El pulso al mar para rescatar un mercante romano del siglo IV en Mallorca

El agua está fría. Se agradece el traje de neopreno prestado. Para sorpresa de los turistas extranjeros apostados en la arena, un comando de buzos atraviesa la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca . Desde sus toallas, una pareja de alemanes observa cómo los buceadores se calzan las aletas y se adentran en el mar, con esta periodista embutida en caucho como una más. Su destino se encuentra a sólo 65 metros de la costa. Bajo un cuadrilátero de boyas, el equipo de arqueólogos subacuáticos del proyecto Arqueomallornauta , finalista de los premios Palarq, está librando una reñida pelea al Mediterráneo. — Componente galeria-lead arrastrado. Para configurarlo, seleccionar cmp-galeria-lead del desplegable de visualizaciones — automaticoA sólo dos metros de profundidad se descubrieron en 2019 los restos del pecio de Ses Fontanelles , un mercante romano que partió de la región de Cartagena cargado con 320 ánforas llenas de salsas fermentadas de pescado, aceite y vino. Muchas aún conservaban restos de su contenido, sus tapones sellados y un número de anotaciones en las cerámicas hasta la fecha inaudito. «Es el barco hundido de época romana con más inscripciones pintadas de todo el Mediterráneo», destaca Darío Bernal-Casasola , catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz que codirige las investigaciones junto a Miguel Ángel Cau-Ontiveros (ICREA, Universidad de Barcelona), Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares) y Jaume Cardell (Consell de Mallorca). El estudio de estos ‘tituli picti’ ha permitido conocer los nombres de Alumnio y Ausonio , sus posibles ‘mercatores’ (o agentes comerciales). También que hubo siete escribas que trabajaron rotulando los recipientes y que existía algún tipo de sistema fiscal vinculado a la carga, ya que el término ‘rationis’ que se menciona en algunas vasijas tiene que ver con impuestos. «Son conclusiones sobre aspectos relacionados con el cargamento a las que no se había llegado en ningún momento en la arqueología marítima», asegura Bernal. Noticia relacionada No El «regalo» de una moneda ritual en el pecio de Ses Fontanelles confirma que es de época de Constantino Mónica ArrizabalagaA mediados del siglo IV, esta pequeña embarcación de unos 12 metros de eslora por 5 de manga naufragó en la bahía de Palma. «Toda esta zona que se llama Ses Fontanelles era una gran laguna que entraba kilómetros hacia el interior, hasta el pueblo de Sant Jordi; era seguramente navegable, un puerto lagunar en el pasado, como el de la ciudad romana de Pollentia, al norte de la isla, y el barco debía estar fondeado o cerca cuando encontró algún problema y se hundió rápidamente, porque quedó tapado enseguida», describe en el sitio Miguel Ángel Cau-Ontiveros. Trabajos de extracción del pecio. José Antonio MoyaAsí como un temporal destapó sus restos hace siete años, los arqueólogos fueron muy conscientes de que otro podría destruirlos si no se tomaban medidas. Ante el buen estado de conservación de sus maderas, pensaron en reflotarlo de una pieza. Se encargó un proyecto, pero posteriores excavaciones arqueológicas revelaron que su quilla se había desplazado y no podía sujetar las cuadernas. El barco se desmoronaría sin remedio si intentaban sacarlo de una vez. Tras diversas reuniones con especialistas españoles e internacionales, «la decisión consensuada por parte de todos fue la pertinencia de extracción del barco en el mínimo número de porciones posibles », recuerda Bernal. Sorpresas en la extracciónY en eso están desde el pasado marzo, en desmontar el casco de la embarcación y terminar de excavar perimetralmente el entorno para no dejar olvidado ningún resto del pecio, por pequeño que sea. «Seguro que habrá sorpresas porque ya están saliendo algunas cosas», comenta el arqueólogo de la UCA. Hasta el momento han arrebatado al mar el 65% del mercante romano, 230 piezas de madera de muy diversos tamaños que han trasladado hasta el campamento de conservación habilitado en el castillo de San Carlos, donde las documentan y les practican los ‘primeros auxilios’. En una de sus piscinas de tratamiento, el arqueólogo Carlos de Juan muestra una rara madera hallada estos días. «Es el mando de un timón de espadilla , el brazo que llega hasta el ‘gubernator’ o piloto del