Apenas 30 minutos en ferry separan la parte europea de Estambul, la zona más turística, de Kadikoy, la antigua Calcedón . Según la tradición, colonos llegados de Mégara, polis cercana a Atenas, se establecieron allí hacia el 685 a.C., unos 17 años antes de fundar Bizancio en la orilla europea, hacia el 667. Los cronistas históricos repiten una y otra vez que a Calcedón la llamaron ‘la ciudad de los ciegos’, porque los fundadores de Bizancio consideraron que quienes se habían instalado en la orilla asiática no habían sabido ver el valor estratégico del Cuerno de Oro, donde luego crecería la ciudad de los tres nombres: Bizancio, Constantinopla y Estambul. Esa ‘ciudad de los ciegos’ esconde un lugar llamado Moda , que en el siglo XXI se ha convertido en oasis de vida y libertad dentro de una Estambul que es la visita estrella para los turistas que acuden al país; 2025 fue un año de récord histórico con casi 64 millones de visitantes, una cifra inmensa para una urbe con más de 16 millones de habitantes.El agua cobalto del Bósforo parte en dos la ciudad, divide continentes, pero pese a sus vigorosas corrientes, es sosiego. Sobran el estrés y las prisas cuando el humo negro del barco de la empresa municipal Sehir Hatlari y la bocina del capitán anuncian la salida. Orhan Pamuk escribió en ‘Estambul. Ciudad y recuerdos’ que «el espíritu y la fuerza de Estambul le vienen del Bósforo (…) el paseante, avanzando a toda velocidad por la corriente del Bósforo, nota que le sobrepasa la fuerza del mar en medio de la suciedad, el humo y el ruido de una ciudad superpoblada, e intuye que todavía es posible estar solo y ser libre entre tanta gente, tanta historia y tantos edificios».El Nobel turco escribe sobre la melancolía del Estambul europeo, de barrios como Nisantasi o Beyoglu, este segundo colonizado en la actualidad por el turismo de masas. El contrapunto asiático de estos lugares se esconde en las calles de Kadikoy y se llama Moda, distrito que ofrece otra melancolía más luminosa y de barrio, al ritmo de las canciones de Baris Manco, artista setentero de larga melena y poblado bigote que fundó el rock anatolio, y los poemas de Nazim Hikmet, poeta ‘comunista romántico’ que pasó gran parte de su vida adulta detenido por sus ideas y murió exiliado en Moscú en 1963. Manco y Hikmet son dos iconos del barrio y están muy vivos, uno en su casa museo, y el otro en un centro cultural con una de las mejores terrazas para pasar el rato con ‘camaradas’.Hasta hace poco, Kadikoy era un lugar poco llamativo, mayoritariamente residencial, que apenas figuraba en el mapa cultural de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un punto caliente de bares de vanguardia, centros de arte y cultura, cafés y refugio para el sector más liberal y bohemio. Una burbuja de libertad, una válvula de escape para esa parte de Turquía que cuenta los días para que se produzca un cambio en las altas esferas de poder. Ahora es también válvula de escape para esos visitantes que quieren escapar del turismo masivo y, tras las visitas obligadas a las joyas del Cuerno de Oro como Santa Sofía o la Mezquita Azul , optan por disfrutar de una jornada más turca.En el mercado de pescado, conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes para comer meze y beber rakiCuando uno llega al puerto de Kadikoy debe mirar a Europa para sentirse como aquellos ‘ciegos’ que apostaron por Calcedón. Luego, hay que caminar unos minutos para adentrarse en el mercado de pescado. Conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes , la típica taberna turca, para comer meze –pequeños platos para compartir al estilo de las tapas– y beber raki, el anís turco. Si se viaja en día de partido del Fenerbache, uno de los tres grandes equipos de la ciudad cuyo estadio está muy cerca del puerto, todo estará teñido de azul y amarillo. Superados los restaurantes, comienzan las cervecerías. Si no hay partido, cambia el colorido del público, pero bares y restaurantes están igual de llenos.Hasta ahora, la cara más fiestera de Kadikoy, la que no descansa un solo día de la semana. A partir de aquí, arranca la calle Moda, aparecen las tiendas, peluquerías, pastelerías, restaurantes italianos, cafés modernos solo aptos para bolsillos pudientes y los árboles. En Moda vivían en el siglo XIX turcos, griegos, armenios, británicos y judíos y mantiene esa raíz cosmopolita que le hace tan particular. Iglesias, sinagogas y mezquitas comparten espacio en su mapa urbano.Quienes no quieran caminar pueden subirse al llamado ‘tranvía nostálgico’ , una línea circular que une el mercado con