«¿Por qué se devuelven obras que saquearon los nazis y no las que robó Napoleón?»

Dos mujeres retratadas por dos grandes artistas. Dos cuadros robados que pasaron por muchas manos. Dos historias con finales muy diferentes. A Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV , la pintó Diego de Velázquez en Madrid a finales de la década de 1630; a Adele Boch-Bauer, el pintor austriaco Gustav Klimt en 1917. El lienzo español fue saqueado por las tropas de Napoleón en el palacio del Buen Retiro de Madrid en 1808. ‘La dama de oro’ fue confiscada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas obras acabaron en colecciones particulares. La primera pintura estuvo a punto de ser subastada en Nueva York en 2024, pero fue finalmente retirada de la puja; la segunda, que se convirtió en uno de los cuadros más caros del mundo vendidos en subasta , fue reclamada por los herederos de su propietario original y los tribunales les dieron la razón. Austria tuvo que devolverla a sus legítimos dueños. El historiador Francisco García del Junco compara ambos casos en su libro ‘ Los robos de Napoleón en España ‘ (La Esfera de los libros, 2026) y se pregunta: «¿Por qué se devuelven las obras que saquearon los nazis y no las que robó Napoleón?».Para este doctor en Arqueología y profesor de la Universidad de Córdoba, es « la pregunta del millón » porque «tanto los nazis como las tropas napoleónicas se dedicaron sistemáticamente a saquear obras de arte de los países que invadían», explica en conversación telefónica. Entre ambos casos de guerras con expolios metódicos media un siglo, pero «todavía nadie ha sabido explicarme por qué los robos de unos se devuelven y los robos de otros, no», asegura García del Junco. A su juicio, bastaría con aplicar un criterio básico. Si una pieza llegó a un museo de forma ilegal o se consiguió por la fuerza de las armas, «hay que devolverla», aunque este planteamiento suponga «abrir la caja de los truenos» en instituciones como el Louvre o el Museo Británico. No así en España. «No hay nada que devolver de los museos españoles», asegura el conocido divulgador. El tesoro de los Quimbaya que reclama Colombia «fue un regalo de Estado», subraya.El autor de ‘Los robos de Napoleón en España’ no expone todos los que hubo. «Robaron tantísimo que eso sería imposible», dice. Aunque bastan los más llamativos para que el lector se haga una idea del «mayor saqueo que ha sufrido el patrimonio español en su historia». Solo de Sevilla, el mariscal Soult se llevó 999 cuadros . Con los libros del ‘Viaje de España’ de Antonio Ponz y ‘El gran diccionario del arte’ de Ceán Bermúdez en mano, los soldados franceses fueron iglesia por iglesia, despojando sus altares y sacristías de cuadros de Murillo, Zurbarán, Alonso Cano…Noticia relacionada No La Tercera Guerra y arte Encarnación RocaDel monasterio de San Lorenzo de El Escorial salieron 105 cajones con lienzos de 117 artistas como Durero, Caravaggio, Ribera, Tiziano, Leonardo da Vinci o Rafael y objetos artísticos de gran valor, como el Cristo de Cellini, al que cortaron los brazos para que cupiera en la caja. El Palacio Real de Madrid fue sometido «al mayor atraco, rapiña y depredación de su historia», según el investigador, que detalla algunos de los más de mil cuadros robados , como el ‘Matrimonio Arnolfini’, de Van Eyck, que fue interceptado en el conocido como ‘ equipaje del rey José’ y acabó en la National Gallery de Londres. Del Palacio del Buen Retiro , que albergaba 1.383 obras de altísima calidad, se llevaron cuanto pudieron antes de convertirlo en cuartel, después en prostíbulo para la tropa y finalmente volar una parte, según el relato de García del Junco. «El comportamiento francés con este palacio real fue tan salvaje que de él solo queda el Casón del Buen Retiro y el Salón de Reinos», apunta. Tampoco otros palacios, como el de Buenavista , donde se instaló el mariscal Murat , o el del Pardo , donde se alojó Napoleón en 1808, se libraron de los saqueos. Algunas de las piezas del Tesoro del Delfín nunca volvieron a Madrid. Tampoco la Perla Peregrina o el brillante El Estanque , que se perdió para siempre. Ni otras valiosas joyas del tesoro del Pilar de Zaragoza , que acabaron en manos del general Lannes, de Junot o de la esposa del mariscal Suchet. Goya representó el expolio napoleónico en ‘Los desastres de la guerra’. Fundación Goya en Aragón« Nunca se robó tanto, ni antes ni después », afirma el historiador que señala a otros mariscales de Napoleón, como Soult -«el mayor saqueador»- o Joaquín Murat, cuñado de Napoleón al que nombró rey de Nápoles, pero también al «general Sebastiani y Juan Bautista Eblé, el general Desolle, y Crochet, y D’Armagnag, y Lapereyre, y Belliard, y Lejeune, y Dupont. Y muchos otros, como Mathieu de Faviers, a quien atraían especialmente los cuadros de Murillo». Al final, todos salieron derrotados de España, «pero en ningún caso con las manos vacías ». A pesar de que se enriquecieron personalmente, García del Junco responsabiliza de los robos a Napoleón porque «si hubiera dado la orden de que se respetaran las obras de arte, aquí nadie se hubiera llevado ni un cuadrito». En cambio, el emperador francés instaba a sus ejércitos a mantenerse en los territorios conquistados con la riqueza que encontraran y permitía a sus generales el saqueo sistemático de las ciudades como botín de guerra.José García, héroe en la AlhambraEl conocido divulgador, autor de ‘Arqueología, tesoros y tumbas’ (2018) o ‘Eso no estaba en mi libro de historia de España’ (2016), se atreve a decir que « el momento más dramático y más trágico de la historia de España ha sido la invasión napoleónica » porque «dejaron el país machacado». A su juicio, ni siquiera tras las guerras carlistas o tras la Guerra Civil quedó España en tal estado de destrucción. En su libro, García del Junco recuerda la famosa victoria española en Bailén o la resistencia de Cádiz o Alicante, pero también el brutal saqueo de Córdoba , donde el general Dupont dio vía libre a sus soldados para la barbarie durante tres días, o el caso «espantoso y terrible» de Zaragoza , que pagó un alto precio por su resistencia con uñas y dientes a la invasión francesa. Francisco García del Junco, autor de ‘Los robos de Napoleón’. CedidaLa Alhambra se salvó de volar por los aires, como el palacio de los Abencerrajes o las torres del Cabo de la Carrera, del Agua o de los Siete Suelos, « gracias al cabo José García », destaca el profesor cordobés. Este militar del cuerpo de Inválidos, «con nombre y apellido tan españoles», apagó con su cuerpo la mecha de pólvora colocada por los franceses para destruir la fortaleza tras su retirada de la ciudad. «Imagínate qué hubieran hecho Francia o Inglaterra con un hombre que se jugó la vida para salvar un monumento artístico y aquí se le puso una placa de mármol encastrada en uno de los muros de la Alhambra y se acabó. ¡Nadie lo conoce!», se lamenta García del Junco.En Granada, las tropas napoleónicas profanaron la tumba del Gran Capitán en una «salvajada» que el historiador entiende mejor que su afortunadamente fallida voladura de la Alhambra, debido a que Gonzalo Fernández de Córdoba «había puesto en jaque a los ejércitos de Francia». Pero los franceses tampoco respetaron el sepulcro del Cid en Burgos, o los panteones reales de San Isidoro de León, Santa María de las Huelgas, Nájera o El Escorial. «Los soldados de Napoleón eran hijos de la Revolución que habían arrasado las tumbas de los reyes de la antigüedad franceses, gente en general sin ningún tipo de formación o cultura, que saqueaban las tumbas en busca de espadas, anillos o coronas», explica. La Inmaculada de Los Venerables