Fernando Guillén Cuervo: «Mi padre se despidió de mí en un sueño. Me regañó, nos abrazamos. Incluso le sentía la piel»

Hay ciertos elegidos, idealicen a su padre o no, tienen un padre especial para el resto. Un padre venerado o señalado. Alguien que deja de ser únicamente padre y quizá también únicamente hombre. Fernando Guillén existió como uno de los intérpretes más prestigiosos de la escena española, con una carrera de más de cinco décadas. Su hijo, que heredó hasta su nombre, tiene la certeza de que lo conoció como padre y como hombre. «Creo que sí, que tuve la suerte de conocerlo en todas sus facetas».

 El actor heredó de su padre el nombre, el oficio y algunas contradicciones. Recuerda a un hombre que fue su referente intelectual y también a quien hizo daño a su madre, Gemma Cuervo. Le habría gustado que ella hubiera sido un poco más libre. Le enternece su dulzura: «Creo que murió enamorada de él. No le quedaba rencor».  

Hay ciertos elegidos, idealicen a su padre o no, tienen un padre especial para el resto. Un padre venerado o señalado. Alguien que deja de ser únicamente padre y quizá también únicamente hombre. Fernando Guillén existió como uno de los intérpretes más prestigiosos de la escena española, con una carrera de más de cinco décadas. Su hijo, que heredó hasta su nombre, tiene la certeza de que lo conoció como padre y como hombre. «Creo que sí, que tuve la suerte de conocerlo en todas sus facetas».

Fernando Guillén Cuervo fuma más de lo que le gustaría o de lo que debería. Tampoco se plantea otra fórmula para enfrentarse a un día demasiado soleado en Madrid. Suele comprarse Marlboro Touch («el azul», dice) pero en días regulares fuma lo que tenga a mano. Hoy tocaba Winston.

Se enciende el cigarro en la puerta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, en la calle Zurbano 3, donde se reúne con LOC. La Academia le recuerda a su padre. Él nunca fumó demasiado. Su madre sí. «Pero lo dejó de un día para otro, sin ayuda de nada, porque yo le pedí por favor que lo dejara. Y lo hizo». Gemma Cuervo, la inolvidable Vicenta de Aquí no hay quien viva, una de las grandes damas de la interpretación española, con más de seis décadas de trayectoria sobre los escenarios y ante las cámaras.

Fernando tiene facilidad para recrearse en las virtudes de sus padres. Conoce sus defectos, pero no se detiene en ellos.

-¿Le cansa que le pregunten sobre sus padres?

-Pues no. Es una parte de mi vida integradísima. Los adoraba y los adoro. Nunca me ha pesado esto. Entiendo que somos una familia conocida, que hemos trabajado mucho y que, por suerte, caemos bien. Y eso no me cansa nada, la verdad.

Fernando Guillén
Fernando GuillénJAVIER BARBANCHO

Sólo se sintió especial, distinto o señalado cuando estudiaba Interpretación. «Estudié Ciencias de la Información en la Complutense. Después Interpretación con Cristina Rota. Ahí notaba un poquito el peso de los apellidos con mis compañeros. ‘Tú lo tienes todo hecho, tal’… Pero luego ya no. La realidad es que mis padres nunca nos han enchufado en nada. Nunca levantaron el teléfono para colocarnos en nada».

-Pero desde pequeños conocieron a gente que cualquier otro estudiante de Interpretación no conocía.

-Claro, eso sí. Estábamos en el medio, en la industria.

Fruto del amor entre Fernando Guillén y Gemma Cuervo nacieron tres hermanos. Natalia (1961), Fernando (1963) y Cayetana (1969). Natalia es la única que no se dedicó a la interpretación. Es abogada. Era a la que más veían. Con el resto solían quedar los lunes. «Lo establecimos así. El día de descanso en los teatros solíamos cenar todos juntos». Fernando enseguida fue consciente de quiénes eran sus padres. «Salían en las revistas, en televisión cuando sólo había un canal y medio. Mis padres hacían todas las cosas. Estaban todo el rato en el teatro. Eran muy famosos».

Cree que es más fácil provocar envidia cuando miras al resto desde una atalaya. Los Guillén Cuervo intentaron tocar tierra toda su vida, que sus hijos no conocieran otra realidad alterada. «Nunca ha habido divismo en mi casa. Muchísimo trabajo, mucho rigor, muchas horas de desvelo. Mi educación, lo que yo he visto, es que mis padres fueran cercanos con todo el mundo».

Menos mal: «Creerte otra cosa es un camino equivocado. Son aspas de molino. Unas veces estás arriba, otras veces estás abajo y hay que saber estar en los momentos de gloria y en los de paro. Hay muchos momentos en la vida del actor donde estás pendiente del teléfono. Yo he tenido muchísima suerte. No lo he vivido en periodos largos, pero lo he vivido. Las facturas siguen ahí, tu hijo sigue ahí, y tú no cobras. Eso te enseña también a ser humilde».

Fernando Guillén Cuervo cuida esa parte de sí mismo, intenta no estar en un mundo que no le pertenece. Veranea en Estepona, como lo ha hecho toda su vida. Ibiza, como para cualquier mortal, le dejó algunas lagunas. «La vida es el contacto con la gente normal. He salido por Madrid una locura. Me pillaron los 80 y la Transición y fue una locura. Y he ido a Ibiza, pues claro. Es inevitable salir en Ibiza. Pero tuve un hijo en un momento dado y eso lo cambió todo».

