Salió del agua del Puerto de Hércules sonriendo. Era la misma sonrisa que Kimi Antonelli lucía, a diez vueltas del final, cuando una bandera roja había tirado por tierra todo el trabajo que había realizado con esfuerzo y riesgo durante las 68 vueltas anteriores. Era tal su confianza, tan enorme su seguridad, que apenas le incomodaba el hecho de tener que hacer otra salida en parrilla y de poner en peligro la victoria. No falló. Hizo el trabajo dos veces: salir bien y marcharse.
Salió del agua del Puerto de Hércules sonriendo. Era la misma sonrisa que Kimi Antonelli lucía, a diez vueltas del final, cuando una bandera roja había tirado p
Salió del agua del Puerto de Hércules sonriendo. Era la misma sonrisa que Kimi Antonelli lucía, a diez vueltas del final, cuando una bandera roja había tirado por tierra todo el trabajo que había realizado con esfuerzo y riesgo durante las 68 vueltas anteriores. Era tal su confianza, tan enorme su seguridad, que apenas le incomodaba el hecho de tener que hacer otra salida en parrilla y de poner en peligro la victoria. No falló. Hizo el trabajo dos veces: salir bien y marcharse.
El gran problema de Antonelli ahora no es suyo. Es un problema para la prensa especializada, que tenemos que buscar nuevos epítetos para describir sus proezas. En Mónaco, el niño de la parrilla ha estado sencillamente magistral. Se escondió el viernes, enseñó sus intenciones el sábado en la última sesión de libres y les sorprendió a todos en la clasificación con una velocidad y un riesgo controlado que le valió la pole.
Fue incluso más zorro que Max Verstappen que también fue de menos a más, que también se guardó lo mejor de su repertorio para la Q3. Se quedó a milésimas de Antonelli porque el italiano fue más zorro que él.
Y de la cuarta pole del año a la victoria. La historia y las estadísticas favorecían en Mónaco a Antonelli, pero este Mónaco no fue fácil. Empezar un gran premio así con Verstappen junto a ti hace temblar a cualquiera, pero Kimi recibió un nuevo regalo de la fortuna que dejó a su más inmediato adversario tirado en la parrilla con un problema de motor.
Eliminado Max, Kimi voló. Fue acumulando vuelta rápida tras vuelta rápida a pesar de los consejos de su ingeniero de que bajase el ritmo para no asumir riesgos. Pero Kimi no paró. Se sentía tan cómodo entre los guardarailes de Mónaco que siguió ampliando y ampliando su ventaja. Luego llegó la bandera roja y otra vez a empezar.
No importa, Antonelli está hecho a prueba de todo. Es rápido, es simpático, es frío, es cordial, combativo, inteligente y, además, sumergible tal y como vimos cuando le tiraron al agua después de la victoria. Y además de eso, Kimi es afortunado. 50 puntos de ventaja sobre su compañero George Russell en dos carreras. Una por un fallo de fiabilidad en Canadá y aquí en Mónaco por un error del equipo que no tocó el coche en un pit stop cuando tendrían que haber esperado cinco segundos para cumplir una sanción.
Los cinco segundos y la posibilidad de ser tercero, se convirtieron en un drive through y quedarse fuera de los puntos. Toda la suerte que ha tenido Antonelli en seis carreras, ha sido fatalidad en el caso de George. Sí, Kimi lo está haciendo muy bien, está batiendo todos los récords de precocidad y en las últimas tres carreras ha mostrado más velocidad que su compañero, pero los 68 puntos de diferencia entre ambos son absolutamente desproporcionados.
Mónaco pasará a la historia por ser una de las carreras con mayor número de sanciones y de investigaciones de su historia. La clasificación final estuvo en el aire hasta horas después e incluso el podio de Isaak Hadjar corrió peligro. Casi una decena de sanciones por exceso de velocidad en el pit lane y dos por colocarse mal en la parrilla para Checo Pérez.
Lástima para el mexicano que había logrado el primer punto de la historia de Cadillac, pero que pasó a manos de Aston Martin gracias a una carrera memorable de Fernando Alonso con el peor coche de la parrilla en Mónaco. Punto amargo, triste, indiferente porque el drama sigue ahí. Un coche con un motor vergonzoso, con un chasis con problemas y una caja de cambios errática. Aston Martin nos cita ahora para después del verano cuando vendrán, presuntamente, un nuevo paquete aerodinámico y un motor mejorado gracias a la ventana del sistema ADUO.
Y digo presuntamente porque de Aston Martin ya resulta muy difícil creerse algo. Llevan años anunciando el nuevo túnel de viento, la nueva fábrica, el nuevo simulador, la llegada de Adrian Newey… pero hasta ahora nada ha funcionado. Después del desastre ahora nos citan para después del verano. Es una huida hacia delante, una prueba de fe, una maniobra evasiva, un regate a la decepción. Me gustaría creer, quiero creer, pero quizá sea ya demasiado tarde.
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