La forma correcta de aprender de Gengis Kan

Para conquistar gran parte de Eurasia tan rápidamente, Gengis Kan debió de ser un tipo bastante decidido. Hoy en día, los ejecutivos agresivos que se esfuerzan por construir imperios a veces desearían que hubiera dejado un libro con consejos de liderazgo. ¿Qué haría Gengis con ese equipo de ventas que no da la talla? Por desgracia, salvo alguna que otra cita —y posiblemente apócrifa— sobre el placer de hacer llorar a las viudas, las ideas del poderoso mongol se han perdido.En cualquier caso, puede que no fueran muy útiles. Gengis habría atribuido su éxito al valor, a su destreza a caballo y a su genio estratégico. En realidad, fue el clima, sostiene Jared Diamond, historiador ganador del premio Pulitzer. El análisis de los anillos de los árboles de la estepa mongola revela que el período del ascenso de Gengis fue inusualmente húmedo. Más lluvia significaba más hierba, más leche de oveja para alimentar a los guerreros y más caballos de reserva para dotar a la horda de una movilidad tan devastadora. Si hubiera nacido veinte años antes o 200 millas más al sur, quizá no habría sido más que otro señor de la guerra. «Sin saberlo, pues no era un dendrocronólogo especializado en anillos de los árboles, Gengis tuvo la suerte de nacer en el momento y el lugar adecuados», escribe el Dr. Diamond.El auge de Occidente, y el papel del CristianismoEl fundador de la religión más popular del mundo también podría estar sobrevalorado. Claro, Jesús era carismático. Sin embargo, también lo eran miles de otros hombres santos. Su evangelio se extendió por todo el mundo, mientras que no fue el caso de otros, en gran parte debido a factores que escapaban a su control. Los judíos de hace dos milenios tenían un nivel de alfabetización inusualmente alto y estaban muy dispersos por todo el Imperio romano, por lo que las enseñanzas de Jesús se escribieron, se distribuyeron ampliamente y se leyeron por doquier. El apóstol Pablo adaptó su credo para que resultara atractivo a los no judíos. El cristianismo se extendió por Europa cuando un emperador romano se convirtió, y a todos los continentes cuando los europeos colonizaron posteriormente el mundo, a menudo por medios muy poco cristianos.«Guns, Germs and Steel», la obra más conocida del Dr. Diamond, sostenía que la geografía y los factores ambientales, más que la cultura, permitieron el auge de Occidente. En «Profits, Prophets, Coaches and Kings», dirige su mente erudita hacia el liderazgo. Es una lectura apasionante.Cuando las sociedades se vuelven más complejas, alguien tiene que coordinar las decisionesReflexionando sobre por qué son necesarios los líderes en primer lugar, el Dr. Diamond describe un viaje a Nueva Guinea en 1964, donde observó cómo una aldea aislada de las tierras altas debatía algún problema acuciante. Toda la población —quizá unas 100 personas— se encontraba de pie en un claro. Cualquiera que tuviera ganas de hablar hablaba, en voz alta. Todos se conocían entre sí, por lo que no había necesidad de un líder.Sin embargo, cuando las sociedades se vuelven más complejas, alguien tiene que coordinar las decisiones. En una ciudad de 20.000 habitantes, no es posible que todos se reúnan en una plaza y griten. Lo que resulta menos obvio, sin embargo, es la diferencia que suponen los líderes individuales. Hay dos formas de evaluar este aspecto. Una es biográfica: estudiar las historias de grandes figuras e intentar discernir qué las hacía especiales. La otra es buscar pruebas estadísticas. El Dr. Diamond utiliza ambos métodos.Resulta difícil realizar experimentos con presidentes. No se puede poner a Kamala Harris al frente de una réplica de Estados Unidos para ver si habría hecho un mejor trabajo que Donald Trump. Sin embargo, sí se pueden diseñar experimentos naturales, como observar qué ocurre cuando los líderes fallecen por causas naturales.Un estudio analizó a 183 jefes de gobierno que fallecieron o se vieron obligados a retirarse entre 1875 y 2004. El crecimiento económico posterior fue, de media, el mismo que cuando un líder no fallecía en el cargo. Sin embargo, esta media ocultaba una amplia variación: era mucho más probable que aumentara o disminuyera