con su marco original volvió en 2012 al retablo donde permaneció hasta 1813, fecha en la que la pintura fue expoliada por el mariscal Soult, durante la exposición ‘Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad’. EFEMuchos cuadros y objetos de valor que salieron de España durante la Guerra de la Independencia recalaron en museos de todo el mundo o en colecciones privadas y un número difícil de cuantificar se encuentra hoy en paradero desconocido. Sin embargo, también hay otras -«algo menos de la mitad de lo que robaron»- que volvieron a España, como la Inmaculada de Murillo del Hospital de los Venerables de Sevilla, que hoy se expone en el Prado. Regresó de París, junto a la Dama de Elche, el tesoro de Guarrazar, importantes legajos del Simancas o diversas esculturas y piezas ibéricas en un intercambio de obras firmado en Vichy en 1941 entre el Gobierno de Franco y el de Pétain. «Francia nunca había firmado un acuerdo internacional tan desfavorable», asegura García del Junco que, sin embargo, se muestra muy crítico con otras actuaciones, como la de Fernando VII al regalar obras al duque de Wellington o la del embajador que envió al Congreso de Viena. «No se actuó con inteligencia», se lamenta el historiador, que insiste: «¿Por qué nadie le pide hoy a Francia que devuelva lo que robó Napoleón?». Dos mujeres retratadas por dos grandes artistas. Dos cuadros robados que pasaron por muchas manos. Dos historias con finales muy diferentes. A Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV , la pintó Diego de Velázquez en Madrid a finales de la década de 1630; a Adele Boch-Bauer, el pintor austriaco Gustav Klimt en 1917. El lienzo español fue saqueado por las tropas de Napoleón en el palacio del Buen Retiro de Madrid en 1808. ‘La dama de oro’ fue confiscada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas obras acabaron en colecciones particulares. La primera pintura estuvo a punto de ser subastada en Nueva York en 2024, pero fue finalmente retirada de la puja; la segunda, que se convirtió en uno de los cuadros más caros del mundo vendidos en subasta , fue reclamada por los herederos de su propietario original y los tribunales les dieron la razón. Austria tuvo que devolverla a sus legítimos dueños. El historiador Francisco García del Junco compara ambos casos en su libro ‘ Los robos de Napoleón en España ‘ (La Esfera de los libros, 2026) y se pregunta: «¿Por qué se devuelven las obras que saquearon los nazis y no las que robó Napoleón?».Para este doctor en Arqueología y profesor de la Universidad de Córdoba, es « la pregunta del millón » porque «tanto los nazis como las tropas napoleónicas se dedicaron sistemáticamente a saquear obras de arte de los países que invadían», explica en conversación telefónica. Entre ambos casos de guerras con expolios metódicos media un siglo, pero «todavía nadie ha sabido explicarme por qué los robos de unos se devuelven y los robos de otros, no», asegura García del Junco. A su juicio, bastaría con aplicar un criterio básico. Si una pieza llegó a un museo de forma ilegal o se consiguió por la fuerza de las armas, «hay que devolverla», aunque este planteamiento suponga «abrir la caja de los truenos» en instituciones como el Louvre o el Museo Británico. No así en España. «No hay nada que devolver de los museos españoles», asegura el conocido divulgador. El tesoro de los Quimbaya que reclama Colombia «fue un regalo de Estado», subraya.El autor de ‘Los robos de Napoleón en España’ no expone todos los que hubo. «Robaron tantísimo que eso sería imposible», dice. Aunque bastan los más llamativos para que el lector se haga una idea del «mayor saqueo que ha sufrido el patrimonio español en su historia». Solo de Sevilla, el mariscal Soult se llevó 999 cuadros . Con los libros del ‘Viaje de España’ de Antonio Ponz y ‘El gran