Durante años, Bernadine Blunty fue una firme defensora de regresar a valores tradicionales. La mujer, a la cocina, a limpiar y cuidar a los niños, y el marido a la oficina, encargado de mantenerla. Llegó incluso a criticar el sufragio femenino. A lomos de esa retórica ultraconservadora construyó su legión de seguidores en redes sociales, sumándose a un grupo de nuevas influencers, las tradwives (contracción de traditional wife), que fue brotando de la mano del movimiento MAGA y que ahora cuenta con un nutrido número de representantes. Pero a medida que tenía hijos con su marido -seis llegaron a tener- y que su popularidad se transformaba en negocio rentable, empezó a replantarse el paradigma. La que mantenía la casa era ella, no él. Después llegaron los episodios de violencia doméstica y el mensaje cambió por completo.
El movimiento de las esposas tradicionales se resquebraja. Muchas de las influencers ultraconservadoras, encabezadas por Bernadine Blunty, se muestran desencantadas y aseguran estar controladas por sus parejas.
Durante años, Bernadine Blunty fue una firme defensora de regresar a valores tradicionales. La mujer, a la cocina, a limpiar y cuidar a los niños, y el marido a la oficina, encargado de mantenerla. Llegó incluso a criticar el sufragio femenino. A lomos de esa retórica ultraconservadora construyó su legión de seguidores en redes sociales, sumándose a un grupo de nuevas influencers, las tradwives (contracción de traditional wife), que fue brotando de la mano del movimiento MAGA y que ahora cuenta con un nutrido número de representantes. Pero a medida que tenía hijos con su marido -seis llegaron a tener- y que su popularidad se transformaba en negocio rentable, empezó a replantarse el paradigma. La que mantenía la casa era ella, no él. Después llegaron los episodios de violencia doméstica y el mensaje cambió por completo.
Hoy se muestra como una mujer arrepentida en redes. Blunty, cuyo verdadero nombre es Bernadine Barber, afirma que «los roles de género extremo» son perjudiciales y se ha disculpado por parte de su antiguo contenido. Rechaza cualquier «sistema de creencias» que sitúe a la mujer «en una posición de miedo, aislamiento y dependencia total». No es la única. Lauren Southern, una youtuber canadiense de ultraderecha con más de un millón de seguidores entre todas sus plataformas, abandonó el movimiento después de sentirse controlada en su matrimonio y pedir el divorcio. En 2005 denunció un asalto sexual por parte de Andrew Tate, el ex boxeador estadounidense detenido durante dos años en Rumanía, a quien Trump facilitó el regreso a Estados Unidos.
Ashley St. Clair también pertenecía a esa nueva categoría de influencers, el de las esposas tradicionales, pero entendió que no era para ella eso de esperar «órdenes directas a cambio de un cheque» tras la batalla judicial con Elon Musk por la custodia de su hijo. Algunas su sumaron al movimiento siendo muy jóvenes e influenciadas por entornos muy religiosos y conservadores. Otras se fueron apuntando después al calor de la corriente populista del entonces candidato presidencial republicano, Donald Trump, un fenómeno que explotó durante la pandemia.
Ahora The New York Times habla de desencanto y retroceso ante el golpe de realidad con el que se han encontrado muchas mujeres. Los críticos sostienen que el movimiento idealiza un pasado en el que las mujeres tenían poca autonomía y estaban confinadas al hogar, a menudo sin la opción de trabajar o construir vidas independientes. Muchos se preguntan por qué, en una época en la que las mujeres cuentan con más oportunidades que nunca, algunas deciden glorificar un estilo de vida que en su día las limitaba.
Expertas como Fiona O’Malley, CEO de Turn2Me, una ONG irlandesa dedicada a la salud mental, aseguran que ese contenido anacrónico y regresivo «refuerza estereotipos de género nocivos, socava la igualdad de género y fomenta relaciones poco saludables caracterizadas por desequilibrios de poder». Son actitudes de sumisión que esconden, en su opinión, «riesgos para la salud mental asociados a este desequilibrio de poder y, además, traslada a los hombres toda la presión económica de ejercer como proveedores, por lo que resulta muy perjudicial tanto para ellos como para las mujeres».
Una de las pioneras fue la británica Alena Kate Pettitt, autodenominada tradwife, a quien se atribuye en gran medida el resurgir de los roles de género tradicionales en internet. Las caras más visibles fueron después Hannah Neeleman, -conocida en internet como Ballerina Farm, una madre mormona de nueve niños en Utah-, y Nara Smith, modelo casada con Lucky Blue Smith. Se hizo célebre por cocinar desde cero hasta chicles y refrescos.
El punto de inflexión llegó en julio de este año, cuando Smith fue invitada al podcast Call Her Daddy, donde dijo que ella y su marido se reparten a partes iguales la crianza y las tareas domésticas y que la habían convertido en «la chica del cartel» del movimiento sin haberlo pedido. Smith afirmó, además, que había perdido contratos porque las marcas no querían trabajar con una tradwife, un giro que coincide con su próximo debut en el cine junto a Charlize Theron.
La misma Neelaman o Estee Williams se han ido desmarcando también de la etiqueta por temor a perder seguidores y patrocinadores. Caso aparte es el de Amy Dangerfield, una influencer australiana de extrema derecha y seguidora de Nick Fuentes, un nacionalista blanco y negacionista del holocausto judío de 28 años que hoy es una de las grandes estrellas de la derecha radical en Estados Unidos. En un reportaje publicado por The Washington Post, Dangerfield admite estar «desilusionada» con el movimiento tras haber organizado un evento político en Ohio junto a su marido, Daniel DeBrincat, que los seguidores de Fuentes consideraron que era un «intento hostil» de controlar su organización. El acoso posterior en redes fue brutal, con amenazas de violación.
Bluntly compartía en una entrevista con el Times que a ella le inculcaron que «si realmente amas a Dios, te sometes a tu marido, luchas por tu matrimonio, perdonas pase lo que pase y te quedas por los hijos». Con el tiempo se dio cuenta del engaño. En su nueva etapa ha cambiado de discurso. Está por ver si su legión de seguidores, radicales muchos de ellos, aún se lo compran.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón
