páginas 208 Precio 21,90 euros E-book 10,99 euros—Cuando digo Europa, ¿qué le viene a la cabeza a Timothy Garton Ash?—Lo he estado estudiando los últimos cincuenta años, así se me vienen a la mente bastantes cosas. Pero, si quiere la esencia de lo que creo que significa ser europeo en una sola frase, es estar en casa cuando estás fuera. Últimamente he estado en Oviedo, en Oxford, estaré en Berlín y también en Budapest. Para mí, esto es lo magnífico de ser europeo. —Cuenta que Europa ha sido una historia de éxito, pero que ahora está en crisis.—A mí siempre me ha preocupado un poco Europa, pero nunca como ahora. Creo que construimos la mejor Europa que tuvimos jamás, muy especialmente entre 1989 y 2005, pero desde 2008 hemos tenido una cascada de crisis: refugiados, migración, Ucrania, Brexit, Trump, Covid, la guerra de Ucrania… Ahora estamos en una situación sin precedentes, en la que esta Europa que hemos construido está bajo ataque políticamente por parte de Estados Unidos, militarmente por Rusia y económicamente por China. Además, nos enfrentamos a desafíos globales ingentes, sobre todo el cambio climático y la inteligencia artificial. Y nuestros países están muy divididos, con nacionalistas antiliberales, euroescépticos y radicales que están funcionando muy bien en las encuestas de opinión y, como acabamos de ver en Alemania, ganando elecciones. Nos encontramos ante un grupo de desafíos sin precedentes.«Europa está bajo ataque políticamente por parte de Estados Unidos, militarmente por Rusia y económicamente por China»—¿Tiene Europa capacidad para afrontar una guerra?—Estamos tratando con una guerra, la de Ucrania, una guerra más larga que la Primera Guerra Mundial y con dos millones de muertos. Esto es una guerra europea. Y en Ucrania vemos la increíble función catalizadora de la guerra en la innovación, en la industria de los drones o en la tecnología. Así que, en ese sentido, creo que la respuesta es sí. Ahora bien, si la pregunta es si estamos haciendo lo que tenemos que hacer para defender Europa en su conjunto, a los países europeos de la OTAN y de la Unión Europea sin Estados Unidos, entonces la respuesta es: no lo suficiente y no suficientemente rápido. Nos hemos acostumbrado tanto a construir Europa bajo el paraguas de EE.UU. durante ochenta años que todavía no nos podemos creer que su apoyo no esté ahí. —¿Está perdiendo Europa la batalla de la IA?—Acabo de pasar dos meses en Silicon Valley y la superinteligencia –por una vez Donald Trump ha encontrado el término adecuado– está avanzando a una velocidad absolutamente de vértigo. Cuando hablas con la gente de Silicon Valley te das cuenta de que Europa no está en ninguna parte, está a cero. Todo tiene que ver con Estados Unidos y China. Creo que lo que deberíamos estar haciendo no es solo reglamentación normativa, sino también implementar la idea de Mario Draghi del ‘régimen 28’, para que pudiera haber una capacidad europea de IA utilizando la escala de toda Europa, incluido el Reino Unido. —En un momento en que la inmigración está generando tensión, ¿qué puede hacer la UE para gestionarlo?—La respuesta no es la ‘remigración’, por utilizar este término, que en su extremo sería una especie de limpieza étnica, es decir, expulsar a ciudadanos que llevan mucho tiempo viviendo en nuestros países. En cuanto a cómo manejamos todo esto, por un lado hay que reconocer que tenemos una población que está envejeciendo y unos Estados de bienestar que sostener. A menos que tengamos muchos más hijos, y ya sabemos cuál es la tasa de fertilidad en la mayoría de los países europeos, necesitamos la migración. Pero, por otro lado, hay que entender que muchísima gente corriente se siente angustiada y preocupada por los niveles de migración y por ciertos tipos de inmigración, como la ilegal. Es difícil, pero tenemos que gestionarla mucho mejor y también integrar mejor a las personas que ya están aquí y que son compatriotas europeos. Lo que hemos hecho durante demasiado tiempo ha sido dejar entrar a demasiadas personas sin que realmente se integraran plenamente.«La superinteligencia está avanzando a una velocidad de vértigo. Cuando Europa no está en ninguna parte»—¿Cómo se gestiona esa inmigración?—Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para controlar la inmigración irregular. Tengo muy presente lo que ha sucedido recientemente en Ceuta. De hecho, visité Ceuta para mi último libro. Estas imágenes, evidentemente, circulan por toda Europa y generan respuestas políticas muy cortoplacistas, pero muy populistas, que nos llevan un poco hacia esta idea de la limpieza étnica. La gente debería tener también la sensación de que tenemos cierto control. Y con eso me refiero a la inmigración ilegal. Nos corresponde a nosotros regular las cifras, las cantidades de personas que entran por nuestras fronteras. La ironía del Brexit en es que uno de los principales motivos por los que la gente lo apoyó fue la preocupación por la migración. ¿Y qué sucedió después del Brexit? Las cifras de inmigración ilegal se dispararon. Si queremos una receta de lo que no hay que hacer, el Reino Unido nos la ha servido en bandeja de plata. —Ahora parece que empieza a cambiar esa corriente de opinión anti-UE.—Fue un resultado muy ajustado. Hubo un sesgo hacia gente mayor, muchos de los cuales ya no están o son aún mayores. Simplemente, la gente ha visto que el Brexit no está funcionando. Tan sencillo como eso. Fue una locura votar por él y esa conciencia ha ido creciendo en los últimos tiempos entre la opinión pública. Andy Burnham, el primer ministro, ha marcado un punto de inflexión al verbalizarlo. Dijo: «Vamos a analizar todas las opciones». Si tenemos que defendernos de Rusia y tenemos esta situación con China y Estados Unidos, es mejor que estemos con Europa.«La gente apoyó el Brexit por la migración. ¿Qué ha sucedido? Las cifras de inmigración ilegal se han disparado»—Si algo se asocia a Europa es el Estado de bienestar, que parece estar desmoronándose. ¿Qué ha pasado con esa vieja aspiración de revertir la desigualdad?—Con todos estos problemas, Europa sigue siendo uno de los territorios más atractivos para vivir. Lo dicen muchas encuestas y la migración también es un tributo al atractivo de Europa. No hay mucha gente que quiera ir a vivir a Rusia, a China o a Oriente. Pero ahora es difícil sostener el Estado de bienestar por diversos motivos. No tenemos los niveles de crecimiento económico necesarios para sostener el gasto, por ejemplo, de una atención sanitaria que cada vez es más cara. También está el envejecimiento de la población. Nuestros Estados de bienestar necesitan reformas. —Yo añadiría el problema de la vivienda. Imagino que sabrá lo que está ocurriendo en España.—He estado en los Países Bajos y todo el mundo hablaba exactamente de lo mismo. En diversas elecciones se observa que los hombres jóvenes tienden a votar a partidos antisistema de derecha y las mujeres jóvenes, a partidos radicales de izquierda. Esto ilustra, en realidad, lo que pasa con esas políticas liberales en el sentido más amplio, porque proporcionar vivienda asequible para la gente joven es una tarea clásica de una política de la Ilustración en el sentido liberal. Es uno de los grandes fracasos de lo que se ha hecho pasar por liberalismo en los últimos treinta o cuarenta años. La respuesta no es abandonar el liberalismo, sino reformarlo y renovarlo. «A principios de la década de 2030 ya podremos ver si Europa se fortalece o o no. Podemos entrarr en una fase de desintegración»—¿Qué país europeo le preocupa más?—Lo que me preocupa es que cada vez más europeos ven Europa como un problema y no como una solución. Desde 1945 hasta mi generación, y hasta la generación más joven que creció después de 1989, veíamos Europa como la solución, como un camino hacia delante. Piense en España: la transición a la democracia y la transición a Europa iban de la mano. Y ahora hay una cantidad creciente de europeos que piensan que Europa es más el problema que la solución. Creo que uno de los motivos para escribir este libro: cuidado con lo que deseas. —¿Cómo cree que va a ser Europa en 2050?