Paco Roca: «Mantener una pareja estable para toda la vida ya no es natural; hoy preferimos cambiar antes que luchar»

Tras haber diseccionado la vejez en ‘Arrugas’, el duelo filial en ‘La casa’ y la herida histórica en ‘El abismo del olvido’, Paco Roca (Valencia, 1969) regresa a las librerías con ‘El viaje’ (Astiberri Ediciones) su obra más íntima y punzante hasta la fecha. Una novela gráfica que no nace de la épica, sino de la libreta de notas de un autor que, tras vivir una separación en su entorno y observar cómo los matrimonios de sus amigos caían como fichas de dominó, decidió «vampirizar» la realidad para intentar comprender el gran dilema contemporáneo: ¿por qué nos cuesta tanto sostener la vida en pareja? El premio Nacional del Cómic despliega su característico grafismo sintético para captar lo que el cine a veces exagera: la sutil caligrafía del lenguaje corporal, el acercamiento de dos extraños y el doloroso proceso de soltar amarras.—Apenas saliendo la edición en papel a las librerías, ya se ha anunciado un proyecto de adaptación cinematográfica. ¿Cómo se asume el salto al cine?—Fue muy curioso. Alguien del sector leyó los bocetos iniciales del cómic, que entonces tenía unas 120 páginas (la versión final alcanzó las 180 a medida que la iba enriqueciendo), y se interesó de inmediato. Me resulta llamativo porque me parece una historia difícil de adaptar, en una línea muy similar a lo que supuso ‘La casa’. No son obras que dependan de una gran estructura de acción o de giros de guion comerciales; son libros basados en conversaciones, atmósferas y la transmisión de emociones puras. —’El viaje’ recrea un retrato de la memoria en pareja a partir de tu propia experiencia y de otras vidas cercanas.  —El punto de partida es una circunstancia real, una historia real. Hace años hubo una separación y le di muchas vueltas a lo que eso representa. Además, cuando se trata de una relación muy larga y hay hijos de por medio, te planteas muchísimos temas. Al principio no tenía muy claro si iba a hacer un cómic con eso; simplemente me dedicaba a tomar notas. Al final, los que vivimos de contar historias basadas en la realidad siempre estamos apuntando las cosas que nos pasan, porque con eso construimos nuestros relatos. Durante ese tiempo me di cuenta de la importancia que todos le damos a tener una relación estable. Es algo que buscamos, pero que en el fondo requiere un gran esfuerzo. Intentamos resolver ese gran dilema que es fundirnos con otra persona, pero al mismo tiempo chocamos con el espíritu humano, que requiere una identidad propia y un espacio personal. —Parece que para sostener ese proyecto común a veces estás obligado a diluirte un poco como individuo—Y en muchos casos, la vida en pareja implica renunciar a esos espacios. También noté que mucha gente a mi alrededor estaba en circunstancias parecidas. Si te mueves en la franja de los 40 a los 50 y tantos años, ahí es donde se concentran más separaciones, por lo que todo mi entorno tenía alguna historia interesante que me hacía reflexionar. Eché mano de todo eso para construir la historia: experiencias propias, pero también ajenas. En los créditos no aparece todo el mundo a quien tendría que agradecerle el haber «vampirizado» sus vidas, pero, por ejemplo, el personaje de Sofía está inspirado en parte en Sonia. Lógicamente, a algunas personas se les hace raro verse reflejadas, por mucho que les avises de que vas a usar su historia, sus diálogos reales y cosas así. Yo estoy acostumbrado a trabajar con material autobiográfico, pero entiendo perfectamente que a la gente ajena a este mundo le resulte extraño aparecer en una historia que ellos no han escrito ni han podido controlar.Un breve fragmento de ‘El viaje’. Astiberri—Raro es el creador que no tome elementos de su propia vida para construir sus obras.