Hay lugares donde el toreo parece encajar de manera natural en el paisaje. Sanlúcar de Barrameda es uno de ellos. Allí donde el Guadalquivir se entrega definitivamente al Atlántico, frente a las arenas infinitas de Doñana y bajo esa luz cambiante que mezcla río, mar y cielo, el toreo adquiere una dimensión distinta. Más pausada. Más armónica. Más cercana a la belleza que al estruendo. Como si el compás de las mareas marcase también el ritmo del toreo. Por eso quizá no resulte extraño que Pablo Aguado encuentre siempre en Sanlúcar una plaza especialmente propicia para expresar su concepto . Porque esta tierra forma parte desde hace años de su vida cotidiana. Aquí entrena con frecuencia, aquí ha pasado largas temporadas preparando compromisos importantes y aquí ha encontrado el refugio perfecto para desarrollar ese toreo sereno y pausado que le caracteriza. Sanlúcar se ha convertido con el paso del tiempo en una auténtica segunda casa para el sevillano . Y el cariño que recibe cada vez que cruza a la tierra de Bonanza tiene mucho que ver con esa relación construida lejos de los focos, entre tentaderos, jornadas de campo y mañanas de preparación junto a la desembocadura del Guadalquivir.Su forma de interpretar el toreo guarda además muchas similitudes con esta tierra. Con la elegancia silenciosa de Doñana. Con la lentitud con la que el río busca el océano. Con ese señorío discreto que distingue a la ciudad de la Manzanilla. Hay toreros que necesitan plazas de ruido. Aguado parece sentirse más cómodo en escenarios donde todavía entre el murmullo del pueblo se escucha el silencio .La Feria de la Manzanilla volvió a vivir este domingo una de esas tardes llamadas a permanecer en la memoria colectiva. El coso de El Pino colgó el cartel de «No hay billetes», algo que no sucedía desde 2022 , y presentó una imagen espectacular mucho antes de comenzar el festejo. La expectación era enorme y la respuesta de los aficionados estuvo a la altura de la ocasión. Sanlúcar quería toros y Sanlúcar respondió llenando hasta el último asiento de una plaza convertida durante unas horas en el auténtico centro neurálgico de la provincia gaditana.También ayudó el argumento ganadero. La corrida de Toros del Torero llegó a Sanlúcar con una presentación seria pero sin excesos , armónica, bien hecha y muy en el tipo de la casa. Un encierro de caras agradables, ofensivo donde debía serlo y perfectamente ajustado a la categoría de la plaza. Sobre todo, una corrida con movilidad, interés y varios toros de nota que permitieron el triunfo de los toreros. Entre todos sobresalió «Buhonero» , el cuarto de la tarde, premiado con la vuelta al ruedo después de una actuación sobresaliente y convertido en uno de los nombres propios de esta Feria de la Manzanilla.La tarde tuvo además todos los ingredientes de una gran jornada taurina. El calor propio del mes de junio, la música, el ambiente de feria y el Himno Nacional sonando antes de romper el paseíllo terminaron de dibujar una estampa que recordó a las grandes tardes de la historia reciente del coso sanluqueño. El resultado final fue rotundo: nueve orejas repartidas y tres matadores saliendo a hombros por la Puerta Grande . Pero por encima de la estadística quedó la sensación de que el toreo de mayor profundidad, el de más aroma y el de mayor naturalidad llevó la firma de Pablo Aguado.El sevillano abrió su actuación con un recibo a la verónica de enorme suavidad. Desde el primer lance quedó claro que se encontraba a gusto. Su primero tuvo movilidad, aunque también ciertas complicaciones y tendencia a quedarse corto. Aguado nunca perdió la calma. Comenzó a construir la faena a base de temple, dejando correr la embestida y ligando los muletazos con una facilidad aparente que sólo poseen los elegidos . Una tanda de derechazos rematada con un precioso cambio de mano y un molinete para quedarse colocado marcó el rumbo de una obra que fue creciendo conforme avanzaban los minutos.Pablo Aguado volvió a dejar toques de su