Y la fiesta estalló a caballo

«El mediodía del domingo seis de julio estalló la fiesta. No hay otra manera de describirlo». Así luce en la fachada de la Monumental pamplonica, que recuerda los cien años inmortales de la ‘Fiesta’ (The sun also rises) de Hemingway. Su memoria late en bares, hoteles y marquesinas, con un amplio gráfico de los pasos que trazó, desde la Perla al Torino. Un siglo después, un lunes esta vez, la marea grana y blanca volvió a desbordarse por las calles tras el tradicional chupinazo. Eran las doce en punto cuando navarros y norteamericanos, madrileños e italianos, andaluces y franceses elevaban el pañuelico al cielo y se lo anudaban con manos trémulas por la emoción. Un extremeño pidió matrimonio a su novia en el momento justo de la liturgia y ella, de la comarca de la Serena, selló el «sí, quiero» con el lazo tembloroso pero exacto. Y lo que San Fermín ha unido al son de gaitas que no lo separe el hombre. Comunión absoluta hubo entre Guillermo Hermoso de Mendoza y la afición con el gran Tabernero del Capea, que lidió una buena corrida. Enjaezada con lazos blancos y rojos estaba su cuadra al completo. Y completa su faena, con fibra, raza y toreo desde el habilidoso rejón de castigo hasta esas hermosinas milimétricas bajo la bendición de su padre y maestro, que alzó los brazos al viento en el inverosímil trincherazo por los adentros. Fabuloso el heredero de Estella con un toro de excelente ritmo, con el cuello descolgado -a ver si sale uno así en la final de la copa Chenel-. Se rompía las palmas el gentío en los quiebros con Navegante mientras los profesionales valoraban la evolución de Guillermo, a excelente altura. Por los suelos tiró el auxiliador al animal antes del par a dos manos. Crecido y creyéndoselo, se desplantó en la fulminante hora final. La conquista de las dos orejas le entregó ya las llaves de la salida a hombros.Ambicionaba más en el sexto, costoso en los pares al quiebro y al que había encelado a la cola magistralmente de salida. Sonaba el ‘guapa, guapa y guapa’ cuando Hermoso desfiló con Pasodoble, una de las jóvenes promesas, que pisó el sitio de la pureza en un par al pitón contrario y una pirueta en toda la cara. Tenía otro trofeo en la mano, pero el rejón de muerte se lo arrebatóPor la Puerta del Encierro se marchó junto a Roberto Armendáriz, con el santo tatuado en la chaquetilla. No había andado fino el navarro con su primero, un animal apalancado al que había que llegar. «Al próximo será», decían sus paisanos. Y en el siguiente fue. Abierto de cuerna este quinto, con el que estuvo francamente bien con Rubí y especialmente en un par al pitón contrario sobre Farruco, aprovechando la buena condición de Canastero. Le encantó al graderío Lunares, con el que clavó con listeza las cortas. El fulminante rejonazo lo aupó en volandas.Feria de San Fermín Monumental de Pamplona Lunes, 6 de julio de 2026. Segundo festejo. Casi lleno. Toros de Carmen Lorenzo (1º y 5º) y El Capea (2º, 3º, 4º y 6º), de buen juego en conjunto. Andy Cartagena, rejón contrario y caído (oreja con fuerte petición de otra); pinchazo y rejón (silencio). Roberto Armendáriz, dos pinchazos y rejón (silencio); rejón (dos orejas). Guillermo Hermoso de Mendoza, rejón (dos orejas); tres pinchazos y rejón (silencio). Una oreja cortó Andy Cartagena en su debut pamplonica. Con toda su veteranía a cuestas, garantía de espectáculo, gustó a lomos de Felino, ese perla de crines sueltas con el que ejecutó el toreo a dos pistas y ensayó una hermosina como guiño a Pablo, rey de Navarra incluso retirado. Ni con esas pisa Pamplona Diego Ventura, la máxima figura del rejoneo. Las piruetas sobre Baena, con ese aire al baile de gigantes y cabezudos, pusieron al público en pie. Causó sensación el appaloosa Pintas con las cortas y las rosas «para que no se asusten las hermosas». Andaba ya el colaborador animal más paradote en los finales, pero lo cazó a la primera y estrenó el marcador. Rozando el bochorno, el de Benidorm agitó la petición de la segunda con las flexiones de su corcel. No funcionó ese cierre para atraer pañuelos en el cuarto tras una desacertada labor, en la que Copo de Nieve se salió de la suerte en el fallido intento de quebrar al violín y que animó en la elevadas con Bandolero. El chupinazo del triunfo llevaba el nombre de los caballeros de la tierra, con Guillermo marcando diferencias: de casta le viene al galgo. «El mediodía del domingo seis de julio estalló la fiesta. No hay otra manera de describirlo». Así luce en la fachada de la Monumental pamplonica, que recuerda los cien años inmortales de la ‘Fiesta’ (The sun also rises) de Hemingway. Su memoria late en bares, hoteles y marquesinas, con un amplio gráfico de los pasos que trazó, desde la Perla al Torino. Un siglo después, un lunes esta vez, la marea grana y blanca volvió a desbordarse por las calles tras el tradicional chupinazo. Eran las