Desde una posición elevada y con un fusil semiautomático AR-15, el 13 de julio de 2024, un tirador disparó contra Donald Trump mientras daba un discurso en Pensilvania. El intento de magnicidio fracasó, pero la bala atravesó el lóbulo de la oreja derecha del entonces expresidente de Estados Unidos, taladrando también nuestra retina. Un par de milímetros pudieron cambian el curso de la Historia. En fracciones de segundo un fuerte dispositivo se cerró a su alrededor. El blindado de guardias era sobrevolado por el puño alzado de Trump al grito de «Fight! Fight! Fight!», su cara delineada por un hilo de sangre. Algunos analistas relacionaron aquellos fotogramas con la puesta en escena, propia de la temprana Edad Moderna y caracterizada por su dimensión visual y maquiavélica, de Lorenzo el Magnífico cuando, tras la conspiración de los Pazzi y con el cuello seccionado por el corte de daga que había intentado asesinarle, salía al balcón de su palacio mostrando la fuerza portentosa de estar vivo.Paralelismo de poderParadójicamente, en estos meses es difícil encontrar un lugar más adecuado para revivir aquel hecho de la Florencia del Renacimiento que el museo situado en el extremo norte de la Isla de los Museos de Berlín , concebido por Wilhelm Bode y que, desde 1956 lleva su nombre. El Münzkabinett alberga una selección de medallas que representan a las figuras clave involucradas en la Conspiración de los Pazzi (1478), muchas de las cuales también fueron inmortalizadas en retratos que ahora se conservan en la Colección de Esculturas de Berlín y en la Gemäldegalerie. Ellos personifican la importancia del Renacimiento italiano como una época en la que los violentos conflictos se transformaron en obras de arte inolvidables.El Museo Bode organizó la exposición ‘La conspiración de los Pazzi’ . Poder, violencia y arte en la Florencia del Renacimiento donde reconstruye aquel episodio decisivo del Quattrocento. Para ello cuenta con obras clave como el ‘Retrato de Giuliano de’ Medici’ (1478) que Sandro Botticelli pintó por oden de Lorenzo el Magnífico. En él, la mirada del protagonista está baja y no se dirige al espectador, indicio de que en el momento en que se pintó, el modelo ya había fallecido. Botticelli ideó una composición de perfil, recortada por los hombros cubiertos por una túnica carmesí. Su melena oscura, ondulada y la nariz fina pero importante, destacan sobre un fondo azul verdoso a lo Lucas Cranach.Del fallido atentado Lorenzo salió -como expone Maquiavelo- fortalecido, ya el mismo día se mostró al público vistiendo aún las ropas ensangrentadas. La venganza emprendida estuvo acompañada por una potente política visual, cuyo punto culminante se encuentra en la célebre medalla realizada por Bertoldo di Giovanni (h. 1430–1491), una de las creaciones medallísticas más fascinantes del Renacimiento italiano y que es hoy el núcleo de esta exposición.Los estudios explican que, en ella, la escena del atentado está representada desde un punto de vista alto y que la acción gira alrededor del coro de planta octogonal situado bajo la cúpula de Santa María del Fiore. Los momentos del atentado se narran como en un cómic fundido en bronce. En su artículo para el catálogo de la muestra, Kay Usenbenz -historiador vinculado a la Universidad Humboldt de Berlín, especializado en iconografía de los Medici-, despliega ante nuestros ojos los acontecimientos de aquel día donde los Medici aparecen vestidos, mientras los conspiradores se representan deliberadamente desnudos.Ataque en la catedralEl primer vistazo a las caras de la medalla revela una composición semejante. Sólo una observación más detenida pondrá de manifiesto las diferencias en los detalles. Aquella mañana de domingo del 26 de abril de 1478 durante la celebración solemne de la Misa en la catedral de Florencia, se produjeron los hechos que Angelo Poliziano relató de manera escalofriante. La monumental iglesia estaba llena. En el crucero de Santa María del Fiore los dos hermanos Medici presiden la ceremonia en primera fila. Desde la muerte de su padre, Piero il Gottoso, nueve años antes, tienen en sus manos el gobierno de la