En 1988, Francisco Umbral le dedicó una columna a Marta Sánchez. Se titulaba Marta Olé. Para Umbral, ella representaba esa España de finales de los 80 que chapoteaba en el «liberalismo light y desmadre dentro de un orden». Marta tenía entonces 22 años, pero ya era muy famosa. Y lo sería todavía más, pero eso ni Umbral lo imaginaba. De hecho, serían los 90 sus mejores años.
En 1988, Francisco Umbral le dedicó una columna a Marta Sánchez. Se titulaba Marta Olé. Para Umbral, ella representaba esa España de fin
En 1988, Francisco Umbral le dedicó una columna a Marta Sánchez. Se titulaba Marta Olé. Para Umbral, ella representaba esa España de finales de los 80 que chapoteaba en el «liberalismo light y desmadre dentro de un orden». Marta tenía entonces 22 años, pero ya era muy famosa. Y lo sería todavía más, pero eso ni Umbral lo imaginaba. De hecho, serían los 90 sus mejores años.
Marta Olé empezaba así: «Un sistema político, histórico un momento social no se decanta y consolida hasta que no corporaliza en una metáfora femenina, en una alegoría hembra, en una tía». Hoy esa tía es Ester Expósito. Si los 80 y los 90 (¿y los 2000?) fueron de Marta, los 2020 están siendo de Ester. La presencia online de la estrella de Élite se expandió a lo bestia en 2020. Seis años después, con más de 24 millones de seguidores en Instagram, es la actriz española más seguida en esa red. También una mujer cuyos movimientos son escrutados al milímetro. Lo que podría quedarse en un simple pie de foto («Ester Espósito y Kylian Mbappé«) termina convertido en una columna, O en un artículo. Como éste.
En aquel Marta Olé de 1988 se entrecomillaban naderías de una entonces pizpireta Marta Sánchez: «No he matado a Sabrina porque mi madre me dijo de pequeña que eso de matar le quita clase a una señorita» o «Cuando actúo en Andalucía me llaman torera, que es un piropo muy bonito». Así salía una en los medios: consiguiendo que alguien hablase de ti. Hoy una es los medios.
Ester Expósito se comunica con el exterior a través de sus publicaciones en redes sociales. Éstas rara vez son concretas y claras. ¿Declaraciones? Ninguna. ¿Miradas al vacío y vestidos caros? Todos. Como la auténtica profesional de la fama contemporánea que es, ella (y su equipo, porque siempre hay un equipo) cuelga un story de la puesta de sol sobre Miami y eso da lugar a especulaciones, comentarios y, en definitiva, contenido. En 1988 Marta Sánchez cantaba, bailaba y se iba de la lengua con Umbral en la discoteca Long Play. Hoy Ester Expósito crea contenido. También sale en series y películas, pero eso es lo de menos. En sus redes, Expósito promociona sin demasiada insistencia una serie y una película. Será interesante ver qué rendimiento tienen, sobre todo la segunda, dado que las cifras de taquilla de las películas son mucho más públicas que las visualizaciones en plataformas.
Con frecuencia, la fama en redes no se traduce en número de espectadores. El ejemplo más claro (perdón por el chiste: el ejemplo más sangrante) es El árbol de la sangre, película de 2018 que no capitalizó de ninguna manera la apabullante popularidad de Úrsula Corberó, una de sus protagonistas. Como Ester, Úrsula se hizo superfamosa gracias a una serie (La casa de papel) e hiperfamosa en Internet. Pero esa fama global alcanzada a golpe de post sensual y enigmático no hace el camino inverso. Podemos asegurar que rara vez se convierte en entradas vendidas o episodios vistos. Pero ese problema es de las productoras y plataformas que confían en ese tipo de promoción automática, no de las estrellas que, manejando su propia presencia en redes, el único fuego que alimentan es el de su propia fama.
Para una empresa, apostar por ese tipo de perfiles, es más arriesgado de lo que parece. Lo de Aitana y su hamburguesa con gluten (siendo ella celíaca) es nada comparado con la cancelación de la campaña de Joaquín Domínguez Portela, El Xokas, con otra empresa de comida rápida. Por supuesto que la compañía en cuestión sabía dónde se metía contratando a semejante garrulo. Cuando el tipo incluyó el nombre de Ester Expósito en una argumentación («argumentación») misógina y machosférica, su alcance creció exponencialmente. Porque mucha gente no conoce a El Xokas, pero muy poca en España no sabe quién es Ester Expósito. Ella, por supuesto, no entró al trapo. Ni a ese ni al de sus constantes fotografías junto a Mbappé. Cuando escribo este Marta Olé de baratillo, lo último que ha colgado Ester en sus redes es un selfie con mar al fondo. Es una foto que, si no viniese de una superestrella, podríamos adjetivar como «improvisada» o incluso «natural». Sin embargo, en el mundo en el que habita (¡el mundo en el que reina!) Ester Expósito, nada es improvisado y nada es natural.
En su columna de hace 38 años, Francisco Umbral escribe que Marta es «un poco mayor para mí». 55 años tenía él entonces. Umbral era un intelectual oficialmente escandaloso y esas salidas de tono eran parte de su gracia (incluso las dos frases finales de Marta Olé, tan inquietantes que ni me planteo reproducirlas aquí). Paco tenía la sartén por el mango, por eso escribía lo que escribía. Porque podía.
Hoy es Ester Expósito quien tiene el control, el mango y el mando. Porque tiene nuestra atención. La metáfora femenina, la alegoría hembra, la tía de la España de 2026 es una rubia con más millones de seguidores que años de vida. Probabilidad de que hable con un columnista en una discoteca: ceros de y en cierto modo la logró.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

