Thomas En la Irlanda de mediados del siglo XIX surgió uno de los imperios cerveceros más importantes del planeta gracias a la familia Guinness, que se convirtió en la más rica del país. Con la salida a Bolsa de la empresa, el patrimonio se disparó hasta límites insospechados, convirtiendo a la dinastía en parte de esa aristocracia del dinero que terminó emparentando con la aristocracia de sangre.
En los anales de la jet set internacional del siglo XX, Dolores Guinness ha dejado su impronta marcada en oro. Su padre fue un príncipe de la dinastía Fürstenberg y su madre una pionera como socialité en México que también se convirtió en leyenda como Gloria Guinness, uno de los cisnes de Capote.
Thomas En la Irlanda de mediados del siglo XIX surgió uno de los imperios cerveceros más importantes del planeta gracias a la familia Guinness, que se convirtió en la más rica del país. Con la salida a Bolsa de la empresa, el patrimonio se disparó hasta límites insospechados, convirtiendo a la dinastía en parte de esa aristocracia del dinero que terminó emparentando con la aristocracia de sangre.
Entrados en el siglo XX, hubo dos mujeres que hicieron del apellido un emblema del glamour, el estilo y el savoir faire. La primera fue Gloria Rubio y Alatorre, una socialité mexicana que reinventó sus orígenes en función de su propia conveniencia, con el fin de arañar los peldaños de la jet set internacional. Terminó casándose con Thomas Loel Guinness.
De sus cuatro matrimonios (Guinness fue el cuarto) solo tuvo descendencia con el segundo, Franz Egon von Fürstenberg-Herdringen, uno de los miembros de la antigua familia aristocrática alemana con quien tuvo a Dolores (1936-2012) -la gran protagonista de este artículo- y Franz-Egon (1939).
Gloria tenía tanto estilo que Eleanor Lambert, fundadora de la lista de las mujeres mejor vestidas del mundo, siempre la consideró como la más elegante. Intimó con Givenchy y Balenciaga, hizo buenas migas con Octavio Paz, Winston Churchill y Truman Capote, que la consideró uno de sus cisnes. Y, por encima de todo, preparó a su hija Dolores para escoger lo mejor del pantone aristocrático internacional.
No tardó en hacerlo. Después de que su madre se casara con Thomas Guinness, la joven intimó especialmente con uno de sus hermanastros, Patrick Benjamin Guinness, con quien se casó a la edad de 19 años. El escándalo social fue mayúsculo.
Tuvieron tres hijos, Maria Alexandra (70), Loel Patrick (69) y Victoria Christina (66), la única que ocupó un destacado puesto en el Gotha internacional al casarse con Philip Niarchos (74), hijo del magnate griego y eterno rival de Onassis, Stavros Niarchos.
Al igual que su progenitora, Dolores se convirtió en un icono de la moda que apareció en las portadas más prestigiosas como Life, Vogue y Harper’s Bazaar, los fotógrafos Cecil Beaton,Richard Avedon y Bert Stern se la rifaban para tenerla en exclusiva y diseñadores consagrados como Dior, Givenchy e Yves Saint Laurent se desvivían por vestirla.
Pero la tragedia no tardaría en llamar a su puerta, ya que con 29 años enviudó después de que su esposo se estrellara con su coche en Suiza en 1965. Educada y entrenada para saborear la esencia de los ricos y famosos, Dolores pronto encontró sustituto a su maltrecho corazón. Y aquí es donde la historia se vuelve caprichosa.
El hombre del que estuvo locamente enamorada no es otro que Karim Aga Khan, hijo del príncipe Aly Khan y nieto del Aga Kan III, que con el devenir de los años terminó por convertirse en el Aga Khan IV.
Hasta ahí todo parecía normal, pero nada más lejos de la realidad. Nuevamente, Dolores fue objeto de la comidilla internacional porque su nuevo objeto del deseo era medio hermano de su fallecido esposo Patrick Benjamin.
La madre de ambos, la socialité británica Joan Barbara Yarde-Buller, se había casado en primeras nupcias con Thomas Loel Guinness (padrastro de Dolores), a quien abandonó por el príncipe Aly Khan. Por ello, Guinness demandó a ambos por adulterio y al no defenderse de las acusaciones, un juez concedió al miembro de la familia cervecera una sentencia de divorcio provisional y la custodia exclusiva de su hijo Patrick.
Dolores y Karim se movían en los mismos círculos de la élite europea de la posguerra, pero, para más inri, Patrick había sido socio de Karim para el desarrollo de la Costa Esmeralda en Cerdeña, uno de los enclaves más caros y lujosos del planeta. Por ello, la viuda de Guinness no era ajena al ambiente de los Khan.
La prensa de cotilleos se había quedado obnubilada por esta pareja elegante, millonaria y bella. Pronto surgieron rumores de boda mientras los dos tortolitos realizaban cruceros de ensueño, se dejaban ver en las fiestas de los palacios más suntuosos de París o se perdían por algún recóndito lugar para vivir su amor en calma.
A pesar de su historia, aquel romance de la alta sociedad terminó desvaneciéndose sin que se dieran explicaciones. Tras la separación, Karim se casó con Sarah Croker Poole, que sería conocida como Salimah Aga Khan, con quien tuvo tres hijos. Por el contrario, Dolores jamás volvió a casarse.
Después de haber sido la envidia de todas las féminas de la jet set y de ser el centro de atención de los flashes, Dolores decidió retirarse de la vida pública en Suiza, donde encontró la paz que había anhelado. El pasado 31 de julio habría cumplido 90 años, pero lamentablemente la dama falleció en enero de 2012 a los 75 años en Lausanne. Su vida aún sigue siendo de leyenda.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón
