Hay mañanas en las que Andalucía se explica sola. Basta mirar una carreta abriéndose paso entre la arena húmeda, escuchar el relincho de un caballo al amanecer o descubrir a un torero besando una medalla de la Virgen del Rocío antes de enfundarse el vestido de luces. Todo pertenece al mismo paisaje sentimental. El mismo barro. La misma fe .Porque la Virgen del Rocío nunca ha sido solamente patrona de Almonte . Ha sido también madre del campo andaluz. De las yeguas marismeñas. Del ganado bravo. De los mayorales. De los hombres y mujeres del campo. Y también de los toreros, que durante generaciones la llevaron cosida al alma antes incluso que al corbatín.El Rocío y el toreo nacieron prácticamente del mismo sitio. De la marisma. Del ganado. Del riesgo. Del hombre que vive pendiente del cielo y de aquello que no controla. No es casualidad que tantas ganaderías de bravo miren al Rocío como parte inseparable de su propia vida. Ni que en tantos cortijos de Andalucía, de cualquier rincón de España, Portugal o la América campera, la imagen de la Blanca Paloma presida patios, plazas de tienta o capillas privadas. Estampas, azulejos, litografías y grabados añejos aparecen repartidos como una presencia cotidiana del campo bravo. El toro y la Virgen llevan siglos conviviendo bajo el mismo horizonte de polvo, arena y rezos.Por eso el torero siempre termina buscando a la Virgen. Antes de una alternativa. Después de una cornada. Cuando la temporada se rompe. Cuando el miedo aprieta y solamente queda la fe.Todavía hoy muchos matadores siguen llevando la medalla rociera prendida en el corbatín o cosida en el interior de la chaquetilla. Otros guardan una fotografía pequeña en los fundones. Algunos suben al camarín de la Virgen buscando un instante de silencio antes de jugarse la vida.Tomás QuifesY pocas historias resumen mejor esa unión que la de los Gallos . Joselito, el Rey de los Toreros, mantuvo una estrecha vinculación con la devoción rociera hasta el punto de formar parte de las comisiones impulsoras de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en 1919. Aquello no era un simple gesto institucional orquestado por Muñoz y Pabón. Era la demostración de que el mundo del toro sentía el Rocío como algo propio .Pero sería su hermano Rafael Gómez Ortega ‘El Gallo’ quien protagonizaría uno de los episodios más simbólicos de esta relación. Tras sobrevivir milagrosamente a la gravísima cogida sufrida en Algeciras, en junio de 1914, el Divino Calvo atribuyó su recuperación a la intercesión de la Blanca Paloma. Como agradecimiento ofreció a la Virgen un exvoto acompañado de una frase que el tiempo terminaría convirtiendo en leyenda: «La Virgen del Rocío otorga lo imposible ». Probablemente no exista una definición mejor para explicar la relación del torero con la Virgen.Porque el hombre que se pone delante del toro vive abrazado permanentemente a lo imposible. A salvar la vida. A volver después de una cornada. A escapar de la tragedia. A triunfar cuando nadie espera ya nada.El historiador Julio Mayo ha profundizado durante años en esa conexión entre la marisma, la religiosidad popular y el universo taurino. En muchos de sus estudios aparece la vinculación histórica de Sevilla y de la Real Maestranza de Caballería con el Rocío y con antiguas familias almonteñas ligadas al caballo y al ganado.Especial relevancia adquieren los trabajos relacionados con la familia Tello de Eslava, linaje profundamente unido a la historia rociera y al desarrollo del culto en los siglos XVIII y XIX. Aquellos estudios recuerdan cómo el Rocío siempre estuvo vinculado a la cultura ganadera de las antiguas Rocinas, territorio de vacadas, yeguas y hombres de campo.También el canónigo Tello de Eslava profundizó en las conexiones históricas y simbólicas entre Sevilla, la Maestranza y la Virgen del Rocío. No son pocos los investigadores que han señalado incluso los parecidos iconográficos entre la Virgen del Rocío y la Virgen del Rosario de la Real Maestranza. Porque entre el Rocío y el toreo nunca existió distancia alguna. Ahí están los festivales benéficos organizados históricamente por la Hermandad Matriz de Almonte con participación de toreros y ganaderos. O exposiciones como «Otorga lo imposible», donde reaparecían fotografías, exvotos, capotes y recuerdos de