República: Lorenzo, el mayor, es muy hábil políticamente; a Giuliano, el menor, le interesan más los placeres de la vida.Otros dignatarios han sido invitados, entre ellos, el joven cardenal Raffaele Sansoni Riario, sobrino nieto del Papa Sixto IV, que ha de oficiar en la ceremonia. En el momento de la transubstanciación, cuando el pan se transforma en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, los hermanos Medici están arrodillados. Varios hombres, entre ellos Bernardo Bandini y Francesco de’ Pazzi, avanzan hasta el presbiterio y saltan sobre Giuliano. Bandini le clava una primera puñalada que le atraviesa el pecho. En la exposición se presenta una daga de oreja, un tipo muy difundido en Italia y otras regiones de Europa entre los siglos XIV y XV. Su nombre procede de las dos prominencias circulares del pomo que recuerdan a unas orejas y sirven para mejorar el agarre. Según el relato de Angelo Poliziano, los asesinos emplearon puñales (pugiones) y espadas (gladii o enses), en particular, los dos sacerdotes implicados en el ataque que las llevaron ocultas para luego sacarlas de debajo de sus vestiduras durante la ceremonia. Una cartela expositiva aclara que el objeto expuesto es un ejemplar contemporáneo del mismo tipo ya que ninguna de las armas originales utilizadas en la conspiración se conservó.Giuliano, mortalmente herido, intenta dar unos pasos pero, sin aliento, se desploma. Francesco Pazzi envenenado de odio, se arroja entonces sobre él y se ensaña con su cuerpo atravesándolo con incontables estocadas. Mientras tanto, los otros asesinos se abalanzan sobre Lorenzo. Antonio Maffei es primero en llegar hasta él, sujetándolo por el hombro izquierdo y apuntando a su garganta. Pero Lorenzo se mantiene firme, enrollándose la capa alrededor del brazo izquierdo y desenvainando su espada. Bernardo Bandini, que ya había asesinado a Giuliano y aún no estaba satisfecho, se apresura a perseguirle. El banquero florentino Francesco Nori se interpone y pierde la vida para salvar la de su señor. Finalmente, Lorenzo es empujado hacia la sacristía, ayudado por el humanista Angelo Poliziano y las pesadas puertas de bronce se cierran tras de sí, salvando sus vidas. En la iglesia cunde el pánico pero el complot ha fracasado. Durante la primera mitad del siglo XV, los Medici habían gobernado como hábiles estrategas dentro de las instituciones republicanas. Sin embargo, tras el atentado Lorenzo gobernó en solitario. Sometió las asambleas comunales y la estructura de la República a un consejo de setenta miembros, cuyos integrantes eran hombres de su confianza. Pero también con Lorenzo, el amante de las artes, la cultura conoció un florecimiento sin precedentes y, desde entonces, pasó a formar parte de la diplomacia.La venganza del MagníficoLa sangrienta represalia contra los autores del atentado comenzó aquella misma tarde. El arzobispo Salviati y sus hombres fueron detenidos en el Palazzo della Signoria e inmediatamente colgados de su fachada. El cronista florentino Luca Landucci informó que, en apenas tres días, más de setenta hombres murieron colgados de las ventanas de los palacios de la Signoria, del Podestà y del Capitano. Numerosos asesinos procedentes del entorno de Salviati fueron arrojados vivos desde las ventanas a la plaza del mercado o fueron ejecutados en ella, descuartizados o decapitados. Y, por toda Florencia, fue llevada una cabeza ensartada en una lanza acompañada del grito: ¡Muerte a los traidores!Francesco de’ Pazzi, que apenas unas horas antes se creía uno de los nuevos señores de la ciudad, buscó refugio en su palacio. Pero poco después fue capturado y desnudo, tal como estaba, fue ahorcado. Contra su orgullosa familia se desencadenó una masiva campaña de venganza. Jacopo de’ Pazzi pudo huir de Florencia pero, a los dos días, fue capturado por campesinos, entregado a la jurisdicción florentina y colgado desde la misma ventana que Francesco y el arzobispo Salviati. La furia del Magnifico quedó patente en la detención y extradición de Bernardo Bandini, que había conseguido huir a Constantinopla pero fue capturado por el sultán otomano Mehmed II