considerablemente. La explicación más probable es que sí importa quién esté al mando. Cuando un líder económicamente incompetente cae de su caballo, el crecimiento aumenta; en el caso de uno competente, ocurre lo contrario. Este efecto, sin embargo, se concentraba en los sistemas autocráticos, donde los líderes tienen un poder más ilimitado, y era apenas perceptible en las democracias.Los líderes son importantes, pero ¿cómo convertirse en un mejor líder?El mismo método arroja luz también sobre los líderes empresariales. Un estudio realizado en Dinamarca reveló que la muerte de un director ejecutivo reducía los beneficios de una empresa en un 13 % de media en un plazo de dos años. Cuando fallecía un miembro del consejo de administración, por el contrario, no se observaba ningún efecto apreciable.En resumen, los líderes son importantes. Sin embargo, ¿cómo convertirse en un mejor líder? Tener estudios ayuda. Cuando a un presidente o primer ministro con estudios universitarios le sucede alguien que nunca pasó de la enseñanza secundaria, la economía tiende a ir peor. Y la disciplina académica que forma a los líderes políticos con mejores resultados económicos es, como era de esperar, la economía. Sin embargo, para comprender con mayor detalle cómo liderar, resulta útil analizar casos de estudio concretos.El Dr. Diamond cita a Seretse Khama, el primer presidente de Botsuana, quien encaminó a un país pobre y desconocido hacia la prosperidad. En el momento de la independencia, en 1966, las perspectivas de Botsuana parecían desoladoras. Contaba con siete millas de carretera asfaltada, 22 titulados universitarios, carecía de recursos naturales conocidos y no había motivos para suponer que evitaría los sangrientos conflictos que asolaban el África poscolonial.Entonces se descubrieron diamantes —muchísimos— y sus tribus tuvieron un motivo evidente para luchar. Khama mantuvo la paz al asignar los derechos mineros al Estado, en lugar de a la tribu —la suya propia— bajo cuyas tierras se encontraron las gemas. Habiendo estudiado en Oxford, sabía lo suficiente sobre el mundo moderno como para crear una función pública moderna y limpia. Sin embargo, estaba lo suficientemente arraigado en la tradición local como para seguir siendo popular —siempre llevaba en el bolsillo una bolsa de orugas secas, un tentempié típico del pueblo—. Y fue lo suficientemente prudente como para mantenerse al margen de la política de su vecina, Sudáfrica, aunque personalmente detestara el apartheid. Durante su gobierno, Botsuana experimentó el mayor crecimiento económico del mundo. El Dr. Diamond argumenta de forma convincente que ningún otro líder habría podido hacer lo que él hizo.Es difícil con exactitud qué es lo que hace un buen líder, pero las personas deben elegir con sensatezDe este y otros ejemplos se podría concluir que los buenos presidentes tratan de representar a todo el país, y no solo a su tribu, que aprenden de las mentes más brillantes y que evitan enzarzarse en disputas con los vecinos. Sin embargo, hay mucha gente que llega al poder sin estas cualidades. A muchos votantes les gustan los líderes tribales, beligerantes y que desprecian la experiencia, de ahí el reciente auge del nacionalismo populista.Al final, resulta difícil definir con exactitud qué es lo que hace a un buen líder, porque muchas cualidades útiles solo lo son en la dosis adecuada. La tenacidad es estupenda, pero no cuando se convierte en terquedad. Valentía, pero no temeridad; compasión, pero sin ser blando; visión, pero sin caer en la locura. Un aspecto que el Dr. Diamond insinúa, pero en el que no profundiza, es que las personas que eligen a los líderes —en la política, los negocios y otros ámbitos— tienen el deber de elegir con sensatez; deben tener expectativas realistas sobre lo que un líder puede lograr, y rechazar a los estafadores que prometen edades de oro instantáneas. Es un deber que a menudo se descuida. Para conquistar gran parte de Eurasia tan rápidamente, Gengis Kan debió de ser un tipo bastante decidido. Hoy en día, los ejecutivos agresivos que se esfuerzan por construir imperios a veces desearían que hubiera dejado un libro con consejos de liderazgo. ¿Qué haría Gengis con ese equipo