Ningún Tapaboca en una corrida sin la chispa de la vida

Un azulejo inmortaliza desde ayer el hito de Tapaboca, el primer toro indultado en Vista Alegre. Cosa de la maldición de las placas, no salió ninguno como aquel ni tampoco se le acercaría ninguno de una corrida pastueña y noblota, con animales que miraban a las musarañas, que se desentendían, con esa ausencia de casta que privaba de la emoción. En definitiva, le faltó vida. Claro que dentro del conjunto ganadero hubo un ejemplar con la chispa de la raza, al que Román cortó la única oreja de una tarde soporífera, en la que se escapó algún bostezo. Curiosamente, el que más embistió fue uno de simplona presencia, sin la belleza cautivadora de los santacolomas, con una movilidad que Collado aprovechó a su manera para granjearse las simpatías del público. Atrás habían quedado dos recortes a una mano -modalidad de la que tanto se abusa esta temporada-, en el saludo y en el quite, con más ritmo ahora. En las verónicas ya se adivinó que Dorado tenía otro son. Sobre ruedas iba el capítulo, con un fenomenal par de Víctor del Pozo, que se desmonteró con Mellinas. Y el valenciano, sabedor de que el cárdeno poseía buen fondo, brindó a los tendidos, con mejor entrada que el día anterior. Entre las rayas se puso a torear frente al burladero de TV: ¿tele, dónde está la tele? Generoso, concedió distancia sobre la derecha, que tuvo que ir acortando. Al cuatreño le costaba arrancar, pero cuando lo hacía, iba con todo, repetidor y con transmisión. Y otra más, de cinco y el de pecho, con la ligazón como base de su labor. Cuando cambió a babor, Dorado ya estaba más desentendido, más apagado, e hizo bien en marcharse a por la espada. Unas manoletinas precedieron a la estocada, que desató la pañolada. De profiden la sonrisa de Román mientras paseaba el solitario trofeo del sexteto. Tomás Rufo, en un sentido muletazo rodilla en tierra al sexto, que coloca la cara Emilio MéndezEl otro toro que sumó fue el guapo tercero, de dulce condición, aunque con ese defecto de salir suelto, como sucedería en el quite por chicuelinas de mano baja de Emilio de Justo y en la réplica de Tomás Rufo . Con buen planteamiento, el toledano abrió la senda de Cucaracha -horrible bautismo para tan espectacular cárdeno- de manera genuflexa y tomó con prontitud la izquierda, por donde el de La Quinta había cantado más calidad. Pero también a estribor quiso embestir cuando lo llevó tapado. O mejor dicho: pasar, porque tan pajuno era que había que poner mucho para que aquello no se desinflara. El acero en los bajos afeó su querer.Decíamos que no hubo indulto posible para alegría de sus detractores, pero vivito y coleando estuvo a punto de regresar a chiqueros el primero. Quitasueños se llamaba y una pesadilla fue para Emilio de Justo : un mundo le costó dar matarile al distraidísimo rival, con una alarmante falta de casta, como si el H2O hubiese aguado al vino. Sí, derribó al piquero, pero ni gota de bravura tuvo un animal que miraba al limbo, cercano a los seis años, más aparente para exponer en un museo que para una faena moderna. Una polvareda se levantó en el cuarto, brindado a Diego Urdiales, autor de una de las obras más grandiosas de 2025. El de Torrejoncillo obligó a Artesano a meter la cara en los doblones, aunque su recorrido no era especialmente largo. Todo lo contrario: se quedaba cortito y debajo. Muy centrado y meritorio, empujó al animal y le dejó la muleta puesta con notable técnica, tragando más de lo que el público apreció. Mucho puso a izquierdas, con la tela muerta. Suavecito quiso hacerlo también con la mano de la cuchara, pero con un empleo excesivo de la voz. Y por ese lado, sin ayuda, remató al natural mientras algunos ya empezaban a impacientarse. Se tragó la muerte Artesano tras la estocada y se anotó otro aviso. Con una larga cambiada de rodillas saludó Román al quinto, que recibió un largo puyazo, con Pegajoso empujando mientras le tapaban la salida. Qué poco dijo en las telas, frenado de atrás, tan carente de entrega, tan alejado de lo bravo. Dispuesto anduvo el torero, que lo cazó de una buena estocada.Corridas Generales de Bilbao Coso de Vista Alegre Miércoles, 26 de agosto de 2026. Tercer festejo. Un tercio de entrada. Toros de La Quinta (cinqueños 1º y 3º), de buena presencia en general; bajaron 6º y 2º, que fue el mejor de un conjunto pastueño, falto de casta y desentendido. Emilio de Justo, de tabaco y oro: pinchazo, otro hondo, pinchazo y estocada tendida desprendida (silencio tras aviso); estocada (saludos tras aviso). Román, de azul metálico y oro: estocada pelín trasera (oreja); estocada (ligera petición y saludos). Tomás Rufo, de gris plomo y oro: bajonazo y estocada caída (palmas); estocada (saludos).De justa presencia (y poder) Torrechico, con el que Rufo ganó terreno gustándose a la verónica. Miraba la afición de reojo a Matías, pues el toro se sostenía con alfileres. Fue otro noblón, soseando mucho. Firmó el de Pepino la apertura más templada y torera, con carteles rodilla en tierra, pero luego aquello nunca tomaría vuelo, pese a esa intención de humillar en el embroque del quinteño. Manejable pero… falto de vida. Y sin vida no hay chispa ni emoción. Un azulejo inmortaliza desde ayer el hito de Tapaboca, el primer toro indultado en Vista Alegre. Cosa de la maldición de las placas, no salió ninguno como aquel ni tampoco se le acercaría ninguno de una corrida pastueña y noblota, con animales que miraban a las musarañas, que se desentendían, con