y ahorcado en Florencia vistiendo aún las ropas orientales que llevaba. En un impresionante testimonio de aquella ejecución, un joven Leonardo da Vinci dejó uno de sus primeros documentos gráficos conocidos: «Gorro marrón, chaqueta de seda satinada negra, jubón forrado de color pardo; manto azul turquesa ribeteado con piel de zorro; el cuello del jubón de terciopelo negro y rojo aplicado; calzas negras» son, a la izquierda del dibujo, los detalles precisados por su mano en pluma y tinta parda. En este boceto, presente en la exposición, pueden apreciarse las profundas cuencas oculares del cuerpo sin vida, las mejillas hundidas, los brazos atados a la espalda y la cabeza ligeramente ladeada con la cuerda que le rodea el cuello y testimonia su descomposición física.Con otra tinta, ésta hecha de lágrimas, Lorenzo el Magnifico también poeta compuso estos versos satíricos: «Yo soy Bernardo Bandini, un nuevo Judas; en la iglesia fui un traidor homicida para esperar una muerte tanto más cruel». Fueron escritos desde el dolor, en honor a su hermano menor Giuliano di Piero de’ Medici, quien quedó mortalmente tendido bajo la cúpula de Brunelleschi que cubrió toda la escena. Desde una posición elevada y con un fusil semiautomático AR-15, el 13 de julio de 2024, un tirador disparó contra Donald Trump mientras daba un discurso en Pensilvania. El intento de magnicidio fracasó, pero la bala atravesó el lóbulo de la oreja derecha del entonces expresidente de Estados Unidos, taladrando también nuestra retina. Un par de milímetros pudieron cambian el curso de la Historia. En fracciones de segundo un fuerte dispositivo se cerró a su alrededor. El blindado de guardias era sobrevolado por el puño alzado de Trump al grito de «Fight! Fight! Fight!», su cara delineada por un hilo de sangre. Algunos analistas relacionaron aquellos fotogramas con la puesta en escena, propia de la temprana Edad Moderna y caracterizada por su dimensión visual y maquiavélica, de Lorenzo el Magnífico cuando, tras la conspiración de los Pazzi y con el cuello seccionado por el corte de daga que había intentado asesinarle, salía al balcón de su palacio mostrando la fuerza portentosa de estar vivo.Paralelismo de poderParadójicamente, en estos meses es difícil encontrar un lugar más adecuado para revivir aquel hecho de la Florencia del Renacimiento que el museo situado en el extremo norte de la Isla de los Museos de Berlín , concebido por Wilhelm Bode y que, desde 1956 lleva su nombre. El Münzkabinett alberga una selección de medallas que representan a las figuras clave involucradas en la Conspiración de los Pazzi (1478), muchas de las cuales también fueron inmortalizadas en retratos que ahora se conservan en la Colección de Esculturas de Berlín y en la Gemäldegalerie. Ellos personifican la importancia del Renacimiento italiano como una época en la que los violentos conflictos se transformaron en obras de arte inolvidables.El Museo Bode organizó la exposición ‘La conspiración de los Pazzi’ . Poder, violencia y arte en la Florencia del Renacimiento donde reconstruye aquel episodio decisivo del Quattrocento. Para ello cuenta con obras clave como el ‘Retrato de Giuliano de’ Medici’ (1478) que Sandro Botticelli pintó por oden de Lorenzo el Magnífico. En él, la mirada del protagonista está baja y no se dirige al espectador, indicio de que en el momento en que se pintó, el modelo ya había fallecido. Botticelli ideó una composición de perfil, recortada por los hombros cubiertos por una túnica carmesí. Su melena oscura, ondulada y la nariz fina pero importante, destacan sobre un fondo azul verdoso a lo Lucas Cranach.Del fallido atentado Lorenzo salió -como expone Maquiavelo- fortalecido, ya el mismo día se mostró al público vistiendo aún las ropas ensangrentadas. La venganza emprendida estuvo acompañada por una potente política visual, cuyo punto culminante se encuentra en la célebre medalla realizada por Bertoldo di Giovanni (h. 1430–1491), una de las creaciones medallísticas más fascinantes del Renacimiento italiano y que es hoy el núcleo de esta exposición.Los estudios explican que, en ella, la escena del atentado está representada desde un punto de vista alto y que la acción gira alrededor del coro de planta octogonal situado bajo la cúpula de Santa María del Fiore. Los momentos del atentado se narran como en un cómic fundido en bronce. En su artículo para el catálogo de la muestra, Kay Usenbenz -historiador vinculado a la Universidad Humboldt de Berlín, especializado en iconografía de los Medici-, despliega ante nuestros ojos los acontecimientos de aquel día donde los Medici aparecen vestidos, mientras los conspiradores se representan deliberadamente desnudos.Ataque en la catedralEl primer vistazo a las caras de la medalla revela una composición semejante. Sólo una observación más detenida pondrá de manifiesto las diferencias en los detalles. Aquella mañana de domingo del 26 de abril de 1478 durante la celebración solemne de la Misa en la catedral de Florencia, se produjeron los hechos que Angelo Poliziano relató de manera escalofriante. La monumental iglesia estaba llena. En el crucero de Santa María del Fiore los dos hermanos Medici presiden la ceremonia en primera fila. Desde la muerte de su padre, Piero il Gottoso, nueve años antes, tienen en sus manos el gobierno de la República: Lorenzo, el mayor, es muy hábil políticamente; a Giuliano, el menor, le interesan más los placeres de la vida.Otros dignatarios han sido invitados, entre ellos, el joven cardenal Raffaele Sansoni Riario, sobrino nieto del Papa Sixto IV, que ha de oficiar en la ceremonia. En el momento de la transubstanciación, cuando el pan se transforma en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, los hermanos Medici están arrodillados. Varios hombres, entre ellos Bernardo Bandini y Francesco de’ Pazzi, avanzan hasta el presbiterio y saltan sobre Giuliano. Bandini le clava una primera puñalada que le atraviesa el pecho. En la exposición se presenta una daga de oreja, un tipo muy difundido en Italia y otras regiones de Europa entre los siglos XIV y XV. Su nombre procede de las dos prominencias circulares del pomo que recuerdan a unas orejas y sirven para mejorar el agarre. Según el relato de Angelo Poliziano, los asesinos emplearon puñales (pugiones) y espadas (gladii o enses), en particular, los dos sacerdotes implicados en el ataque que las llevaron ocultas para luego sacarlas de debajo de sus vestiduras durante la ceremonia. Una cartela expositiva aclara que el objeto expuesto es un ejemplar contemporáneo del mismo tipo ya que ninguna de las armas originales utilizadas en la conspiración se conservó.Giuliano, mortalmente herido, intenta dar unos pasos pero, sin aliento, se desploma. Francesco Pazzi envenenado de odio, se arroja entonces sobre él y se ensaña con su cuerpo atravesándolo con incontables estocadas. Mientras tanto, los otros asesinos se abalanzan sobre Lorenzo. Antonio Maffei es primero en llegar hasta él, sujetándolo por el hombro izquierdo y apuntando a su garganta. Pero Lorenzo se mantiene firme, enrollándose la capa alrededor del brazo izquierdo y desenvainando su espada. Bernardo Bandini, que ya había asesinado a Giuliano y aún no estaba satisfecho, se apresura a perseguirle. El banquero florentino Francesco Nori se interpone y pierde la vida para salvar la de su señor. Finalmente, Lorenzo es empujado hacia la sacristía, ayudado por el humanista Angelo Poliziano y las pesadas puertas de bronce se cierran tras de sí, salvando sus vidas. En la iglesia cunde el pánico pero el complot ha fracasado. Durante la primera mitad del siglo XV, los Medici habían gobernado como hábiles estrategas dentro de las instituciones republicanas. Sin embargo, tras el atentado Lorenzo gobernó en solitario. Sometió las asambleas comunales y la estructura de la República a un consejo de setenta miembros, cuyos integrantes eran hombres de su confianza. Pero también con Lorenzo, el amante de las artes, la cultura conoció un florecimiento sin precedentes y, desde entonces, pasó a formar parte de la diplomacia.La venganza del MagníficoLa sangrienta represalia contra los autores del atentado comenzó aquella misma tarde. El arzobispo Salviati y sus hombres fueron detenidos en el Palazzo della Signoria e