el corazón de Moda. La línea se recuperó en 2003 y es un tren similar al que sale de la céntrica Taksim y recorre Istiklal entre la multitud que siempre ocupa esta calle peatonal repleta de comercios en el lado europeo. En esta orilla asiática todo tiene una dimensión más cercana y local y el tranvía lo usan los vecinos que hacen la compra para volver a sus casas.La mansión Sarica Arif Pasa, construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, fue el primer edificio de varias plantas de ModaCuantos más árboles, más residencial se convierte un barrio donde quedan en pie algunas de las mansiones levantadas a comienzos del siglo XX. La más impresionante es Sarica Arif Pasa , construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, y fue el primer edificio de varias plantas de Moda. La familia resiste el afán constructor que se ha apoderado del barrio y el edificio neoclásico, que con el tiempo ha visto cómo se ha oscurecido la piedra y le da un aire de casa de la familia Addams, es una muestra del esplendor pasado. Frente a la mansión siempre hay largas colas porque allí se encuentra la heladería Ali Usta, templo del helado turco desde 1969 . Siempre hay cola, pero porque a todos los turcos que visitan Moda en sus días festivos les gusta que los vean en la cola de Ali Usta, quienes no tienen tiempo pueden entrar en la heladería y pedir dentro en un minuto.La calle principal desemboca en el muelle de Moda, pero un pequeño desvío permite disfrutar de Moda Park y un interminable jardín de té con vistas al mar de Mármara, al oeste del Bósforo. El Moda Çay Bahçesi es uno de los escondites más necesarios para escapar de Estambul y ver cómo los atardeceres pintan de fuego la silueta de Santa Sofía, la Mezquita Azul y el palacio Topkapi. Solo sirven té, café turco y refrescos, pero se pueden llevar pasteles, simit (el famoso bagel turco con sésamo) o lo que a uno le apetezca. La puesta de sol en esta tetería tan popular discurre bajo la protección de enormes plataneros, que protegen Moda del sol y de los ojos curiosos de aquellos que miren desde Europa.Aquí no acaban los secretos del barrio, porque desde 2022 está abierto al público el histórico puerto de Moda , uno de los más antiguos de Estambul. Tras décadas de usos diversos, desde embarcadero hasta restaurante o casino, el ayuntamiento lo restauró y reabrió al público como biblioteca, café literario y espacio cultural. Desde aquí parten cada día un pequeño número de barcos hacia Europa. El pequeño edificio, también de estilo neoclásico, funciona como guardián de un muelle que, solo por las mañanas calurosas del verano, se transforma en una playa para perros. Porque perros y gatos son parte del vecindario de Moda, una parte tan importante que incluso tienen estatuas en su honor. Quienes decidieron instalarse en la orilla asiática hacia el 685 a.C., en realidad, supieron ver con siglos de antelación el valor estratégico de este refugio de vida. Apenas 30 minutos en ferry separan la parte europea de Estambul, la zona más turística, de Kadikoy, la antigua Calcedón . Según la tradición, colonos llegados de Mégara, polis cercana a Atenas, se establecieron allí hacia el 685 a.C., unos 17 años antes de fundar Bizancio en la orilla europea, hacia el 667. Los cronistas históricos repiten una y otra vez que a Calcedón la llamaron ‘la ciudad de los ciegos’, porque los fundadores de Bizancio consideraron que quienes se habían instalado en la orilla asiática no habían sabido ver el valor estratégico del Cuerno de Oro, donde luego crecería la ciudad de los tres nombres: Bizancio, Constantinopla y Estambul. Esa ‘ciudad de los ciegos’ esconde un lugar llamado Moda , que en el siglo XXI se ha convertido en oasis de vida y libertad dentro de una Estambul que es la visita estrella para los turistas que acuden al país; 2025 fue un año de récord histórico con casi 64 millones de visitantes, una cifra inmensa para una urbe con más de 16 millones de habitantes.El agua cobalto del Bósforo parte en dos la ciudad, divide continentes, pero pese a sus vigorosas corrientes, es sosiego. Sobran el estrés y las prisas cuando el humo negro del barco de la empresa municipal Sehir Hatlari y la bocina del capitán anuncian la salida. Orhan Pamuk escribió en ‘Estambul. Ciudad y recuerdos’ que «el espíritu y la fuerza de Estambul le vienen del Bósforo (…) el paseante, avanzando a toda velocidad por la corriente del Bósforo, nota que le sobrepasa la fuerza del mar en medio de la suciedad, el humo y el ruido de una ciudad superpoblada, e intuye que todavía es posible estar solo y ser