Cincuenta años después, los toros de Miura regresaron a Huelva . Y lo hicieron por primera vez para ser lidiados en la Plaza de Toros de La Merced, en una tarde cargada de simbolismo que respondió a la enorme expectación levantada desde el anuncio de los carteles. La histórica divisa sevillana dejó una corrida seria, muy bien presentada, emocionante y, en líneas generales, más noble de lo que suele asociarse a su nombre. Hubo toros con movilidad, otros más ásperos y alguno de extraordinario comportamiento en el caballo, ofreciendo un espectáculo completo en el que cada espada encontró su momento. El Fandi abrió la Puerta Grand e tras cortar dos orejas a su segundo; Alejandro Conquero paseó un valioso trofeo en el primer Miura de su carrera; y Manuel Escribano volvió a demostrar que su relación con esta ganadería trasciende lo estrictamente taurino, firmando una de esas actuaciones que quedan grabadas en la memoria por su capacidad de sacrificio.El primer Miura que pisó el ruedo onubense medio siglo después resultó un toro noble, aunque muy medido de fuerzas y con escaso recorrido. El Fandi tuvo que recibirlo con oficio, ya que apenas le permitió lucirse con el capote. La tarde cambió de golpe en el tercio de banderillas. Compartiendo la lidia con Manuel Escribano, el sevillano sufrió un aparatoso percance al tropezar en la cara del toro y ser alcanzado por una pezuña cuando abandonaba la reunión tras colocar un par. El golpe le provocó un profundo corte en la oreja izquierda que le obligó a marcharse a la enfermería. Con el ambiente sobrecogido, El Fandi comenzó la faena de muleta entendiendo perfectamente las condiciones de un Miura que pedía distancia, se quedaba corto y embestía con un ritmo muy pausado. El granadino administró alturas y tiempos con inteligencia, logró ligar tandas por ambos pitones y terminó sacando emoción donde apenas parecía haberla. El toro acusó los dos fuertes puyazos, llegó incluso a echarse durante la faena y, tras levantarse, el diestro prolongó la labor con la música sonando de nuevo. Una media estocada dejó el premio en una ovación.El percance de Escribano obligó a correr turno y fue Alejandro Conquero quien lidió el segundo toro de la tarde. El onubense lo recibió con dificultades a la verónica antes de que el Miura protagonizara un espectacular segundo encuentro con el caballo desde largo. Brindó la faena a la memoria de su padre, Pepe Conquero, fallecido el pasado año en Perú, y encontró un ejemplar noble, aunque cada vez más orientado conforme avanzaba la lidia. Cuatro años después de su última actuación en La Merced, respondió con serenidad y firmeza, especialmente sobre la mano derecha, imponiéndose a las dificultades de un toro que fue claramente a menos. Una estocada entera perpendicular le abrió la puerta de una oreja, la primera que cortaba frente a un toro de Miura.Pocos imaginaban que Manuel Escribano volvería al ruedo apenas unos minutos después. Tras ser intervenido en la enfermería, donde los médicos reconstruyeron la oreja izquierda con una veintena de puntos de sutura, el de Gerena reapareció para lidiar el tercero. Compartió de nuevo banderillas con El Fandi, levantando a toda la plaza con otra demostración de valor, y después construyó una faena inteligente ante un Miura noble, aunque muy justo de fuerzas, al que administró con temple y cabeza. La estocada, un aviso y dos descabellos dejaron todo en una fuerte ovación, aunque el verdadero premio ya lo había recibido del público con su regreso al ruedo .La explosión definitiva llegó con el cuarto. El Fandi convirtió el tercio de banderillas en un auténtico espectáculo. Colocó hasta cinco pares, dos de ellos al violín, parando al toro hasta en tres ocasiones para medir las distancias. El presidente le negó inicialmente permiso para continuar, pero la insistente protesta del público terminó forzando la autorización. El quinto par llegó ya sin solicitar permiso , un gesto que encendió definitivamente los tendidos y que le costará una sanción. Con la muleta mantuvo el mismo nivel de entrega. Comenzó de rodillas, lo dio todo y acabó cuajando a un buen Miura al que supo llevar siempre con la distancia precisa hasta terminar sometiéndolo. Hubo momentos en los que parecía olvidarse el hierro que llevaba marcado en el costillar. Un pinchazo agarrado y un certero descabello no impidieron que La Merced reclamara con fuerza las dos orejas, concedidas entre una atronadora ovación.Pero aún le quedaba emoción a la tarde. Con la oreja recién reconstruida, Manuel Escribano se fue a portagayola para recibir al quinto, un toro alto, serio y de comportamiento mucho más complicado. Aguantó la embestida hasta dejar una larga cambiada de máxima exposición, volvió a deslumbrar en banderillas y brindó al público una faena de enorme compromiso. Se encontró con el Miura más exigente del festejo: áspero, violento en los derrotes, soltando continuamente la cara y sin regalar una embestida franca. Allí apareció el Escribano de las grandes tardes toristas. Tiró de raza, de oficio y de un pundonor inagotable para robarle muletazos donde parecía imposible, terminando prácticamente toreando de uno antes de rematar con unas ajustadas manoletinas. Tras un aviso y una estocada desprendida, la plaza pidió con enorme fuerza la oreja, pero el presidente la denegó entre una sonora bronca mientras el torero daba una vuelta al ruedo de enorme peso.La corrida se cerró con otro Miura de imponente volumen que protagonizó el mejor tercio de varas de la tarde, arrancándose tres veces al caballo y llegando incluso a partir el palo en uno de los encuentros. Todo hacía presagiar un gran final para Alejandro Conquero, pero el onubense no terminó de encontrar el sitio ante un ejemplar que exigía mayor oficio y precisión en las distancias para aprovechar las excelentes condiciones que había apuntado desde el inicio. Hubo voluntad y disposición, aunque la faena nunca terminó de romper. Una estocada baja, dos pinchazos, tres descabellos y un aviso cerraron su actuación.Huelva Plaza de toros de La Merced Viernes, 31 de julio de 2026. Tercera de abono de las Colombinas. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Miura, muy bien presentados, serios y con volumen. Corrida brava, emocionante y, en líneas generales, noble; destacó el 4.º, premiado con las dos orejas para El Fandi, y el 6.º por su extraordinario comportamiento en el caballo; el 5.º fue el de mayores complicaciones. El Fandi, de nazareno y oro: media estocada tendida (ovación); pinchazo agarrado y descabello (dos orejas). Manuel Escribano, de blanco y oro: estocada, aviso y dos descabellos (ovación); estocada desprendida y aviso (vuelta al ruedo tras fuerte petición de oreja). Alejandro Conquero, de verde y oro: estocada entera perpendicular (oreja); estocada baja, dos pinchazos, tres descabellos y aviso (silencio). Incidencias: Manuel Escribano sufrió un corte en el lóbulo de la oreja izquierda durante el tercio de banderillas del primer toro, siendo intervenido en la enfermería, donde se le practicó una reconstrucción plástica con alrededor de veinte puntos de sutura. Reapareció minutos después para lidiar sus dos toros. El Fandi colocó cinco pares de banderillas al cuarto toro; el último de ellos sin autorización de la presidencia. El banderillero David Adalid saludó una ovación tras un brillante tercio de banderillas en el sexto toro.Los Miura regresaron a Huelva cincuenta años después recordando por qué siguen ocupando un lugar único en la Tauromaquia. Una corrida con emoción, bravura y argumentos para el triunfo en la que El Fandi salió a hombros, Alejandro Conquero firmó una actuación de mérito en su estreno con la legendaria divisa y Manuel Escribano volvió a convertir el valor en la imagen imborrable de una tarde que ya forma parte de la historia reciente de las Colombinas. Cincuenta años después, los toros de Miura regresaron a Huelva . Y lo hicieron por primera vez para ser lidiados en la Plaza de Toros de La Merced, en una tarde cargada de simbolismo que respondió a la enorme expectación levantada desde el anuncio de los carteles. La histórica divisa sevillana dejó una corrida seria, muy bien presentada, emocionante y, en líneas generales, más noble de lo que suele asociarse a su nombre. Hubo toros con movilidad, otros más ásperos y alguno de extraordinario comportamiento en el caballo, ofreciendo un espectáculo completo en el que cada espada encontró su momento. El Fandi abrió la Puerta Grand e tras cortar dos orejas a su segundo; Alejandro Conquero paseó un valioso trofeo en el primer Miura de su carrera; y Manuel Escribano volvió a demostrar que su relación con esta ganadería trasciende lo estrictamente taurino, firmando una de esas actuaciones que quedan grabadas en la memoria por su capacidad de sacrificio.El primer Miura que pisó el ruedo onubense medio siglo después resultó un toro noble, aunque muy medido de fuerzas y