inmediatamente colgados de su fachada. El cronista florentino Luca Landucci informó que, en apenas tres días, más de setenta hombres murieron colgados de las ventanas de los palacios de la Signoria, del Podestà y del Capitano. Numerosos asesinos procedentes del entorno de Salviati fueron arrojados vivos desde las ventanas a la plaza del mercado o fueron ejecutados en ella, descuartizados o decapitados. Y, por toda Florencia, fue llevada una cabeza ensartada en una lanza acompañada del grito: ¡Muerte a los traidores!Francesco de’ Pazzi, que apenas unas horas antes se creía uno de los nuevos señores de la ciudad, buscó refugio en su palacio. Pero poco después fue capturado y desnudo, tal como estaba, fue ahorcado. Contra su orgullosa familia se desencadenó una masiva campaña de venganza. Jacopo de’ Pazzi pudo huir de Florencia pero, a los dos días, fue capturado por campesinos, entregado a la jurisdicción florentina y colgado desde la misma ventana que Francesco y el arzobispo Salviati. La furia del Magnifico quedó patente en la detención y extradición de Bernardo Bandini, que había conseguido huir a Constantinopla pero fue capturado por el sultán otomano Mehmed II y ahorcado en Florencia vistiendo aún las ropas orientales que llevaba. En un impresionante testimonio de aquella ejecución, un joven Leonardo da Vinci dejó uno de sus primeros documentos gráficos conocidos: «Gorro marrón, chaqueta de seda satinada negra, jubón forrado de color pardo; manto azul turquesa ribeteado con piel de zorro; el cuello del jubón de terciopelo negro y rojo aplicado; calzas negras» son, a la izquierda del dibujo, los detalles precisados por su mano en pluma y tinta parda. En este boceto, presente en la exposición, pueden apreciarse las profundas cuencas oculares del cuerpo sin vida, las mejillas hundidas, los brazos atados a la espalda y la cabeza ligeramente ladeada con la cuerda que le rodea el cuello y testimonia su descomposición física.Con otra tinta, ésta hecha de lágrimas, Lorenzo el Magnifico también poeta compuso estos versos satíricos: «Yo soy Bernardo Bandini, un nuevo Judas; en la iglesia fui un traidor homicida para esperar una muerte tanto más cruel». Fueron escritos desde el dolor, en honor a su hermano menor Giuliano di Piero de’ Medici, quien quedó mortalmente tendido bajo la cúpula de Brunelleschi que cubrió toda la escena. RSS de noticias de cultura
Desde una posición elevada y con un fusil semiautomático AR-15, el 13 de julio de 2024, un tirador disparó contra Donald Trump mientras daba un discurso en Pensilvania. El intento de magnicidio fracasó, pero la bala atravesó el lóbulo de la oreja derecha … del entonces expresidente de Estados Unidos, taladrando también nuestra retina. Un par de milímetros pudieron cambian el curso de la Historia.
En fracciones de segundo un fuerte dispositivo se cerró a su alrededor. El blindado de guardias era sobrevolado por el puño alzado de Trump al grito de «Fight! Fight! Fight!», su cara delineada por un hilo de sangre. Algunos analistas relacionaron aquellos fotogramas con la puesta en escena, propia de la temprana Edad Moderna y caracterizada por su dimensión visual y maquiavélica, de Lorenzo el Magnífico cuando, tras la conspiración de los Pazzi y con el cuello seccionado por el corte de daga que había intentado asesinarle, salía al balcón de su palacio mostrando la fuerza portentosa de estar vivo.
Paralelismo de poder
Paradójicamente, en estos meses es difícil encontrar un lugar más adecuado para revivir aquel hecho de la Florencia del Renacimiento que el museo situado en el extremo norte de la Isla de los Museos de Berlín, concebido por Wilhelm Bode y que, desde 1956 lleva su nombre. El Münzkabinett alberga una selección de medallas que representan a las figuras clave involucradas en la Conspiración de los Pazzi (1478), muchas de las cuales también fueron inmortalizadas en retratos que ahora se conservan en la Colección de Esculturas de Berlín y en la Gemäldegalerie. Ellos personifican la importancia del Renacimiento italiano como una época en la que los violentos conflictos se transformaron en obras de arte inolvidables.
Noticia relacionada
-
Marina Valcárcel
El Museo Bode organizó la exposición ‘La conspiración de los Pazzi’. Poder, violencia y arte en la Florencia del Renacimiento donde reconstruye aquel episodio decisivo del Quattrocento. Para ello cuenta con obras clave como el ‘Retrato de Giuliano de’ Medici’ (1478) que Sandro Botticelli pintó por oden de Lorenzo el Magnífico. En él, la mirada del protagonista está baja y no se dirige al espectador, indicio de que en el momento en que se pintó, el modelo ya había fallecido. Botticelli ideó una composición de perfil, recortada por los hombros cubiertos por una túnica carmesí. Su melena oscura, ondulada y la nariz fina pero importante, destacan sobre un fondo azul verdoso a lo Lucas Cranach.
Del fallido atentado Lorenzo salió -como expone Maquiavelo- fortalecido, ya el mismo día se mostró al público vistiendo aún las ropas ensangrentadas. La venganza emprendida estuvo acompañada por una potente política visual, cuyo punto culminante se encuentra en la célebre medalla realizada por Bertoldo di Giovanni (h. 1430–1491), una de las creaciones medallísticas más fascinantes del Renacimiento italiano y que es hoy el núcleo de esta exposición.
Los estudios explican que, en ella, la escena del atentado está representada desde un punto de vista alto y que la acción gira alrededor del coro de planta octogonal situado bajo la cúpula de Santa María del Fiore. Los momentos del atentado se narran como en un cómic fundido en bronce. En su artículo para el catálogo de la muestra, Kay Usenbenz -historiador vinculado a la Universidad Humboldt de Berlín, especializado en iconografía de los Medici-, despliega ante nuestros ojos los acontecimientos de aquel día donde los Medici aparecen vestidos, mientras los conspiradores se representan deliberadamente desnudos.
Ataque en la catedral
El primer vistazo a las caras de la medalla revela una composición semejante. Sólo una observación más detenida pondrá de manifiesto las diferencias en los detalles. Aquella mañana de domingo del 26 de abril de 1478 durante la celebración solemne de la Misa en la catedral de Florencia, se produjeron los hechos que Angelo Poliziano relató de manera escalofriante. La monumental iglesia estaba llena. En el crucero de Santa María del Fiore los dos hermanos Medici presiden la ceremonia en primera fila. Desde la muerte de su padre, Piero il Gottoso, nueve años antes, tienen en sus manos el gobierno de la República: Lorenzo, el mayor, es muy hábil políticamente; a Giuliano, el menor, le interesan más los placeres de la vida.
Otros dignatarios han sido invitados, entre ellos, el joven cardenal Raffaele Sansoni Riario, sobrino nieto del Papa Sixto IV, que ha de oficiar en la ceremonia. En el momento de la transubstanciación, cuando el pan se transforma en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, los hermanos Medici están arrodillados. Varios hombres, entre ellos Bernardo Bandini y Francesco de’ Pazzi, avanzan hasta el presbiterio y saltan sobre Giuliano. Bandini le clava una primera puñalada que le atraviesa el pecho.
En la exposición se presenta una daga de oreja, un tipo muy difundido en Italia y otras regiones de Europa entre los siglos XIV y XV. Su nombre procede de las dos prominencias circulares del pomo que recuerdan a unas orejas y sirven para mejorar el agarre. Según el relato de Angelo Poliziano, los asesinos emplearon puñales (pugiones) y espadas (gladii o enses), en particular, los dos sacerdotes implicados en el ataque que las llevaron ocultas para luego sacarlas de debajo de sus vestiduras durante la ceremonia. Una cartela expositiva aclara que el objeto expuesto es un ejemplar contemporáneo del mismo tipo ya que ninguna de las armas originales utilizadas en la conspiración se conservó.