libre entre tanta gente, tanta historia y tantos edificios».El Nobel turco escribe sobre la melancolía del Estambul europeo, de barrios como Nisantasi o Beyoglu, este segundo colonizado en la actualidad por el turismo de masas. El contrapunto asiático de estos lugares se esconde en las calles de Kadikoy y se llama Moda, distrito que ofrece otra melancolía más luminosa y de barrio, al ritmo de las canciones de Baris Manco, artista setentero de larga melena y poblado bigote que fundó el rock anatolio, y los poemas de Nazim Hikmet, poeta ‘comunista romántico’ que pasó gran parte de su vida adulta detenido por sus ideas y murió exiliado en Moscú en 1963. Manco y Hikmet son dos iconos del barrio y están muy vivos, uno en su casa museo, y el otro en un centro cultural con una de las mejores terrazas para pasar el rato con ‘camaradas’.Hasta hace poco, Kadikoy era un lugar poco llamativo, mayoritariamente residencial, que apenas figuraba en el mapa cultural de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un punto caliente de bares de vanguardia, centros de arte y cultura, cafés y refugio para el sector más liberal y bohemio. Una burbuja de libertad, una válvula de escape para esa parte de Turquía que cuenta los días para que se produzca un cambio en las altas esferas de poder. Ahora es también válvula de escape para esos visitantes que quieren escapar del turismo masivo y, tras las visitas obligadas a las joyas del Cuerno de Oro como Santa Sofía o la Mezquita Azul , optan por disfrutar de una jornada más turca.En el mercado de pescado, conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes para comer meze y beber rakiCuando uno llega al puerto de Kadikoy debe mirar a Europa para sentirse como aquellos ‘ciegos’ que apostaron por Calcedón. Luego, hay que caminar unos minutos para adentrarse en el mercado de pescado. Conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes , la típica taberna turca, para comer meze –pequeños platos para compartir al estilo de las tapas– y beber raki, el anís turco. Si se viaja en día de partido del Fenerbache, uno de los tres grandes equipos de la ciudad cuyo estadio está muy cerca del puerto, todo estará teñido de azul y amarillo. Superados los restaurantes, comienzan las cervecerías. Si no hay partido, cambia el colorido del público, pero bares y restaurantes están igual de llenos.Hasta ahora, la cara más fiestera de Kadikoy, la que no descansa un solo día de la semana. A partir de aquí, arranca la calle Moda, aparecen las tiendas, peluquerías, pastelerías, restaurantes italianos, cafés modernos solo aptos para bolsillos pudientes y los árboles. En Moda vivían en el siglo XIX turcos, griegos, armenios, británicos y judíos y mantiene esa raíz cosmopolita que le hace tan particular. Iglesias, sinagogas y mezquitas comparten espacio en su mapa urbano.Quienes no quieran caminar pueden subirse al llamado ‘tranvía nostálgico’ , una línea circular que une el mercado con el corazón de Moda. La línea se recuperó en 2003 y es un tren similar al que sale de la céntrica Taksim y recorre Istiklal entre la multitud que siempre ocupa esta calle peatonal repleta de comercios en el lado europeo. En esta orilla asiática todo tiene una dimensión más cercana y local y el tranvía lo usan los vecinos que hacen la compra para volver a sus casas.La mansión Sarica Arif Pasa, construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, fue el primer edificio de varias plantas de ModaCuantos más árboles, más residencial se convierte un barrio donde quedan en pie algunas de las mansiones levantadas a comienzos del siglo XX. La más impresionante es Sarica Arif Pasa , construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, y fue el primer edificio de varias plantas de Moda. La familia resiste el afán constructor que se ha apoderado del barrio y el edificio neoclásico, que con el tiempo ha visto cómo se ha oscurecido la piedra y le da un aire de casa de la familia Addams, es una muestra del esplendor pasado. Frente a la mansión siempre hay largas colas porque allí se encuentra la heladería Ali Usta, templo del helado turco desde 1969 . Siempre hay cola, pero porque a todos los turcos que visitan Moda en sus días festivos les gusta que los vean en la cola de Ali Usta, quienes no tienen tiempo pueden entrar en la heladería y pedir dentro en un minuto.La calle principal desemboca en el muelle de Moda, pero un pequeño desvío permite disfrutar de Moda Park y un interminable jardín de té con vistas al mar de Mármara, al oeste del Bósforo. El Moda Çay Bahçesi es uno de los escondites más