barco. Es la primera vez que se encuentra uno en España y no son de aparición frecuente porque estas piezas están muy altas en las embarcaciones y se suelen perder», explica el especialista de la Universidad de Valencia, que cree haber visto en sus inmersiones una segunda manivela similar, desplazada en la proa del pecio. Bajo el agua, han descubierto además un ancla que «va a ofrecer unos datos muy interesantes de cómo se hundió el barco y se formó el depósito desde el punto de vista estratigráfico», según apunta su compañero Cau-Ontiveros. Han observado que, durante el naufragio, el ancla rompió un ánfora que había caído antes al fondo marino. Estos y otros detalles de Ses Fontanelles, como un tipo de ánfora hasta ahora desconocido, que bautizaron como Ses Fontanelles 1, o los tres zapatos que han encontrado «verifican aún más la importancia de este pecio, que tiene una serie de singularidades que no tiene ningún otro», a juicio de Bernal. Tapones con crismonesEn 2022, recuperaron un conjunto de tapones de ánforas sellados con un crismón, que permitió datar el cargamento en fechas posteriores al Edicto de Milán del año 313 d.C. El raro hallazgo dos años después de una moneda en la carlinga , la cavidad donde se asentaba el mástil, corroboró y afinó aún más la cronología del naufragio. Fue acuñada en la ciudad de Síscia (actual Sisa, Croacia) en el 320 d.C. y atestigua un ritual de bautismo de la embarcación del que quizá tengan otro testimonio más. «He visto que hay otra concreción metálica en la carlinga de proa», avanza Carlos de Juan a sus compañeros. ¿Quizá otra moneda? Los arqueólogos creen que la embarcación se hundió pocos años después, ya que no han detectado reparaciones. A la espera de los análisis dendrocronológicos que practicarán a las maderas, calculan que probablemente entre el 330 y el 350 d.C. El hallazgo de crismones, pero también de una lucerna decorada con la imagen de la diosa romana Diana, indica que aún el cristianismo convivía con lo pagano, al menos en este barco. Bajo la carpa del castillo de San Carlos, Bernal muestra la impronta que dejó en la arena el sello del crismón . Está siendo cuidadosamente fotografiada y documentada, como cada madera que llega acomodada en un soporte de metacrilato o en una cama de fibra de vidrio, en el caso de las más grandes. «Se fragua en el mar, adaptándose a la medida de cada tabla y se sujeta con geotextil y tiras de velcro, siempre con la idea de que ninguna se movilice fuera del agua sin un soporte que le dé rigidez», explica De Juan, el arqueólogo que dirigió la extracción del pecio fenicio Mazarrón 2 en 2024. Tras tantos siglos sumergidas, las maderas han perdido su estructura de celulosa y sin estos chasis colapsarían en el exterior. Primeros auxilios y estudios de las maderas en el centro de conservación preventiva habilitado en el castillo de San Jorge. José Antonio MoyaMientras parte del equipo escanean las tablas para su posterior estudio virtual y para confeccionar más adelante un modelo en 3D de la embarcación, dos conservadoras vigilan que el material que van recibiendo en las piscinas de depósito «se mantenga con su estado de conservación, que ya es precario, y no se deriven patologías de proliferación de microorganismos», explican. Cada madera va cuidadosamente etiquetada para poder completar este formidable puzle en un futuro, tras un largo proceso de desalación y restauración. Un Centro de Arqueología en Mallorca «Queremos que el Ses Fontanelles se exponga en el nuevo Centro de Arqueología, que tendría un espacio ‘ad hoc’ para el barco con las condiciones apropiadas», explica Jaume Cardell, jefe de Arqueología del Consell de Mallorca. El gobierno mallorquín planea construir esta futura infraestructura junto al yacimiento romano de Pollentia, cerca del puerto de Alcudia. «Tendrá un fuerte componente de arqueología subacuática porque estamos en Baleares», añade Cardell, mientras muestra un almacén abarrotado de ánforas y otros restos arqueológicos recogidos en excavaciones o requisados en operaciones policiales contra el expolio. La isla era un lugar estratégico donde refugiarse o reponer víveres en las rutas marítimas por el Mediterráneo y en sus costas yacen multitud de barcos hundidos.Antes de que el Ses Fontanelles sea expuesto al público, sus restos terminarán su tratamiento de conservación en