Una granizada obliga a cancelar la tercera etapa a 16 kilómetros de meta

La tercera etapa, entre Gruissan Aude y Font Romeu, fue la NO tercera etapa entre Gruissan Aude y Font Romeu. Una tormenta de granizo a falta de unos 16 kilómetros para la llegada, coronado ya el tendido col de Mont Louis, de 1ª generosamente considerado, obligó a anularla. Primero fue una lluvia ligera, amenazante. Luego un diluvio inclemente. Y, finalmente, bajo un pedrisco que sonaba como balazos contra el asfalto, en un paisaje embozado de gris y sometido a un cielo bajo, la carrera se detuvo y todo el mundo buscó protección donde pudo. Un hotel y unas casas particulares sirvieron de refugio para esta Vuelta que ya tiene uno de esos momentos inolvidables, y no precisamente debidos al ciclismo, por la que será recordada en buena medida. La Naturaleza, ahí arriba, en los Pirineos, a 2.000 metros de altitud, dictó sentencia. No una sentencia deportiva, sino climática. La Naturaleza desatada fue más fuerte que los hombres, impotentes, atemorizados, ante ella.

 La carrera se detuvo a 16 kilómetros de meta y todo el mundo buscó protección donde pudo.  

La tercera etapa, entre Gruissan Aude y Font Romeu, fue la NO tercera etapa entre Gruissan Aude y Font Romeu. Una tormenta de granizo a falta de unos 16 kilómetros para la llegada, coronado ya el tendido col de Mont Louis, de 1ª generosamente considerado, obligó a anularla. Primero fue una lluvia ligera, amenazante. Luego un diluvio inclemente. Y, finalmente, bajo un pedrisco que sonaba como balazos contra el asfalto, en un paisaje embozado de gris y sometido a un cielo bajo, la carrera se detuvo y todo el mundo buscó protección donde pudo. Un hotel y unas casas particulares sirvieron de refugio para esta Vuelta que ya tiene uno de esos momentos inolvidables, y no precisamente debidos al ciclismo, por la que será recordada en buena medida. La Naturaleza, ahí arriba, en los Pirineos, a 2.000 metros de altitud, dictó sentencia. No una sentencia deportiva, sino climática. La Naturaleza desatada fue más fuerte que los hombres, impotentes, atemorizados, ante ella.

Hasta ese momento, la carrera había constado de seis fugados madrugadores: Asbjorn Hellemose (Jayco), Olivier Le Gac (Groupama), Ethan Hayter (Soudal), Magnus Cort (Uno-X), Matts Wenzel (Kern Pharma) y Timo Roosen (Picnic). Detrás, el pelotón comandado siempre, en fila y en bloque, por UAE, pastoreando el rebaño. Nadie movía un dedo ni un pedal. Pogacar quería la etapa y, cuando llegase el momento, cada cual haría lo que pudiera para ratar de evitarlo o para jugar sus propias bazas secundarias.

Pero nadie, incluido Pogacar, pudo nada cuando el superviviente Wenzel y el osado, optimista Fortunato, que había saltado del grupo, coronaron Mont Louis y pensaban dirigirse un poco más arriba, a 370 metros, después de un descenso, hacia Font Romeu con el esloveno y algunos ilustres arañándoles el dorsal. La película de los «maillots» de colores cambió entonces a un predominante blanco y negro. Mejor a un paisaje fundido a gris en un telón y una alfombra blancos. Al gris de la niebla y al blanco del granizo que se precipitaba en tromba desde las alturas invisibles, que habían descendido casi a ras de tierra, y cubría el suelo. La Organización no dudó. Lo paró todo y nada de cuanto había sucedido sirvió para nada, para algo, porque, en el fondo, nada había ocurrido, pendiente la carrera de los últimos kilómetros.

Mañana será otro día, pensó todo el mundo mientras se ponía a salvo. Mañana es este martes en el que la Vuelta llega ahora a otro país, Andorra, antes de entrar en España, para afrontar la primera gran etapa de montaña, después del aperitivo frustrado de la de Font Romeu. Tres puertos de 1ª (Envalira, Beixalis, Ordino) y uno de 3ª (La Cornella), a 5 kms. de la meta, separarán aún más el grano de la paja. Y tal vez el grano del grano. Esta primera etapa de gran montaña dictará una primera gran sentencia cronométrica después de que la Naturaleza dictase la primera gran sentencia climatológica. La Vuelta tiene ahora una etapa menos y un interés intacto. De Andorra la Vella a Andorra la Vella, la carrera nos reserva un plato de sabores fuertes para «gourmets» aficionados a las rudas delicias del mejor ciclismo.

Se anuncia buen tiempo.

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