—Bueno, eso depende en gran medida de lo que nosotros, los europeos, hagamos en los próximos cinco años. En Inglaterra tenemos un dicho que viene a ser «o lo haces o se rompe». ¿Creo que Europa podría, si tuviera la voluntad y la imaginación necesarias, responder al triple desafío de China, EE.UU. y Rusia, además del cambio climático, la IA, la defensa? La respuesta, y lo digo con énfasis, es sí. A principios de la década de 2030 ya podremos ver si Europa se fortalece en los ámbitos en los que tiene que fortalecerse, o si, por el contrario, va repitiendo el antiguo patrón de cierto orden seguido de una desintegración. Si ocurre esto último, si entramos en una fase de desintegración, entonces el historiador que ocupe mi cátedra aquí, en Oxford, en 2050 dirá: «Esos europeos cometieron el mismo error de nuevo». Timothy Garton Ash (Londres, 1955) levanta su teléfono y lo muestra a la pantalla: «Esta máquina mágica a mí me parece una maravilla: tengo toda la música del mundo, las películas, la información… todo en mi bolsillo. Pero para mucha gente no funciona así». En el continente de la Ilustración, del «piensa por ti mismo, mira los hechos y utiliza la razón crítica» –desarrolla el historiador en una entrevista por videoconferencia–, el torrente de desinformación, las redes sociales y la IA «han polarizado y fragmentado» el entorno informativo: «Las condiciones para esa Ilustración se han vuelto mucho más difíciles. ¿Tenemos unos hechos comunes que todo el mundo comparte? Seguramente no». Quién sabe. Quizá por eso su último libro, ‘Europa en 7 capítulos y medio’ (Taurus), se presente como una ‘brevísima introducción al continente más antiguo y más joven del mundo’. Adaptarse o morir. En este «ristretto», el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales –en tres semanas estará recibiendo el galardón en Oviedo– advierte de que el futuro de Europa pende de un hilo.’Europa en siete capítulos y medio’ Autor Timothy Garton Ash Traducción Andrés Barba y Álvaro Marcos Editorial Taurus Número de páginas 208 Precio 21,90 euros E-book 10,99 euros—Cuando digo Europa, ¿qué le viene a la cabeza a Timothy Garton Ash?—Lo he estado estudiando los últimos cincuenta años, así se me vienen a la mente bastantes cosas. Pero, si quiere la esencia de lo que creo que significa ser europeo en una sola frase, es estar en casa cuando estás fuera. Últimamente he estado en Oviedo, en Oxford, estaré en Berlín y también en Budapest. Para mí, esto es lo magnífico de ser europeo. —Cuenta que Europa ha sido una historia de éxito, pero que ahora está en crisis.—A mí siempre me ha preocupado un poco Europa, pero nunca como ahora. Creo que construimos la mejor Europa que tuvimos jamás, muy especialmente entre 1989 y 2005, pero desde 2008 hemos tenido una cascada de crisis: refugiados, migración, Ucrania, Brexit, Trump, Covid, la guerra de Ucrania… Ahora estamos en una situación sin precedentes, en la que esta Europa que hemos construido está bajo ataque políticamente por parte de Estados Unidos, militarmente por Rusia y económicamente por China. Además, nos enfrentamos a desafíos globales ingentes, sobre todo el cambio climático y la inteligencia artificial. Y nuestros países están muy divididos, con nacionalistas antiliberales, euroescépticos y radicales que están funcionando muy bien en las encuestas de opinión y, como acabamos de ver en Alemania, ganando elecciones. Nos encontramos ante un grupo de desafíos sin precedentes.«Europa está bajo ataque políticamente por parte de Estados Unidos, militarmente por Rusia y económicamente por China»—¿Tiene Europa capacidad para afrontar una guerra?—Estamos tratando con una guerra, la de Ucrania, una guerra más larga que la Primera Guerra Mundial y con dos millones de muertos. Esto es una guerra europea. Y en Ucrania vemos la increíble función catalizadora de la guerra en la innovación, en la industria de los drones o en la tecnología. Así que, en ese sentido, creo que la respuesta es sí. Ahora bien, si la pregunta es si estamos haciendo lo que tenemos que hacer para defender Europa en su conjunto, a los países europeos de la OTAN y de la Unión Europea sin Estados Unidos, entonces la respuesta es: no lo suficiente y no suficientemente rápido. Nos hemos acostumbrado tanto a construir Europa bajo el paraguas de EE.UU. durante ochenta años que todavía no nos podemos creer que su apoyo no esté ahí. —¿Está perdiendo Europa la batalla de la IA?