—Si trabajas con relatos muy anclados en la realidad, lógicamente echas mano de lo que conoces y, en muchos casos, de tu propia experiencia. Sin embargo, también es verdad que tu experiencia es algo compartido con más gente. Al final, los autores nos tomamos una licencia; yo tengo claro que en mi caso pesa más mi parte de autor que mi pudor personal. Pero también condeno a la gente que me rodea a que también anteponga eso. Y claro, no siempre digamos que tienes el derecho, creo, no sé, a hacerlo. También es un dilema si tengo o no tengo derecho a contar determinadas cosas.—La vida de los demás afecta a tu propia vida, entonces tú también eres dueño de esta en cierta parte, al menos de las acciones que te han repercutido a ti.—Es algo que tengo muy presente. En todos mis cómics aparecen temas personales vinculados a mi entorno o personajes reales que me han confiado sus vidas. Durante el proceso creativo intento pensar lo mínimo en cómo lo van a leer los implicados; de alguna manera, antepones la obra en sí, como si el relato estuviera por encima de todo. Lo verdaderamente importante es conseguir una historia que funcione, así que procuro quitarme esos condicionantes de la cabeza. El verdadero problema viene después. Cuando el libro ya está impreso y llega a las librerías, es ahí cuando me asaltan todos los miedos sobre cómo reaccionarán determinadas personas al leerlo. Siempre me pasa, aunque, a fin de cuentas, el balance final siempre es positivo.«El azar lo llevamos muy mal. Intentamos buscar una relación de causa y efecto para todo, ya sea en una ruptura, en una enfermedad grave o en la muerte de un ser querido»—Decías antes que el amor en pareja tiene un componente práctico.—Creo que hay que diferenciar dos cosas: una es el amor y otra, la relación de pareja. El amor es el punto de partida, pero, desde los orígenes del ser humano, la vida en pareja ha respondido a un factor práctico y evolutivo. Formar y mantener una familia es mucho más viable económicamente entre dos que en solitario; siempre es más barato mantener una casa que pagar dos alquileres. Existen mil motivos prácticos que han llevado al ser humano a establecerse en parejas estables, aunque no sea un comportamiento estrictamente natural. En sus orígenes influyeron desde el control de enfermedades hasta factores socioculturales; después, las religiones y la cultura hicieron el resto para convencernos de que eran estructuras inamovibles. Las relaciones, tal y como las entendían nuestros padres o abuelos, arrastraban muchas connotaciones machistas y a menudo se sostenían de formas desfavorables para ambas partes. Afortunadamente, eso está cambiando. Vivimos en una sociedad que prioriza el crecimiento personal y que, en consecuencia, se ha vuelto mucho más individualista.—Sí, más individualistas.—Buscamos, ante todo, nuestro bienestar personal más allá de cualquier otra cosa. Además, las redes sociales nos generan constantemente la sensación de que las vidas ajenas son mucho más interesantes que las nuestras y, en muchos casos, el sacrificio que conlleva la vida en pareja parece alejarnos de esas oportunidades. Cada vez es más complicado mantener relaciones estables para toda la vida. Tenemos que asumir que los vínculos cambian y que en cada etapa podemos necesitar a una persona diferente a nuestro lado porque nuestras necesidades evolucionan. Al principio podemos buscar a alguien para formar una familia, pero, con el tiempo, tal vez necesitemos a otra persona que nos devuelva la pasión o un estilo de vida que nos complazca más. Antes se intentaba encontrar todo eso en una misma pareja, buscando que ambas personas cambiaran al mismo tiempo. Hoy pensamos que en lugar de luchar tanto por sostener algo que se agota, es más fácil cambiar de pareja y buscar en otros las recompensas que ya no obtenemos de nuestro esfuerzo.—Además que estamos en constante cambio.—Es indiscutible que las personas cambiamos con el tiempo. Como decíamos antes, el amor es solo el punto de partida; a veces nos ciega y nos lleva a idealizar a la otra persona, omitiendo lo que nos desagrada para quedarnos únicamente con lo positivo. Sin embargo, con el paso de los años, empezamos a normalizar aquello que nos gustaba y adquiere mucho más peso todo lo que nos molesta, esas cosas que pensábamos que cambiarían y que nunca lo hicieron. Ahí es donde las relaciones empiezan a desgastarse. Al final, un vínculo tiene que ofrecerte las recompensas que esperas de él. Toda relación estable exige un sacrificio, pero si sientes que estás entregando mucho más de lo que recibes, lógicamente ese desequilibrio te termina desgastando.—Total.—Digamos que son complicadas, que no imposibles. No quiero pecar de negativo, pero creo que es uno de los grandes esfuerzos y retos de nuestra existencia: el ser capaces de lograrlo. En el fondo, casi todos buscamos esa estabilidad afectiva a sabiendas de su dificultad. Lo maravilloso del amor es que tiene la fuerza de hacerte confiar en que esa relación, la presente, será la definitiva y la perfecta. Es el motor que nos permite olvidar el pasado para volver a enfrentarnos al reto con total entrega y optimismo.Un breve fragmento de ‘El viaje’. Astiberri Ediciones—La memoria es un eje gravitacional toda su producción. ¿Considera que es su gran obsesión o, al menos, su tema más recurrente?—Creo que a veces la memoria se confunde con el pasado, pero la memoria siempre es presente. Es el relato que construimos continuamente de lo que ya fue, pero formulado desde el hoy. Del pasado solo tomamos lo que nos interesa porque queremos reflexionar sobre un asunto actual. Cuando me preocupa la memoria histórica no es por un afán de revivir el pasado sistemáticamente, sino porque detecto problemas no resueltos en nuestro presente. Seguramente, si en España no quedaran fosas comunes por exhumar, yo no habría escrito El abismo del olvido. El ver que hoy existen determinados movimientos políticos que reivindican la dictadura te obliga a mirar atrás para entender qué ha pasado y cómo hemos llegado hasta aquí.—En este nuevo cómic, el personaje de Fran encarna perfectamente esa mirada retrospectiva.—Exacto. Fran hace memoria continuamente porque se encuentra mal; no entiende su ruptura y necesita mirar atrás para saber qué falló, qué pudo hacer y no hizo, o qué va a conservar de ese pasado. En el momento en que lo supere, dejará de mirar atrás. Ahí entra también el relato de Pangea: queramos o no, somos todo lo vivido. Nuestra identidad se compone de las lecturas, de las experiencias y, sobre todo, de las personas con las que nos hemos relacionado, como las parejas. Aunque necesites el olvido para sanar y emprender una nueva vida, sabes que una parte de esa persona se queda en ti. Es la misma reflexión de ‘La casa’: al final no es vital conservar todos los objetos materiales, porque tus padres ya forman parte de tu propia identidad.—Es muy llamativo cómo Fran recurre a los historiales de WhatsApp como si fuesen una máquina del tiempo para auditar sus propios errores. ¿En qué momento cesa esa necesidad de intentar comprender el pasado?—Es una cuestión de puro tiempo, principalmente porque te das cuenta de que no vas a llegar a ninguna conclusión. Este cómic no tiene un final cerrado ni pretende ser un libro de autoayuda; deja tantas preguntas al final como al inicio. Cuando pasamos por un duelo afectivo, intentamos racionalizar el porqué, pero el desenamoramiento es un cúmulo de circunstancias tan abstractas que son imposibles de prever o evitar. El problema es que el azar lo llevamos muy mal. Intentamos buscar una relación de causa y efecto para todo, ya sea en una ruptura, en una enfermedad grave o en la muerte de un ser querido. El paso definitivo se da cuando asumes que la otra persona ya ha desaparecido de tu vida. Mientras sigas pensando que el pasado es tu único futuro, te quedas anclado. Cuando asumes que la posibilidad de ser feliz está adelante, pasas página. Tras haber diseccionado la vejez en ‘Arrugas’, el duelo filial en ‘La casa’ y la herida histórica en ‘El abismo del olvido’, Paco Roca (Valencia, 1969) regresa a las librerías con ‘El viaje’ (Astiberri Ediciones) su obra más íntima y punzante hasta la fecha. Una novela gráfica que no nace de la épica, sino de la libreta de notas de un autor que, tras vivir una separación en su entorno y observar cómo los matrimonios de sus amigos caían como fichas de dominó, decidió «vampirizar» la realidad para intentar comprender el gran dilema contemporáneo: ¿por qué nos cuesta tanto sostener la vida en pareja? El premio Nacional del Cómic despliega su característico grafismo sintético para captar lo que el cine a veces exagera: la sutil caligrafía del lenguaje corporal, el acercamiento de dos extraños y el doloroso proceso de soltar amarras.—Apenas saliendo la edición en papel a las librerías, ya se ha anunciado un proyecto de adaptación cinematográfica. ¿Cómo se asume el salto al cine?—Fue muy curioso. Alguien del sector leyó los bocetos iniciales del cómic, que entonces tenía unas 120 páginas (la versión final alcanzó las 180 a medida que la iba enriqueciendo), y se interesó de inmediato. Me resulta llamativo porque me parece una historia difícil de adaptar, en una línea muy similar a lo que supuso ‘La casa’. No son obras que dependan de una gran estructura de acción o de giros de guion comerciales; son libros basados en conversaciones, atmósferas y la transmisión de emociones puras. —’El viaje’ recrea un retrato de la memoria en pareja a partir de tu propia experiencia y de otras vidas cercanas.  —El punto de partida es una circunstancia real, una historia real. Hace años hubo una separación y le di muchas vueltas a lo que eso representa. Además, cuando se trata de una relación muy larga y hay hijos de por medio, te planteas muchísimos temas. Al principio no tenía muy claro si iba a hacer un cómic con eso; simplemente me dedicaba a tomar notas. Al final, los que vivimos de contar historias basadas en la realidad siempre estamos apuntando las cosas que nos pasan, porque con eso construimos nuestros relatos. Durante ese tiempo me di cuenta de la importancia que todos le damos a tener una relación estable. Es algo que buscamos, pero que en el fondo requiere un gran esfuerzo. Intentamos resolver ese gran dilema que es fundirnos con otra persona, pero al mismo tiempo chocamos con el espíritu humano, que requiere una identidad propia y un espacio personal. —Parece que para sostener ese proyecto común a veces estás obligado a diluirte un poco como individuo—Y en muchos casos, la vida en pareja implica renunciar a esos espacios. También noté que mucha gente a mi alrededor estaba en circunstancias parecidas. Si te mueves en la franja de los 40 a los 50 y tantos años, ahí es donde se concentran más separaciones, por lo que todo mi entorno tenía alguna historia interesante que me hacía reflexionar. Eché mano de todo eso para construir la historia: experiencias propias, pero también ajenas. En los créditos no aparece todo el mundo a quien tendría que agradecerle el haber «vampirizado» sus vidas, pero, por ejemplo, el personaje de Sofía está inspirado en parte en Sonia. Lógicamente, a algunas personas se les hace raro verse reflejadas, por mucho que les avises de que vas a usar su historia, sus diálogos reales y cosas así. Yo estoy acostumbrado a trabajar con material autobiográfico, pero entiendo perfectamente que a la gente ajena a este mundo le resulte extraño aparecer en una historia que ellos no han escrito ni han podido controlar.Un breve fragmento de ‘El viaje’. Astiberri—Raro es el creador que no tome elementos de su propia vida para construir sus obras.—Si trabajas con relatos muy anclados en la realidad, lógicamente echas mano de lo que conoces y, en muchos casos, de tu propia experiencia. Sin embargo, también es verdad que tu experiencia es algo compartido con más gente. Al final, los autores nos tomamos una licencia; yo tengo claro que en mi caso pesa más mi parte de autor que mi pudor personal. Pero también condeno a la gente que me rodea a que también anteponga eso. Y claro, no siempre digamos que tienes el derecho, creo, no sé, a hacerlo. También es un dilema si tengo o no tengo derecho a contar determinadas cosas.—La vida de los demás afecta a tu propia vida, entonces tú también eres dueño de esta en cierta parte, al menos de las acciones que te han repercutido a ti.