doce en punto cuando navarros y norteamericanos, madrileños e italianos, andaluces y franceses elevaban el pañuelico al cielo y se lo anudaban con manos trémulas por la emoción. Un extremeño pidió matrimonio a su novia en el momento justo de la liturgia y ella, de la comarca de la Serena, selló el «sí, quiero» con el lazo tembloroso pero exacto. Y lo que San Fermín ha unido al son de gaitas que no lo separe el hombre. Comunión absoluta hubo entre Guillermo Hermoso de Mendoza y la afición con el gran Tabernero del Capea, que lidió una buena corrida. Enjaezada con lazos blancos y rojos estaba su cuadra al completo. Y completa su faena, con fibra, raza y toreo desde el habilidoso rejón de castigo hasta esas hermosinas milimétricas bajo la bendición de su padre y maestro, que alzó los brazos al viento en el inverosímil trincherazo por los adentros. Fabuloso el heredero de Estella con un toro de excelente ritmo, con el cuello descolgado -a ver si sale uno así en la final de la copa Chenel-. Se rompía las palmas el gentío en los quiebros con Navegante mientras los profesionales valoraban la evolución de Guillermo, a excelente altura. Por los suelos tiró el auxiliador al animal antes del par a dos manos. Crecido y creyéndoselo, se desplantó en la fulminante hora final. La conquista de las dos orejas le entregó ya las llaves de la salida a hombros.Ambicionaba más en el sexto, costoso en los pares al quiebro y al que había encelado a la cola magistralmente de salida. Sonaba el ‘guapa, guapa y guapa’ cuando Hermoso desfiló con Pasodoble, una de las jóvenes promesas, que pisó el sitio de la pureza en un par al pitón contrario y una pirueta en toda la cara. Tenía otro trofeo en la mano, pero el rejón de muerte se lo arrebatóPor la Puerta del Encierro se marchó junto a Roberto Armendáriz, con el santo tatuado en la chaquetilla. No había andado fino el navarro con su primero, un animal apalancado al que había que llegar. «Al próximo será», decían sus paisanos. Y en el siguiente fue. Abierto de cuerna este quinto, con el que estuvo francamente bien con Rubí y especialmente en un par al pitón contrario sobre Farruco, aprovechando la buena condición de Canastero. Le encantó al graderío Lunares, con el que clavó con listeza las cortas. El fulminante rejonazo lo aupó en volandas.Feria de San Fermín Monumental de Pamplona Lunes, 6 de julio de 2026. Segundo festejo. Casi lleno. Toros de Carmen Lorenzo (1º y 5º) y El Capea (2º, 3º, 4º y 6º), de buen juego en conjunto. Andy Cartagena, rejón contrario y caído (oreja con fuerte petición de otra); pinchazo y rejón (silencio). Roberto Armendáriz, dos pinchazos y rejón (silencio); rejón (dos orejas). Guillermo Hermoso de Mendoza, rejón (dos orejas); tres pinchazos y rejón (silencio). Una oreja cortó Andy Cartagena en su debut pamplonica. Con toda su veteranía a cuestas, garantía de espectáculo, gustó a lomos de Felino, ese perla de crines sueltas con el que ejecutó el toreo a dos pistas y ensayó una hermosina como guiño a Pablo, rey de Navarra incluso retirado. Ni con esas pisa Pamplona Diego Ventura, la máxima figura del rejoneo. Las piruetas sobre Baena, con ese aire al baile de gigantes y cabezudos, pusieron al público en pie. Causó sensación el appaloosa Pintas con las cortas y las rosas «para que no se asusten las hermosas». Andaba ya el colaborador animal más paradote en los finales, pero lo cazó a la primera y estrenó el marcador. Rozando el bochorno, el de Benidorm agitó la petición de la segunda con las flexiones de su corcel. No funcionó ese cierre para atraer pañuelos en el cuarto tras una desacertada labor, en la que Copo de Nieve se salió de la suerte en el fallido intento de quebrar al violín y que animó en la elevadas con Bandolero. El chupinazo del triunfo llevaba el nombre de los caballeros de la tierra, con Guillermo marcando diferencias: de casta le viene al galgo.  RSS de noticias de cultura

Rosario Pérez

«El mediodía del domingo seis de julio estalló la fiesta. No hay otra manera de describirlo». Así luce en la fachada de la Monumental pamplonica, que recuerda los cien años inmortales de la ‘Fiesta’ (The sun also rises) de Hemingway. Su memoria late en … bares, hoteles y marquesinas, con un amplio gráfico de los pasos que trazó, desde la Perla al Torino. Un siglo después, un lunes esta vez, la marea grana y blanca volvió a desbordarse por las calles tras el tradicional chupinazo. Eran las doce en punto cuando navarros y norteamericanos, madrileños e italianos, andaluces y franceses, alzaban el pañuelico al cielo y se lo anudaban con manos trémulas por la emoción. Un extremeño pidió matrimonio a su novia en el momento justo de la liturgia y ella, de la comarca de la Serena, selló el «sí, quiero» con el lazo tembloroso pero exacto. Y lo que San Fermín ha unido al son de gaitas que no lo separe el hombre.

 

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