esa ausencia de casta que privaba de la emoción. En definitiva, le faltó vida. Claro que dentro del conjunto ganadero hubo un ejemplar con la chispa de la raza, al que Román cortó la única oreja de una tarde soporífera, en la que se escapó algún bostezo. Curiosamente, el que más embistió fue uno de simplona presencia, sin la belleza cautivadora de los santacolomas, con una movilidad que Collado aprovechó a su manera para granjearse las simpatías del público. Atrás habían quedado dos recortes a una mano -modalidad de la que tanto se abusa esta temporada-, en el saludo y en el quite, con más ritmo ahora. En las verónicas ya se adivinó que Dorado tenía otro son. Sobre ruedas iba el capítulo, con un fenomenal par de Víctor del Pozo, que se desmonteró con Mellinas. Y el valenciano, sabedor de que el cárdeno poseía buen fondo, brindó a los tendidos, con mejor entrada que el día anterior. Entre las rayas se puso a torear frente al burladero de TV: ¿tele, dónde está la tele? Generoso, concedió distancia sobre la derecha, que tuvo que ir acortando. Al cuatreño le costaba arrancar, pero cuando lo hacía, iba con todo, repetidor y con transmisión. Y otra más, de cinco y el de pecho, con la ligazón como base de su labor. Cuando cambió a babor, Dorado ya estaba más desentendido, más apagado, e hizo bien en marcharse a por la espada. Unas manoletinas precedieron a la estocada, que desató la pañolada. De profiden la sonrisa de Román mientras paseaba el solitario trofeo del sexteto. Tomás Rufo, en un sentido muletazo rodilla en tierra al sexto, que coloca la cara Emilio MéndezEl otro toro que sumó fue el guapo tercero, de dulce condición, aunque con ese defecto de salir suelto, como sucedería en el quite por chicuelinas de mano baja de Emilio de Justo y en la réplica de Tomás Rufo . Con buen planteamiento, el toledano abrió la senda de Cucaracha -horrible bautismo para tan espectacular cárdeno- de manera genuflexa y tomó con prontitud la izquierda, por donde el de La Quinta había cantado más calidad. Pero también a estribor quiso embestir cuando lo llevó tapado. O mejor dicho: pasar, porque tan pajuno era que había que poner mucho para que aquello no se desinflara. El acero en los bajos afeó su querer.Decíamos que no hubo indulto posible para alegría de sus detractores, pero vivito y coleando estuvo a punto de regresar a chiqueros el primero. Quitasueños se llamaba y una pesadilla fue para Emilio de Justo : un mundo le costó dar matarile al distraidísimo rival, con una alarmante falta de casta, como si el H2O hubiese aguado al vino. Sí, derribó al piquero, pero ni gota de bravura tuvo un animal que miraba al limbo, cercano a los seis años, más aparente para exponer en un museo que para una faena moderna. Una polvareda se levantó en el cuarto, brindado a Diego Urdiales, autor de una de las obras más grandiosas de 2025. El de Torrejoncillo obligó a Artesano a meter la cara en los doblones, aunque su recorrido no era especialmente largo. Todo lo contrario: se quedaba cortito y debajo. Muy centrado y meritorio, empujó al animal y le dejó la muleta puesta con notable técnica, tragando más de lo que el público apreció. Mucho puso a izquierdas, con la tela muerta. Suavecito quiso hacerlo también con la mano de la cuchara, pero con un empleo excesivo de la voz. Y por ese lado, sin ayuda, remató al natural mientras algunos ya empezaban a impacientarse. Se tragó la muerte Artesano tras la estocada y se anotó otro aviso. Con una larga cambiada de rodillas saludó Román al quinto, que recibió un largo puyazo, con Pegajoso empujando mientras le tapaban la salida. Qué poco dijo en las telas, frenado de atrás, tan carente de entrega, tan alejado de lo bravo. Dispuesto anduvo el torero, que lo cazó de una buena estocada.Corridas Generales de Bilbao Coso de Vista Alegre Miércoles, 26 de agosto de 2026. Tercer festejo. Un tercio de entrada. Toros de La Quinta (cinqueños 1º y 3º), de buena presencia en general; bajaron 6º y 2º, que fue el mejor de un conjunto pastueño, falto de casta y desentendido. Emilio de Justo, de tabaco y oro: pinchazo, otro hondo, pinchazo y estocada tendida desprendida (silencio tras aviso); estocada (saludos tras aviso). Román, de azul metálico y oro: estocada pelín trasera (oreja); estocada (ligera petición y saludos). Tomás Rufo, de gris plomo y oro: bajonazo y estocada caída (palmas); estocada (saludos).De justa presencia (y poder) Torrechico, con el que Rufo ganó terreno gustándose a la verónica. Miraba la afición de reojo a Matías, pues el toro se sostenía con alfileres. Fue otro noblón, soseando mucho. Firmó el de Pepino la apertura más templada y torera, con carteles rodilla en tierra, pero luego aquello nunca tomaría vuelo, pese a esa intención de humillar en el embroque del quinteño. Manejable pero… falto de vida. Y sin vida no hay chispa ni emoción.  RSS de noticias de cultura

Un azulejo inmortaliza desde ayer el hito de Tapaboca, el primer toro indultado en Vista Alegre. Cosa de la maldición de las placas, no salió ninguno como aquel ni tampoco se le acercaría ninguno de una corrida pastueña y noblota, con animales que miraban a … las musarañas, que se desentendían, con esa ausencia de casta que privaba de la emoción. En definitiva, le faltó vida. Claro que dentro del conjunto ganadero hubo un ejemplar con la chispa de la raza, al que Román cortó la única oreja de una tarde soporífera, en la que se escapó algún bostezo.

 

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