de ventas que no da la talla? Por desgracia, salvo alguna que otra cita —y posiblemente apócrifa— sobre el placer de hacer llorar a las viudas, las ideas del poderoso mongol se han perdido.En cualquier caso, puede que no fueran muy útiles. Gengis habría atribuido su éxito al valor, a su destreza a caballo y a su genio estratégico. En realidad, fue el clima, sostiene Jared Diamond, historiador ganador del premio Pulitzer. El análisis de los anillos de los árboles de la estepa mongola revela que el período del ascenso de Gengis fue inusualmente húmedo. Más lluvia significaba más hierba, más leche de oveja para alimentar a los guerreros y más caballos de reserva para dotar a la horda de una movilidad tan devastadora. Si hubiera nacido veinte años antes o 200 millas más al sur, quizá no habría sido más que otro señor de la guerra. «Sin saberlo, pues no era un dendrocronólogo especializado en anillos de los árboles, Gengis tuvo la suerte de nacer en el momento y el lugar adecuados», escribe el Dr. Diamond.El auge de Occidente, y el papel del CristianismoEl fundador de la religión más popular del mundo también podría estar sobrevalorado. Claro, Jesús era carismático. Sin embargo, también lo eran miles de otros hombres santos. Su evangelio se extendió por todo el mundo, mientras que no fue el caso de otros, en gran parte debido a factores que escapaban a su control. Los judíos de hace dos milenios tenían un nivel de alfabetización inusualmente alto y estaban muy dispersos por todo el Imperio romano, por lo que las enseñanzas de Jesús se escribieron, se distribuyeron ampliamente y se leyeron por doquier. El apóstol Pablo adaptó su credo para que resultara atractivo a los no judíos. El cristianismo se extendió por Europa cuando un emperador romano se convirtió, y a todos los continentes cuando los europeos colonizaron posteriormente el mundo, a menudo por medios muy poco cristianos.«Guns, Germs and Steel», la obra más conocida del Dr. Diamond, sostenía que la geografía y los factores ambientales, más que la cultura, permitieron el auge de Occidente. En «Profits, Prophets, Coaches and Kings», dirige su mente erudita hacia el liderazgo. Es una lectura apasionante.Cuando las sociedades se vuelven más complejas, alguien tiene que coordinar las decisionesReflexionando sobre por qué son necesarios los líderes en primer lugar, el Dr. Diamond describe un viaje a Nueva Guinea en 1964, donde observó cómo una aldea aislada de las tierras altas debatía algún problema acuciante. Toda la población —quizá unas 100 personas— se encontraba de pie en un claro. Cualquiera que tuviera ganas de hablar hablaba, en voz alta. Todos se conocían entre sí, por lo que no había necesidad de un líder.Sin embargo, cuando las sociedades se vuelven más complejas, alguien tiene que coordinar las decisiones. En una ciudad de 20.000 habitantes, no es posible que todos se reúnan en una plaza y griten. Lo que resulta menos obvio, sin embargo, es la diferencia que suponen los líderes individuales. Hay dos formas de evaluar este aspecto. Una es biográfica: estudiar las historias de grandes figuras e intentar discernir qué las hacía especiales. La otra es buscar pruebas estadísticas. El Dr. Diamond utiliza ambos métodos.Resulta difícil realizar experimentos con presidentes. No se puede poner a Kamala Harris al frente de una réplica de Estados Unidos para ver si habría hecho un mejor trabajo que Donald Trump. Sin embargo, sí se pueden diseñar experimentos naturales, como observar qué ocurre cuando los líderes fallecen por causas naturales.Un estudio analizó a 183 jefes de gobierno que fallecieron o se vieron obligados a retirarse entre 1875 y 2004. El crecimiento económico posterior fue, de media, el mismo que cuando un líder no fallecía en el cargo. Sin embargo, esta media ocultaba una amplia variación: era mucho más probable que aumentara o disminuyera considerablemente. La explicación más probable es que sí importa quién esté al mando. Cuando un líder económicamente incompetente cae de su caballo, el crecimiento aumenta; en el caso de uno competente, ocurre lo contrario. Este efecto, sin embargo, se concentraba en los sistemas autocráticos, donde los líderes tienen un poder más