José Manuel Galán, egiptólogo español en Luxor: «Buscamos dos pirámides que faltan por descubrir»

«Ah, ya habéis conocido a Tutu». José Manuel Galán salió a recibirnos en Dra Abu el-Naga con una sonrisa mientras sacudía la tierra de sus manos para estrechárnoslas. Los arqueólogos del Proyecto Djehuty se hallaban esa mañana en plena faena y el primero en acudir a nuestro encuentro, moviendo contento el rabo, había sido la fiel perra del egiptólogo, que nació en esa misma orilla oeste de Luxor donde excava la misión española. «Los perros están mal vistos y peor tratados en Egipto y por eso acabé llevándolo conmigo», explica el profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en su nuevo libro, ‘Al otro lado del Nilo’ (Espasa), que comienza con una visita inesperada al yacimiento, como la nuestra, al final de la campaña. Galán acostumbra a quedarse solo con Tutu una semana más, revisando los dibujos que hace Carmen, la epigrafista del equipo, durante la excavación, y enseña las tumbas de Djehuty y de Hery a los visitantes que se dejan caer por esa antigua necrópolis, como la pareja de Hellín (Albacete) de su nuevo relato. «No he querido que fuera como unas memorias del proyecto, pero está basado en algo que ocurre de verdad cuando viene la gente y te pregunta quién era Djehuty y su relación con Hatshepsut », comenta en conversación telefónica. Por un guiño de Amón-Ra, Osiris o quién sabe qué deidad, este arqueólogo, que llegó a la egiptología por las letras –«lo que me atrajo fueron los textos, me atrapó sobre todo el cuento de Sinuhé»–, acabó descubriendo la tumba «del supuestamente maestro de la escritura de la época». Djehuty fue supervisor del tesoro de la reina Hatshepsut, «algo así como su ministro de Hacienda», suele aclarar Galán, y quien se ocupó de registrar por escrito todos los productos que llegaron a la antigua Tebas (hoy Luxor) tras la famosa expedición al Punt, en el actual Cuerno de África.El director del Proyecto Djehuty recuerda vívidamente el momento en el que descubrieron la cámara sepulcral de este alto funcionario al servicio de la reina Hatshepsut, tan distinta a otras de la misma época. «Fue muy emocionante y muy importante desde el punto de vista de la egiptología porque está enteramente escrita con pasajes del Libro de los Muertos , tanto las paredes como el techo», destaca el investigador, que siente una especial afinidad con este egipcio de la antigüedad. «Tengo más en común con Djehuty, que se planteaba la vida después de la muerte, el juicio final o los deberes de un hijo para con sus padres –sostiene–, que con un neandertal de la meseta castellana que le abría la cabeza a su vecino para robarle el ganado».«Tengo más en común con Djehuty que con un neandertal de la meseta castellana» José Manuel GalánGalán siempre anima a levantar la mirada más allá del pasado local o nacional porque «no somos animales territoriales, sino seres humanos, con una inteligencia y sensibilidad que compartimos con gentes muy lejanas en el tiempo y en el espacio», como los antiguos egipcios. «Muchas tradiciones o conceptos que creemos que son de la cultura occidental vienen de Egipto y Mesopotamia», continúa antes de poner como ejemplo la costumbre de llevar flores a los difuntos . «Viene de Egipto y de un juego de palabras porque el término ‘anj’ significa vida y flor, así que ofreciendo flores a alguien le deseas vida y si está muerto, que renazca». O la idea del Juicio Final en el que no solo se juzgan las acciones, sino también las intenciones. «Hasta en eso se parecen los egipcios al cristianismo, que habla de pecados de palabra, obra y omisión». ¿Y si fuera mujer?La sepultura de Djehuty había sido saqueada y reutilizada en la antigüedad. Su cuerpo se perdió, «no así su espíritu, que queda plasmado en las escrituras de su tumba», como señala el investigador. Ni tampoco su memoria. «Los egipcios pensaban que uno vive en tanto en cuanto se le recuerda y nosotros si algo hemos hecho es ayudar a que el nombre de Djehuty perviva», comenta Galán con indisimulado orgullo. En la cámara sepulcral encontraron algunos restos humanos, pero dado el uso que tuvo después, sería muy arriesgado vincularlos a su propietario original. Por eso, a Galán le resultó difícil responder a la provocadora pregunta que Lola, una especialista en prospectiva, le lanzó al egiptólogo en una conversación que recoge en el último capítulo: ¿y si Djehuty fue una mujer?«Yo no creo que fuera mujer, pero es verdad que tampoco tenemos pruebas absolutas de que fuera un hombre y ya solo plantear esa posibilidad genera ideas interesantes. El científico tiene que replantearse hasta lo básico y revisar los pilares porque a veces no son tan firmes», reconoce el investigador. Vivió en una época en la que reinó una mujer, Hatshepsut, que se hizo representar como hombre, y hay ejemplos de otras monarcas, como Isabel la Católica, que se rodearon de mujeres cultas. «¿Por qué Hatshepsut iba a ser una excepción? –se pregunta Galán–. Hay poca evidencia, pero había mujeres en el antiguo Egipto que sabían escribir».Tesoros «donde menos te esperas»Ante la sepultura de Djehuty, la misión española descubrió un jardín funerario único, que todavía conservaba semillas de hace 4.000 años y un arbolito todavía en pie. Fue uno de los hallazgos más destacados en los más de 25 años que llevan excavando en Luxor. También se adentraron en la vecina tumba de Hery, funcionario al servicio de otra mujer poderosa, Ahhotep, la madre del faraón Ahmose, y se sorprendieron al leer los antiguos mensajes que dejaron en sus paredes quienes la reutilizaron: «No dejes tu momia aquí». Y entre otros más enterramientos del lugar, descubrieron el de una anónima joven del año 1700 a.C. con un collar que contiene el testimonio de vidrio más antiguo de Egipto, tal como presentará Galán en el próximo congreso de egiptología que se celebrará en París el año que viene. Galán y Tutu posan junto al templo de Debod, en Madrid. Cedida«Los tesoros los encuentras donde menos te esperas», remarca el arqueólogo, que ahora busca financiación para su próxima campaña. «Sabemos que faltan dos pirámides por descubrir y las estamos buscando», subraya. La disposición anárquica de las tumbas inferiores de la necrópolis les lleva a pensar que pudieron orientarse en función de las pirámides de adobe que se hicieron construir en la cima de la colina los reyes tebanos hacia el 1600 a.C.. El papiro Abbott (ca 1000 a.C.) menciona tres. La base de una de ellas, la del faraón Nub-kheper-ra Intef (dinastía XVII), cuyo ataúd se conserva desde el siglo XIX en el Museo Británico, fue redescubierta por el Instituto Arqueológico Alemán hace 25 años a menos de cien metros del yacimiento español. Muy cerca, los arqueólogos alemanes encontraron la punta de la pirámide de su hermano, Wep-maat Intef, «lo que indica que su pirámide debe de estar cerca». La del padre de ambos, Sobek-em-saf, habría sido supuestamente localizada por los egiptólogos Spiegelberg y Newberry cuando excavaban en esta zona a finales del siglo XIX, aunque se desconoce su ubicación.«No queda apenas nada de ellas, pero si encontramos las bases nos ayudará a entender el paisaje funerario de la necrópolis , que a su vez refleja la estructura social de la época», explica Galán. Sería, a su juicio, «un éxito egiptológico». Saben que las tumbas fueron saqueadas, porque los ataúdes de ambos reyes se conservan desde el siglo XIX en el Museo del Louvre, y no esperan encontrar tesoros, aunque sus cámaras sepulcrales podrían albergar aún alguna sorpresa, como una rica decoración. Toda esa zona fue ocupada por el poblado moderno, que se derribó en 2006, pero precisamente por eso, el equipo de Djehuty está esperanzado: «Nuestra experiencia nos indica que las casas han tapado lo antiguo y lo han conservado».