—Es algo que tengo muy presente. En todos mis cómics aparecen temas personales vinculados a mi entorno o personajes reales que me han confiado sus vidas. Durante el proceso creativo intento pensar lo mínimo en cómo lo van a leer los implicados; de alguna manera, antepones la obra en sí, como si el relato estuviera por encima de todo. Lo verdaderamente importante es conseguir una historia que funcione, así que procuro quitarme esos condicionantes de la cabeza. El verdadero problema viene después. Cuando el libro ya está impreso y llega a las librerías, es ahí cuando me asaltan todos los miedos sobre cómo reaccionarán determinadas personas al leerlo. Siempre me pasa, aunque, a fin de cuentas, el balance final siempre es positivo.«El azar lo llevamos muy mal. Intentamos buscar una relación de causa y efecto para todo, ya sea en una ruptura, en una enfermedad grave o en la muerte de un ser querido»—Decías antes que el amor en pareja tiene un componente práctico.—Creo que hay que diferenciar dos cosas: una es el amor y otra, la relación de pareja. El amor es el punto de partida, pero, desde los orígenes del ser humano, la vida en pareja ha respondido a un factor práctico y evolutivo. Formar y mantener una familia es mucho más viable económicamente entre dos que en solitario; siempre es más barato mantener una casa que pagar dos alquileres. Existen mil motivos prácticos que han llevado al ser humano a establecerse en parejas estables, aunque no sea un comportamiento estrictamente natural. En sus orígenes influyeron desde el control de enfermedades hasta factores socioculturales; después, las religiones y la cultura hicieron el resto para convencernos de que eran estructuras inamovibles. Las relaciones, tal y como las entendían nuestros padres o abuelos, arrastraban muchas connotaciones machistas y a menudo se sostenían de formas desfavorables para ambas partes. Afortunadamente, eso está cambiando. Vivimos en una sociedad que prioriza el crecimiento personal y que, en consecuencia, se ha vuelto mucho más individualista.—Sí, más individualistas.—Buscamos, ante todo, nuestro bienestar personal más allá de cualquier otra cosa. Además, las redes sociales nos generan constantemente la sensación de que las vidas ajenas son mucho más interesantes que las nuestras y, en muchos casos, el sacrificio que conlleva la vida en pareja parece alejarnos de esas oportunidades. Cada vez es más complicado mantener relaciones estables para toda la vida. Tenemos que asumir que los vínculos cambian y que en cada etapa podemos necesitar a una persona diferente a nuestro lado porque nuestras necesidades evolucionan. Al principio podemos buscar a alguien para formar una familia, pero, con el tiempo, tal vez necesitemos a otra persona que nos devuelva la pasión o un estilo de vida que nos complazca más. Antes se intentaba encontrar todo eso en una misma pareja, buscando que ambas personas cambiaran al mismo tiempo. Hoy pensamos que en lugar de luchar tanto por sostener algo que se agota, es más fácil cambiar de pareja y buscar en otros las recompensas que ya no obtenemos de nuestro esfuerzo.—Además que estamos en constante cambio.—Es indiscutible que las personas cambiamos con el tiempo. Como decíamos antes, el amor es solo el punto de partida; a veces nos ciega y nos lleva a idealizar a la otra persona, omitiendo lo que nos desagrada para quedarnos únicamente con lo positivo. Sin embargo, con el paso de los años, empezamos a normalizar aquello que nos gustaba y adquiere mucho más peso todo lo que nos molesta, esas cosas que pensábamos que cambiarían y que nunca lo hicieron. Ahí es donde las relaciones empiezan a desgastarse. Al final, un vínculo tiene que ofrecerte las recompensas que esperas de él. Toda relación estable exige un sacrificio, pero si sientes que estás entregando mucho más de lo que recibes, lógicamente ese desequilibrio te termina desgastando.—Total.