el Museo de Arqueología Subacuática (Arqua) , en Cartagena, una vez que concluya el del Mazarrón 2, dentro de unos tres años. «La idea es que la nueva liofilizadora pueda acoger pecios como éste. Estamos trabajando de la mano para poder dar respuesta a este tipo de casos», señala a ABC su director, Rafael Sabio, que se ha desplazado a Palma para analizar la operación.Fotogrametría del pecio, una vez retirado su cargamento. José Antonio MoyaAunque no ha dejado de lucir el sol, el equipo de Arqueomallornauta ha pasado algunos días sin poder bajar al pecio. El naufragio se sitúa en la línea donde rompen las olas y el arrastre del mar impedía el trabajo subacuático de los buzos por la nula visibilidad y el vaivén del oleaje. Este jueves, por fin, las aguas se han calmado. Una avanzadilla de arqueólogos se sumerge a primera hora de la mañana y traslada malas noticias al resto: «Se ha cubierto todo, como en 2024». Tendrán que volver a pasar horas succionando la arena con las chuponas, antes de seguir retirando maderas. «El mar nos lleva a la casilla de salida otra vez», se lamenta Carlos de Juan. Por turnos, Estela, Tony, Lorena, Albert y el resto del equipo van entrando y saliendo del agua a cada hora, mientras Darío Bernal acompaña a unos colegas de la Universidad de Groninga (Países Bajos) que han venido a tomar muestras del contenido de las ánforas selladas para realizar análisis de ADN. En una de las expediciones al barco romano, incorporan a esta periodista de ABC que, sin título de buceo, sólo puede observar con gafas de snorkel cómo, bajo sus aletas, los buzos desaparecen en ese mar aún muy revuelto para plantarle cara de nuevo. El director de Arqua, arqueólogo subacuático, tuvo más suerte al día siguiente. «Estuve un buen rato dando vueltas y echando una mano con las chuponas –comenta Rafael Sabio– ¡Qué maravilla de pecio!». El agua está fría. Se agradece el traje de neopreno prestado. Para sorpresa de los turistas extranjeros apostados en la arena, un comando de buzos atraviesa la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca . Desde sus toallas, una pareja de alemanes observa cómo los buceadores se calzan las aletas y se adentran en el mar, con esta periodista embutida en caucho como una más. Su destino se encuentra a sólo 65 metros de la costa. Bajo un cuadrilátero de boyas, el equipo de arqueólogos subacuáticos del proyecto Arqueomallornauta , finalista de los premios Palarq, está librando una reñida pelea al Mediterráneo. — Componente galeria-lead arrastrado. Para configurarlo, seleccionar cmp-galeria-lead del desplegable de visualizaciones — automaticoA sólo dos metros de profundidad se descubrieron en 2019 los restos del pecio de Ses Fontanelles , un mercante romano que partió de la región de Cartagena cargado con 320 ánforas llenas de salsas fermentadas de pescado, aceite y vino. Muchas aún conservaban restos de su contenido, sus tapones sellados y un número de anotaciones en las cerámicas hasta la fecha inaudito. «Es el barco hundido de época romana con más inscripciones pintadas de todo el Mediterráneo», destaca Darío Bernal-Casasola , catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz que codirige las investigaciones junto a Miguel Ángel Cau-Ontiveros (ICREA, Universidad de Barcelona), Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares) y Jaume Cardell (Consell de Mallorca). El estudio de estos ‘tituli picti’ ha permitido conocer los nombres de Alumnio y Ausonio , sus posibles ‘mercatores’ (o agentes comerciales). También que hubo siete escribas que trabajaron rotulando los recipientes y que existía algún tipo de sistema fiscal vinculado a la carga, ya que el término ‘rationis’ que se menciona en algunas vasijas tiene que ver con impuestos. «Son conclusiones sobre aspectos relacionados con el cargamento a las que no se había llegado en ningún momento en la arqueología marítima», asegura Bernal. Noticia relacionada No El «regalo» de una moneda ritual en el pecio de Ses Fontanelles confirma que es de época de Constantino Mónica ArrizabalagaA mediados del siglo IV, esta pequeña embarcación de unos 12 metros de eslora por 5 de manga naufragó en la bahía de Palma. «Toda esta zona que se llama Ses Fontanelles era una gran laguna que entraba kilómetros hacia el interior, hasta el pueblo de Sant Jordi; era seguramente navegable, un puerto lagunar