José Tomás toreó en esta plaza en el año de su regreso. Dieciocho años más tarde parecía volver a hacerlo, con ese azul pavo y oro tan suyo. Sólo que en este caso se había transfigurado en el cuerpo de Víctor Hernández. Mismos andares, mismos muletazos , y misma colocación, donde los pies queman. No le quemaron a Víctor con Pachoso, al que recibió con dos largas de rodillas y quitó por saltilleras ceñidísimas. El toro esperaba una barbaridad en banderillas, llevándose un volteretón Valladar. Tras brindar a los presentes, se plantó de hinojos para sacarse al animal por la espalda, terminando el inicio con un precioso pase del desdén, ya recuperada la vertical. Con transmisión iba el montalvo , que quería todo por abajo. Y así le exigía el torero, intentando siempre alargar sus embestidas, especialmente al natural.Cortó una oreja por el mal uso del acero, porque merecía un premio mayor la otra. Y otra cortó al quinto, con petición de dos. Aunque en todos los toros -salvo en el último- hubo petición de un segundo trofeo, más allá de las estocadas o las condiciones de los astados de una corrida mansita, manejable y justa de fuerzas.Templadísimo estuvo Fernando Adrián toda la tarde, como ya se vio desde el recibo a la verónica al abreplaza, con el que comenzó toreando en los medios al natural directamente con la pañosa. Lo llevó con un ligero codilleo a media alturita, antes de acortar distancias, con el toro entregadito. Por bajo terminó, antes de tirarse a matar recto como una vela, pero el toro le echó la cara arriba, rompiéndole la banda de la taleguilla. Tampoco ayudó en un segundo encuentro, en el que volvió a tirarse igual de bien, logrando enterrar el acero.Pero más suerte tuvo con el cuarto, que se pegó un chocazo de salida que lo dejó turulato para el resto del trasteo, pese a siempre querer ir por encima de sus fuerzas. Y como en misa lo recibió con la muleta Fernando en un vibrante inicio. Viendo que de pie bajaba la intensidad, volvió por el mismo palo. Cuando el montalvo ya se estaba quedando sin motor, se metió entre los pitones, antes de volver a terminar de hinojos. Después de tanto rezar, vio cumplidas sus plegarias paseando las dos orejas.Feria de San Julián Plaza de toros de Cuenca Martes, 25 de agosto de 2026. Entrada: 3/4. Toros de Montalvo. Fernando Adrián, de lila y plata. Pinchazo y estocada caída (saludos). Pinchazo y estocada tendida (dos orejas). Víctor Hernández, de azul pavo y oro. Pinchazo, media contraria y descabello (oreja). Estocada (oreja). Marco Pérez, de lila y oro. Estocada (oreja con petición). Pinchazo y media delantera (silencio).Y también rezó Marco, por ayudados por alto, con el sexto. Pero tuvo peor suerte. Un primero afligido, y un segundo bruto que topaba, pudiendo sólo mostrar ganas. Muy incómodo era Avellanito, pegajoso en todos los tercios. Pese a eso, le cogió bien la distancia Pérez, y le dio fiesta pese a la sosería del animal, en una pulcra labor basada en el pitón izquierdo, con circulares y un arrimón final. También acabó en ese terreno en el último de la tarde, en el que se había desmonterado Rafa González con los palos. Mensajero tenía una fea embestida, muy áspera, por lo que el salmantino pidió que parara la música, cuando comenzaron a sonar los primeros acordes. «Vamos bonito, rompe pa’lante», le pedía Marco, tanto de palabra como a base de técnica. Pero cada vez topaba más el brusco animal, a la defensiva en tablas. Todo actitud fue la labor del joven espada, que vio cómo se esfumaba la salida a hombros junto a sus compañeros por el mal uso de la espada. Aunque en su primero la petición de segunda oreja fue ensordecedora y no se dio, por un criterio presidencial un tanto extraño. José Tomás toreó en esta plaza en el año de su regreso. Dieciocho años más tarde parecía volver a hacerlo, con ese azul pavo y oro tan suyo. Sólo que en este caso