diccionario del arte’ de Ceán Bermúdez en mano, los soldados franceses fueron iglesia por iglesia, despojando sus altares y sacristías de cuadros de Murillo, Zurbarán, Alonso Cano…Noticia relacionada No La Tercera Guerra y arte Encarnación RocaDel monasterio de San Lorenzo de El Escorial salieron 105 cajones con lienzos de 117 artistas como Durero, Caravaggio, Ribera, Tiziano, Leonardo da Vinci o Rafael y objetos artísticos de gran valor, como el Cristo de Cellini, al que cortaron los brazos para que cupiera en la caja. El Palacio Real de Madrid fue sometido «al mayor atraco, rapiña y depredación de su historia», según el investigador, que detalla algunos de los más de mil cuadros robados , como el ‘Matrimonio Arnolfini’, de Van Eyck, que fue interceptado en el conocido como ‘ equipaje del rey José’ y acabó en la National Gallery de Londres. Del Palacio del Buen Retiro , que albergaba 1.383 obras de altísima calidad, se llevaron cuanto pudieron antes de convertirlo en cuartel, después en prostíbulo para la tropa y finalmente volar una parte, según el relato de García del Junco. «El comportamiento francés con este palacio real fue tan salvaje que de él solo queda el Casón del Buen Retiro y el Salón de Reinos», apunta. Tampoco otros palacios, como el de Buenavista , donde se instaló el mariscal Murat , o el del Pardo , donde se alojó Napoleón en 1808, se libraron de los saqueos. Algunas de las piezas del Tesoro del Delfín nunca volvieron a Madrid. Tampoco la Perla Peregrina o el brillante El Estanque , que se perdió para siempre. Ni otras valiosas joyas del tesoro del Pilar de Zaragoza , que acabaron en manos del general Lannes, de Junot o de la esposa del mariscal Suchet. Goya representó el expolio napoleónico en ‘Los desastres de la guerra’. Fundación Goya en Aragón« Nunca se robó tanto, ni antes ni después », afirma el historiador que señala a otros mariscales de Napoleón, como Soult -«el mayor saqueador»- o Joaquín Murat, cuñado de Napoleón al que nombró rey de Nápoles, pero también al «general Sebastiani y Juan Bautista Eblé, el general Desolle, y Crochet, y D’Armagnag, y Lapereyre, y Belliard, y Lejeune, y Dupont. Y muchos otros, como Mathieu de Faviers, a quien atraían especialmente los cuadros de Murillo». Al final, todos salieron derrotados de España, «pero en ningún caso con las manos vacías ». A pesar de que se enriquecieron personalmente, García del Junco responsabiliza de los robos a Napoleón porque «si hubiera dado la orden de que se respetaran las obras de arte, aquí nadie se hubiera llevado ni un cuadrito». En cambio, el emperador francés instaba a sus ejércitos a mantenerse en los territorios conquistados con la riqueza que encontraran y permitía a sus generales el saqueo sistemático de las ciudades como botín de guerra.José García, héroe en la AlhambraEl conocido divulgador, autor de ‘Arqueología, tesoros y tumbas’ (2018) o ‘Eso no estaba en mi libro de historia de España’ (2016), se atreve a decir que « el momento más dramático y más trágico de la historia de España ha sido la invasión napoleónica » porque «dejaron el país machacado». A su juicio, ni siquiera tras las guerras carlistas o tras la Guerra Civil quedó España en tal estado de destrucción. En su libro, García del Junco recuerda la famosa victoria española en Bailén o la resistencia de Cádiz o Alicante, pero también el brutal saqueo de Córdoba , donde el general Dupont dio vía libre a sus soldados para la barbarie durante tres días, o el caso «espantoso y terrible» de Zaragoza , que pagó un alto precio por su resistencia con uñas y dientes a la invasión francesa. Francisco García del Junco, autor de ‘Los robos de Napoleón’. CedidaLa Alhambra se salvó de volar por los aires, como el palacio de los Abencerrajes o las torres del Cabo de la Carrera, del Agua o de los Siete Suelos, « gracias