genialidad en la Feria de la Manzanilla. Paco MartínPor el pitón izquierdo el toro empezó a acortar su recorrido. Allí apareció la inteligencia del torero. Aguado midió perfectamente los tiempos, dio distancia cuando era necesario y acortó cuando el animal lo pedía . Los naturales surgieron con limpieza y cadencia antes de regresar a la mano derecha para terminar de redondear una faena maciza, construida desde el gobierno y el conocimiento. Tras un pinchazo previo, dejó una estocada efectiva que le aseguró las dos orejas.El sexto fue brindado a Almudena Martínez , presidenta de la Diputación de Cádiz. El inicio por bajo para llevar al toro a los medios tuvo ya aroma de gran faena. Después llegaron los derechazos largos y acompasados, un cambio de mano de cartel y una sucesión de muletazos que hicieron sonar la música y pusieron a disfrutar a los tendidos.Había momentos en los que, más que torear, parecía mecer la embestida. Como si quisiera acompasarla al discurrir lento del Guadalquivir camino de Bonanza. Aguado no obligaba al toro. Lo convencía. No aceleraba la faena. La dejaba respirar. La faena atravesó también instantes de dificultad. El viento apareció por momentos y el toro comenzó a quedarse corto por el pitón izquierdo. Incluso llegó a comprometer la colocación del sevillano. Sin embargo, Aguado mantuvo siempre el gobierno de la situación. Volvió a la derecha, recuperó el mando y construyó los momentos de mayor emoción del festejo. Hubo naturalidad, elegancia, temple y una sensación constante de que todo ocurría despacio. Los tendidos acabaron puestos en pie antes incluso de entrar a matar. La estocada , ligeramente trasera, fue suficiente para cortar otras dos orejas y convertirse en el gran nombre propio de la tarde .También tuvo una actuación importante Alejandro Talavante . El extremeño se encontró en primer lugar con un toro de escasas opciones, parado y sin recorrido, que apenas le permitió mostrar nada más allá de su disposición. La historia cambió radicalmente con el cuarto.«Buhonero», uno de los toros seleccionados en el campo para completar el envío definitivo a Sanlúcar, terminó siendo el gran protagonista ganadero de la tarde. Sin destacar especialmente en los primeros tercios, el animal sacó en la muleta las virtudes que permitieron a Talavante construir una faena de gran conexión con los tendidos. El solo de Nerva terminó de envolver una obra que creció hasta las bernardinas finales y que fue premiada con dos orejas. A la conclusión de la lidia, el presidente concedió la vuelta al ruedo al toro , una decisión recibida con agrado por la plaza, aunque sin que hubiera existido una petición especialmente intensa desde los tendidos.Roca Rey completó la terna triunfadora . Su primero presentó dificultades desde el comienzo. Un animal sin humillación, de embestida incómoda y escasa transmisión. El peruano tuvo que recurrir a la firmeza y a la capacidad de imponerse que le han convertido en figura. La faena tuvo más mérito que brillantez, pero una buena estocada le abrió la puerta de una oreja.El quinto permitió una actuación mucho más lucida. Tras un complicado tercio de banderillas, Roca Rey comenzó ayudando al toro y llevándolo poco a poco hacia adelante. Sonó la música y llegaron las tandas ligadas sobre la mano derecha. Cuando el animal empezó a acortar su recorrido, el peruano apostó por las cercanías, por el valor y por una conexión directa con el tendido que terminó por encender la plaza. Los circulares por la espalda y el arrimón final pusieron a hervir El Pino antes de una estocada baja que no impidió la concesión de dos nuevas orejas.La triple Puerta Grande terminó siendo el reflejo de una tarde completa . Talavante encontró inspiración y un toro excepcional con el que alcanzar los momentos más rotundos de su actuación. Roca Rey volvió a demostrar esa capacidad única para encender las plazas y conectar con el gran público incluso cuando las condiciones no resultan sencillas. Y Aguado dejó el toreo de mayor aroma , el que permanece en la memoria cuando se apagan los ecos de la música y desaparece el brillo de los trofeos.Feria de la Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda Plaza de Toros de El Pino (Sanlúcar de Barrameda). Domingo, 7 de junio de 2026. Lleno de «No hay billetes». Tarde calurosa. Toros de Toros del Torero, bien presentados, armónicos y de agradables hechuras. De juego desigual. Destacó el 4º, «Buhonero», premiado con la vuelta al ruedo. Alejandro Talavante, de nazareno y oro: estocada y descabello (silencio); estocada trasera (dos orejas). Andrés Roca Rey, de purísima y oro: estocada (oreja); aviso antes de una estocada baja (dos orejas). Pablo Aguado, de azul noche y plata: pinchazo y estocada (dos orejas); estocada ligeramente trasera (dos orejas). Incidencias: Sonó el himno nacional antes de romper el paseíllo. Al finalizar el festejo, Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado salieron a hombros por la Puerta Grande.La Feria de la Manzanilla tuvo así el final soñado . Plaza llena, triunfo ganadero, tres Puertas Grandes y una afición feliz. Una de esas tardes que explican por qué Sanlúcar sigue siendo una de las plazas con más personalidad del calendario taurino andaluz.Porque en Sanlúcar, donde lleva años entrenando, viviendo el campo y preparando muchas de sus temporadas, Pablo Aguado volvió a sentirse en casa. Hay lugares donde el toreo parece encajar de manera natural en el paisaje. Sanlúcar de Barrameda es uno de ellos. Allí donde el Guadalquivir se entrega definitivamente al Atlántico, frente a las arenas infinitas de Doñana y bajo esa luz cambiante que mezcla río, mar y cielo, el toreo adquiere una dimensión distinta. Más pausada. Más armónica. Más cercana a la belleza que al estruendo. Como si el compás de las mareas marcase también el ritmo del toreo. Por eso quizá no resulte extraño que Pablo Aguado encuentre siempre en Sanlúcar una plaza especialmente propicia para expresar su concepto . Porque esta tierra forma parte desde hace años de su vida cotidiana. Aquí entrena con frecuencia, aquí ha pasado largas temporadas preparando compromisos importantes y aquí ha encontrado el refugio perfecto para desarrollar ese toreo sereno y pausado que le caracteriza. Sanlúcar se ha convertido con el paso del tiempo en una auténtica segunda casa para el sevillano . Y el cariño que recibe cada vez que cruza a la tierra de Bonanza tiene mucho que ver con esa relación construida lejos de los focos, entre tentaderos, jornadas de campo y mañanas de preparación junto a la desembocadura del Guadalquivir.Su forma de interpretar el toreo guarda además muchas similitudes con esta tierra. Con la elegancia silenciosa de Doñana. Con la lentitud con la que el río busca el océano. Con ese señorío discreto que distingue a la ciudad de la Manzanilla. Hay toreros que necesitan plazas de ruido. Aguado parece sentirse más cómodo en escenarios donde todavía entre el murmullo del pueblo se escucha el silencio .La Feria de la Manzanilla volvió a vivir este domingo una de esas tardes llamadas a permanecer en la memoria colectiva. El coso de El Pino colgó el cartel de «No hay billetes», algo que no sucedía desde 2022 , y presentó una imagen espectacular mucho antes de comenzar el festejo. La expectación era enorme y la respuesta de los aficionados estuvo a la altura de la ocasión. Sanlúcar quería toros y Sanlúcar respondió llenando hasta el último asiento de una plaza convertida durante unas horas en el auténtico centro neurálgico de la provincia gaditana.También ayudó el argumento ganadero. La corrida de Toros del Torero llegó a Sanlúcar con una presentación seria pero sin excesos , armónica, bien hecha y muy en el tipo de la casa. Un encierro de caras agradables, ofensivo donde debía serlo y perfectamente ajustado a la categoría de la plaza. Sobre todo, una corrida con movilidad, interés y varios toros de nota que permitieron el triunfo de los toreros. Entre todos sobresalió «Buhonero» , el cuarto de la tarde, premiado con la vuelta al ruedo después de una actuación sobresaliente y convertido en uno de los nombres propios de esta Feria de la Manzanilla.La tarde tuvo además todos los ingredientes de una gran jornada taurina. El calor propio del mes de junio, la música, el ambiente de feria y el Himno Nacional sonando antes de romper el paseíllo terminaron de dibujar una estampa que recordó a las grandes tardes de la historia reciente del coso sanluqueño. El resultado final fue rotundo: nueve orejas repartidas y tres matadores saliendo a hombros por la Puerta Grande . Pero por encima de la estadística quedó la sensación de que el toreo de mayor profundidad, el de más aroma y el de mayor naturalidad llevó la firma de Pablo Aguado.El sevillano abrió su actuación con un recibo a la verónica de enorme suavidad. Desde el primer lance quedó claro que se encontraba a gusto. Su primero tuvo movilidad, aunque también ciertas complicaciones y tendencia a quedarse corto. Aguado nunca perdió la calma. Comenzó a construir la faena a base de temple, dejando correr la embestida y ligando los muletazos con una facilidad aparente que sólo poseen los elegidos . Una tanda de derechazos rematada con un precioso cambio de mano y un molinete para quedarse colocado marcó el rumbo de una obra que fue creciendo conforme avanzaban los minutos.Pablo Aguado volvió a dejar toques de su genialidad en la Feria de la Manzanilla. Paco MartínPor el pitón izquierdo el toro empezó a acortar su recorrido. Allí apareció la inteligencia del torero. Aguado midió perfectamente los tiempos, dio distancia cuando era necesario y acortó cuando el animal lo pedía . Los naturales surgieron con limpieza y cadencia antes de regresar a la mano derecha para terminar de redondear una faena maciza, construida desde el gobierno y el conocimiento. Tras un pinchazo previo, dejó una estocada efectiva que le aseguró las dos orejas.El sexto fue brindado a Almudena Martínez , presidenta de la Diputación de Cádiz. El inicio por bajo para llevar al toro a los medios tuvo ya aroma de gran faena. Después llegaron los derechazos largos y acompasados, un cambio de mano de cartel y una sucesión de muletazos que hicieron sonar la música y pusieron a disfrutar a los tendidos.Había momentos en los que, más que torear, parecía mecer la embestida. Como si quisiera acompasarla al discurrir lento del Guadalquivir camino de Bonanza. Aguado no obligaba al toro. Lo convencía. No aceleraba la faena. La dejaba respirar. La faena atravesó también instantes de dificultad. El viento apareció por momentos y el toro comenzó a quedarse corto por el pitón izquierdo. Incluso llegó a comprometer la colocación del sevillano. Sin embargo, Aguado mantuvo siempre el gobierno de la situación. Volvió a la derecha, recuperó el mando y construyó los momentos de mayor emoción del festejo. Hubo naturalidad, elegancia, temple y una sensación constante de que todo ocurría despacio. Los tendidos acabaron puestos en pie antes incluso de entrar a matar. La estocada , ligeramente trasera, fue suficiente para cortar otras dos orejas y convertirse en el gran nombre propio de la tarde .También tuvo una actuación importante Alejandro Talavante . El extremeño se encontró en primer lugar con un toro de escasas opciones, parado y sin recorrido, que apenas le permitió mostrar nada más allá de su disposición. La historia cambió radicalmente con el cuarto.«Buhonero», uno de los toros seleccionados en el campo para completar el envío definitivo a Sanlúcar, terminó siendo el gran protagonista ganadero de la tarde. Sin destacar especialmente en los primeros tercios, el animal sacó en la muleta las virtudes que permitieron a Talavante construir una faena de gran conexión con los tendidos. El solo de Nerva terminó de envolver una obra que creció hasta las bernardinas finales y que fue premiada con dos orejas. A la conclusión de la lidia, el presidente concedió la vuelta al ruedo al toro , una decisión recibida con agrado por la plaza, aunque sin que hubiera existido una petición especialmente intensa desde los tendidos.Roca Rey completó la terna triunfadora . Su primero presentó dificultades desde el comienzo. Un animal sin humillación, de embestida incómoda y escasa transmisión. El peruano tuvo que recurrir a la firmeza y a la capacidad de imponerse que le han convertido en figura. La faena tuvo más mérito que brillantez, pero una buena estocada le abrió la puerta de una oreja.El quinto permitió una actuación mucho más lucida. Tras un complicado tercio de banderillas, Roca Rey comenzó ayudando al toro y llevándolo poco a poco hacia adelante. Sonó la música y llegaron las tandas ligadas sobre la mano derecha. Cuando el animal empezó a acortar su recorrido, el peruano apostó por las cercanías, por el valor y por una conexión directa con el tendido que terminó por encender la plaza. Los circulares por la espalda y el arrimón final pusieron a hervir El Pino antes de una estocada baja que no impidió la concesión de dos nuevas orejas.La triple Puerta Grande terminó siendo el reflejo de una tarde completa . Talavante encontró inspiración y un toro excepcional con el que alcanzar los momentos más rotundos de su actuación. Roca Rey volvió a demostrar esa capacidad única para encender las plazas y conectar con el gran público incluso cuando las condiciones no resultan sencillas. Y Aguado dejó el toreo de mayor aroma , el que permanece en la memoria cuando se apagan los ecos de la música y desaparece el brillo de los trofeos.Feria de la Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda Plaza de Toros de El Pino (Sanlúcar de Barrameda). Domingo, 7 de junio de 2026. Lleno de «No hay billetes». Tarde calurosa. Toros de Toros del Torero, bien presentados, armónicos y de agradables hechuras. De juego desigual. Destacó el 4º, «Buhonero», premiado con la vuelta al ruedo. Alejandro Talavante, de nazareno y oro: estocada y descabello (silencio); estocada trasera (dos orejas). Andrés Roca Rey, de purísima y oro: estocada (oreja); aviso antes de una estocada baja (dos orejas). Pablo Aguado, de azul noche y plata: pinchazo y estocada (dos orejas); estocada ligeramente trasera (dos orejas). Incidencias: Sonó el himno nacional antes de romper el paseíllo. Al finalizar el festejo, Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado salieron a hombros por la Puerta Grande.La Feria de la Manzanilla tuvo así el final soñado . Plaza llena, triunfo ganadero, tres Puertas Grandes y una afición feliz. Una de esas tardes que explican por qué Sanlúcar sigue siendo una de las plazas con más personalidad del calendario taurino andaluz.Porque en Sanlúcar, donde lleva años entrenando, viviendo el campo y preparando muchas de sus temporadas, Pablo Aguado volvió a sentirse en casa. RSS de noticias de cultura
Hay lugares donde el toreo parece encajar de manera natural en el paisaje. Sanlúcar de Barrameda es uno de ellos. Allí donde el Guadalquivir se entrega definitivamente al Atlántico, frente a las arenas infinitas de Doñana y bajo esa luz cambiante que mezcla río, mar … y cielo, el toreo adquiere una dimensión distinta. Más pausada. Más armónica. Más cercana a la belleza que al estruendo. Como si el compás de las mareas marcase también el ritmo del toreo.
Por eso quizá no resulte extraño que Pablo Aguado encuentre siempre en Sanlúcar una plaza especialmente propicia para expresar su concepto. Porque esta tierra forma parte desde hace años de su vida cotidiana. Aquí entrena con frecuencia, aquí ha pasado largas temporadas preparando compromisos importantes y aquí ha encontrado el refugio perfecto para desarrollar ese toreo sereno y pausado que le caracteriza. Sanlúcar se ha convertido con el paso del tiempo en una auténtica segunda casa para el sevillano. Y el cariño que recibe cada vez que cruza a la tierra de Bonanza tiene mucho que ver con esa relación construida lejos de los focos, entre tentaderos, jornadas de campo y mañanas de preparación junto a la desembocadura del Guadalquivir.
