100 días sin Yolanda Díaz en Sumar y un agujero cada vez más negro atados a la corrupción del PSOE

Se cronifica la sede vacante en Sumar. En la semana en la que se cumplen 100 días desde la renuncia pública de Yolanda Díaz a volver a ser la candidata de la izquierda alternativa a las próximas elecciones generales, ha quedado más expuesto que nunca el enorme boquete político que esto ha dejado en el socio minoritario del Gobierno. Pues Sumar deambula entre la ausencia de liderazgo y el rumbo errático en medio de la mayor crisis de credibilidad del Gobierno de coalición por culpa de la corrupción que asedia al PSOE y la amenaza de un final de legislatura precipitado y trágico.

 Su tibieza ante la supuesta financiación irregular de sus socios pone en entredicho el grado de flexibilidad ética del partido de la vicepresidenta  

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Se cronifica la sede vacante en Sumar. En la semana en la que se cumplen 100 días desde la renuncia pública de Yolanda Díaz a volver a ser la candidata de la izquierda alternativa a las próximas elecciones generales, ha quedado más expuesto que nunca el enorme boquete político que esto ha dejado en el socio minoritario del Gobierno. Pues Sumar deambula entre la ausencia de liderazgo y el rumbo errático en medio de la mayor crisis de credibilidad del Gobierno de coalición por culpa de la corrupción que asedia al PSOE y la amenaza de un final de legislatura precipitado y trágico.

Los escándalos de Ábalos o Cérdan, cuya respuesta fue gestionada por Díaz, ya habían desnudado hasta qué punto Sumar tiene su presente y futuro atados a la continuidad de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Ahora no está claro si alguien siquiera está liderando la reacción de Sumar a las revelaciones sobre Zapatero y las cloacas de Ferraz. Pero esa línea de dependencia con el PSOE se mantiene férrea. Lo que pasa es que la falta de exigencia y el seguidismo de Sánchez por parte de Sumar ante actitudes alarmantes están comprometiendo los cimientos de un proyecto político que está en pleno proceso de construcción de su futuro y que busca líder para abrir un tiempo nuevo.

La preocupación empieza a asomar en algunos sectores de Sumar, que vinculan la ausencia de un liderazgo en el espacio con la falta de cintura para manejarse en estos momentos de crisis y para estar a la altura en una situación tan crítica. No en vano, se podría decir que la izquierda alternativa tiene como principio fundacional la «tolerancia cero» contra la corrupción y esto, ante la actitud tan tibia que se está adoptado con el PSOE, hunde al espacio en graves contradicciones entre lo que hace y lo que se supone que debería hacer. Y esto está dejando, por cierto, una autopista libre por la que corren otras formaciones de izquierdas que sí han elevado el tono y la presión, como Podemos o Adelante Andalucía.

El límite que se ha autoimpuesto Sumar para romper con Sánchez y salirse del Gobierno es la existencia de una financiación irregular del partido. Pero el golpe por las actividades privadas de Zapatero y por las revelaciones de las cloacas dirigidas por Santos Cerdán y Leire Díez, con sus ramificaciones en Ferraz y la Guardia Civil, están poniendo en entredicho el grado de flexibilidad ética que exhibe Sumar. Tanto es así que algunos se preguntan si esto no es más grave que la financiación irregular.

En lo que hay una coincidencia total entre todos los sectores de Sumar es que romper con el PSOE sería tanto como precipitar unas elecciones anticipadas y no se quiere aparecer bajo ningún concepto como culpables de haber abierto la puerta a la llegada de PP y Vox al Gobierno. Este miedo atenaza todos los movimientos de Sumar y explica sus actos.

Hace más de una semana que el grupo parlamentario de Sumar abordó un debate interno sobre adoptar posiciones más duras. Había voces que reclamaban tomar decisiones contundentes, sin embargo, no se llegó a un consenso entre los diferentes partidos que componen la coalición y esto ha provocado que el socio minoritario siga viéndose arrastrado por los acontecimientos sin tener claro un plan.

La situación se agudiza porque tampoco está ese líder que impulse decisiones o que marque una línea clara a seguir. Desde que anunciara su renuncia a repetir como candidata, Díaz se ha mantenido formalmente como vicepresidenta segunda del Gobierno pero ha dejado de facto de asumir el papel de referente de Sumar. Con todo lo que eso implica. El ministro Pablo Bustinduy ha cogido mucho vuelo en cuestiones que afectan al Gobierno y, en concreto, al objetivo prioritario de abordar el problema de la vivienda. Sucede lo mismo con el ministro Ernest Urtasun, una pieza clave en el contacto con el PSOE.

Díaz, que ha cortado de manera drástica su contacto con los periodistas y que ha limitado su proyección en medios, algo que claramente está afectando a la respuesta pública de Sumar, se ha atrincherado en las cuestiones propias del Ministerio de Trabajo y en los viajes internacionales. El caso Zapatero le cogió en China y los coletazos del sumario de Díez en relación con la cúpula de la Guardia Civil le pillan en Portugal.

Cuando Díaz comunicó que no repetiría, hace hoy 101 días, sucumbía a la fuerte presión interna para que la nueva alianza que nace, y que no se llamará Sumar, pudiera expresar con otro liderazgo el nuevo tiempo. IU y otros socios de la coalición no la querían al frente por su desgaste y otros motivos, pero han pasado los meses y se enquista la elección de un candidato. ¿Se la empujó afuera sin tener un plan B?

Este vacío de liderazgo se está convirtiendo en un problema cada día más grande. Algo de lo que se es bien consciente dentro de Sumar y que reconocen muchos interlocutores. Bien lo está aprovechando Gabriel Rufián y, en menor medida, Irene Montero para lanzarse a por ese espacio y dejarse querer. El contexto tan envenenado por la corrupción ha empeorado las cosas, porque no es una motivación para dar pasos al frente.

Se habló de que el próximo líder pudiera estar elegido para el pasado mes mayo. Ahora se insinúan novedades para antes de las vacaciones verano. Los rumores corren pero no hay certezas. Bustinduy es el favorito, pero el ministro insiste en renunciar a estar en la carrera por ser el candidato. Urtasun, que también se descartaba hace meses, ha dejado de hacerlo y eso ha llamado la atención. Unai Sordo, líder de CCOO, vuelve a sonar casi un año después. Hay fuentes de Sumar que hacen una lectura pesimista de la situación y admiten que dar con un relevo está resultando difícil. Sumar es, con diferencia, a la candidatura que peor le pueden venir unas elecciones anticipadas.

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