—Acabo de pasar dos meses en Silicon Valley y la superinteligencia –por una vez Donald Trump ha encontrado el término adecuado– está avanzando a una velocidad absolutamente de vértigo. Cuando hablas con la gente de Silicon Valley te das cuenta de que Europa no está en ninguna parte, está a cero. Todo tiene que ver con Estados Unidos y China. Creo que lo que deberíamos estar haciendo no es solo reglamentación normativa, sino también implementar la idea de Mario Draghi del ‘régimen 28’, para que pudiera haber una capacidad europea de IA utilizando la escala de toda Europa, incluido el Reino Unido. —En un momento en que la inmigración está generando tensión, ¿qué puede hacer la UE para gestionarlo?—La respuesta no es la ‘remigración’, por utilizar este término, que en su extremo sería una especie de limpieza étnica, es decir, expulsar a ciudadanos que llevan mucho tiempo viviendo en nuestros países. En cuanto a cómo manejamos todo esto, por un lado hay que reconocer que tenemos una población que está envejeciendo y unos Estados de bienestar que sostener. A menos que tengamos muchos más hijos, y ya sabemos cuál es la tasa de fertilidad en la mayoría de los países europeos, necesitamos la migración. Pero, por otro lado, hay que entender que muchísima gente corriente se siente angustiada y preocupada por los niveles de migración y por ciertos tipos de inmigración, como la ilegal. Es difícil, pero tenemos que gestionarla mucho mejor y también integrar mejor a las personas que ya están aquí y que son compatriotas europeos. Lo que hemos hecho durante demasiado tiempo ha sido dejar entrar a demasiadas personas sin que realmente se integraran plenamente.«La superinteligencia está avanzando a una velocidad de vértigo. Cuando Europa no está en ninguna parte»—¿Cómo se gestiona esa inmigración?—Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para controlar la inmigración irregular. Tengo muy presente lo que ha sucedido recientemente en Ceuta. De hecho, visité Ceuta para mi último libro. Estas imágenes, evidentemente, circulan por toda Europa y generan respuestas políticas muy cortoplacistas, pero muy populistas, que nos llevan un poco hacia esta idea de la limpieza étnica. La gente debería tener también la sensación de que tenemos cierto control. Y con eso me refiero a la inmigración ilegal. Nos corresponde a nosotros regular las cifras, las cantidades de personas que entran por nuestras fronteras. La ironía del Brexit en es que uno de los principales motivos por los que la gente lo apoyó fue la preocupación por la migración. ¿Y qué sucedió después del Brexit? Las cifras de inmigración ilegal se dispararon. Si queremos una receta de lo que no hay que hacer, el Reino Unido nos la ha servido en bandeja de plata. —Ahora parece que empieza a cambiar esa corriente de opinión anti-UE.—Fue un resultado muy ajustado. Hubo un sesgo hacia gente mayor, muchos de los cuales ya no están o son aún mayores. Simplemente, la gente ha visto que el Brexit no está funcionando. Tan sencillo como eso. Fue una locura votar por él y esa conciencia ha ido creciendo en los últimos tiempos entre la opinión pública. Andy Burnham, el primer ministro, ha marcado un punto de inflexión al verbalizarlo. Dijo: «Vamos a analizar todas las opciones». Si tenemos que defendernos de Rusia y tenemos esta situación con China y Estados Unidos, es mejor que estemos con Europa.«La gente apoyó el Brexit por la migración. ¿Qué ha sucedido? Las cifras de inmigración ilegal se han disparado»—Si algo se asocia a Europa es el Estado de bienestar, que parece estar desmoronándose. ¿Qué ha pasado con esa vieja aspiración de revertir la desigualdad?—Con todos estos problemas, Europa sigue siendo uno de los territorios más atractivos para vivir. Lo dicen muchas encuestas y la migración también es un tributo al atractivo de Europa. No hay mucha gente que quiera ir a vivir a Rusia, a China o a Oriente. Pero ahora es difícil sostener el Estado de bienestar por diversos motivos. No tenemos los niveles de crecimiento económico necesarios para sostener el gasto, por ejemplo, de una atención sanitaria que cada vez es más cara. También está el envejecimiento de la población. Nuestros Estados de bienestar necesitan reformas. —Yo añadiría el problema de la vivienda. Imagino que sabrá lo que está ocurriendo en España.—He estado en los Países Bajos y todo el mundo hablaba exactamente de lo mismo. En diversas elecciones se observa que los hombres jóvenes tienden a votar a partidos antisistema de derecha y las mujeres jóvenes, a partidos radicales de izquierda. Esto ilustra, en realidad, lo que pasa con esas políticas liberales en el sentido más amplio, porque proporcionar vivienda asequible para la gente joven es una tarea clásica de una política de la Ilustración en el sentido liberal. Es uno de los grandes fracasos de lo que se ha hecho pasar por liberalismo en los últimos treinta o cuarenta años. La respuesta no es abandonar el liberalismo, sino reformarlo y renovarlo. «A principios de la década de 2030 ya podremos ver si Europa se fortalece o o no. Podemos entrarr en una fase de desintegración»—¿Qué país europeo le preocupa más?—Lo que me preocupa es que cada vez más europeos ven Europa como un problema y no como una solución. Desde 1945 hasta mi generación, y hasta la generación más joven que creció después de 1989, veíamos Europa como la solución, como un camino hacia delante. Piense en España: la transición a la democracia y la transición a Europa iban de la mano. Y ahora hay una cantidad creciente de europeos que piensan que Europa es más el problema que la solución. Creo que uno de los motivos para escribir este libro: cuidado con lo que deseas. —¿Cómo cree que va a ser Europa en 2050?—Bueno, eso depende en gran medida de lo que nosotros, los europeos, hagamos en los próximos cinco años. En Inglaterra tenemos un dicho que viene a ser «o lo haces o se rompe». ¿Creo que Europa podría, si tuviera la voluntad y la imaginación necesarias, responder al triple desafío de China, EE.UU. y Rusia, además del cambio climático, la IA, la defensa? La respuesta, y lo digo con énfasis, es sí. A principios de la década de 2030 ya podremos ver si Europa se fortalece en los ámbitos en los que tiene que fortalecerse, o si, por el contrario, va repitiendo el antiguo patrón de cierto orden seguido de una desintegración. Si ocurre esto último, si entramos en una fase de desintegración, entonces el historiador que ocupe mi cátedra aquí, en Oxford, en 2050 dirá: «Esos europeos cometieron el mismo error de nuevo».  RSS de noticias de cultura

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Timothy Garton Ash (Londres, 1955) levanta su teléfono y lo muestra a la pantalla: «Esta máquina mágica a mí me parece una maravilla: tengo toda la música del mundo, las películas, la información… todo en mi bolsillo. Pero para mucha gente no funciona así». … En el continente de la Ilustración, del «piensa por ti mismo, mira los hechos y utiliza la razón crítica» –desarrolla el historiador en una entrevista por videoconferencia–, el torrente de desinformación, las redes sociales y la IA «han polarizado y fragmentado» el entorno informativo: «Las condiciones para esa Ilustración se han vuelto mucho más difíciles. ¿Tenemos unos hechos comunes que todo el mundo comparte? Seguramente no». Quién sabe. Quizá por eso su último libro, ‘Europa en 7 capítulos y medio’ (Taurus), se presente como una ‘brevísima introducción al continente más antiguo y más joven del mundo’. Adaptarse o morir. En este «ristretto», el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales –en tres semanas estará recibiendo el galardón en Oviedo– advierte de que el futuro de Europa pende de un hilo.

 

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