La banca ante la IA: así se preparan las entidades ante las amenazas y oportunidades de la última gran revolución del sector

Si preguntamos a la inteligencia artificial, sus primeros pasos en el mundo de la banca se remontan a algún momento entre las decadas de 1950 y 1980, cuando se emplearon «sistemas expertos rudimentarios» para evaluar el riesgo crediticio de forma automatizada y procesar datos contables básicos. Después llegaron los créditos y su aprobación automática, la elaboración de perfiles de los clientes o los chatbots, ya hacia 2010. Todo eso ahora parece desfasado, como de otra era. Los bancos se han entregado a la IA a una velocidad mucho más rápida de lo que ellos mismos probablemente habían pensado. Este reportaje, sin ir más lejos, corrió el riesgo de quedar en papel mojado de haberse publicado un mes antes, cuando preguntamos a las entidades su visión sobre esta tecnología. Unas semanas después, a las puertas del mes de agosto, los grandes bancos españoles anunciaron una revolución de sus estructuras y cambios de calado en sus organigramas para afrontar una nueva etapa en la que la inteligencia artificial se perfila como su columna vertebral.

 Los grandes bancos españoles han anunciado una revolución de sus estructuras y cambios de calado en sus organigramas para afrontar una nueva etapa marcada por la inteligencia artificial  

Si preguntamos a la inteligencia artificial, sus primeros pasos en el mundo de la banca se remontan a algún momento entre las decadas de 1950 y 1980, cuando se emplearon «sistemas expertos rudimentarios» para evaluar el riesgo crediticio de forma automatizada y procesar datos contables básicos. Después llegaron los créditos y su aprobación automática, la elaboración de perfiles de los clientes o los chatbots, ya hacia 2010. Todo eso ahora parece desfasado, como de otra era. Los bancos se han entregado a la IA a una velocidad mucho más rápida de lo que ellos mismos probablemente habían pensado. Este reportaje, sin ir más lejos, corrió el riesgo de quedar en papel mojado de haberse publicado un mes antes, cuando preguntamos a las entidades su visión sobre esta tecnología. Unas semanas después, a las puertas del mes de agosto, los grandes bancos españoles anunciaron una revolución de sus estructuras y cambios de calado en sus organigramas para afrontar una nueva etapa en la que la inteligencia artificial se perfila como su columna vertebral.

El cambio no se ha producido de un día para otro, pero los últimos acontecimientos relacionados con el desarrollo de la IA han acelerado el proceso. El terremoto provocado por Mythos, el nuevo modelo de IA de Anthropic, ha sido uno de los mayores revulsivos. Las alarmas en el Banco Central Europeo (BCE) saltaron ese día de finales de abril en el que el mundo conoció el modelo, una herramienta con capacidad de descubrir en minutos vulnerabilidades y fallos ocultos en los sistemas informáticos y software de cualquier organización o empresa. Una bomba de relojería si alcanza a los bancos. El supervisor tardó horas en reclamar a las entidades europeas planes de contingencia y análisis de vulnerabilidades en ciberseguridad que detecten en sus sistemas; más recientemente, Christine Lagarde y su equipo han puesto fecha a su petición, exigiendo a los bancos que tengan listos sus programas de acción antes del 31 de octubre. La cuenta atrás ha comenzado y nadie quiere quedarse fuera de la carrera.

En España, los principales grupos financieros explican a Actualidad Económica que llevan tiempo preparándose para todo lo que pueda suponer la inteligencia artificial: riesgos y potencialidades, amenazas y oportunidades. No se trata, dicen, de una innovación tecnológica aislada, sino de una iniciativa transformacional que tendrá impacto en la relación con los clientes, en el trabajo de los equipos, en los procesos internos, en la gestión del riesgo y en la forma en la que desarrollan las nuevas capacidades.

«BBVA lleva años incorporando inteligencia artificial y analítica avanzada en su operativa y en su propuesta de valor. Nuestra ‘app’ ya incluye capacidades basadas en datos», detallan desde la entidad presidida por Carlos Torres. «El potencial para el negocio es muy relevante porque la banca es, en esencia, una actividad basada en información, confianza y servicio. La IA nos permite conocer mejor las necesidades de cada cliente, anticiparnos a ellas, ofrecer asesoramiento más personalizado, mejorar la calidad y velocidad de nuestras decisiones y rediseñar procesos de principio a fin. El objetivo es doble: mejorar la propuesta de valor al cliente y maximizar la creación de valor para el banco», añaden.

Precisamente para acelerar esta transformación, BBVA ha creado recientemente AI Transformation, una nueva área global liderada por Antonio Bravo cuyo reto ya no es desarrollar casos de uso aislados de inteligencia artificial, sino industrializar la creación, el despliegue y la gestión de agentes inteligentes en toda la organización. Su caso quizá sea el más representativo del viraje en el sector para situar el foco en la inteligencia artificial, y es que tras presentar resultados del primer semestre, casi un año después de la opa fallida por Banco Sabadell, la entidad comunicó una reorganización total de su cúpula con 10 cambios que incluían siete nombramientos, ocho salidas de ejecutivos, la supresión de dos áreas y la creación de una nueva para explotar todas las sinergias posibles basándose en la IA.