con escaso recorrido. El Fandi tuvo que recibirlo con oficio, ya que apenas le permitió lucirse con el capote. La tarde cambió de golpe en el tercio de banderillas. Compartiendo la lidia con Manuel Escribano, el sevillano sufrió un aparatoso percance al tropezar en la cara del toro y ser alcanzado por una pezuña cuando abandonaba la reunión tras colocar un par. El golpe le provocó un profundo corte en la oreja izquierda que le obligó a marcharse a la enfermería. Con el ambiente sobrecogido, El Fandi comenzó la faena de muleta entendiendo perfectamente las condiciones de un Miura que pedía distancia, se quedaba corto y embestía con un ritmo muy pausado. El granadino administró alturas y tiempos con inteligencia, logró ligar tandas por ambos pitones y terminó sacando emoción donde apenas parecía haberla. El toro acusó los dos fuertes puyazos, llegó incluso a echarse durante la faena y, tras levantarse, el diestro prolongó la labor con la música sonando de nuevo. Una media estocada dejó el premio en una ovación.El percance de Escribano obligó a correr turno y fue Alejandro Conquero quien lidió el segundo toro de la tarde. El onubense lo recibió con dificultades a la verónica antes de que el Miura protagonizara un espectacular segundo encuentro con el caballo desde largo. Brindó la faena a la memoria de su padre, Pepe Conquero, fallecido el pasado año en Perú, y encontró un ejemplar noble, aunque cada vez más orientado conforme avanzaba la lidia. Cuatro años después de su última actuación en La Merced, respondió con serenidad y firmeza, especialmente sobre la mano derecha, imponiéndose a las dificultades de un toro que fue claramente a menos. Una estocada entera perpendicular le abrió la puerta de una oreja, la primera que cortaba frente a un toro de Miura.Pocos imaginaban que Manuel Escribano volvería al ruedo apenas unos minutos después. Tras ser intervenido en la enfermería, donde los médicos reconstruyeron la oreja izquierda con una veintena de puntos de sutura, el de Gerena reapareció para lidiar el tercero. Compartió de nuevo banderillas con El Fandi, levantando a toda la plaza con otra demostración de valor, y después construyó una faena inteligente ante un Miura noble, aunque muy justo de fuerzas, al que administró con temple y cabeza. La estocada, un aviso y dos descabellos dejaron todo en una fuerte ovación, aunque el verdadero premio ya lo había recibido del público con su regreso al ruedo .La explosión definitiva llegó con el cuarto. El Fandi convirtió el tercio de banderillas en un auténtico espectáculo. Colocó hasta cinco pares, dos de ellos al violín, parando al toro hasta en tres ocasiones para medir las distancias. El presidente le negó inicialmente permiso para continuar, pero la insistente protesta del público terminó forzando la autorización. El quinto par llegó ya sin solicitar permiso , un gesto que encendió definitivamente los tendidos y que le costará una sanción. Con la muleta mantuvo el mismo nivel de entrega. Comenzó de rodillas, lo dio todo y acabó cuajando a un buen Miura al que supo llevar siempre con la distancia precisa hasta terminar sometiéndolo. Hubo momentos en los que parecía olvidarse el hierro que llevaba marcado en el costillar. Un pinchazo agarrado y un certero descabello no impidieron que La Merced reclamara con fuerza las dos orejas, concedidas entre una atronadora ovación.Pero aún le quedaba emoción a la tarde. Con la oreja recién reconstruida, Manuel Escribano se fue a portagayola para recibir al quinto, un toro alto, serio y de comportamiento mucho más complicado. Aguantó la embestida hasta dejar una larga cambiada de máxima exposición, volvió a deslumbrar en banderillas y brindó al público una faena de enorme compromiso. Se encontró con el Miura más exigente del festejo: áspero, violento en los derrotes, soltando continuamente la cara y sin regalar una embestida franca. Allí apareció el Escribano de las grandes tardes toristas. Tiró de raza, de oficio y de un pundonor inagotable para robarle muletazos donde parecía imposible, terminando prácticamente toreando de uno antes de rematar con unas ajustadas manoletinas. Tras un aviso y una estocada desprendida, la plaza pidió con enorme fuerza la oreja, pero el presidente la denegó entre una sonora bronca mientras el torero daba una vuelta al ruedo de enorme peso.La corrida se cerró con otro Miura de imponente volumen que protagonizó el mejor tercio de varas de la tarde, arrancándose tres veces al caballo y llegando incluso a partir el palo en uno de los encuentros. Todo hacía presagiar un gran final para Alejandro Conquero, pero el onubense no terminó de encontrar el sitio ante un ejemplar que exigía mayor oficio y precisión en las distancias para aprovechar las excelentes condiciones que había apuntado desde el inicio. Hubo voluntad y disposición, aunque la faena nunca terminó de romper. Una estocada baja, dos pinchazos, tres descabellos y un aviso cerraron su actuación.Huelva Plaza de toros de La Merced Viernes, 31 de julio de 2026. Tercera de abono de las Colombinas. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Miura, muy bien presentados, serios y con volumen. Corrida brava, emocionante y, en líneas generales, noble; destacó el 4.º, premiado con las dos orejas para El Fandi, y el 6.º por su extraordinario comportamiento en el caballo; el 5.º fue el de mayores complicaciones. El Fandi, de nazareno y oro: media estocada tendida (ovación); pinchazo agarrado y descabello (dos orejas). Manuel Escribano, de blanco y oro: estocada, aviso y dos descabellos (ovación); estocada desprendida y aviso (vuelta al ruedo tras fuerte petición de oreja). Alejandro Conquero, de verde y oro: estocada entera perpendicular (oreja); estocada baja, dos pinchazos, tres descabellos y aviso (silencio). Incidencias: Manuel Escribano sufrió un corte en el lóbulo de la oreja izquierda durante el tercio de banderillas del primer toro, siendo intervenido en la enfermería, donde se le practicó una reconstrucción plástica con alrededor de veinte puntos de sutura. Reapareció minutos después para lidiar sus dos toros. El Fandi colocó cinco pares de banderillas al cuarto toro; el último de ellos sin autorización de la presidencia. El banderillero David Adalid saludó una ovación tras un brillante tercio de banderillas en el sexto toro.Los Miura regresaron a Huelva cincuenta años después recordando por qué siguen ocupando un lugar único en la Tauromaquia. Una corrida con emoción, bravura y argumentos para el triunfo en la que El Fandi salió a hombros, Alejandro Conquero firmó una actuación de mérito en su estreno con la legendaria divisa y Manuel Escribano volvió a convertir el valor en la imagen imborrable de una tarde que ya forma parte de la historia reciente de las Colombinas. 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Cincuenta años después, los toros de Miura regresaron a Huelva. Y lo hicieron por primera vez para ser lidiados en la Plaza de Toros de La Merced, en una tarde cargada de simbolismo que respondió a la enorme expectación levantada desde el anuncio de … los carteles. La histórica divisa sevillana dejó una corrida seria, muy bien presentada, emocionante y, en líneas generales, más noble de lo que suele asociarse a su nombre. Hubo toros con movilidad, otros más ásperos y alguno de extraordinario comportamiento en el caballo, ofreciendo un espectáculo completo en el que cada espada encontró su momento. El Fandi abrió la Puerta Grande tras cortar dos orejas a su segundo; Alejandro Conquero paseó un valioso trofeo en el primer Miura de su carrera; y Manuel Escribano volvió a demostrar que su relación con esta ganadería trasciende lo estrictamente taurino, firmando una de esas actuaciones que quedan grabadas en la memoria por su capacidad de sacrificio.
El primer Miura que pisó el ruedo onubense medio siglo después resultó un toro noble, aunque muy medido de fuerzas y con escaso recorrido. El Fandi tuvo que recibirlo con oficio, ya que apenas le permitió lucirse con el capote. La tarde cambió de golpe en el tercio de banderillas. Compartiendo la lidia con Manuel Escribano, el sevillano sufrió un aparatoso percance al tropezar en la cara del toro y ser alcanzado por una pezuña cuando abandonaba la reunión tras colocar un par. El golpe le provocó un profundo corte en la oreja izquierda que le obligó a marcharse a la enfermería. Con el ambiente sobrecogido, El Fandi comenzó la faena de muleta entendiendo perfectamente las condiciones de un Miura que pedía distancia, se quedaba corto y embestía con un ritmo muy pausado. El granadino administró alturas y tiempos con inteligencia, logró ligar tandas por ambos pitones y terminó sacando emoción donde apenas parecía haberla. El toro acusó los dos fuertes puyazos, llegó incluso a echarse durante la faena y, tras levantarse, el diestro prolongó la labor con la música sonando de nuevo. Una media estocada dejó el premio en una ovación.