generaciones enteras de hombres del toro marcados por la devoción rociera.Y sigue ocurriendo hoy. Le sucedió al sevillano Rafael Serna antes de tomar la alternativa. El torero acudió al camarín de la Virgen acompañado de su padre, Rafael González Serna. Y fue precisamente al bajar cuando el entonces presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, le pidió al padre del torero que pronunciara el pregón del centenario de la Coronación Canónica y escribiera además el himno conmemorativo de aquella efeméride.También la familia Litri representa como pocas esa unión sentimental entre la Blanca Paloma y el mundo taurino. Varias generaciones de la saga onubense han vivido el Rocío como parte inseparable de su propia historia familiar. Hasta el punto de que recientemente la familia Litri ha colaborado sufragando el nuevo paso procesional de la Virgen, reforzando aún más un vínculo histórico que este mismo año ha vivido otro capítulo significativo con el nombramiento de Miguel Báez Litri como hermano honorario de la Hermandad Matriz de Almonte, presidida actualmente por Santiago Padilla Díaz de la Serna.Por eso cada Lunes de Pentecostés, cuando Almonte saca a su Madre en procesión y la marisma entera se convierte en un temblor colectivo de lágrimas y campanas, también late en silencio el corazón del toreo.Porque entre la arena del Rocío y el albero de cualquier plaza del mundo nunca existió distancia alguna. Solo la misma verdad de Andalucía. Hay mañanas en las que Andalucía se explica sola. Basta mirar una carreta abriéndose paso entre la arena húmeda, escuchar el relincho de un caballo al amanecer o descubrir a un torero besando una medalla de la Virgen del Rocío antes de enfundarse el vestido de luces. Todo pertenece al mismo paisaje sentimental. El mismo barro. La misma fe .Porque la Virgen del Rocío nunca ha sido solamente patrona de Almonte . Ha sido también madre del campo andaluz. De las yeguas marismeñas. Del ganado bravo. De los mayorales. De los hombres y mujeres del campo. Y también de los toreros, que durante generaciones la llevaron cosida al alma antes incluso que al corbatín.El Rocío y el toreo nacieron prácticamente del mismo sitio. De la marisma. Del ganado. Del riesgo. Del hombre que vive pendiente del cielo y de aquello que no controla. No es casualidad que tantas ganaderías de bravo miren al Rocío como parte inseparable de su propia vida. Ni que en tantos cortijos de Andalucía, de cualquier rincón de España, Portugal o la América campera, la imagen de la Blanca Paloma presida patios, plazas de tienta o capillas privadas. Estampas, azulejos, litografías y grabados añejos aparecen repartidos como una presencia cotidiana del campo bravo. El toro y la Virgen llevan siglos conviviendo bajo el mismo horizonte de polvo, arena y rezos.Por eso el torero siempre termina buscando a la Virgen. Antes de una alternativa. Después de una cornada. Cuando la temporada se rompe. Cuando el miedo aprieta y solamente queda la fe.Todavía hoy muchos matadores siguen llevando la medalla rociera prendida en el corbatín o cosida en el interior de la chaquetilla. Otros guardan una fotografía pequeña en los fundones. Algunos suben al camarín de la Virgen buscando un instante de silencio antes de jugarse la vida.Tomás QuifesY pocas historias resumen mejor esa unión que la de los Gallos . Joselito, el Rey de los Toreros, mantuvo una estrecha vinculación con la devoción rociera hasta el punto de formar parte de las comisiones impulsoras de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en 1919. Aquello no era un simple gesto institucional orquestado por Muñoz y Pabón. Era la demostración de que el mundo del toro sentía el Rocío como algo propio .Pero sería su hermano Rafael Gómez Ortega ‘El Gallo’ quien protagonizaría uno de los episodios más simbólicos de esta relación. Tras sobrevivir milagrosamente a la gravísima cogida sufrida en Algeciras, en junio de 1914, el Divino Calvo atribuyó su recuperación a la intercesión de la Blanca Paloma. Como agradecimiento ofreció a la Virgen un exvoto acompañado de una frase que el tiempo terminaría convirtiendo en leyenda: «La Virgen del Rocío otorga lo imposible ». Probablemente no exista una definición mejor para explicar la relación del torero con la Virgen.Porque el hombre que se