De calado son también los cambios que anunció Banco Sabadell casi al mismo tiempo. Entre las principales novedades planteadas por el nuevo CEO, Marc Armengol, destaca la creación del área de Transformación Corporativa e Inteligencia Artificial, integrada en la Dirección de Estrategia que lidera Marc Prat. Esta área, que tendrá al frente a Robert Duran, nace con el objetivo de dar un impulso adicional al despliegue de la inteligencia artificial en toda la organización. Asimismo, se refuerza en capacidades IA la Dirección de Operaciones y Tecnología, que dirige Elena Carrera. El banco ya ha incorporado la inteligencia artificial a procesos de atención al cliente, desarrollo de software, operaciones como la revisión documental o la extracción de datos o a las actividades de recobro.

Siguiendo la estela de los cambios, Santander acometió en julio varios de ellos relacionados con esta tecnología. Entre otros, el banco cántabro fichó de su rival vasco a Jon Ander Beracoeche -hasta entonces chief data scientist en BBVA- y Álvaro Martín -encargado de desarrollar soluciones de IA en el área de banca de inversión y el de banca corporativa- para incorporarlos al equipo de Ricardo Martín, actual responsable de IA del Santander. «Tenemos el objetivo de generar más de 1.000 millones de euros de valor de negocio entre 2026 y 2028. Santander ha puesto herramientas a disposición de sus 185.000 empleados y 17.000 personas emplean IA en desarrollo de software; con datos a junio, el 40% del código se desarrolló con ayuda de la IA», comparten desde el banco presidido por Ana Botín.

En Bankinter llevan seis años trabajando con la IA tradicional y los últimos tres, con IA generativa. El banco lanzó IA First, un programa de gobernanza de la IA que dirige personalmente la CEO, Gloria Ortiz, para gobernar los avances de la inteligencia artificial en el grupo. «Se trata de implantar la IA de forma pragmática para aumentar la productividad y la eficiencia en un modelo que combine la tecnología y el talento humano. La IA tiene que estar supervisada», sentencian. Los 5.500 empleados de Bankinter España tienen herramienta IA (Copilot), cuentan con 5.000 agentes desplegados para sus empleados y 150 modelos de IA que aumentan la productividad en diversas áreas del banco.

También Caixabank ha creado una «oficina de la IA» con alcance para todo el grupo y ha aprobado una política corporativa de gestión de usos y riesgos. En el banco liderado por Gonzalo Gortázar admiten que Mythos ocupa «un lugar muy relevante en su agenda» y que están acelerando la implantación de proyectos de ciberseguridad para reducir los tiempos de detección y respuesta a incidentes, reforzando entre otras cosas los controles preventivos. «Entre los principales riesgos que plantea la IA figuran los asociados a la privacidad y protección de datos, los sesgos algorítmicos, la falta de transparencia o explicabilidad de algunos modelos, los riesgos operativos derivados de respuestas incorrectas y los riesgos de ciberseguridad asociados al uso de tecnologías avanzadas. También es fundamental garantizar la supervisión humana en decisiones relevantes», enumeran.

Unicaja prevé en su plan estratégico 2025-2027 una inversión de casi 250 millones de euros para abordar la transformación tecnológica del banco, un proceso que se apoya en acuerdos con NVIDIA, Deloitte España y Google Cloud para alumbrar «un banco conversacional basado en IA generativa».

Los expertos coinciden en el efecto transformador que la inteligencia artificial está teniendo en el sector. «Su impacto va mucho más allá de lo que vemos y alcanzará a toda la cadena de valor. Los bancos españoles ya tienen muy buenos ratios de eficiencia y la IA ofrecerá más posibilidades para aumentar la relación y la personalización con los clientes, ofrecer mejores precios, reforzar las ventas cruzadas o aumentar el número de productos que contratan los usuarios», comparte Manuel García-Ramos, socio senior responsable de Instituciones Financieras, Operaciones Estratégicas y Compras de la consultora Kearney. Será, en su opinión, una herramienta fundamental en el objetivo de aumentar ingresos y reducir costes que tiene por delante el sector en el actual contexto financiero.

Tampoco se le escapa a nadie en el ámbito financiero su impacto en las plantillas. En las entidades acotan los posibles efectos, aseguran que la IA es más un aliado que un enemigo en este aspecto, pero lo cierto es que la sombra de reestructuraciones profundas sobrevuela un sector que desde la crisis de 2008 ha sufrido varios procesos de despidos y bajas masivas con miles de salidas. «Supone un cambio en el modelo de empleo y de talento. Se necesitarán habilidades diferentes y tener perfiles que sean capaces de lidiar con los cambios operativos», admite García-Ramos. «No soy optimista», advierte.

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