Giuliano, mortalmente herido, intenta dar unos pasos pero, sin aliento, se desploma. Francesco Pazzi envenenado de odio, se arroja entonces sobre él y se ensaña con su cuerpo atravesándolo con incontables estocadas. Mientras tanto, los otros asesinos se abalanzan sobre Lorenzo. Antonio Maffei es primero en llegar hasta él, sujetándolo por el hombro izquierdo y apuntando a su garganta. Pero Lorenzo se mantiene firme, enrollándose la capa alrededor del brazo izquierdo y desenvainando su espada. Bernardo Bandini, que ya había asesinado a Giuliano y aún no estaba satisfecho, se apresura a perseguirle. El banquero florentino Francesco Nori se interpone y pierde la vida para salvar la de su señor. Finalmente, Lorenzo es empujado hacia la sacristía, ayudado por el humanista Angelo Poliziano y las pesadas puertas de bronce se cierran tras de sí, salvando sus vidas. En la iglesia cunde el pánico pero el complot ha fracasado.
Durante la primera mitad del siglo XV, los Medici habían gobernado como hábiles estrategas dentro de las instituciones republicanas. Sin embargo, tras el atentado Lorenzo gobernó en solitario. Sometió las asambleas comunales y la estructura de la República a un consejo de setenta miembros, cuyos integrantes eran hombres de su confianza. Pero también con Lorenzo, el amante de las artes, la cultura conoció un florecimiento sin precedentes y, desde entonces, pasó a formar parte de la diplomacia.
La venganza del Magnífico
La sangrienta represalia contra los autores del atentado comenzó aquella misma tarde. El arzobispo Salviati y sus hombres fueron detenidos en el Palazzo della Signoria e inmediatamente colgados de su fachada. El cronista florentino Luca Landucci informó que, en apenas tres días, más de setenta hombres murieron colgados de las ventanas de los palacios de la Signoria, del Podestà y del Capitano. Numerosos asesinos procedentes del entorno de Salviati fueron arrojados vivos desde las ventanas a la plaza del mercado o fueron ejecutados en ella, descuartizados o decapitados. Y, por toda Florencia, fue llevada una cabeza ensartada en una lanza acompañada del grito: ¡Muerte a los traidores!
Francesco de’ Pazzi, que apenas unas horas antes se creía uno de los nuevos señores de la ciudad, buscó refugio en su palacio. Pero poco después fue capturado y desnudo, tal como estaba, fue ahorcado. Contra su orgullosa familia se desencadenó una masiva campaña de venganza. Jacopo de’ Pazzi pudo huir de Florencia pero, a los dos días, fue capturado por campesinos, entregado a la jurisdicción florentina y colgado desde la misma ventana que Francesco y el arzobispo Salviati.
La furia del Magnifico quedó patente en la detención y extradición de Bernardo Bandini, que había conseguido huir a Constantinopla pero fue capturado por el sultán otomano Mehmed II y ahorcado en Florencia vistiendo aún las ropas orientales que llevaba. En un impresionante testimonio de aquella ejecución, un joven Leonardo da Vinci dejó uno de sus primeros documentos gráficos conocidos: «Gorro marrón, chaqueta de seda satinada negra, jubón forrado de color pardo; manto azul turquesa ribeteado con piel de zorro; el cuello del jubón de terciopelo negro y rojo aplicado; calzas negras» son, a la izquierda del dibujo, los detalles precisados por su mano en pluma y tinta parda. En este boceto, presente en la exposición, pueden apreciarse las profundas cuencas oculares del cuerpo sin vida, las mejillas hundidas, los brazos atados a la espalda y la cabeza ligeramente ladeada con la cuerda que le rodea el cuello y testimonia su descomposición física.
Con otra tinta, ésta hecha de lágrimas, Lorenzo el Magnifico también poeta compuso estos versos satíricos: «Yo soy Bernardo Bandini, un nuevo Judas; en la iglesia fui un traidor homicida para esperar una muerte tanto más cruel». Fueron escritos desde el dolor, en honor a su hermano menor Giuliano di Piero de’ Medici, quien quedó mortalmente tendido bajo la cúpula de Brunelleschi que cubrió toda la escena.

