Zapatero y la botica de Saltillo

Trajeron nueve toros y siete pasaron el primer reconocimiento, pero el 33 y el 34 salieron corneados tras librar una guerra privada. Hubo que remendar el encierro de Saltillo con uno de Couto de Fornilhos, un intruso de distinta divisa que entró en la plaza como quien entra en territorio enemigo. Era este quinto toro portugués un viejo conocido de los corrales, un manso de solemnidad en el que Vicente Herrera expuso con oficio para evitar que fuese al caballo que guarda puerta. Aunque en el peto de Ney Zambrano acabaría tras huir como alma que lleva el diablo al sentir la puya de Daniel López. Cómo arrollaba en los capotes Aposentado, el primero en abrir la boca. Porque los de Saltillo la mantenían cerrada. Hubiesen firmado los toreros para que la corrida saliera como el primero, agradecido a la extraordinaria brega de Iván García. Qué gran tarde echaron las cuadrillas, que no pase una línea más sin decirlo, pero lo del madrileño era de una dimensión superlativa. Caramelo, alto y estrechote, transmitió desde la primera serie, incluso descolgando. Claudicó en algún muletazo, pero, oiga, ni una palma de tango sonó. José Carlos Venegas estructuró una buena faena y dejó pasajes con su aquel, como aquella trinchera o esos templados derechazos. Menos claro era por el zurdo, por donde tragó y Madrid se lo cantó. Cosechó los únicos saludos de la tarde. Noticia relacionada general No No San Isidro La emoción de Saltillo vuelve a Las Ventas Alicia P. VelardeY eso que hubo un lote con posibilidades de triunfo. Cayó en manos de Juan de Castilla, que acusó su gravísimo percance invernal. A punto de capote había cerrado Marcos Prieto al más guapo tercero, que se movía y repetía con fijeza. Sin ser ningún dechado de clase, servía para esta plaza; sin embargo, no surgió el acople necesario y la gente se impacientó. «¿Y Zapatero qué?», se preguntaron a voz en grito. A coro las risas de los aficionados, que empezaron a hablar de política, trena y otros chascarrillos. En todo lo alto enterró la mejor estocada el colombiano. taurina_0639Buen son tenía el sexto, bien picado por Teo Caballero y humillador en la lidia de Cervantes. Se dobló De Castilla en el prólogo para tomar inmediatamente la izquierda, por donde se comía las telas el encastado y pegajoso animal, sin que Juan terminase de coger el ritmo. En el cambio a la mano de la cuchara exigía dejarle la muleta puesta y dispuesta, lo que no siempre sucedió. Su esfuerzo no bastó y el público se decantó por el toro, al que le costó dar muerte. No todo fueron Caramelos ni Melosos. Hubo un cuarto, Asturiano de nombre, que llevaba tatuado en la piel «soy un cabrón con pintas». Abierto de cara y con dos alfileres, se llevó prendido el capote de Venegas. Ni para remendarlo quedó. Empujó en la primera vara de Majada el saltillo con bautismo del norte, pendiente de todo, con peligro: cómo se la jugó la cuadrilla con los palos. Qué disparo tenía el cárdeno, de los que desarrollan sentido y cortan la respiración. Hasta cuando lo arrastraban imponía respeto.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécima corrida. 17.687 espectadores. Toros de Saltillo y Couto de Fornilhos (5º), cinqueños salvo el 2º, variados; mejores 1º, 3º y 6º, muy duro y peligroso el 4º. José Carlos Venegas, de blanco y oro: estocada corta tendida (saludos); estocada corta tendida y descabello (silencio), Juan Leal, de celeste y oro:estocada corta desprendida y tendida (silencio); estocada trasera tendida (silencio). Juan de Castilla, de nazareno y oro: estocada (silencio tras aviso); estocada atravesada que escupe, cuatro pinchazos y media (silencio tras aviso).Ligeros pititos cuando apareció el único cuatreño, el terciadito segundo; con otro hierro, la bronca hubiese estallado. En cambio, con quien la tomaron fue con Juan Leal, al que, más que medir, increparon. Y el francés anduvo francamente bien, aunque Madrid -que afeó hasta que sus subalternos hicieran su trabajo al cambiar el toro al burladero de areneros- no se lo reconociera. Enorme mérito citar en la distancia kilométrica con el pase cambiado por la espalda. Generoso, aprovechó la inercia de Jabalino, que salía con la cara a media altura, pasando sin más, bobalicón de cara a la galería, pero sabiendo lo que dejaba detrás. Muy decidido anduvo a izquierdas, por donde parecía querer humillar, aunque su falta de casta hizo que huyera de su sombra. La antítesis de la bravura. Fue de Leal el lote más deslucido, pues el ya mencionado de Couto fue por dentro tan feo como por fuera: manseó, arrolló y se venció. Buena la imagen del rubio francés, que participó en quites como sus compañeros en una corrida en la que hubo de todo. Como en botica. Trajeron nueve toros y siete pasaron el primer reconocimiento, pero el 33 y el 34 salieron corneados tras librar una guerra privada. Hubo que remendar el encierro de Saltillo con uno de Couto de Fornilhos, un intruso de distinta divisa que entró en la plaza como quien entra en territorio enemigo. Era este quinto toro portugués un viejo conocido de los corrales, un manso de solemnidad en el que Vicente Herrera expuso con oficio para evitar que fuese al caballo que guarda puerta. Aunque en el peto de Ney Zambrano acabaría tras huir como alma que lleva el diablo al sentir la puya de Daniel López. Cómo arrollaba en los capotes Aposentado, el primero en abrir la boca. Porque los de Saltillo la mantenían cerrada. Hubiesen firmado los toreros para que la corrida saliera como el primero, agradecido a la extraordinaria brega de Iván García. Qué gran tarde echaron las cuadrillas, que no pase una línea más sin decirlo, pero lo del madrileño era de una dimensión superlativa. Caramelo, alto y estrechote, transmitió desde la primera serie, incluso descolgando. Claudicó en algún muletazo, pero, oiga, ni una palma de tango sonó. José Carlos Venegas estructuró una buena faena y dejó pasajes con su aquel, como aquella trinchera o esos templados derechazos. Menos claro era por el zurdo, por donde tragó y Madrid se lo cantó. Cosechó los únicos saludos de la tarde. Noticia relacionada general No No San Isidro La emoción de Saltillo vuelve a Las Ventas Alicia P. VelardeY eso que hubo un lote con posibilidades de triunfo. Cayó en manos de Juan de Castilla, que acusó su gravísimo percance invernal. A punto de capote había cerrado Marcos Prieto al más guapo tercero, que se movía y repetía con fijeza. Sin ser ningún dechado de clase, servía para esta plaza; sin embargo, no surgió el acople necesario y la gente se impacientó. «¿Y Zapatero qué?», se preguntaron a voz en grito. A coro las risas de los aficionados, que empezaron a hablar de política, trena y otros chascarrillos. En todo lo alto enterró la mejor estocada el colombiano. taurina_0639Buen son tenía el sexto, bien picado por Teo Caballero y humillador en la lidia de Cervantes. Se dobló De Castilla en el prólogo para tomar inmediatamente la izquierda, por donde se comía las telas el encastado y pegajoso animal, sin que Juan terminase de coger el ritmo. En el cambio a la mano de la cuchara exigía dejarle la muleta puesta y dispuesta, lo que no siempre sucedió. Su esfuerzo no bastó y el público se decantó por el toro, al que le costó dar muerte. No todo fueron Caramelos ni Melosos. Hubo un cuarto, Asturiano de nombre, que llevaba tatuado en la piel «soy un cabrón con pintas». Abierto de cara y con dos alfileres, se llevó prendido el capote de Venegas. Ni para remendarlo quedó. Empujó en la primera vara de Majada el saltillo con bautismo del norte, pendiente de todo, con peligro: cómo se la jugó la cuadrilla con los palos. Qué disparo tenía el cárdeno, de los que desarrollan sentido y cortan la respiración. Hasta cuando lo arrastraban imponía respeto.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécima corrida. 17.687 espectadores. Toros de Saltillo y Couto de Fornilhos (5º), cinqueños salvo el 2º, variados; mejores 1º, 3º y 6º, muy duro y peligroso el 4º. José Carlos Venegas, de blanco y oro: estocada corta tendida (saludos); estocada corta tendida y descabello (silencio), Juan Leal, de celeste y oro:estocada corta desprendida y tendida (silencio); estocada trasera tendida (silencio). Juan de Castilla, de nazareno y oro: estocada (silencio tras aviso); estocada atravesada que escupe, cuatro pinchazos y media (silencio tras aviso).Ligeros pititos cuando apareció el único cuatreño, el terciadito segundo; con otro hierro, la bronca hubiese estallado. En cambio, con quien la tomaron fue con Juan Leal, al que, más que medir, increparon. Y el francés anduvo francamente bien, aunque Madrid -que afeó hasta que sus subalternos hicieran su trabajo al cambiar el toro al burladero de areneros- no se lo reconociera. Enorme mérito citar en la distancia kilométrica con el pase cambiado por la espalda. Generoso, aprovechó la inercia de Jabalino, que salía con la cara a media altura, pasando sin más, bobalicón de cara a la galería, pero sabiendo lo que dejaba detrás. Muy decidido anduvo a izquierdas, por donde parecía querer humillar, aunque su falta de casta hizo que huyera de su sombra. La antítesis de la bravura. Fue de Leal el lote más deslucido, pues el ya mencionado de Couto fue por dentro tan feo como por fuera: manseó, arrolló y se venció. Buena la imagen del rubio francés, que participó en quites como sus compañeros en una corrida en la que hubo de todo. Como en botica.  RSS de noticias de cultura

Trajeron nueve toros y siete pasaron el primer reconocimiento, pero el 33 y el 34 salieron corneados tras librar una guerra privada. Hubo que remendar el sexteto de Saltillo con uno de Couto de Fornilhos, un intruso de distinta divisa que entró en la plaza … como quien entra en territorio enemigo. Era este quinto toro portugués un viejo conocido de los corrales, un manso de solemnidad en el que Vicente Herrera expuso con oficio para evitar que fuese al caballo que guarda puerta. Aunque en el peto de Ney Zambrano acabaría tras huir como alma que lleva el diablo al sentir la puya de Daniel López. Cómo arrollaba en los capotes Aposentado, el primero en abrir la boca. Porque los de Saltillo la mantenían cerrada.

 

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