«Ninguno de los pisos que visitaba tenía salón. Al final dejas de darle importancia. Pensé, ‘ya está, yo para qué quiero uno’. Hasta que empecé a vivir aquí. Y ya me di cuenta de que en verdad sí lo necesito», explica Alba (20 años). «Con un salón te relacionas más con las compañeras. Al final, la cocina tampoco es muy grande y como estemos dos, la tercera ya no entra», detalla sobre la convivencia con sus compañeras -también universitarias- en un piso en Málaga.
En 2025, la tasa de hacinamiento de la población europea se redujo un 0,1 puntos, pero la española aumentó en 0,4 puntos
«Ninguno de los pisos que visitaba tenía salón. Al final dejas de darle importancia. Pensé, ‘ya está, yo para qué quiero uno’. Hasta que empecé a vivir aquí. Y ya me di cuenta de que en verdad sí lo necesito», explica Alba (20 años). «Con un salón te relacionas más con las compañeras. Al final, la cocina tampoco es muy grande y como estemos dos, la tercera ya no entra», detalla sobre la convivencia con sus compañeras -también universitarias- en un piso en Málaga.
Su habitación le cuesta alrededor de 360 euros mensuales. Se siente satisfecha con el resultado de una búsqueda en la que, por presupuesto (becas estudiantiles, apoyo familiar y ahorros de un trabajo en verano) las opciones de alojamiento disponibles en la ciudad andaluza no incluían salón. En su mayoría habían sido transformados en habitaciones.
La situación de Alba y sus tres compañeras en un piso con un único baño y cuatro habitaciones alquiladas -pese a que originalmente solo había tres– es legal: mientras se mantengan y certifiquen las condiciones de habitabilidad (claridad, ventilación, seguridad) que regulan los ayuntamientos, los caseros pueden realizar reformas internas de los pisos y prescindir de los espacios comunes con el fin de convertirlos en dormitorios. Habitualmente se arriendan con contratos individuales. La diferencia en el tamaño de cada habitación hace que tengan precios distintos.
Pero frente a la oportunidad que hallan los propietarios a la hora de rentabilizar su inmueble está la incomodidad de los propios inquilinos. En este piso de Málaga, «es frustrante no poder disponer de un espacio común adecuado donde estar juntos». Y eso también puede llevar a que los compañeros de piso no se hablen entre sí, «porque no hay nada pensado para fomentar la relación y no hay ningún espacio dedicado a ello», valora Clémentine (21 años), que es compañera de piso de Alba. Está en la ciudad como parte de sus estudios Erasmus. Y paga 410 euros mensuales con apoyo familiar y la beca europea. En su búsqueda de alojamiento en Málaga, «enseguida me di cuenta de que muchos pisos carecían de salón. Así que, por el estrés de no encontrar un piso barato, elegí este para ir sobre seguro».
Pese a la legalidad de estos ajustes en la construcción, sacrificar espacios comunes en pos de una mejor rentabilidad es reflejo de la grave y compleja crisis habitacional que se desarrolla a nivel de país y de continente. Especialmente para los jóvenes. Los últimos datos de Eurostat, publicados esta semana, revelan que en 2025 la tasa de hacinamiento -es decir, que un hogar no dispone de un número mínimo de habitaciones, como una unidad por adulto o pareja- de la población europea entre 15 y 29 años fue del 26,9%, una subida de 0,4 puntos respecto a 2024. «En todos los países de la UE, los jóvenes tenían más probabilidades que la población total de vivir en hogares superpoblados. La tasa de hacinamiento de los jóvenes fueun 10,1% superior a la de la población total (16,8%)», destaca Eurostat con datos del último ejercicio.
La brecha entre países es amplia. En el caso de España, los datos son agridulces: mientras que la tasa de hacinamiento de la población europea (16,8%) se reduce 0,1 puntos entre 2024 y 2025, la española pasa del 9,1% al 9,5% en el mismo periodo.
En la franja de la población adulta -de 18 a 64 años-, la media europea aumentó del 18% al 18,1%. Una diferencia irrisoria frente a la tasa española que pasó del 9,8% al 10,2% en 2025. Es decir, que si la europea aumentó 0,1 puntos, la española lo hizo en 0,4.
En España, estos datos se enmarcan dentro de la actual crisis de precios de la vivienda, tanto de compraventa como de alquiler. A raíz de la precariedad en el mercado inmobiliario -donde la última oleada de protestas ha estallado a raíz del desahucio de Maricarmen Abascal (87 años) el pasado 23 de septiembre-, la presión social obligó al Gobierno a acelerar la legislación para resolver la crisis. El resultado fueron dos reales decretos, troceados para evitar que las discrepancias políticas y el rechazo previsible a ciertas medidas tumbaran el conjunto de la normativa… que finalmente cayeron en el Congreso. El primero de los textos incluía la regulación del alquiler por habitaciones, una de las medidas incorporadas por medio de un acuerdo entre PSOE y Sumar.
La propuesta sostenía que el alquiler por habitaciones pasase a estar amparado por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) en lugar del Código Civil. Bajo este marco, la suma de las rentas cobradas por todas las habitaciones alquiladas simultáneamente no podría superar el precio fijado para el alquiler de la vivienda completa. Asimismo, si el inmueble se ubica en una zona declarada de mercado residencial tensionado, el importe total debía respetar los límites de precios fijados por la ley.
Al no prosperar la medida, sigue sin haber una regulación concreta para los alquileres divididos en habitaciones, o contratos temporales inferiores a un año. Esta es otra fórmula para esquivar la regulación del alquiler, porque sí aplica a los arrendamientos de larga duración.
A veces ni siquiera hace falta que haya tensión entre compañeros para notar la falta de metros cuadrados; basta con ver cómo constantemente cambia la rutina de quien firma un contrato inferior al año en uno de estos pisos adaptados y empieza a amoldarse a su nueva vida. Es el caso de Hilal (21 años), que llegó desde Austria, estudia informática automotriz y es la tercera compañera de Alba y Clémentine. Pasa la mayor parte del tiempo en su dormitorio… que en realidad debería ser el salón del piso. Por este, paga 450 euros mensuales y, aunque asegura que la estancia le resulta «cómoda», echa de menos una vida fuera de las cuatro paredes de su cuarto. «A veces, simplemente descansar en el sofá y mirar el móvil es relajante, y echo un poco de menos eso», cuenta. Sin un salón donde coincidir, la convivencia se comprime en una cocina pequeña, donde cocinar junto a otra de sus tres compañeras «es un poco difícil por el espacio».
De vuelta a las estadísticas europeas, si se presta atención únicamente a los datos de los jóvenes en edad de trabajar -de los 16 a 29 años-, la tasa europea de hacinamiento aumentó en 0,3 puntos porcentuales, del 26,3% al 26,6%. Mientras tanto, en España pasó del 15,3% al 16%. Es decir, creció 0,7 puntos, más del doble que la europea.
Por otro lado, esta semana la oficina de estadística europea también resalta los datos de precios de adquisición: en el segundo trimestre de 2026, el coste de compraventa en la Unión Europea (UE) aumentó un 4,7%. En España, la crecida fue sustancialmente mayor: subió un 12,1%.
En más detalle, en el mercado nacional la tensión inmobiliaria aprieta en los dos modos de tenencia.
En la compraventa, el precio de la vivienda registró una subida interanual del 14,7% en el tercer trimestre de 2026, hasta los 2.129 euros por metro cuadrado, según el informe IMIE Mercados Locales del tercer trimestre de 2026 publicada por Tinsa by Accumin. Los datos de la firma explican que estas subidas implican que una unidad familiar debe destinar, de media, el 36,9% de los ingresos totales a pagar la vivienda, rebasando el límite recomendado por expertos y organismos internacionales del 35%. Y detrás de esta situación se encuentra el desajuste entre oferta (baja) y demanda (alta), por el que el Banco de España ya avecina un déficit cercano almillón de viviendas para el año 2028.
Esta barrera de acceso a la propiedad desplaza toda la presión hacia el alquiler, donde la falta de oferta ha elevado las rentas un 5,6% interanual, hasta situarse en los 15,10 euros por metro cuadrado, según los últimos datos de Idealista.
En este mercado, fueron varias las voces que se alzaron contra los decretos propuestos, tanto del lado de la construcción como del alquiler, para advertir de que las nuevas medidas tendrían un efecto reductor en la oferta de vivienda. Empezando por la inseguridad jurídica que despierta en los propietarios, que podrían optar por retirar sus inmuebles del parque del alquiler, pero también porque los proyectos de gestión o construcción (el modelo build to rent) podrían ser aplazados o quedar paralizados ante la incertidumbre que deja el acelerado vaivén regulatorio.
Y entre tanto, los economistas echan en falta la aplicación de medidas más estructurales y orientadas a ampliar el parque de vivienda disponible y, especialmente, la de carácter social.
En este contexto, la situación es crítica y empuja a los jóvenes de todo el país a economizar, ya sea en Málaga -donde viven estas cuatro compañeras de piso y la crisis del alquiler deja un precio medio de 16,5 euros por metro cuadrado después de subir un 2,8% en 2025, según Idealista- o en las capitales como Madrid y Barcelona, imanes para quienes buscan empleo y donde el precio por metro cuadrado supera los 20 euros. En ese caldo de cultivo nacen los pisos fraccionados hasta el extremo.
Aunque España no es de los países con mayor tasa de hacinamiento (véase Rumanía con el 40,4% y Letonia con el 38,9%) y se encuentra por debajo de la media europea, la evolución del país ibérico avanza de forma paralela a otro problema para los jóvenes: el retraso en la emancipación. De hecho, la española es una de las edades medias más tardías para abandonar el hogar familiar entre sus vecinos europeos. Con 30,2 años de media, en el último año la emancipación se retrasa el doble en España que en el conjunto de Europa, y detrás de ello está la precariedad laboral y salarial, pero también la incapacidad de acceder a una vivienda (en cualquier forma de tenencia). De hecho, el alquiler en solitario equivale al 98,7% del salario medio de un joven y más del 33% en compartidos, según el Consejo de la Juventud de España (CJE). La compra de vivienda no es una alternativa real para la mayoría, porque implica ahorrar íntegramente el salario durante 15,6 años para poder acceder a una propiedad (la vivienda libre alcanzó el precio medio de 223.000 euros).
Desde Madrid, Lucía (25 años) explica que en su búsqueda de piso junto a dos amigas y sus respectivos presupuestos -todas trabajan- fueron muchas las oportunidades de acabar en una vivienda donde el salón había sido suprimido. Pero en su caso, el alquiler a 650 euros por su habitación en Ciudad Universitaria les costó la terraza, que ahora es un dormitorio. «Nos dimos cuenta después de mirar por mi ventana y decir: ‘Todo el mundo tiene terraza, ¿por qué nosotras no?’. Claro, es la habitación‘», relata. En realidad, sus caseros habían aprovechado una parte de la terraza… tras haber reducido antes el salón.
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