en el pasado, como el de la ciudad romana de Pollentia, al norte de la isla, y el barco debía estar fondeado o cerca cuando encontró algún problema y se hundió rápidamente, porque quedó tapado enseguida», describe en el sitio Miguel Ángel Cau-Ontiveros. Trabajos de extracción del pecio. José Antonio MoyaAsí como un temporal destapó sus restos hace siete años, los arqueólogos fueron muy conscientes de que otro podría destruirlos si no se tomaban medidas. Ante el buen estado de conservación de sus maderas, pensaron en reflotarlo de una pieza. Se encargó un proyecto, pero posteriores excavaciones arqueológicas revelaron que su quilla se había desplazado y no podía sujetar las cuadernas. El barco se desmoronaría sin remedio si intentaban sacarlo de una vez. Tras diversas reuniones con especialistas españoles e internacionales, «la decisión consensuada por parte de todos fue la pertinencia de extracción del barco en el mínimo número de porciones posibles », recuerda Bernal. Sorpresas en la extracciónY en eso están desde el pasado marzo, en desmontar el casco de la embarcación y terminar de excavar perimetralmente el entorno para no dejar olvidado ningún resto del pecio, por pequeño que sea. «Seguro que habrá sorpresas porque ya están saliendo algunas cosas», comenta el arqueólogo de la UCA. Hasta el momento han arrebatado al mar el 65% del mercante romano, 230 piezas de madera de muy diversos tamaños que han trasladado hasta el campamento de conservación habilitado en el castillo de San Carlos, donde las documentan y les practican los ‘primeros auxilios’. En una de sus piscinas de tratamiento, el arqueólogo Carlos de Juan muestra una rara madera hallada estos días. «Es el mando de un timón de espadilla , el brazo que llega hasta el ‘gubernator’ o piloto del barco. Es la primera vez que se encuentra uno en España y no son de aparición frecuente porque estas piezas están muy altas en las embarcaciones y se suelen perder», explica el especialista de la Universidad de Valencia, que cree haber visto en sus inmersiones una segunda manivela similar, desplazada en la proa del pecio. Bajo el agua, han descubierto además un ancla que «va a ofrecer unos datos muy interesantes de cómo se hundió el barco y se formó el depósito desde el punto de vista estratigráfico», según apunta su compañero Cau-Ontiveros. Han observado que, durante el naufragio, el ancla rompió un ánfora que había caído antes al fondo marino. Estos y otros detalles de Ses Fontanelles, como un tipo de ánfora hasta ahora desconocido, que bautizaron como Ses Fontanelles 1, o los tres zapatos que han encontrado «verifican aún más la importancia de este pecio, que tiene una serie de singularidades que no tiene ningún otro», a juicio de Bernal. Tapones con crismonesEn 2022, recuperaron un conjunto de tapones de ánforas sellados con un crismón, que permitió datar el cargamento en fechas posteriores al Edicto de Milán del año 313 d.C. El raro hallazgo dos años después de una moneda en la carlinga , la cavidad donde se asentaba el mástil, corroboró y afinó aún más la cronología del naufragio. Fue acuñada en la ciudad de Síscia (actual Sisa, Croacia) en el 320 d.C. y atestigua un ritual de bautismo de la embarcación del que quizá tengan otro testimonio más. «He visto que hay otra concreción metálica en la carlinga de proa», avanza Carlos de Juan a sus compañeros. ¿Quizá otra moneda? Los arqueólogos creen que la embarcación se hundió pocos años después, ya que no han detectado reparaciones. A la espera de los análisis dendrocronológicos que practicarán a las maderas, calculan que probablemente entre el 330 y el 350 d.C. El hallazgo de crismones, pero también de una lucerna decorada con la imagen de la diosa romana Diana, indica que aún el cristianismo convivía con lo pagano, al menos en este barco. Bajo la carpa del castillo de San Carlos, Bernal muestra la impronta que dejó en la arena el sello del crismón . Está siendo cuidadosamente fotografiada y documentada, como cada madera que llega acomodada en un soporte de metacrilato o en una cama de fibra de vidrio, en el caso de las más grandes. «Se fragua en el mar, adaptándose a la medida de cada tabla y se sujeta con geotextil y tiras de velcro, siempre con la idea de que ninguna se movilice fuera del agua sin un soporte que le dé rigidez», explica De Juan, el arqueólogo que dirigió