pone delante del toro vive abrazado permanentemente a lo imposible. A salvar la vida. A volver después de una cornada. A escapar de la tragedia. A triunfar cuando nadie espera ya nada.El historiador Julio Mayo ha profundizado durante años en esa conexión entre la marisma, la religiosidad popular y el universo taurino. En muchos de sus estudios aparece la vinculación histórica de Sevilla y de la Real Maestranza de Caballería con el Rocío y con antiguas familias almonteñas ligadas al caballo y al ganado.Especial relevancia adquieren los trabajos relacionados con la familia Tello de Eslava, linaje profundamente unido a la historia rociera y al desarrollo del culto en los siglos XVIII y XIX. Aquellos estudios recuerdan cómo el Rocío siempre estuvo vinculado a la cultura ganadera de las antiguas Rocinas, territorio de vacadas, yeguas y hombres de campo.También el canónigo Tello de Eslava profundizó en las conexiones históricas y simbólicas entre Sevilla, la Maestranza y la Virgen del Rocío. No son pocos los investigadores que han señalado incluso los parecidos iconográficos entre la Virgen del Rocío y la Virgen del Rosario de la Real Maestranza. Porque entre el Rocío y el toreo nunca existió distancia alguna. Ahí están los festivales benéficos organizados históricamente por la Hermandad Matriz de Almonte con participación de toreros y ganaderos. O exposiciones como «Otorga lo imposible», donde reaparecían fotografías, exvotos, capotes y recuerdos de generaciones enteras de hombres del toro marcados por la devoción rociera.Y sigue ocurriendo hoy. Le sucedió al sevillano Rafael Serna antes de tomar la alternativa. El torero acudió al camarín de la Virgen acompañado de su padre, Rafael González Serna. Y fue precisamente al bajar cuando el entonces presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, le pidió al padre del torero que pronunciara el pregón del centenario de la Coronación Canónica y escribiera además el himno conmemorativo de aquella efeméride.También la familia Litri representa como pocas esa unión sentimental entre la Blanca Paloma y el mundo taurino. Varias generaciones de la saga onubense han vivido el Rocío como parte inseparable de su propia historia familiar. Hasta el punto de que recientemente la familia Litri ha colaborado sufragando el nuevo paso procesional de la Virgen, reforzando aún más un vínculo histórico que este mismo año ha vivido otro capítulo significativo con el nombramiento de Miguel Báez Litri como hermano honorario de la Hermandad Matriz de Almonte, presidida actualmente por Santiago Padilla Díaz de la Serna.Por eso cada Lunes de Pentecostés, cuando Almonte saca a su Madre en procesión y la marisma entera se convierte en un temblor colectivo de lágrimas y campanas, también late en silencio el corazón del toreo.Porque entre la arena del Rocío y el albero de cualquier plaza del mundo nunca existió distancia alguna. Solo la misma verdad de Andalucía. RSS de noticias de cultura
Hay mañanas en las que Andalucía se explica sola. Basta mirar una carreta abriéndose paso entre la arena húmeda, escuchar el relincho de un caballo al amanecer o descubrir a un torero besando una medalla de la Virgen del Rocío antes de … enfundarse el vestido de luces. Todo pertenece al mismo paisaje sentimental. El mismo barro. La misma fe.
Porque la Virgen del Rocío nunca ha sido solamente patrona de Almonte. Ha sido también madre del campo andaluz. De las yeguas marismeñas. Del ganado bravo. De los mayorales. De los hombres y mujeres del campo. Y también de los toreros, que durante generaciones la llevaron cosida al alma antes incluso que al corbatín.
El Rocío y el toreo nacieron prácticamente del mismo sitio. De la marisma. Del ganado. Del riesgo. Del hombre que vive pendiente del cielo y de aquello que no controla. No es casualidad que tantas ganaderías de bravo miren al Rocío como parte inseparable de su propia vida. Ni que en tantos cortijos de Andalucía, de cualquier rincón de España, Portugal o la América campera, la imagen de la Blanca Paloma presida patios, plazas de tienta o capillas privadas. Estampas, azulejos, litografías y grabados añejos aparecen repartidos como una presencia cotidiana del campo bravo. El toro y la Virgen llevan siglos conviviendo bajo el mismo horizonte de polvo, arena y rezos.