se había transfigurado en el cuerpo de Víctor Hernández. Mismos andares, mismos muletazos , y misma colocación, donde los pies queman. No le quemaron a Víctor con Pachoso, al que recibió con dos largas de rodillas y quitó por saltilleras ceñidísimas. El toro esperaba una barbaridad en banderillas, llevándose un volteretón Valladar. Tras brindar a los presentes, se plantó de hinojos para sacarse al animal por la espalda, terminando el inicio con un precioso pase del desdén, ya recuperada la vertical. Con transmisión iba el montalvo , que quería todo por abajo. Y así le exigía el torero, intentando siempre alargar sus embestidas, especialmente al natural.Cortó una oreja por el mal uso del acero, porque merecía un premio mayor la otra. Y otra cortó al quinto, con petición de dos. Aunque en todos los toros -salvo en el último- hubo petición de un segundo trofeo, más allá de las estocadas o las condiciones de los astados de una corrida mansita, manejable y justa de fuerzas.Templadísimo estuvo Fernando Adrián toda la tarde, como ya se vio desde el recibo a la verónica al abreplaza, con el que comenzó toreando en los medios al natural directamente con la pañosa. Lo llevó con un ligero codilleo a media alturita, antes de acortar distancias, con el toro entregadito. Por bajo terminó, antes de tirarse a matar recto como una vela, pero el toro le echó la cara arriba, rompiéndole la banda de la taleguilla. Tampoco ayudó en un segundo encuentro, en el que volvió a tirarse igual de bien, logrando enterrar el acero.Pero más suerte tuvo con el cuarto, que se pegó un chocazo de salida que lo dejó turulato para el resto del trasteo, pese a siempre querer ir por encima de sus fuerzas. Y como en misa lo recibió con la muleta Fernando en un vibrante inicio. Viendo que de pie bajaba la intensidad, volvió por el mismo palo. Cuando el montalvo ya se estaba quedando sin motor, se metió entre los pitones, antes de volver a terminar de hinojos. Después de tanto rezar, vio cumplidas sus plegarias paseando las dos orejas.Feria de San Julián Plaza de toros de Cuenca Martes, 25 de agosto de 2026. Entrada: 3/4. Toros de Montalvo. Fernando Adrián, de lila y plata. Pinchazo y estocada caída (saludos). Pinchazo y estocada tendida (dos orejas). Víctor Hernández, de azul pavo y oro. Pinchazo, media contraria y descabello (oreja). Estocada (oreja). Marco Pérez, de lila y oro. Estocada (oreja con petición). Pinchazo y media delantera (silencio).Y también rezó Marco, por ayudados por alto, con el sexto. Pero tuvo peor suerte. Un primero afligido, y un segundo bruto que topaba, pudiendo sólo mostrar ganas. Muy incómodo era Avellanito, pegajoso en todos los tercios. Pese a eso, le cogió bien la distancia Pérez, y le dio fiesta pese a la sosería del animal, en una pulcra labor basada en el pitón izquierdo, con circulares y un arrimón final. También acabó en ese terreno en el último de la tarde, en el que se había desmonterado Rafa González con los palos. Mensajero tenía una fea embestida, muy áspera, por lo que el salmantino pidió que parara la música, cuando comenzaron a sonar los primeros acordes. «Vamos bonito, rompe pa’lante», le pedía Marco, tanto de palabra como a base de técnica. Pero cada vez topaba más el brusco animal, a la defensiva en tablas. Todo actitud fue la labor del joven espada, que vio cómo se esfumaba la salida a hombros junto a sus compañeros por el mal uso de la espada. Aunque en su primero la petición de segunda oreja fue ensordecedora y no se dio, por un criterio presidencial un tanto extraño. RSS de noticias de cultura
José Tomás toreó en esta plaza en el año de su regreso. Dieciocho años más tarde parecía volver a hacerlo, con ese azul pavo y oro tan suyo. Sólo que en este caso se había transfigurado en el cuerpo de Víctor Hernández. Mismos andares, … mismos muletazos, y misma colocación, donde los pies queman.
