La jovencísima y menuda figura de Marco Pérez vino a confirmar la alternativa que tomó hace unos meses en la plaza francesa de Nimes. Y a Marco lo esperaban con la escopeta cargada los tendidos más intransigentes de Las Ventas . Desde que se abrió de capote no le pasaron ni una, y eso que el primero de Victoriano del Río, Despreciado, un castaño de 575 kilos, con los cinco años recién cumplidos, lucía una imponente encarnadura, para acallar a cualquiera. No se callaron, al contrario. Tan solo lo dejaron tranquilo en un vistoso y variado quite y durante la ceremonia de la confirmación. De poco sirvió que le diera las ventajas en el cite de largo puesto con la izquierda a las primeras de cambio. Los pitos, las palmas de tango, tuvieron que hacer mella en el chaval que lo intentó con una y otra mano entre la aprobación de los más. Con todo, la faena no alcanzó el nivel que propiciaban las buenas embestidas. Para colmo, la estocada no cayó arriba y las protestas se recrudecieron, así hasta que los de enfrente arreciaron en una ovación y allí las opiniones se dividieron con fuerza en uno y otro sentido. El chaval quiso plantar cara y no escurrir el bulto y salió a saludar a los que tenía a favor, que los otros ya se dejaban oír por sí solos.A partir de ese momento se vivió un ambiente de total polarización. Muchos de los del seis y el siete seguían con su intransigencia en denunciar la colocación de los toreros. Le pitaron a Emilio de Justo y también a Víctor Hernández. A la mínima que un tiralíneas pudiera significar el mínimo desplazamiento hacia derechas o izquierdas, los pitos sonaban como música de fondo.Bien es verdad, que Emilio de Justo no tuvo en este otoño madrileño su mejor día. Anduvo sin pena ni gloria con el segundo, que metía bien la cabeza y acabó rajado. Unas tandas más ceñidas que otras, unas más protestadas, otra menos, pero el conjunto lejos de sorprender resultó algo espeso. Y en el mismo tono en el cuarto, que quería coger la muleta en los primeros compases de la faena, ora De Justo más ligero, ora más ajustado. Con la mano izquierda no hubo ajuste y se lo recriminaron, ya cuando el toro se fue parando. Y como la cosa a espadas no fue brillante con ninguno de los dos, el silencio acompañó al extremeño.Tampoco hubo excelencias por parte del madrileño Víctor Hernández, que pasó como de puntillas en una tarde a contraestilo. No se libró de las llamadas de atención cuando la figura se antojaba al hilo, y así discurrió la faena al tercero en la que no hubo entendimiento, y también con el quinto, de embestida sosota, sin empuje. Se empeñó en este en torear al natural y se metió entre los pitones para acabar por ajustadas manoletinas. Pero ni el toro estaba para fiestas ni Hernández despertó unos tendidos que llevaban a cuestas una tarde que ya pesaba demasiado.Feria de Otoño Plaza de toros Monumental de Las Ventas Sábado 3 de octubre de 2026. Lleno de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río, serios, todos cinqueños, a menos. Destacó el buen primero. Emilio de Justo, de marino y oro. Estocada contraria y descabello. Aviso (silencio). Pinchazo y estocada baja (silencio). Víctor Hernández, de rioja y oro. Pinchazo, estocada que asoma y estocada corta. Aviso (silencio). Estocada y tres descabellos (silencio). Marco Pérez, de fucsia y oro, que confirmaba la alternativa. Estocada desprendida (división de opiniones). Pinchazo y estocada (silencio).Llegamos al sexto, y las exigencias del seis y del siete volvieron, y con fuerza. El toro resultó violento en sus embestidas, soltando mucho la cara, sin fijeza en los engaños, y Marco salió a no dejarse nada, a que nada pudieran recriminarle. Una larga cambiada de rodillas con el capote y decisión encorajinada con la muleta. Con una y otra mano estuvo en demasiadas ocasiones a merced del complicado de Victoriano. Los pitos, las palmas a destiempo, el contarle los muletazos, las voces insolentes. Y enfrente, la reacción de los que veían al chaval cogido en cualquier giro de los pitones, que volaban como una devanadera. Se justificó el salmanatino cuyo único pecado es ser un joven y esperanzador matador de toros, que en su primer año de alternativa se ha visto anunciado, y triunfado, en las ferias.Su menuda figura despertó las peores iras de Las Ventas en una tarde crucial para su carrera y que resultó totalmente mediatizada en su resultado, con una exigencia que en muchas ocasiones no se les aplica ni a las máximas figura del toreo. La jovencísima y menuda figura de Marco Pérez vino a confirmar la alternativa que tomó hace unos meses en la plaza francesa de Nimes. Y a Marco lo esperaban con la escopeta cargada los tendidos más intransigentes de Las Ventas . Desde que se