necesarios para escapar de Estambul y ver cómo los atardeceres pintan de fuego la silueta de Santa Sofía, la Mezquita Azul y el palacio Topkapi. Solo sirven té, café turco y refrescos, pero se pueden llevar pasteles, simit (el famoso bagel turco con sésamo) o lo que a uno le apetezca. La puesta de sol en esta tetería tan popular discurre bajo la protección de enormes plataneros, que protegen Moda del sol y de los ojos curiosos de aquellos que miren desde Europa.Aquí no acaban los secretos del barrio, porque desde 2022 está abierto al público el histórico puerto de Moda , uno de los más antiguos de Estambul. Tras décadas de usos diversos, desde embarcadero hasta restaurante o casino, el ayuntamiento lo restauró y reabrió al público como biblioteca, café literario y espacio cultural. Desde aquí parten cada día un pequeño número de barcos hacia Europa. El pequeño edificio, también de estilo neoclásico, funciona como guardián de un muelle que, solo por las mañanas calurosas del verano, se transforma en una playa para perros. Porque perros y gatos son parte del vecindario de Moda, una parte tan importante que incluso tienen estatuas en su honor. Quienes decidieron instalarse en la orilla asiática hacia el 685 a.C., en realidad, supieron ver con siglos de antelación el valor estratégico de este refugio de vida. RSS de noticias de cultura
Apenas 30 minutos en ferry separan la parte europea de Estambul, la zona más turística, de Kadikoy, la antigua Calcedón. Según la tradición, colonos llegados de Mégara, polis cercana a Atenas, se establecieron allí hacia el 685 a.C., unos 17 años antes de … fundar Bizancio en la orilla europea, hacia el 667. Los cronistas históricos repiten una y otra vez que a Calcedón la llamaron ‘la ciudad de los ciegos’, porque los fundadores de Bizancio consideraron que quienes se habían instalado en la orilla asiática no habían sabido ver el valor estratégico del Cuerno de Oro, donde luego crecería la ciudad de los tres nombres: Bizancio, Constantinopla y Estambul. Esa ‘ciudad de los ciegos’ esconde un lugar llamado Moda, que en el siglo XXI se ha convertido en oasis de vida y libertad dentro de una Estambul que es la visita estrella para los turistas que acuden al país; 2025 fue un año de récord histórico con casi 64 millones de visitantes, una cifra inmensa para una urbe con más de 16 millones de habitantes.
El agua cobalto del Bósforo parte en dos la ciudad, divide continentes, pero pese a sus vigorosas corrientes, es sosiego. Sobran el estrés y las prisas cuando el humo negro del barco de la empresa municipal Sehir Hatlari y la bocina del capitán anuncian la salida. Orhan Pamuk escribió en ‘Estambul. Ciudad y recuerdos’ que «el espíritu y la fuerza de Estambul le vienen del Bósforo (…) el paseante, avanzando a toda velocidad por la corriente del Bósforo, nota que le sobrepasa la fuerza del mar en medio de la suciedad, el humo y el ruido de una ciudad superpoblada, e intuye que todavía es posible estar solo y ser libre entre tanta gente, tanta historia y tantos edificios».
El Nobel turco escribe sobre la melancolía del Estambul europeo, de barrios como Nisantasi o Beyoglu, este segundo colonizado en la actualidad por el turismo de masas. El contrapunto asiático de estos lugares se esconde en las calles de Kadikoy y se llama Moda, distrito que ofrece otra melancolía más luminosa y de barrio, al ritmo de las canciones de Baris Manco, artista setentero de larga melena y poblado bigote que fundó el rock anatolio, y los poemas de Nazim Hikmet, poeta ‘comunista romántico’ que pasó gran parte de su vida adulta detenido por sus ideas y murió exiliado en Moscú en 1963. Manco y Hikmet son dos iconos del barrio y están muy vivos, uno en su casa museo, y el otro en un centro cultural con una de las mejores terrazas para pasar el rato con ‘camaradas’.
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Hasta hace poco, Kadikoy era un lugar poco llamativo, mayoritariamente residencial, que apenas figuraba en el mapa cultural de la ciudad. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un punto caliente de bares de vanguardia, centros de arte y cultura, cafés y refugio para el sector más liberal y bohemio. Una burbuja de libertad, una válvula de escape para esa parte de Turquía que cuenta los días para que se produzca un cambio en las altas esferas de poder. Ahora es también válvula de escape para esos visitantes que quieren escapar del turismo masivo y, tras las visitas obligadas a las joyas del Cuerno de Oro como Santa Sofía o la Mezquita Azul, optan por disfrutar de una jornada más turca.