Por eso el torero siempre termina buscando a la Virgen. Antes de una alternativa. Después de una cornada. Cuando la temporada se rompe. Cuando el miedo aprieta y solamente queda la fe.
Todavía hoy muchos matadores siguen llevando la medalla rociera prendida en el corbatín o cosida en el interior de la chaquetilla. Otros guardan una fotografía pequeña en los fundones. Algunos suben al camarín de la Virgen buscando un instante de silencio antes de jugarse la vida.

Y pocas historias resumen mejor esa unión que la de los Gallos. Joselito, el Rey de los Toreros, mantuvo una estrecha vinculación con la devoción rociera hasta el punto de formar parte de las comisiones impulsoras de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en 1919. Aquello no era un simple gesto institucional orquestado por Muñoz y Pabón. Era la demostración de que el mundo del toro sentía el Rocío como algo propio.Pero sería su hermano Rafael Gómez Ortega ‘El Gallo’ quien protagonizaría uno de los episodios más simbólicos de esta relación. Tras sobrevivir milagrosamente a la gravísima cogida sufrida en Algeciras, en junio de 1914, el Divino Calvo atribuyó su recuperación a la intercesión de la Blanca Paloma. Como agradecimiento ofreció a la Virgen un exvoto acompañado de una frase que el tiempo terminaría convirtiendo en leyenda: «La Virgen del Rocío otorga lo imposible». Probablemente no exista una definición mejor para explicar la relación del torero con la Virgen.
Porque el hombre que se pone delante del toro vive abrazado permanentemente a lo imposible. A salvar la vida. A volver después de una cornada. A escapar de la tragedia. A triunfar cuando nadie espera ya nada.
El historiador Julio Mayo ha profundizado durante años en esa conexión entre la marisma, la religiosidad popular y el universo taurino. En muchos de sus estudios aparece la vinculación histórica de Sevilla y de la Real Maestranza de Caballería con el Rocío y con antiguas familias almonteñas ligadas al caballo y al ganado.
Especial relevancia adquieren los trabajos relacionados con la familia Tello de Eslava, linaje profundamente unido a la historia rociera y al desarrollo del culto en los siglos XVIII y XIX. Aquellos estudios recuerdan cómo el Rocío siempre estuvo vinculado a la cultura ganadera de las antiguas Rocinas, territorio de vacadas, yeguas y hombres de campo.También el canónigo Tello de Eslava profundizó en las conexiones históricas y simbólicas entre Sevilla, la Maestranza y la Virgen del Rocío. No son pocos los investigadores que han señalado incluso los parecidos iconográficos entre la Virgen del Rocío y la Virgen del Rosario de la Real Maestranza. Porque entre el Rocío y el toreo nunca existió distancia alguna. Ahí están los festivales benéficos organizados históricamente por la Hermandad Matriz de Almonte con participación de toreros y ganaderos. O exposiciones como «Otorga lo imposible», donde reaparecían fotografías, exvotos, capotes y recuerdos de generaciones enteras de hombres del toro marcados por la devoción rociera.Y sigue ocurriendo hoy. Le sucedió al sevillano Rafael Serna antes de tomar la alternativa. El torero acudió al camarín de la Virgen acompañado de su padre, Rafael González Serna. Y fue precisamente al bajar cuando el entonces presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, le pidió al padre del torero que pronunciara el pregón del centenario de la Coronación Canónica y escribiera además el himno conmemorativo de aquella efeméride.
También la familia Litri representa como pocas esa unión sentimental entre la Blanca Paloma y el mundo taurino. Varias generaciones de la saga onubense han vivido el Rocío como parte inseparable de su propia historia familiar. Hasta el punto de que recientemente la familia Litri ha colaborado sufragando el nuevo paso procesional de la Virgen, reforzando aún más un vínculo histórico que este mismo año ha vivido otro capítulo significativo con el nombramiento de Miguel Báez Litri como hermano honorario de la Hermandad Matriz de Almonte, presidida actualmente por Santiago Padilla Díaz de la Serna.
Por eso cada Lunes de Pentecostés, cuando Almonte saca a su Madre en procesión y la marisma entera se convierte en un temblor colectivo de lágrimas y campanas, también late en silencio el corazón del toreo.Porque entre la arena del Rocío y el albero de cualquier plaza del mundo nunca existió distancia alguna. Solo la misma verdad de Andalucía.