al cabo José García », destaca el profesor cordobés. Este militar del cuerpo de Inválidos, «con nombre y apellido tan españoles», apagó con su cuerpo la mecha de pólvora colocada por los franceses para destruir la fortaleza tras su retirada de la ciudad. «Imagínate qué hubieran hecho Francia o Inglaterra con un hombre que se jugó la vida para salvar un monumento artístico y aquí se le puso una placa de mármol encastrada en uno de los muros de la Alhambra y se acabó. ¡Nadie lo conoce!», se lamenta García del Junco.En Granada, las tropas napoleónicas profanaron la tumba del Gran Capitán en una «salvajada» que el historiador entiende mejor que su afortunadamente fallida voladura de la Alhambra, debido a que Gonzalo Fernández de Córdoba «había puesto en jaque a los ejércitos de Francia». Pero los franceses tampoco respetaron el sepulcro del Cid en Burgos, o los panteones reales de San Isidoro de León, Santa María de las Huelgas, Nájera o El Escorial. «Los soldados de Napoleón eran hijos de la Revolución que habían arrasado las tumbas de los reyes de la antigüedad franceses, gente en general sin ningún tipo de formación o cultura, que saqueaban las tumbas en busca de espadas, anillos o coronas», explica. La Inmaculada de Los Venerables con su marco original volvió en 2012 al retablo donde permaneció hasta 1813, fecha en la que la pintura fue expoliada por el mariscal Soult, durante la exposición ‘Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad’. EFEMuchos cuadros y objetos de valor que salieron de España durante la Guerra de la Independencia recalaron en museos de todo el mundo o en colecciones privadas y un número difícil de cuantificar se encuentra hoy en paradero desconocido. Sin embargo, también hay otras -«algo menos de la mitad de lo que robaron»- que volvieron a España, como la Inmaculada de Murillo del Hospital de los Venerables de Sevilla, que hoy se expone en el Prado. Regresó de París, junto a la Dama de Elche, el tesoro de Guarrazar, importantes legajos del Simancas o diversas esculturas y piezas ibéricas en un intercambio de obras firmado en Vichy en 1941 entre el Gobierno de Franco y el de Pétain. «Francia nunca había firmado un acuerdo internacional tan desfavorable», asegura García del Junco que, sin embargo, se muestra muy crítico con otras actuaciones, como la de Fernando VII al regalar obras al duque de Wellington o la del embajador que envió al Congreso de Viena. «No se actuó con inteligencia», se lamenta el historiador, que insiste: «¿Por qué nadie le pide hoy a Francia que devuelva lo que robó Napoleón?».  RSS de noticias de cultura

Dos mujeres retratadas por dos grandes artistas. Dos cuadros robados que pasaron por muchas manos. Dos historias con finales muy diferentes. A Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, la pintó Diego de Velázquez en Madrid a finales de la década de 1630; a … Adele Boch-Bauer, el pintor austriaco Gustav Klimt en 1917. El lienzo español fue saqueado por las tropas de Napoleón en el palacio del Buen Retiro de Madrid en 1808. ‘La dama de oro’ fue confiscada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Ambas obras acabaron en colecciones particulares. La primera pintura estuvo a punto de ser subastada en Nueva York en 2024, pero fue finalmente retirada de la puja; la segunda, que se convirtió en uno de los cuadros más caros del mundo vendidos en subasta, fue reclamada por los herederos de su propietario original y los tribunales les dieron la razón. Austria tuvo que devolverla a sus legítimos dueños. El historiador Francisco García del Junco compara ambos casos en su libro ‘Los robos de Napoleón en España‘ (La Esfera de los libros, 2026) y se pregunta: «¿Por qué se devuelven las obras que saquearon los nazis y no las que robó Napoleón?».

 

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