—Digamos que son complicadas, que no imposibles. No quiero pecar de negativo, pero creo que es uno de los grandes esfuerzos y retos de nuestra existencia: el ser capaces de lograrlo. En el fondo, casi todos buscamos esa estabilidad afectiva a sabiendas de su dificultad. Lo maravilloso del amor es que tiene la fuerza de hacerte confiar en que esa relación, la presente, será la definitiva y la perfecta. Es el motor que nos permite olvidar el pasado para volver a enfrentarnos al reto con total entrega y optimismo.Un breve fragmento de ‘El viaje’. Astiberri Ediciones—La memoria es un eje gravitacional toda su producción. ¿Considera que es su gran obsesión o, al menos, su tema más recurrente?—Creo que a veces la memoria se confunde con el pasado, pero la memoria siempre es presente. Es el relato que construimos continuamente de lo que ya fue, pero formulado desde el hoy. Del pasado solo tomamos lo que nos interesa porque queremos reflexionar sobre un asunto actual. Cuando me preocupa la memoria histórica no es por un afán de revivir el pasado sistemáticamente, sino porque detecto problemas no resueltos en nuestro presente. Seguramente, si en España no quedaran fosas comunes por exhumar, yo no habría escrito El abismo del olvido. El ver que hoy existen determinados movimientos políticos que reivindican la dictadura te obliga a mirar atrás para entender qué ha pasado y cómo hemos llegado hasta aquí.—En este nuevo cómic, el personaje de Fran encarna perfectamente esa mirada retrospectiva.—Exacto. Fran hace memoria continuamente porque se encuentra mal; no entiende su ruptura y necesita mirar atrás para saber qué falló, qué pudo hacer y no hizo, o qué va a conservar de ese pasado. En el momento en que lo supere, dejará de mirar atrás. Ahí entra también el relato de Pangea: queramos o no, somos todo lo vivido. Nuestra identidad se compone de las lecturas, de las experiencias y, sobre todo, de las personas con las que nos hemos relacionado, como las parejas. Aunque necesites el olvido para sanar y emprender una nueva vida, sabes que una parte de esa persona se queda en ti. Es la misma reflexión de ‘La casa’: al final no es vital conservar todos los objetos materiales, porque tus padres ya forman parte de tu propia identidad.—Es muy llamativo cómo Fran recurre a los historiales de WhatsApp como si fuesen una máquina del tiempo para auditar sus propios errores. ¿En qué momento cesa esa necesidad de intentar comprender el pasado?—Es una cuestión de puro tiempo, principalmente porque te das cuenta de que no vas a llegar a ninguna conclusión. Este cómic no tiene un final cerrado ni pretende ser un libro de autoayuda; deja tantas preguntas al final como al inicio. Cuando pasamos por un duelo afectivo, intentamos racionalizar el porqué, pero el desenamoramiento es un cúmulo de circunstancias tan abstractas que son imposibles de prever o evitar. El problema es que el azar lo llevamos muy mal. Intentamos buscar una relación de causa y efecto para todo, ya sea en una ruptura, en una enfermedad grave o en la muerte de un ser querido. El paso definitivo se da cuando asumes que la otra persona ya ha desaparecido de tu vida. Mientras sigas pensando que el pasado es tu único futuro, te quedas anclado. Cuando asumes que la posibilidad de ser feliz está adelante, pasas página.  RSS de noticias de cultura

Tras haber diseccionado la vejez en ‘Arrugas’, el duelo filial en ‘La casa’ y la herida histórica en ‘El abismo del olvido’, Paco Roca (Valencia, 1969) regresa a las librerías con ‘El viaje’ (Astiberri Ediciones) su obra más íntima y punzante hasta la fecha. Una … novela gráfica que no nace de la épica, sino de la libreta de notas de un autor que, tras vivir una separación en su entorno y observar cómo los matrimonios de sus amigos caían como fichas de dominó, decidió «vampirizar» la realidad para intentar comprender el gran dilema contemporáneo: ¿por qué nos cuesta tanto sostener la vida en pareja? El premio Nacional del Cómic despliega su característico grafismo sintético para captar lo que el cine a veces exagera: la sutil caligrafía del lenguaje corporal, el acercamiento de dos extraños y el doloroso proceso de soltar amarras.

 

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