El paro juvenil se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para el Ministerio de Trabajo. Junto a los desempleados sénior y los parados de larga duración, y a pesar de la mejoría que ha experimentado el mercado laboral en los últimos años, los jóvenes continúan siendo uno de los colectivos más vulnerables y castigados por las sucesivas crisis económicas. Así lo admite el departamento que dirige Yolanda Díaz en un documento interno del diálogo social que señala las dificultades de acceso al empleo para los menores de 24 años y apunta al fracaso de los servicios públicos de empleo a la hora de captarlos y colocarlos en un puesto de trabajo.
El Ministerio admite la «precarización» del empleo juvenil: crecen los contratos indefinidos, pero se disparan las jornadas a tiempo parcial
El paro juvenil se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para el Ministerio de Trabajo. Junto a los desempleados sénior y los parados de larga duración, y a pesar de la mejoría que ha experimentado el mercado laboral en los últimos años, los jóvenes continúan siendo uno de los colectivos más vulnerables y castigados por las sucesivas crisis económicas. Así lo admite el departamento que dirige Yolanda Díaz en un documento interno del diálogo social que señala las dificultades de acceso al empleo para los menores de 24 años y apunta al fracaso de los servicios públicos de empleo a la hora de captarlos y colocarlos en un puesto de trabajo.
Los jóvenes no se ponen a la cola del paro. No necesariamente entran por la puerta tradicional del Sepe (antiguo Inem), por lo que el sistema tiene que salir a buscarlos. El Ministerio de Trabajo lo ha detectado y así lo plasma en el Plan de Empleo en Favor de las Personas Jóvenes, un documento de trabajo que se está debatiendo con la patronal y los sindicatos y al que ha tenido acceso EL MUNDO. Entre las medidas que se plantean para captar a los jóvenes que buscan trabajo, pero no están inscritos en los servicios públicos de empleo, destacan las «actuaciones de difusión y, especialmente, de refuerzo de las herramientas y entornos tecnológicos de mayor impacto y alcance, como son las redes sociales y las aplicaciones de dispositivos móviles».
Son varias las causas que están atrapando a los jóvenes en el bucle del desempleo, como la falta de ejecución del presupuesto para formación o la propia carencia de personal en unos servicios públicos de empleo altamente tensionados, que merma la capacidad de atender a los parados. El Plan elaborado por el equipo de Yolanda Díaz no las señala, pero sí arroja algunos datos que son reveladores y que dan fe de la magnitud del problema. Por ejemplo, que más de la mitad de los jóvenes en situación de desempleo no están inscritos en el Sepe. En concreto, seis de cada diez no figuran como demandantes de empleo, de ahí la diferencia que se observa entre los parados que registra la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) y los que contabiliza el Ministerio de Trabajo.
Dicho de otra manera, de cada 100 parados de entre 16 y 24 años, solo 40 optan por buscar trabajo en la red pública. Una baja tasa de inscripción que obliga a situar como uno de los aspectos clave del plan la captación de jóvenes hacia las políticas públicas de empleo. Con el foco en las redes sociales para llegar a una generación que es nativa digital. Aunque no solo los jóvenes buscan trabajo por otras vías. De hecho, los microdatos de la EPA sitúan a los servicios públicos de empleo en último lugar a la hora de buscar un empleo, ya que la mayoría de los parados acude a familiares o amigos (56%); un elevado porcentaje (47%) mira anuncios u ofertas, incluido internet; el 39% contacta directamente con empresas y el 33% cuelga su currículum online.
Estos porcentajes no son excluyentes, ya que un parado puede buscar trabajo por varias vías al mismo tiempo. No obstante, los datos oficiales arrojan que del total de colocaciones que se producen en España, solo el 0,7% se consiguen a través de los servicios públicos de empleo. Así lo recuerda Andreu Cruañas, presidente de la patronal de agencias privadas de colocación Asempleo, que se define como un «firme defensor de que existan servicios públicos de empleo robustos», aunque admite que se está produciendo «una falta de incentivos y de confianza», tanto por parte de los parados, que no acuden a las oficinas del Sepe, como de las empresas, que no trasladan sus ofertas a los servicios públicos. Por eso, apuesta por la colaboración público-privada, para aprovechar la capilaridad territorial y sectorial de las ETT y la confianza que depositan empresas y candidatos en estas agencias que desarrollan procesos de selección profesionalizados.
En el caso particular de los jóvenes, Cruañas señala varios motivos por los que no se inscriben en el Sepe. Para empezar, «los que buscan un primer empleo no acumulan cotización, por lo que no tienen derecho a prestación y no se ven obligados a inscribirse». A esa falta de incentivo económico se suma una cierta «desafección» de los jóvenes con los servicios públicos de empleo, derivada tanto de esa falta de «confianza en que el Sepe pueda encontrarles un trabajo» como de un componente de «desconocimiento» por parte de la población joven de cómo funciona el Sepe y los servicios que ofrece. «Esto no significa que los jóvenes estén desanimados, sino que se mueven por otras vías», incide Cruañas, que cita aplicaciones móviles, portales web de empleo o agencias de trabajo temporal.
El Ministerio no es ajeno a esta tendencia y por eso incluye en su estrategia que para que los jóvenes puedan beneficiarse de las políticas de empleo, los servicios públicos deben llevar a cabo una «dinamización integral del espacio web y de las redes sociales, especialmente en aquellos elementos que más utilizan las personas jóvenes». Entre otras medidas, Trabajo plantea bonificaciones a la contratación, incentivos a la firma de contratos indefinidos y un programa de primera experiencia profesional con el que prevé colocar a al menos 200.000 jóvenes hasta 2028, con más del 75% de contratos a jornada completa y más del 60% de duración inicial mínima de 12 meses.
Ese impulso que se pretende en la calidad del empleo responde a otra necesidad que plasma el documento del Ministerio, como es acabar con la precariedad estructural que arrastra el empleo juvenil. Haciendo un recorrido desde 2008 hasta la actualidad, el documento refleja la caída del peso de las personas jóvenes sobre el total de ocupados en España, pasando del 1,7% al 0,8% en el grupo de 16 a 19 años y del 7,4% al 5,3% entre los que tienen de 20 a 24 años. Asimismo, Trabajo recoge en su análisis el aumento del empleo indefinido motivado por la reforma laboral, si bien admite que, a cambio, se ha producido un «incremento notable del trabajo a tiempo parcial», que ha pasado del 31% al 52,5% entre los más jóvenes y del 19,9% al 36,4% en el colectivo de entre 20 y 24 años.
«A pesar de la mejora reciente, el desempleo juvenil sigue siendo elevado, lo que indica que las personas jóvenes continúan siendo uno de los colectivos más vulnerables en el mercado laboral», reconoce el texto elaborado por el equipo de Díaz. Entre los «desequilibrios estructurales» más relevantes del mercado laboral juvenil, Trabajo señala una «incorporación más tardía y limitada» al empleo, una «alta sensibilidad a los ciclos económicos», la «persistencia del paro de larga duración» o la «precarización en términos de intensidad y calidad del empleo». Un diagnóstico que obliga a mejorar las políticas públicas de empleo para ampliar las oportunidades laborales de los jóvenes, empezando por intensificar la difusión a través de los medios digitales en los que se mueven las nuevas generaciones.
Actualidad Económica. Noticias de Economía Nacional e Internacional