Su forma de interpretar el toreo guarda además muchas similitudes con esta tierra. Con la elegancia silenciosa de Doñana. Con la lentitud con la que el río busca el océano. Con ese señorío discreto que distingue a la ciudad de la Manzanilla. Hay toreros que necesitan plazas de ruido. Aguado parece sentirse más cómodo en escenarios donde todavía entre el murmullo del pueblo se escucha el silencio.
La Feria de la Manzanilla volvió a vivir este domingo una de esas tardes llamadas a permanecer en la memoria colectiva. El coso de El Pino colgó el cartel de «No hay billetes», algo que no sucedía desde 2022, y presentó una imagen espectacular mucho antes de comenzar el festejo. La expectación era enorme y la respuesta de los aficionados estuvo a la altura de la ocasión. Sanlúcar quería toros y Sanlúcar respondió llenando hasta el último asiento de una plaza convertida durante unas horas en el auténtico centro neurálgico de la provincia gaditana.
También ayudó el argumento ganadero. La corrida de Toros del Torero llegó a Sanlúcar con una presentación seria pero sin excesos, armónica, bien hecha y muy en el tipo de la casa. Un encierro de caras agradables, ofensivo donde debía serlo y perfectamente ajustado a la categoría de la plaza. Sobre todo, una corrida con movilidad, interés y varios toros de nota que permitieron el triunfo de los toreros. Entre todos sobresalió «Buhonero», el cuarto de la tarde, premiado con la vuelta al ruedo después de una actuación sobresaliente y convertido en uno de los nombres propios de esta Feria de la Manzanilla.
La tarde tuvo además todos los ingredientes de una gran jornada taurina. El calor propio del mes de junio, la música, el ambiente de feria y el Himno Nacional sonando antes de romper el paseíllo terminaron de dibujar una estampa que recordó a las grandes tardes de la historia reciente del coso sanluqueño. El resultado final fue rotundo: nueve orejas repartidas y tres matadores saliendo a hombros por la Puerta Grande. Pero por encima de la estadística quedó la sensación de que el toreo de mayor profundidad, el de más aroma y el de mayor naturalidad llevó la firma de Pablo Aguado.
El sevillano abrió su actuación con un recibo a la verónica de enorme suavidad. Desde el primer lance quedó claro que se encontraba a gusto. Su primero tuvo movilidad, aunque también ciertas complicaciones y tendencia a quedarse corto. Aguado nunca perdió la calma. Comenzó a construir la faena a base de temple, dejando correr la embestida y ligando los muletazos con una facilidad aparente que sólo poseen los elegidos. Una tanda de derechazos rematada con un precioso cambio de mano y un molinete para quedarse colocado marcó el rumbo de una obra que fue creciendo conforme avanzaban los minutos.

(Paco Martín)
Por el pitón izquierdo el toro empezó a acortar su recorrido. Allí apareció la inteligencia del torero. Aguado midió perfectamente los tiempos, dio distancia cuando era necesario y acortó cuando el animal lo pedía. Los naturales surgieron con limpieza y cadencia antes de regresar a la mano derecha para terminar de redondear una faena maciza, construida desde el gobierno y el conocimiento. Tras un pinchazo previo, dejó una estocada efectiva que le aseguró las dos orejas.
El sexto fue brindado a Almudena Martínez, presidenta de la Diputación de Cádiz. El inicio por bajo para llevar al toro a los medios tuvo ya aroma de gran faena. Después llegaron los derechazos largos y acompasados, un cambio de mano de cartel y una sucesión de muletazos que hicieron sonar la música y pusieron a disfrutar a los tendidos.
Había momentos en los que, más que torear, parecía mecer la embestida. Como si quisiera acompasarla al discurrir lento del Guadalquivir camino de Bonanza. Aguado no obligaba al toro. Lo convencía. No aceleraba la faena. La dejaba respirar.
La faena atravesó también momentos de dificultad. El viento apareció por momentos y el toro comenzó a quedarse corto por el pitón izquierdo. Incluso llegó a comprometer la colocación del sevillano. Sin embargo, Aguado mantuvo siempre el gobierno de la situación. Volvió a la derecha, recuperó el mando y construyó los momentos de mayor emoción del festejo. Hubo naturalidad, elegancia, temple y una sensación constante de que todo ocurría despacio. Los tendidos acabaron puestos en pie antes incluso de entrar a matar. La estocada, ligeramente trasera, fue suficiente para cortar otras dos orejas y convertirse en el gran nombre propio de la tarde.
También tuvo una actuación importante Alejandro Talavante. El extremeño se encontró en primer lugar con un toro de escasas opciones, parado y sin recorrido, que apenas le permitió mostrar nada más allá de su disposición. La historia cambió radicalmente con el cuarto.
«Buhonero», uno de los toros seleccionados en el campo para completar el envío definitivo a Sanlúcar, terminó siendo el gran protagonista ganadero de la tarde. Sin destacar especialmente en los primeros tercios, el animal sacó en la muleta las virtudes que permitieron a Talavante construir una faena de gran conexión con los tendidos. El solo de Nerva terminó de envolver una obra que creció hasta las bernardinas finales y que fue premiada con dos orejas. A la conclusión de la lidia, el presidente concedió la vuelta al ruedo al toro, una decisión recibida con agrado por la plaza, aunque sin que hubiera existido una petición especialmente intensa desde los tendidos.
Roca Rey completó la terna triunfadora. Su primero presentó dificultades desde el comienzo. Un animal sin humillación, de embestida incómoda y escasa transmisión. El peruano tuvo que recurrir a la firmeza y a la capacidad de imponerse que le han convertido en figura. La faena tuvo más mérito que brillantez, pero una buena estocada le abrió la puerta de una oreja.
El quinto permitió una actuación mucho más lucida. Tras un complicado tercio de banderillas, Roca Rey comenzó ayudando al toro y llevándolo poco a poco hacia adelante. Sonó la música y llegaron las tandas ligadas sobre la mano derecha. Cuando el animal empezó a acortar su recorrido, el peruano apostó por las cercanías, por el valor y por una conexión directa con el tendido que terminó por encender la plaza. Los circulares por la espalda y el arrimón final pusieron a hervir El Pino antes de una estocada baja que no impidió la concesión de dos nuevas orejas.
La triple Puerta Grande terminó siendo el reflejo de una tarde completa. Talavante encontró inspiración y un toro excepcional con el que alcanzar los momentos más rotundos de su actuación. Roca Rey volvió a demostrar esa capacidad única para encender las plazas y conectar con el gran público incluso cuando las condiciones no resultan sencillas. Y Aguado dejó el toreo de mayor aroma, el que permanece en la memoria cuando se apagan los ecos de la música y desaparece el brillo de los trofeos.
Feria de la Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda
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Plaza de Toros de El Pino (Sanlúcar de Barrameda).
Domingo, 7 de junio de 2026. Lleno de «No hay billetes». Tarde calurosa. Toros de Toros del Torero, bien presentados, armónicos y de agradables hechuras. De juego desigual. Destacó el 4º, «Buhonero», premiado con la vuelta al ruedo.
Alejandro Talavante,de nazareno y oro: estocada y descabello (silencio); estocada trasera (dos orejas).-
Andrés Roca Rey,
de purísima y oro: estocada (oreja); aviso antes de una estocada baja (dos orejas). -
Pablo Aguado,
de azul noche y plata: pinchazo y estocada (dos orejas); estocada ligeramente trasera (dos orejas). -
Incidencias:
Sonó el himno nacional antes de romper el paseíllo. Al finalizar el festejo, Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado salieron a hombros por la Puerta Grande.
La Feria de la Manzanilla tuvo así el final soñado. Plaza llena, triunfo ganadero, tres Puertas Grandes y una afición feliz. Una de esas tardes que explican por qué Sanlúcar sigue siendo una de las plazas con más personalidad del calendario taurino andaluz.
Porque en Sanlúcar, donde lleva años entrenando, viviendo el campo y preparando muchas de sus temporadas, Pablo Aguado volvió a sentirse en casa.
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