ilimitado, y era apenas perceptible en las democracias.Los líderes son importantes, pero ¿cómo convertirse en un mejor líder?El mismo método arroja luz también sobre los líderes empresariales. Un estudio realizado en Dinamarca reveló que la muerte de un director ejecutivo reducía los beneficios de una empresa en un 13 % de media en un plazo de dos años. Cuando fallecía un miembro del consejo de administración, por el contrario, no se observaba ningún efecto apreciable.En resumen, los líderes son importantes. Sin embargo, ¿cómo convertirse en un mejor líder? Tener estudios ayuda. Cuando a un presidente o primer ministro con estudios universitarios le sucede alguien que nunca pasó de la enseñanza secundaria, la economía tiende a ir peor. Y la disciplina académica que forma a los líderes políticos con mejores resultados económicos es, como era de esperar, la economía. Sin embargo, para comprender con mayor detalle cómo liderar, resulta útil analizar casos de estudio concretos.El Dr. Diamond cita a Seretse Khama, el primer presidente de Botsuana, quien encaminó a un país pobre y desconocido hacia la prosperidad. En el momento de la independencia, en 1966, las perspectivas de Botsuana parecían desoladoras. Contaba con siete millas de carretera asfaltada, 22 titulados universitarios, carecía de recursos naturales conocidos y no había motivos para suponer que evitaría los sangrientos conflictos que asolaban el África poscolonial.Entonces se descubrieron diamantes —muchísimos— y sus tribus tuvieron un motivo evidente para luchar. Khama mantuvo la paz al asignar los derechos mineros al Estado, en lugar de a la tribu —la suya propia— bajo cuyas tierras se encontraron las gemas. Habiendo estudiado en Oxford, sabía lo suficiente sobre el mundo moderno como para crear una función pública moderna y limpia. Sin embargo, estaba lo suficientemente arraigado en la tradición local como para seguir siendo popular —siempre llevaba en el bolsillo una bolsa de orugas secas, un tentempié típico del pueblo—. Y fue lo suficientemente prudente como para mantenerse al margen de la política de su vecina, Sudáfrica, aunque personalmente detestara el apartheid. Durante su gobierno, Botsuana experimentó el mayor crecimiento económico del mundo. El Dr. Diamond argumenta de forma convincente que ningún otro líder habría podido hacer lo que él hizo.Es difícil con exactitud qué es lo que hace un buen líder, pero las personas deben elegir con sensatezDe este y otros ejemplos se podría concluir que los buenos presidentes tratan de representar a todo el país, y no solo a su tribu, que aprenden de las mentes más brillantes y que evitan enzarzarse en disputas con los vecinos. Sin embargo, hay mucha gente que llega al poder sin estas cualidades. A muchos votantes les gustan los líderes tribales, beligerantes y que desprecian la experiencia, de ahí el reciente auge del nacionalismo populista.Al final, resulta difícil definir con exactitud qué es lo que hace a un buen líder, porque muchas cualidades útiles solo lo son en la dosis adecuada. La tenacidad es estupenda, pero no cuando se convierte en terquedad. Valentía, pero no temeridad; compasión, pero sin ser blando; visión, pero sin caer en la locura. Un aspecto que el Dr. Diamond insinúa, pero en el que no profundiza, es que las personas que eligen a los líderes —en la política, los negocios y otros ámbitos— tienen el deber de elegir con sensatez; deben tener expectativas realistas sobre lo que un líder puede lograr, y rechazar a los estafadores que prometen edades de oro instantáneas. Es un deber que a menudo se descuida.  RSS de noticias de cultura

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Para conquistar gran parte de Eurasia tan rápidamente, Gengis Kan debió de ser un tipo bastante decidido. Hoy en día, los ejecutivos agresivos que se esfuerzan por construir imperios a veces desearían que hubiera dejado un libro con consejos de liderazgo. ¿Qué haría Gengis con … ese equipo de ventas que no da la talla? Por desgracia, salvo alguna que otra cita —y posiblemente apócrifa— sobre el placer de hacer llorar a las viudas, las ideas del poderoso mongol se han perdido.

 

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