abrió de capote no le pasaron ni una, y eso que el primero de Victoriano del Río, Despreciado, un castaño de 575 kilos, con los cinco años recién cumplidos, lucía una imponente encarnadura, para acallar a cualquiera. No se callaron, al contrario. Tan solo lo dejaron tranquilo en un vistoso y variado quite y durante la ceremonia de la confirmación. De poco sirvió que le diera las ventajas en el cite de largo puesto con la izquierda a las primeras de cambio. Los pitos, las palmas de tango, tuvieron que hacer mella en el chaval que lo intentó con una y otra mano entre la aprobación de los más. Con todo, la faena no alcanzó el nivel que propiciaban las buenas embestidas. Para colmo, la estocada no cayó arriba y las protestas se recrudecieron, así hasta que los de enfrente arreciaron en una ovación y allí las opiniones se dividieron con fuerza en uno y otro sentido. El chaval quiso plantar cara y no escurrir el bulto y salió a saludar a los que tenía a favor, que los otros ya se dejaban oír por sí solos.A partir de ese momento se vivió un ambiente de total polarización. Muchos de los del seis y el siete seguían con su intransigencia en denunciar la colocación de los toreros. Le pitaron a Emilio de Justo y también a Víctor Hernández. A la mínima que un tiralíneas pudiera significar el mínimo desplazamiento hacia derechas o izquierdas, los pitos sonaban como música de fondo.Bien es verdad, que Emilio de Justo no tuvo en este otoño madrileño su mejor día. Anduvo sin pena ni gloria con el segundo, que metía bien la cabeza y acabó rajado. Unas tandas más ceñidas que otras, unas más protestadas, otra menos, pero el conjunto lejos de sorprender resultó algo espeso. Y en el mismo tono en el cuarto, que quería coger la muleta en los primeros compases de la faena, ora De Justo más ligero, ora más ajustado. Con la mano izquierda no hubo ajuste y se lo recriminaron, ya cuando el toro se fue parando. Y como la cosa a espadas no fue brillante con ninguno de los dos, el silencio acompañó al extremeño.Tampoco hubo excelencias por parte del madrileño Víctor Hernández, que pasó como de puntillas en una tarde a contraestilo. No se libró de las llamadas de atención cuando la figura se antojaba al hilo, y así discurrió la faena al tercero en la que no hubo entendimiento, y también con el quinto, de embestida sosota, sin empuje. Se empeñó en este en torear al natural y se metió entre los pitones para acabar por ajustadas manoletinas. Pero ni el toro estaba para fiestas ni Hernández despertó unos tendidos que llevaban a cuestas una tarde que ya pesaba demasiado.Feria de Otoño Plaza de toros Monumental de Las Ventas Sábado 3 de octubre de 2026. Lleno de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río, serios, todos cinqueños, a menos. Destacó el buen primero. Emilio de Justo, de marino y oro. Estocada contraria y descabello. Aviso (silencio). Pinchazo y estocada baja (silencio). Víctor Hernández, de rioja y oro. Pinchazo, estocada que asoma y estocada corta. Aviso (silencio). Estocada y tres descabellos (silencio). Marco Pérez, de fucsia y oro, que confirmaba la alternativa. Estocada desprendida (división de opiniones). Pinchazo y estocada (silencio).Llegamos al sexto, y las exigencias del seis y del siete volvieron, y con fuerza. El toro resultó violento en sus embestidas, soltando mucho la cara, sin fijeza en los engaños, y Marco salió a no dejarse nada, a que nada pudieran recriminarle. Una larga cambiada de rodillas con el capote y decisión encorajinada con la muleta. Con una y otra mano estuvo en demasiadas ocasiones a merced del complicado de Victoriano. Los pitos, las palmas a destiempo, el contarle los muletazos, las voces insolentes. Y enfrente, la reacción de los que veían al chaval cogido en cualquier giro de los pitones, que volaban como una devanadera. Se justificó el salmanatino cuyo único pecado es ser un joven y esperanzador matador de toros, que en su primer año de alternativa se ha visto anunciado, y triunfado, en las ferias.Su menuda figura despertó las peores iras de Las Ventas en una tarde crucial para su carrera y que resultó totalmente mediatizada en su resultado, con una exigencia que en muchas ocasiones no se les aplica ni a las máximas figura del toreo. RSS de noticias de cultura
La jovencísima y menuda figura de Marco Pérez vino a confirmar la alternativa que tomó hace unos meses en la plaza francesa de Nimes. Y a Marco lo esperaban con la escopeta cargada los tendidos más intransigentes de Las Ventas. Desde que se … abrió de capote no le pasaron ni una, y eso que el primero de Victoriano del Río, Despreciado, un castaño de 575 kilos, con los cinco años recién cumplidos, lucía una imponente encarnadura, para acallar a cualquiera.
