La victoria de España llegó como un fado, se hizo esperar hasta el suspiro final. No fue el rock de Lamine Yamal, pese a la caída de Nuno Mendes, el Hércules de Portugal. Fue un ejercicio de paciencia en la gran primera prueba que la selección atravesaba en este Mundial después de un trayecto sin espinas, a pesar de Vozinha y Cabo Verde. Un acto que devuelve a España al cartel con el que llegó a Estados Unidos y que refuerza al colectivo y a la figura de Luis de la Fuente, cuyos cambios, Ferran Torres y Mikel Merino, definieron la victoria. España necesitaba una prueba de vida verdadera, y esto es mucho más por el nivel de quien se queda en el camino.
La victoria de España llegó como un fado, se hizo esperar hasta el suspiro final. No fue el rock de Lamine Yamal, pese a la caída de Nuno Mendes
La victoria de España llegó como un fado, se hizo esperar hasta el suspiro final. No fue el rock de Lamine Yamal, pese a la caída de Nuno Mendes, el Hércules de Portugal. Fue un ejercicio de paciencia en la gran primera prueba que la selección atravesaba en este Mundial después de un trayecto sin espinas, a pesar de Vozinha y Cabo Verde. Un acto que devuelve a España al cartel con el que llegó a Estados Unidos y que refuerza al colectivo y a la figura de Luis de la Fuente, cuyos cambios, Ferran Torres y Mikel Merino, definieron la victoria. España necesitaba una prueba de vida verdadera, y esto es mucho más por el nivel de quien se queda en el camino.
Mikel Merino, convocado pese a su reciente lesión, entró en el campo para que se marchara Dani Olmo, una decisión difícil, porque había sido hasta entonces el mejor. El sexto sentido de Olmo es el sentido del juego de esta selección. En el peor lugar para los rivales, se mueve como una nota perdida en un pentagrama. El azulgana ejemplifica la transición entre la posesión y la verticalidad, que es la que realiza esta selección, primero con Luis Enrique, después con De la Fuente.
España no sólo lo hace a través de Lamine Yamal o Nico Williams, cuando está en disposición, algo que responde a la naturaleza de los futbolistas, también en busca de la zona erógena del área. Una vez ahí, nadie se mueve como Olmo. De la Fuente no lo incluyó en el once en el debut, pero los pocos minutos buenos ante Cabo Verde lo cambiaron todo. También el empate. Desde entonces, Olmo no se ha movido del lugar en el que enlazar con Oyarzabal, desconectado contra Portugal desde un fallo de los que pesan sobre un delantero y sobre un partido, especialmente en un Mundial.
La salida de Ferran Torres buscó compensarlo en un día sin la claridad de otros días en la definición. La puso Mikel Merino, como en la Eurocopa ante Alemania, pero tras el trámite del propio Ferran.
Este fado de España es la tortura de Cristiano, que se despide de la selección después de una carrera colosal con su selección y seis participaciones en el Mundial. El sueño de conquistar el título que le falta se desvanece y no puede decir, como en el pasado, que es una inyustisia. Es el fútbol, que no espera a nadie. Ni siquiera a alguien que le ha ofrecido tanto sobre el terreno de juego.
Su presencia en la alineación era como la del Cid, más moral que futbolística. Roberto Martínez lo sustituyó ante Croacia, pero no ante España. Decidió vivir o morir con el estandarte. Con una relación de amor-odio con España, donde conoció la gloria en el Madrid pero siempre tuvo cuentas pendientes, no sólo con Hacienda, esta caída es para Cristiano especialmente dolorosa, después de las sufridas ante la gran España del pasado en 2010 y 2012.
Cristiano deja un altar al que quiere llegar a toda prisa Lamine Yamal. España lo necesita en su mejor versión por lo que viene, pero de momento está en cuartos del Mundial sin prisas, con las pausas de Rodri, su balón de Oro, recuperadas, como un fado.
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