«Daría luz verde en la tumba de Tutankamón» «La investigación no se debe frenar, siempre y cuando no se deteriore el monumento», responde José Manuel Galán cuando se le pregunta por los nuevos indicios de huecos más allá de la tumba de Tutankamón y la petición de algunos egiptólogos para introducir microcámaras en una pared de la cámara funeraria. El director del Proyecto Djehuty considera que «no hay suficientes indicios» de que existan cámaras ocultas. «La base de la hipótesis es un poco débil, pero no quiere decir que vaya a ser incorrecta», opina el profesor del CSIC, que daría «luz verde» a los investigadores.Quién sabe qué se oculta todavía en ese estrato antiguo que subyace bajo más de un metro de basura moderna, donde están empezando a encontrar cerámicas caídas sobre la roca madre, enteras. Quizá el Proyecto Djehuty, en el que tantos egiptólogos españoles han trabajado a lo largo de sus más de 25 años, sume allí nuevas victorias y amplíe de nuevo las fronteras del conocimiento. Esas fueron las dos palabras sobre las que versó la tesis doctoral de Galán, el significado de ‘victoria’ y ‘frontera’ para los antiguos egipcios. «Si me llegan a decir entonces que iba a dirigir un proyecto en Luxor me hubiera echado a reír», comenta divertido. El suyo fue la tercera misión española, tras las emprendidas en Heracleópolis Magna y Oxirrinco . Hoy hay una quincena de proyectos españoles en Egipto. «La egiptología española se ha hecho un hueco en el panorama internacional, pero eso hay que mantenerlo y hay que resolver el problema de la financiación», resalta el veterano experto, que defiende que la arqueología se ha convertido, además, en una herramienta muy importante de cooperación internacional y de relaciones diplomáticas. «Ah, ya habéis conocido a Tutu». José Manuel Galán salió a recibirnos en Dra Abu el-Naga con una sonrisa mientras sacudía la tierra de sus manos para estrechárnoslas. Los arqueólogos del Proyecto Djehuty se hallaban esa mañana en plena faena y el primero en acudir a nuestro encuentro, moviendo contento el rabo, había sido la fiel perra del egiptólogo, que nació en esa misma orilla oeste de Luxor donde excava la misión española. «Los perros están mal vistos y peor tratados en Egipto y por eso acabé llevándolo conmigo», explica el profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en su nuevo libro, ‘Al otro lado del Nilo’ (Espasa), que comienza con una visita inesperada al yacimiento, como la nuestra, al final de la campaña. Galán acostumbra a quedarse solo con Tutu una semana más, revisando los dibujos que hace Carmen, la epigrafista del equipo, durante la excavación, y enseña las tumbas de Djehuty y de Hery a los visitantes que se dejan caer por esa antigua necrópolis, como la pareja de Hellín (Albacete) de su nuevo relato. «No he querido que fuera como unas memorias del proyecto, pero está basado en algo que ocurre de verdad cuando viene la gente y te pregunta quién era Djehuty y su relación con Hatshepsut », comenta en conversación telefónica. Por un guiño de Amón-Ra, Osiris o quién sabe qué deidad, este arqueólogo, que llegó a la egiptología por las letras –«lo que me atrajo fueron los textos, me atrapó sobre todo el cuento de Sinuhé»–, acabó descubriendo la tumba «del supuestamente maestro de la escritura de la época». Djehuty fue supervisor del tesoro de la reina Hatshepsut, «algo así como su ministro de Hacienda», suele aclarar Galán, y quien se ocupó de registrar por escrito todos los productos que llegaron a la antigua Tebas (hoy Luxor) tras la famosa expedición al Punt, en el actual Cuerno de África.El director del Proyecto Djehuty recuerda vívidamente el momento en el que descubrieron la cámara sepulcral de este alto funcionario al servicio de la reina Hatshepsut, tan distinta a otras de la misma época. «Fue muy emocionante y muy importante desde el punto de vista de la egiptología porque está enteramente escrita con pasajes del Libro de los Muertos , tanto las paredes como el techo», destaca el investigador, que siente una especial afinidad con este egipcio de la antigüedad. «Tengo más en común con Djehuty, que se planteaba la vida después de la muerte, el juicio final o los deberes de un hijo para con sus padres –sostiene–, que con un neandertal de la meseta castellana que le abría la cabeza a su vecino para robarle el ganado».«Tengo más en común con Djehuty que con un neandertal de la meseta castellana» José Manuel GalánGalán siempre anima a levantar la mirada más allá del pasado local o nacional porque «no somos animales territoriales, sino seres humanos, con una inteligencia y sensibilidad que compartimos con gentes muy lejanas en el tiempo y en el espacio», como los antiguos egipcios. «Muchas tradiciones o conceptos que creemos que son de la cultura occidental vienen de Egipto y Mesopotamia», continúa antes de poner como ejemplo la costumbre de llevar flores a los difuntos . «Viene de Egipto y de un juego de palabras porque el término ‘anj’ significa vida y flor, así que ofreciendo flores a alguien le deseas vida y si está muerto, que renazca». O la idea del Juicio Final en el que no solo se juzgan las acciones, sino también las intenciones. «Hasta en eso se parecen los egipcios al cristianismo, que habla de pecados de palabra, obra y omisión». ¿Y si fuera mujer?La sepultura de Djehuty había sido saqueada y reutilizada en la antigüedad. Su cuerpo se perdió, «no así su espíritu, que queda plasmado en las escrituras de su tumba», como señala el investigador. Ni tampoco su memoria. «Los egipcios pensaban que uno vive en tanto en cuanto se le recuerda y nosotros si algo hemos hecho es ayudar a que el nombre de Djehuty perviva», comenta Galán con indisimulado orgullo. En la cámara sepulcral encontraron algunos restos humanos, pero dado el uso que tuvo después, sería muy arriesgado vincularlos a su propietario original. Por eso, a Galán le resultó difícil responder a la provocadora pregunta que Lola, una especialista en prospectiva, le lanzó al egiptólogo en una conversación que recoge en el último capítulo: ¿y si Djehuty fue una mujer?«Yo no creo que fuera mujer, pero es verdad que tampoco tenemos pruebas absolutas de que fuera un hombre y ya solo plantear esa posibilidad genera ideas interesantes. El científico tiene que replantearse hasta lo básico y revisar los pilares porque a veces no son tan firmes», reconoce el investigador. Vivió en una época en la que reinó una mujer, Hatshepsut, que se hizo representar como hombre, y hay ejemplos de otras monarcas, como Isabel la Católica, que se rodearon de mujeres cultas. «¿Por qué Hatshepsut iba a ser una excepción? –se pregunta Galán–. Hay poca evidencia, pero había mujeres en el antiguo Egipto que sabían escribir».Tesoros «donde menos te esperas»Ante la sepultura de Djehuty, la misión española descubrió un jardín funerario único, que todavía conservaba semillas de hace 4.000 años y un arbolito todavía en pie. Fue uno de los hallazgos más destacados en los más de 25 años que llevan excavando en Luxor. También se adentraron en la vecina tumba de Hery, funcionario al servicio de otra mujer poderosa, Ahhotep, la madre del faraón Ahmose, y se sorprendieron al leer los antiguos mensajes que dejaron en sus paredes quienes la reutilizaron: «No dejes tu momia aquí». Y entre otros más enterramientos del lugar, descubrieron el de una anónima joven del año 1700 a.C. con un collar que contiene el testimonio de vidrio más antiguo de Egipto, tal como presentará Galán en el próximo congreso de egiptología que se celebrará en París el año que viene. Galán y Tutu posan junto al templo de Debod, en Madrid. Cedida«Los tesoros los encuentras donde menos te esperas», remarca el arqueólogo, que ahora busca financiación para su próxima campaña. «Sabemos que faltan dos pirámides por descubrir y las estamos buscando», subraya. La disposición anárquica de las tumbas inferiores de la necrópolis les lleva a pensar que pudieron orientarse en función de las pirámides de adobe que se hicieron construir en la cima de la colina los reyes tebanos hacia el 1600 a.C.. El papiro Abbott (ca 1000 a.C.) menciona tres. La base de una de ellas, la del faraón Nub-kheper-ra Intef (dinastía XVII), cuyo ataúd se conserva desde el siglo XIX en el Museo Británico, fue redescubierta por el Instituto Arqueológico Alemán hace 25 años a menos de cien metros del yacimiento español. Muy cerca, los arqueólogos alemanes encontraron la punta de la pirámide de su hermano, Wep-maat Intef, «lo que indica que su pirámide debe de estar cerca». La del padre de ambos, Sobek-em-saf, habría sido supuestamente localizada por los egiptólogos Spiegelberg y Newberry cuando excavaban en esta zona a finales del siglo XIX, aunque se desconoce su ubicación.«No queda apenas nada de ellas, pero si encontramos las bases nos ayudará a entender el paisaje funerario de la necrópolis , que a su vez refleja la estructura social de la época», explica Galán. Sería, a su juicio, «un éxito egiptológico». Saben que las tumbas fueron saqueadas, porque los ataúdes de ambos reyes se conservan desde el siglo XIX en el Museo del Louvre, y no esperan encontrar tesoros, aunque sus cámaras sepulcrales podrían albergar aún alguna sorpresa, como una rica decoración. Toda esa zona fue ocupada por el poblado moderno, que se derribó en 2006, pero precisamente por eso, el equipo de Djehuty está esperanzado: «Nuestra experiencia nos indica que las casas han tapado lo antiguo y lo han conservado».«Daría luz verde en la tumba de Tutankamón» «La investigación no se debe frenar, siempre y cuando no se deteriore el monumento», responde José Manuel Galán cuando se le pregunta por los nuevos indicios de huecos más allá de la tumba de Tutankamón y la petición de algunos egiptólogos para introducir microcámaras en una pared de la cámara funeraria. El director del Proyecto Djehuty considera que «no hay suficientes indicios» de que existan cámaras ocultas. «La base de la hipótesis es un poco débil, pero no quiere decir que vaya a ser incorrecta», opina el profesor del CSIC, que daría «luz verde» a los investigadores.Quién sabe qué se oculta todavía en ese estrato antiguo que subyace bajo más de un metro de basura moderna, donde están empezando a encontrar cerámicas caídas sobre la roca madre, enteras. Quizá el Proyecto Djehuty, en el que tantos egiptólogos españoles han trabajado a lo largo de sus más de 25 años, sume allí nuevas victorias y amplíe de nuevo las fronteras del conocimiento. Esas fueron las dos palabras sobre las que versó la tesis doctoral de Galán, el significado de ‘victoria’ y ‘frontera’ para los antiguos egipcios. «Si me llegan a decir entonces que iba a dirigir un proyecto en Luxor me hubiera echado a reír», comenta divertido. El suyo fue la tercera misión española, tras las emprendidas en Heracleópolis Magna y Oxirrinco . Hoy hay una quincena de proyectos españoles en Egipto. «La egiptología española se ha hecho un hueco en el panorama internacional, pero eso hay que mantenerlo y hay que resolver el problema de la financiación», resalta el veterano experto, que defiende que la arqueología se ha convertido, además, en una herramienta muy importante de cooperación internacional y de relaciones diplomáticas.  RSS de noticias de cultura

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«Ah, ya habéis conocido a Tutu». José Manuel Galán salió a recibirnos en Dra Abu el-Naga con una sonrisa mientras sacudía la tierra de sus manos para estrechárnoslas. Los arqueólogos del Proyecto Djehuty se hallaban esa mañana en plena faena y … el primero en acudir a nuestro encuentro, moviendo contento el rabo, había sido la fiel perra del egiptólogo, que nació en esa misma orilla oeste de Luxor donde excava la misión española. «Los perros están mal vistos y peor tratados en Egipto y por eso acabé llevándolo conmigo», explica el profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en su nuevo libro, ‘Al otro lado del Nilo’ (Espasa), que comienza con una visita inesperada al yacimiento, como la nuestra, al final de la campaña.

 

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