El percance de Escribano obligó a correr turno y fue Alejandro Conquero quien lidió el segundo toro de la tarde. El onubense lo recibió con dificultades a la verónica antes de que el Miura protagonizara un espectacular segundo encuentro con el caballo desde largo. Brindó la faena a la memoria de su padre, Pepe Conquero, fallecido el pasado año en Perú, y encontró un ejemplar noble, aunque cada vez más orientado conforme avanzaba la lidia. Cuatro años después de su última actuación en La Merced, respondió con serenidad y firmeza, especialmente sobre la mano derecha, imponiéndose a las dificultades de un toro que fue claramente a menos. Una estocada entera perpendicular le abrió la puerta de una oreja, la primera que cortaba frente a un toro de Miura.
Pocos imaginaban que Manuel Escribano volvería al ruedo apenas unos minutos después. Tras ser intervenido en la enfermería, donde los médicos reconstruyeron la oreja izquierda con una veintena de puntos de sutura, el de Guillena reapareció para lidiar el tercero. Compartió de nuevo banderillas con El Fandi, levantando a toda la plaza con otra demostración de valor, y después construyó una faena inteligente ante un Miura noble, aunque muy justo de fuerzas, al que administró con temple y cabeza. La estocada, un aviso y dos descabellos dejaron todo en una fuerte ovación, aunque el verdadero premio ya lo había recibido del público con su regreso al ruedo.
La explosión definitiva llegó con el cuarto. El Fandi convirtió el tercio de banderillas en un auténtico espectáculo. Colocó hasta cinco pares, dos de ellos al violín, parando al toro hasta en tres ocasiones para medir las distancias. El presidente le negó inicialmente permiso para continuar, pero la insistente protesta del público terminó forzando la autorización. El quinto par llegó ya sin solicitar permiso, un gesto que encendió definitivamente los tendidos y que le costará una sanción. Con la muleta mantuvo el mismo nivel de entrega. Comenzó de rodillas, lo dio todo y acabó cuajando a un buen Miura al que supo llevar siempre con la distancia precisa hasta terminar sometiéndolo. Hubo momentos en los que parecía olvidarse el hierro que llevaba marcado en el costillar. Un pinchazo agarrado y un certero descabello no impidieron que La Merced reclamara con fuerza las dos orejas, concedidas entre una atronadora ovación.
Pero aún le quedaba emoción a la tarde. Con la oreja recién reconstruida, Manuel Escribano se fue a portagayola para recibir al quinto, un toro alto, serio y de comportamiento mucho más complicado. Aguantó la embestida hasta dejar una larga cambiada de máxima exposición, volvió a deslumbrar en banderillas y brindó al público una faena de enorme compromiso. Se encontró con el Miura más exigente del festejo: áspero, violento en los derrotes, soltando continuamente la cara y sin regalar una embestida franca. Allí apareció el Escribano de las grandes tardes toristas. Tiró de raza, de oficio y de un pundonor inagotable para robarle muletazos donde parecía imposible, terminando prácticamente toreando de uno antes de rematar con unas ajustadas manoletinas. Tras un aviso y una estocada desprendida, la plaza pidió con enorme fuerza la oreja, pero el presidente la denegó entre una sonora bronca mientras el torero daba una vuelta al ruedo de enorme peso.
La corrida se cerró con otro Miura de imponente volumen que protagonizó el mejor tercio de varas de la tarde, arrancándose tres veces al caballo y llegando incluso a partir el palo en uno de los encuentros. Todo hacía presagiar un gran final para Alejandro Conquero, pero el onubense no terminó de encontrar el sitio ante un ejemplar que exigía mayor oficio y precisión en las distancias para aprovechar las excelentes condiciones que había apuntado desde el inicio. Hubo voluntad y disposición, aunque la faena nunca terminó de romper. Una estocada baja, dos pinchazos, tres descabellos y un aviso cerraron su actuación.
Los Miura regresaron a Huelva cincuenta años después recordando por qué siguen ocupando un lugar único en la Tauromaquia. Una corrida con emoción, bravura y argumentos para el triunfo en la que El Fandi salió a hombros, Alejandro Conquero firmó una actuación de mérito en su estreno con la legendaria divisa y Manuel Escribano volvió a convertir el valor en la imagen imborrable de una tarde que ya forma parte de la historia reciente de las Colombinas.