No se callaron, al contrario. Tan solo lo dejaron tranquilo en un vistoso y variado quite y durante la ceremonia de la confirmación. De poco sirvió que le diera las ventajas en el cite de largo puesto con la izquierda a las primeras de cambio. Los pitos, las palmas de tango, tuvieron que hacer mella en el chaval que lo intentó con una y otra mano entre la aprobación de los más. Con todo, la faena no alcanzó el nivel que propiciaban las buenas embestidas.
Para colmo, la estocada no cayó arriba y las protestas se recrudecieron, así hasta que los de enfrente arreciaron en una ovación y allí las opiniones se dividieron con fuerza en uno y otro sentido. El chaval quiso plantar cara y no escurrir el bulto y salió a saludar a los que tenía a favor, que los otros ya se dejaban oír por sí solos.
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A partir de ese momento se vivió un ambiente de total polarización. Muchos de los del seis y el siete seguían con su intransigencia en denunciar la colocación de los toreros. Le pitaron a Emilio de Justo y también a Víctor Hernández. A la mínima que un tiralíneas pudiera significar el mínimo desplazamiento hacia derechas o izquierdas, los pitos sonaban como música de fondo.
Bien es verdad, que Emilio de Justo no tuvo en este otoño madrileño su mejor día. Anduvo sin pena ni gloria con el segundo, que metía bien la cabeza y acabó rajado. Unas tandas más ceñidas que otras, unas más protestadas, otra menos, pero el conjunto lejos de sorprender resultó algo espeso. Y en el mismo tono en el cuarto, que quería coger la muleta en los primeros compases de la faena, ora De Justo más ligero, ora más ajustado. Con la mano izquierda no hubo ajuste y se lo recriminaron, ya cuando el toro se fue parando. Y como la cosa a espadas no fue brillante con ninguno de los dos, el silencio acompañó al extremeño.
Tampoco hubo excelencias por parte del madrileño Víctor Hernández, que pasó como de puntillas en una tarde a contraestilo. No se libró de las llamadas de atención cuando la figura se antojaba al hilo, y así discurrió la faena al tercero en la que no hubo entendimiento, y también con el quinto, de embestida sosota, sin empuje. Se empeñó en este en torear al natural y se metió entre los pitones para acabar por ajustadas manoletinas. Pero ni el toro estaba para fiestas ni Hernández despertó unos tendidos que llevaban a cuestas una tarde que ya pesaba demasiado.
Feria de Otoño
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Plaza de toros Monumental de Las Ventas
Sábado 3 de octubre de 2026. Lleno de «No hay billetes». Toros de Victoriano del Río, serios, todos cinqueños, a menos. Destacó el buen primero.
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Emilio de Justo,
de marino y oro. Estocada contraria y descabello. Aviso (silencio). Pinchazo y estocada baja (silencio). -
Víctor Hernández,
de rioja y oro. Pinchazo, estocada que asoma y estocada corta. Aviso (silencio). Estocada y tres descabellos (silencio). -
Marco Pérez,
de fucsia y oro, que confirmaba la alternativa. Estocada desprendida (división de opiniones). Pinchazo y estocada (silencio).
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Llegamos al sexto, y las exigencias del seis y del siete volvieron, y con fuerza. El toro resultó violento en sus embestidas, soltando mucho la cara, sin fijeza en los engaños, y Marco salió a no dejarse nada, a que nada pudieran recriminarle. Una larga cambiada de rodillas con el capote y decisión encorajinada con la muleta. Con una y otra mano estuvo en demasiadas ocasiones a merced del complicado de Victoriano. Los pitos, las palmas a destiempo, el contarle los muletazos, las voces insolentes. Y enfrente, la reacción de los que veían al chaval cogido en cualquier giro de los pitones, que volaban como una devanadera. Se justificó el salmanatino cuyo único pecado es ser un joven y esperanzador matador de toros, que en su primer año de alternativa se ha visto anunciado, y triunfado, en las ferias.
Su menuda figura despertó las peores iras de Las Ventas en una tarde crucial para su carrera y que resultó totalmente mediatizada en su resultado, con una exigencia que en muchas ocasiones no se les aplica ni a las máximas figura del toreo.
