El Madrid ganó con sombra aquí, sombra allá. Aunque se supera con la brutalidad goleadora y el talento de Mbappé. Fíjense: a los 34 minutos, la hinchada madridista empieza a silbar hasta al mismísimo Mou. ¿Qué ocurrió? Que apareció la portentosa facilidad de Mbappé para poner por delante al Madrid.
El Madrid ganó con sombra aquí, sombra allá. Aunque se supera con la brutalidad goleadora y el talento de Mbappé. Fíjense: a los 34 minutos, la
El Madrid ganó con sombra aquí, sombra allá. Aunque se supera con la brutalidad goleadora y el talento de Mbappé. Fíjense: a los 34 minutos, la hinchada madridista empieza a silbar hasta al mismísimo Mou. ¿Qué ocurrió? Que apareció la portentosa facilidad de Mbappé para poner por delante al Madrid.
El horror de las costumbres de Mourinho es que, como Simeone, como Ancelotti, convierte al Madrid en un equipo defensivo cuando se pone por delante, a la espera de que le caiga otra breva al fenómeno Mbappé. Pero el desdén llevó a que la Real le empatara antes del descanso.
Un rumor de preocupación se escuchaba en el Bernabéu. Aunque no mucho después de empezar la segunda parte, otra vez Mbappé desencajó el partido, mientras que la Real caía a los infiernos estrepitosamente.
El mago que le hizo ganar una Copa a la Real, el americano Matarazzo, se ha hundido hasta llegar a diez partidos seguidos sin ganar, ocho de la temporada anterior, y todo parece indicar que la magia del técnico se ha perdido entre la arena y la playa de La Concha.
El Madrid de Mourinho, en muchas ocasiones, es como si no supiera jugar al fútbol. Jamás saca la pelota jugada, como si no tuviera gente con capacidad técnica. Es un maldito embrollo que se pierde con esa estupidez de pases largos, la mayoría de los cuales caen en el limbo.
Es como si Mourinho tuviera todavía la mentalidad de un equipo pequeño y obstinado en el contragolpe. La Real llegó a bailar por juego al Madrid de Mou durante la mayor parte del primer tiempo. Es como si la Real supiera jugar al fútbol y el otro Real no supiera.
Algún amigo llegó a decir que Mou era como un calco de Ancelotti, pero esta temporada con mejores jugadores. Konaté y un pletórico Valverde sostuvieron al Madrid, mientras que Vini siempre se llevaba los gritos de la desesperación blanca.
Le salvó un gol tonto, tras una jugada embolsicada de Bellingham, que soltó el balón y allí estaba Vini para empujar el gol. Mourinho ni en sus más tórridos sueños tuvo intención de sustituirle. Y luego, otra vez, Mbappé. Increíble, como la temporada anterior y la anterior de la anterior, firmaba un triplete. Y todavía le discuten en la grada.
Decir que no te gusta el Madrid de Mourinho huele a pecado de confesionario. Pero es lo que pienso y ya escribí de su decadencia hace años. «Pero es que pone orden», dicen unos. Pero yo digo que ponga juego. Solo Mbappé y Diomande, al que tiene despreciado criando malvas en el banquillo, le podrán salvar de otra temporada aterradora del Real Madrid.
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