La ejecución inconclusa de Christa Pike a mediados de esta semana en Tennessee ( EE.UU. ) ha conmocionado al mundo y ha encendido el debate sobre la pena de muerte después de que las dos inyecciones letales administradas a la rea no consiguieran acabar con su vida y tuviera que ser trasladada al hospital para recibir cuidados intensivos. Ahora la atención se centra en el director de prisiones del estado, Frank Strada, que ha dimitido tras el escándalo y después de haber supervisado otros cuatro ajusticiamientos fallidos que en los últimos seis años.La salida del director de prisiones la ha anunciado este sábado el gobernador del estado, Bill Lee, después de haber suspendido hace unos días las ejecuciones hasta fin de año y de haber ordenado una investigación independiente. El republicano calificó lo ocurrido de «profundamente inquietante», pero en un primer momento defendió las actuaciones del Departamento Correccional. «Hasta donde sabemos, siguieron al pie de la letra el protocolo establecido », dijo.Respondió así a las preguntas de un periodista sobre el historial de Strada, que incluye otra ejecución fallida en mayo de este año. En aquella ocasión, los funcionarios de prisiones de Tennessee tuvieron dificultades durante más de una hora de intentos para localizar la vena de Tony Carruthers, lo que provocó la suspensión del ajusticiamiento , de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a difundir estudios e informes sobre esta sanción legal. El Departamento Correccional de Tennessee informó que el personal médico había establecido rápidamente una vía intravenosa principal, pero no pudo establecer una de respaldo , tal como lo exige el protocolo de ejecución del estado. Los esfuerzos por insertar una central también fracasaron, y las autoridades suspendieron la ejecución. El gobernador optó por conceder al reo una prórroga de un año. Con anterioridad, Strada había ejercido como subdirector de prisiones en Arizona, donde se incorporó en 2020 para supervisar la reanudación de las ejecuciones en el estado. Su puesto incluía garantizar la formación de los equipos que llevaban a cabo los procedimientos, la supervisión de las prácticas y la obtención de los fármacos para la inyección letal, según afirmó en una declaración jurada. Allí se produjeron en ese periodo tres ejecuciones, todas ellas fallidas , hasta que en enero de 2023 dejó el cargo.Tres ejecuciones fallidas La primera de ellas fue la de Clarence Dixon en mayo de 2022, cuando los trabajadores públicos tuvieron problemas para colocar las vías intravenosas pdurante unos 40 minutos. Estas dificultades llevaron a los funcionarios a realizar una incisión en la ingle ara administrarle los fármacos letales. Lo mismo ocurrió con Murray Hooper en noviembre de ese año. Entre ambas, en junio de 2022, los funcionarios tampoco lograron encontrar la vena del condenado a muerte Frank Atwood, que tuvo que explicar al personal del Departamento Correccional el proceso de colocación de la vía intravenosa para ejecutarlo. Incluso les sugirió que la colocasen en la mano en lo que el reportero del Arizona Republic Jimmy Jenkins describió como un espectáculo «surrealista».Las ejecuciones fallidas, de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, no son necesariamente aquellas en las que el reo no fallece, sino aquellas en las que «se produce una falla o desviación del protocolo para un método de ejecución específico», como en todos estos casos. «Son aquellas que implican problemas o retrasos imprevistos que causaron, al menos de manera discutible, un sufrimiento innecesario al recluso o que reflejan una grave incompetencia del verdugo», añaden.
La ejecución inconclusa de Christa Pike a mediados de esta semana en Tennessee (EE.UU.) ha conmocionado al mundo y ha encendido el debate sobre la pena de muerte después de que las dos inyecciones letales administradas a la rea no consiguieran acabar con … su vida y tuviera que ser trasladada al hospital para recibir cuidados intensivos. Ahora la atención se centra en el director de prisiones del estado, Frank Strada, que ha dimitido tras el escándalo y después de haber supervisado otros cuatro ajusticiamientos fallidos que en los últimos seis años.
La salida del director de prisiones la ha anunciado este sábado el gobernador del estado, Bill Lee, después de haber suspendido hace unos días las ejecuciones hasta fin de año y de haber ordenado una investigación independiente. El republicano calificó lo ocurrido de «profundamente inquietante», pero en un primer momento defendió las actuaciones del Departamento Correccional. «Hasta donde sabemos, siguieron al pie de la letra el protocolo establecido», dijo.
Respondió así a las preguntas de un periodista sobre el historial de Strada, que incluye otra ejecución fallida en mayo de este año. En aquella ocasión, los funcionarios de prisiones de Tennessee tuvieron dificultades durante más de una hora de intentos para localizar la vena de Tony Carruthers, lo que provocó la suspensión del ajusticiamiento, de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a difundir estudios e informes sobre esta sanción legal.
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El Departamento Correccional de Tennessee informó que el personal médico había establecido rápidamente una vía intravenosa principal, pero no pudo establecer una de respaldo, tal como lo exige el protocolo de ejecución del estado. Los esfuerzos por insertar una central también fracasaron, y las autoridades suspendieron la ejecución. El gobernador optó por conceder al reo una prórroga de un año.
Con anterioridad, Strada había ejercido como subdirector de prisiones en Arizona, donde se incorporó en 2020 para supervisar la reanudación de las ejecuciones en el estado. Su puesto incluía garantizar la formación de los equipos que llevaban a cabo los procedimientos, la supervisión de las prácticas y la obtención de los fármacos para la inyección letal, según afirmó en una declaración jurada. Allí se produjeron en ese periodo tres ejecuciones, todas ellas fallidas, hasta que en enero de 2023 dejó el cargo.
Tres ejecuciones fallidas
La primera de ellas fue la de Clarence Dixon en mayo de 2022, cuando los trabajadores públicos tuvieron problemas para colocar las vías intravenosas pdurante unos 40 minutos. Estas dificultades llevaron a los funcionarios a realizar una incisión en la ingle ara administrarle los fármacos letales. Lo mismo ocurrió con Murray Hooper en noviembre de ese año.
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Entre ambas, en junio de 2022, los funcionarios tampoco lograron encontrar la vena del condenado a muerte Frank Atwood, que tuvo que explicar al personal del Departamento Correccional el proceso de colocación de la vía intravenosa para ejecutarlo. Incluso les sugirió que la colocasen en la mano en lo que el reportero del Arizona Republic Jimmy Jenkins describió como un espectáculo «surrealista».
Las ejecuciones fallidas, de acuerdo con el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, no son necesariamente aquellas en las que el reo no fallece, sino aquellas en las que «se produce una falla o desviación del protocolo para un método de ejecución específico», como en todos estos casos. «Son aquellas que implican problemas o retrasos imprevistos que causaron, al menos de manera discutible, un sufrimiento innecesario al recluso o que reflejan una grave incompetencia del verdugo», añaden.
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