la extracción del pecio fenicio Mazarrón 2 en 2024. Tras tantos siglos sumergidas, las maderas han perdido su estructura de celulosa y sin estos chasis colapsarían en el exterior. Primeros auxilios y estudios de las maderas en el centro de conservación preventiva habilitado en el castillo de San Jorge. José Antonio MoyaMientras parte del equipo escanean las tablas para su posterior estudio virtual y para confeccionar más adelante un modelo en 3D de la embarcación, dos conservadoras vigilan que el material que van recibiendo en las piscinas de depósito «se mantenga con su estado de conservación, que ya es precario, y no se deriven patologías de proliferación de microorganismos», explican. Cada madera va cuidadosamente etiquetada para poder completar este formidable puzle en un futuro, tras un largo proceso de desalación y restauración. Un Centro de Arqueología en Mallorca «Queremos que el Ses Fontanelles se exponga en el nuevo Centro de Arqueología, que tendría un espacio ‘ad hoc’ para el barco con las condiciones apropiadas», explica Jaume Cardell, jefe de Arqueología del Consell de Mallorca. El gobierno mallorquín planea construir esta futura infraestructura junto al yacimiento romano de Pollentia, cerca del puerto de Alcudia. «Tendrá un fuerte componente de arqueología subacuática porque estamos en Baleares», añade Cardell, mientras muestra un almacén abarrotado de ánforas y otros restos arqueológicos recogidos en excavaciones o requisados en operaciones policiales contra el expolio. La isla era un lugar estratégico donde refugiarse o reponer víveres en las rutas marítimas por el Mediterráneo y en sus costas yacen multitud de barcos hundidos.Antes de que el Ses Fontanelles sea expuesto al público, sus restos terminarán su tratamiento de conservación en el Museo de Arqueología Subacuática (Arqua) , en Cartagena, una vez que concluya el del Mazarrón 2, dentro de unos tres años. «La idea es que la nueva liofilizadora pueda acoger pecios como éste. Estamos trabajando de la mano para poder dar respuesta a este tipo de casos», señala a ABC su director, Rafael Sabio, que se ha desplazado a Palma para analizar la operación.Fotogrametría del pecio, una vez retirado su cargamento. José Antonio MoyaAunque no ha dejado de lucir el sol, el equipo de Arqueomallornauta ha pasado algunos días sin poder bajar al pecio. El naufragio se sitúa en la línea donde rompen las olas y el arrastre del mar impedía el trabajo subacuático de los buzos por la nula visibilidad y el vaivén del oleaje. Este jueves, por fin, las aguas se han calmado. Una avanzadilla de arqueólogos se sumerge a primera hora de la mañana y traslada malas noticias al resto: «Se ha cubierto todo, como en 2024». Tendrán que volver a pasar horas succionando la arena con las chuponas, antes de seguir retirando maderas. «El mar nos lleva a la casilla de salida otra vez», se lamenta Carlos de Juan. Por turnos, Estela, Tony, Lorena, Albert y el resto del equipo van entrando y saliendo del agua a cada hora, mientras Darío Bernal acompaña a unos colegas de la Universidad de Groninga (Países Bajos) que han venido a tomar muestras del contenido de las ánforas selladas para realizar análisis de ADN. En una de las expediciones al barco romano, incorporan a esta periodista de ABC que, sin título de buceo, sólo puede observar con gafas de snorkel cómo, bajo sus aletas, los buzos desaparecen en ese mar aún muy revuelto para plantarle cara de nuevo. El director de Arqua, arqueólogo subacuático, tuvo más suerte al día siguiente. «Estuve un buen rato dando vueltas y echando una mano con las chuponas –comenta Rafael Sabio– ¡Qué maravilla de pecio!».  RSS de noticias de cultura

El agua está fría. Se agradece el traje de neopreno prestado. Para sorpresa de los turistas extranjeros apostados en la arena, un comando de buzos atraviesa la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca. Desde sus toallas, una pareja de alemanes observa cómo … los buceadores se calzan las aletas y se adentran en el mar, con esta periodista embutida en caucho como una más. Su destino se encuentra a sólo 65 metros de la costa. Bajo un cuadrilátero de boyas, el equipo de arqueólogos subacuáticos del proyecto Arqueomallornauta, finalista de los premios Palarq, está librando una reñida pelea al Mediterráneo.

 

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