No le quemaron a Víctor con Pachoso, al que recibió con dos largas de rodillas y quitó por saltilleras ceñidísimas. El toro esperaba una barbaridad en banderillas, llevándose un volteretón Valladar. Tras brindar a los presentes, se plantó de hinojos para sacarse al animal por la espalda, terminando el inicio con un precioso pase del desdén, ya recuperada la vertical. Con transmisión iba el montalvo, que quería todo por abajo. Y así le exigía el torero, intentando siempre alargar sus embestidas, especialmente al natural.
Cortó una oreja por el mal uso del acero, porque merecía un premio mayor la otra. Y otra cortó al quinto, con petición de dos. Aunque en todos los toros -salvo en el último- hubo petición de un segundo trofeo, más allá de las estocadas o las condiciones de los astados de una corrida mansita, manejable y justa de fuerzas.
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Templadísimo estuvo Fernando Adrián toda la tarde, como ya se vio desde el recibo a la verónica al abreplaza, con el que comenzó toreando en los medios al natural directamente con la pañosa. Lo llevó con un ligero codilleo a media alturita, antes de acortar distancias, con el toro entregadito. Por bajo término, antes de tirarse a matar recto como una vela, pero el toro le echó la cara arriba, rompiéndole la banda de la taleguilla. Tampoco ayudó en un segundo encuentro, en el que volvió a tirarse igual de bien, logrando enterrar el acero.
Pero más suerte tuvo con el cuarto, que se pegó un chocazo de salida que lo dejó turulato para el resto del trasteo, pese a siempre querer ir por encima de sus fuerzas. Y como en misa lo recibió con la muleta Fernando en un vibrante inicio. Viendo que de pie bajaba la intensidad, volvió por el mismo palo. Cuando el montalvo ya se estaba quedando sin motor, se metió entre los pitones, antes de volver a terminar de hinojos. Después de tanto rezar, vio cumplidas sus plegarias paseando las dos orejas.
Feria de San Julián
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Plaza de toros de Cuenca
Martes, 25 de agosto de 2026. Entrada: 3/4. Toros de Montalvo.
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Fernando Adrián,
de lila y plata. Pinchazo y estocada caída (saludos). Pinchazo y estocada tendida (dos orejas). -
Víctor Hernández,
de azul pavo y oro. Pinchazo, media contraria y descabello (oreja). Estocada (oreja). -
Marco Pérez,
de lila y oro. Estocada (oreja con petición). Pinchazo y media delantera (silencio).
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Y también rezó Marco, por ayudados por alto, con el sexto. Pero tuvo peor suerte. Un primero afligido, y un segundo bruto que topaba, pudiendo sólo mostrar ganas. Muy incómodo era Avellanito, pegajoso en todos los tercios. Pese a eso, le cogió bien la distancia Pérez, y le dio fiesta pese a la sosería del animal, en una pulcra labor basada el pitón izquierdo, con circulares y un arrimón final.
También acabó en ese terreno en el último de la tarde, en el que se había desmonterado Rafa González con los palos. Mensajero tenía una fea embestida, muy áspera, por lo que el salmantino pidió que parara la música, cuando comenzaron a sonar los primeros acordes. «Vamos bonito, rompe pa’lante», le pedía Marco, tanto de palabra como a base de técnica. Pero cada vez topaba más el brusco animal, a la defensiva en tablas. Todo actitud fue la labor del joven espada, que vio como se esfumaba la salida a hombros junto a sus compañeros por el mal uso de la espada. Aunque en su primero la petición de segunda oreja fue ensordecedora y no se dio, por un criterio presidencial un tanto extraño.