En el mercado de pescado, conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes para comer meze y beber raki
Cuando uno llega al puerto de Kadikoy debe mirar a Europa para sentirse como aquellos ‘ciegos’ que apostaron por Calcedón. Luego, hay que caminar unos minutos para adentrarse en el mercado de pescado. Conforme se acaban los puestos de las pescaderías, se entra en una calle repleta de meyhanes, la típica taberna turca, para comer meze –pequeños platos para compartir al estilo de las tapas– y beber raki, el anís turco. Si se viaja en día de partido del Fenerbache, uno de los tres grandes equipos de la ciudad cuyo estadio está muy cerca del puerto, todo estará teñido de azul y amarillo. Superados los restaurantes, comienzan las cervecerías. Si no hay partido, cambia el colorido del público, pero bares y restaurantes están igual de llenos.
Hasta ahora, la cara más fiestera de Kadikoy, la que no descansa un solo día de la semana. A partir de aquí, arranca la calle Moda, aparecen las tiendas, peluquerías, pastelerías, restaurantes italianos, cafés modernos solo aptos para bolsillos pudientes y los árboles. En Moda vivían en el siglo XIX turcos, griegos, armenios, británicos y judíos y mantiene esa raíz cosmopolita que le hace tan particular. Iglesias, sinagogas y mezquitas comparten espacio en su mapa urbano.
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Quienes no quieran caminar pueden subirse al llamado ‘tranvía nostálgico’, una línea circular que une el mercado con el corazón de Moda. La línea se recuperó en 2003 y es un tren similar al que sale de la céntrica Taksim y recorre Istiklal entre la multitud que siempre ocupa esta calle peatonal repleta de comercios en el lado europeo. En esta orilla asiática todo tiene una dimensión más cercana y local y el tranvía lo usan los vecinos que hacen la compra para volver a sus casas.
La mansión Sarica Arif Pasa, construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, fue el primer edificio de varias plantas de Moda
Cuantos más árboles, más residencial se convierte un barrio donde quedan en pie algunas de las mansiones levantadas a comienzos del siglo XX. La más impresionante es Sarica Arif Pasa, construida en 1903 por un médico de la corte del sultán, y fue el primer edificio de varias plantas de Moda. La familia resiste el afán constructor que se ha apoderado del barrio y el edificio neoclásico, que con el tiempo ha visto cómo se ha oscurecido la piedra y le da un aire de casa de la familia Addams, es una muestra del esplendor pasado. Frente a la mansión siempre hay largas colas porque allí se encuentra la heladería Ali Usta, templo del helado turco desde 1969. Siempre hay cola, pero porque a todos los turcos que visitan Moda en sus días festivos les gusta que los vean en la cola de Ali Usta, quienes no tienen tiempo pueden entrar en la heladería y pedir dentro en un minuto.
La calle principal desemboca en el muelle de Moda, pero un pequeño desvío permite disfrutar de Moda Park y un interminable jardín de té con vistas al mar de Mármara, al oeste del Bósforo. El Moda Çay Bahçesi es uno de los escondites más necesarios para escapar de Estambul y ver cómo los atardeceres pintan de fuego la silueta de Santa Sofía, la Mezquita Azul y el palacio Topkapi. Solo sirven té, café turco y refrescos, pero se pueden llevar pasteles, simit (el famoso bagel turco con sésamo) o lo que a uno le apetezca. La puesta de sol en esta tetería tan popular discurre bajo la protección de enormes plataneros, que protegen Moda del sol y de los ojos curiosos de aquellos que miren desde Europa.
Aquí no acaban los secretos del barrio, porque desde 2022 está abierto al público el histórico puerto de Moda, uno de los más antiguos de Estambul. Tras décadas de usos diversos, desde embarcadero hasta restaurante o casino, el ayuntamiento lo restauró y reabrió al público como biblioteca, café literario y espacio cultural. Desde aquí parten cada día un pequeño número de barcos hacia Europa. El pequeño edificio, también de estilo neoclásico, funciona como guardián de un muelle que, solo por las mañanas calurosas del verano, se transforma en una playa para perros. Porque perros y gatos son parte del vecindario de Moda, una parte tan importante que incluso tienen estatuas en su honor.
Quienes decidieron instalarse en la orilla asiática hacia el 685 a.C., en realidad, supieron ver con siglos de antelación el valor estratégico de este refugio de vida.

