Nancy Berthier, el Velázquez de Emmanuel Fremiet

Para cualquiera de nosotros, vivir implica decidir entre lo que se tira y lo que se conserva . Nuestra relación con los objetos incluye momentos de intimidad que en general se olvidan. Esto es así porque nuestra lealtad hacia las cosas es todavía más débil que hacia las personas. En muchas ocasiones sucede, es verdad, que tanto las unas como las otras se gastan o envejecen, pierden su sentido o circunstancia. El batín de invierno de poco nos sirve en verano, y salvo los fanáticos que lo conservan todo, la mayor parte de los juguetes de nuestros primeros años acabaron igual que aquellos amores de verano que se deshicieron con las primeras lluvias del otoño. Ensayo ‘Destino roto’ Autora Nancy Berthier Editorial Casa de Velázquez Año 2026 Páginas 198 Precio 39 euros Valoración ****Incluso los objetos dotados de un valor claramente sentimental, como los dibujos de nuestros hijos o las cartas de nuestros amores, terminan muchas veces arrumbados, sin formar parte de las disputas propias de las herencias. Rara vez los hijos se pelean por las zapatillas del padre fallecido, de las que no se desprendió ni aun cuando ya caminaban solas al cubo de la basura, pero bien distinto es el conflicto que muchas veces generan los pequeños tesoros que descansan en las vitrinas del salón, repletas de plusvalías. Este libro de Nancy Berthier es un buen ejemplo de esta antropología de las cosas, de esa la manera en que un mismo objeto transita entre espacios y momentos que modifican de modo imperceptible su cadena de valor. Como quien entra en el salón de una vivienda en la que conviven las cucharitas de las provincias de España con las máscaras de África , el objeto que sobrevive a la limpieza del tiempo no solo habla de su función o desempeño, sino del gusto de su poseedor, de sus cualidades estéticas y sus preferencias morales. La biografía de los objetos no es más que la contrapartida de la arqueología de las personas.En la estatua ecuestre —sí ecuestre— de Velázquez, realizada por Emmanuel Fremiet a finales del siglo XIX, y que hoy descansa en uno de los flancos de la Casa de Velázquez, en Madrid, se dan cita muchos de estos elementos: desde la recuperación de la figura del pintor español hasta las relaciones hispano francesas antes y después de la guerra. En realidad, no hablamos de una única escultura, sino de muchas que se superponen. El que hoy en día parece un solo objeto sufre mutaciones desde su primera versión en yeso, o su fundición en bronce, hasta la restauración de algunos de sus partes perdidas o deterioradas durante el sitio de Madrid. A través de sus distintas ubicaciones —en el Louvre, primero, próxima a la que entonces era la galería de la ‘escuela española’, y su posterior traslado a los jardines de la Casa de Velázquez en 1935— Berthier nos obliga a repensar el valor no solo del arte, sino de la diplomacia cultural que permite la resignificación inevitable de la misma cosa. Como quien encuentra nuevos usos para palabras ya gastadas, Berthier va añadiendo significados y evidencias, historias y testimonios. La escultura que hoy puede verse en la Casa de Velázquez en Madrid ya no es la misma que viajó desde París a comienzos del siglo XX. Pero nosotros, los de entonces, tampoco somos los mismos. Y así como este libro describe los avatares de un objeto que pervive contra todo pronóstico, y que bien podría haberse refundido para siempre en el gobierno de Vichy o haber sido arrojado al lodazal de los restos de la guerra, también nos habla de lo fuimos, de lo que nos ocurrió, de lo que nos pudo pasar, y de los acuerdos que debimos cerrar para recomponer una nueva escultura con los restos de quienes ya no están con nosotros.No es tan solo el libro de un objeto, sino de las relaciones sociales, los gustos… que debió recorrer antes de llegar a ser lo que es hoy Que nadie se lleve a engaño. Este no es tan solo el libro de un objeto, sino de las relaciones sociales, los gustos y los valores, las vicisitudes que debió recorrer antes de llegar a ser lo que es hoy en día. Como otros objetos similares, la estatuaria urbana tiene la ventaja de señalar, en el seno mismo del espacio público, una relación siempre compleja entre los vivos y los muertos. Acérquense a la Casa de Velázquez. Allí, a un lado, verán una escultura que representó en su día el amor de Francia por un arte español, el de Velázquez, no siempre comprendido. Pero también verán en esa misma estatua ecuestre otros muchos reflejos evanescentes de personas y gestos , de crónicas y voluntades, de amores y odios hoy solo parcialmente enterrados, pero que Nancy Berthier ha recuperado del olvido. Para cualquiera de nosotros, vivir implica decidir entre lo que se tira y lo que se conserva . Nuestra relación con los objetos incluye momentos de intimidad que en general se olvidan. Esto es así porque nuestra lealtad hacia las cosas es todavía más débil que hacia las personas. En muchas ocasiones sucede, es verdad, que tanto las unas como las otras se gastan o envejecen, pierden su sentido o circunstancia. El batín de invierno de poco nos sirve en verano, y salvo los fanáticos que lo conservan todo, la mayor parte de los juguetes de nuestros primeros años acabaron igual que aquellos amores de verano que se deshicieron con las primeras lluvias del otoño. Ensayo ‘Destino roto’ Autora Nancy Berthier Editorial Casa de Velázquez Año 2026 Páginas 198 Precio 39 euros Valoración ****Incluso los objetos dotados de un valor claramente sentimental, como los dibujos de nuestros hijos o las cartas de nuestros amores, terminan muchas veces arrumbados, sin formar parte de las disputas propias de las herencias. Rara vez los hijos se pelean por las zapatillas del padre fallecido, de las que no se desprendió ni aun cuando ya caminaban solas al cubo de la basura, pero bien distinto es el conflicto que muchas veces generan los pequeños tesoros que descansan en las vitrinas del salón, repletas de plusvalías. Este libro de Nancy Berthier es un buen ejemplo de esta antropología de las cosas, de esa la manera en que un mismo objeto transita entre espacios y momentos que modifican de modo imperceptible su cadena de valor. Como quien entra en el salón de una vivienda en la que conviven las cucharitas de las provincias de España con las máscaras de África , el objeto que sobrevive a la limpieza del tiempo no solo habla de su función o desempeño, sino del gusto de su poseedor, de sus cualidades estéticas y sus preferencias morales. La biografía de los objetos no es más que la contrapartida de la arqueología de las personas.En la estatua ecuestre —sí ecuestre— de Velázquez, realizada por Emmanuel Fremiet a finales del siglo XIX, y que hoy descansa en uno de los flancos de la Casa de Velázquez, en Madrid, se dan cita muchos de estos elementos: desde la recuperación de la figura del pintor español hasta las relaciones hispano francesas antes y después de la guerra. En realidad, no hablamos de una única escultura, sino de muchas que se superponen. El que hoy en día parece un solo objeto sufre mutaciones desde su primera versión en yeso, o su fundición en bronce, hasta la restauración de algunos de sus partes perdidas o deterioradas durante el sitio de Madrid. A través de sus distintas ubicaciones —en el Louvre, primero, próxima a la que entonces era la galería de la ‘escuela española’, y su posterior traslado a los jardines de la Casa de Velázquez en 1935— Berthier nos obliga a repensar el valor no solo del arte, sino de la diplomacia cultural que permite la resignificación inevitable de la misma cosa. Como quien encuentra nuevos usos para palabras ya gastadas, Berthier va añadiendo significados y evidencias, historias y testimonios. La escultura que hoy puede verse en la Casa de Velázquez en Madrid ya no es la misma que viajó desde París a comienzos del siglo XX. Pero nosotros, los de entonces, tampoco somos los mismos. Y así como este libro describe los avatares de un objeto que pervive contra todo pronóstico, y que bien podría haberse refundido para siempre en el gobierno de Vichy o haber sido arrojado al lodazal de los restos de la guerra, también nos habla de lo fuimos, de lo que nos ocurrió, de lo que nos pudo pasar, y de los acuerdos que debimos cerrar para recomponer una nueva escultura con los restos de quienes ya no están con nosotros.No es tan solo el libro de un objeto, sino de las relaciones sociales, los gustos… que debió recorrer antes de llegar a ser lo que es hoy Que nadie se lleve a engaño. Este no es tan solo el libro de un objeto, sino de las relaciones sociales, los gustos y los valores, las vicisitudes que debió recorrer antes de llegar a ser lo que es hoy en día. Como otros objetos similares, la estatuaria urbana tiene la ventaja de señalar, en el seno mismo del espacio público, una relación siempre compleja entre los vivos y los muertos. Acérquense a la Casa de Velázquez. Allí, a un lado, verán una escultura que representó en su día el amor de Francia por un arte español, el de Velázquez, no siempre comprendido. Pero también verán en esa misma estatua ecuestre otros muchos reflejos evanescentes de personas y gestos , de crónicas y voluntades, de amores y odios hoy solo parcialmente enterrados, pero que Nancy Berthier ha recuperado del olvido.  RSS de noticias de cultura

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Para cualquiera de nosotros, vivir implica decidir entre lo que se tira y lo que se conserva. Nuestra relación con los objetos incluye momentos de intimidad que en general se olvidan. Esto es así porque nuestra lealtad hacia las cosas es todavía … más débil que hacia las personas.

 

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