-¿Sus padres alguna vez le dieron un toque?

-No, nada. Mi padre nunca fue autoritario. Nos han dado una visión de la responsabilidad que la haces tuya. Tampoco hemos sido nunca excesivos, hemos disfrutado de todo pero con moderación.

(Fernando Guillén Cuervo cuando habla de sus padres suele hablar en plural, en nombre de sus hermanas, cómplices de toda su existencia). «Eran padres presentes en la medida en la que te deja el cine y el teatro y los horarios raros. De pequeños teníamos a una persona fija que nos ayudaba, pero yo tengo la sensación de tener siempre a mis padres, porque los momentos en los que estábamos juntos eran muy intensos y los vivíamos muchísimo». Recuerda con especial cariño un viaje que hizo con su padre, mano a mano, en el que recorrieron Nueva York y toda California. «Con Cayetana se fue a Miami y con Natalia, a Costa Rica», es incapaz de hablar de sí mismo sin mencionarlas a ellas. Y no habla de cine sin citar a sus padres.

-¿Nota mucho su ausencia?

-Me llevo bien con la muerte y entiendo que los he disfrutado hasta una edad considerable, eso es de agradecer. Pero claro que los echo de menos. Pensar ‘voy a llamar a mamá’, y no poder. Los tengo muy presentes.

La familia en Estepona
La familia en EsteponaGTRES

Con su madre sueña habitualmente. Con su padre se reencontró al poco de que falleciese (murió el 17 de enero de 2013 a los 80 años). «Fue una cosa tremenda, espectacular. Se despidió de mí. Me regañó, discutimos, nos abrazamos. Fue un sueño muy real. Incluso le sentía la piel». Lo recuerda gesticulando mucho, lo siente de nuevo.

Su padre era, por encima de todo, un bohemio. Admiraba que siempre oliera bien. «Tenía un olor corporal que siempre era agradable».

Fue su referente intelectual. «Tenía una grandísima inquietud y era un maestro de la moderación, del savoir-faire. Era un caballero en todas partes y era maravilloso. Pero uno de sus grandes defectos es que era muy despegado de lo material, no supo cuidar sus cosas». Con su hijo delante es fácil descubrir que Fernando Guillén y Gemma Cuervo se complementaban: «Mi madre, en cambio, sí cuidó su patrimonio».

Todo lo que tenía uno Fernando se lo pondría en menor medida al otro y al revés. «Mi madre tenía mucho sentido de la dignidad, del rigor, de la excelencia en el trabajo. Pero le reprocho no haber sido un poco más libre consigo misma, que disfrutara un poco más de la vida. En el tiempo que estuvieron mis padres separados podría haber conocido a otra persona, podría haber viajado… y no lo hizo».

Gemma Cuervo lloró mucho por Fernando Guillén. En 1975, después de unos 15 años de matrimonio, el actor se trasladó a Barcelona para rodar La saga de los Rius y allí comenzó una relación con otra mujer. No hubo divorcio, fue una separación de hecho.

Fernando Guillén Cuervo por entonces tenía 12 años. «Ella era muy mujer. O sea, cuando sentía dolor lo sentía muy intensamente. Lloraba y lloraba (…) Creo que murió enamorada de él. Hasta el último día se acordó de él. Sobre todo en los últimos años, que estaba súper dulce, daba ternura ver que no lo quedaba rencor, que no le quedaba nada malo en el alma. Seguía hablando muy bien de mi padre y muy enamorada». [Gemma murió el 14 de marzo del año pasado, casi 13 años después que Fernando].

-¿Usted cree en el amor para siempre?

-Se intenta. Pero los seres humanos somos inquietos y nos gustan otros mundos. Puedes estar creyendo en el amor para siempre y se cruza algo, que es otro mundo, y te apasiona, y el alma se va para allá.

-Y ahí es cuando tiene que pensar si le compensa romper una familia.

-Esa es una reflexión material. Si piensas en qué te compensa no estamos hablando de amor si no de estructura, de estructura para siempre.

-¿Cree en la estructura para siempre?

-No lo sé. De repente rompí una estructura, y a veces me arrepiento y me pregunto si hice lo correcto.

-Aparecieron otros mundos.

Fernando Guillén Cuervo se casó con Elena González en el año 1996. Ella siempre se mantuvo alejada del foco mediático deliberadamente. Tuvieron un hijo en común, Manuel, y estuvieron 14 años juntos. Fernando piensa a menudo en aquella época. «Estoy feliz con mi pareja [Lupe Cartié, con la que lleva tres años], estoy muy bien, pero rompí una estructura», se explica. Cuando siente culpa o nostalgia se repite un mantra: «Todo tiene que pasar».

«Todos los giros de la vida, si el destino era Manuel, son perfectos. Si el destino era él… A partir de ahí me habré equivocado más o menos, pero todo tenía que pasar».

-¿Ser padre le hizo querer más a su padre?

-Ser padre me hizo valorar el amor de mi padre. El amor hacia un hijo es incomensurable. Nada es más importante en el mundo.

 LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

Noticias Similares