Hoy Serrat no podría componer ‘Mediterráneo’

Serrat compuso las canciones del disco Mediterráneo en el Hotel Batlle de Calella de Palafrugell. Yo pasé en este hotel algunos veranos con mis padres, hasta que nació mi hermana y tuvimos que alquilar un apartamento. Era un hotel sencillo, sin pretensiones, con una cocina casera muy buena y habitaciones que bastaban para las personas que teníamos ganas de pasar un buen verano y ninguna idea del lujo había llegado todavía a complicarnos la vida. Calella era un pueblo muy bonito, un pueblo amable del Bajo Ampurdán, un pueblo pueblo, con sus comercios, sus lugareños, sus equilibrios arquitectónicos entre la estética que le era propia y algunas casas que ya se habían empezado a construir para los veraneantes. Era todo tan hermoso, bucólico, que hasta en algunos aspectos resultaba algo afectado y cursi, como la cantada de habaneras de cada verano.Enseguida Calella llamó la atención de los turistas del mundo entero, y fueron paulatinamente llegando y comprando lo que quedaba libre. Cada vez llegaban más turistas, cada vez querían comprar más, y el pueblo renunció a su esencia, y con una falsa idea del negocio trabajó severamente en su autodestrucción para convertirse en el pastiche que es hoy, sobre todo de noche. Hoy Serrat no podría componer ni sus malos discos en el Hotel Batlle, primero, porque el ruido se lo impediría ; segundo, porque tal como está hoy Calella no le inspiraría ninguna canción ni siquiera mediocre; y finalmente, porque el Hotel Batlle ya no existe. La diferencia entre Marbella y Calella es que a Marbella los alemanes no fueron de turistas sino que se instalaron, y no les bastó con disfrutar de ella, y quisieron recrearla, reinventarla. Ellos fueron l os artífices del sueño que nos dejó Puente Romano, Marbella Club, la clínica Buchinger, entre tantas otras joyas que han convertido «Marbella» en una marca internacional más allá de la ciudad.A Calella los alemanes, los ingleses y los franceses fueron sólo como turistas y compraron todo lo que había, y luego todo lo que el pueblo les vendió. Hay un tipo de catalán que no tiene ningún límite ni ningún escrúpulo a la hora de destruir cualquier cosa si cree que en el corto plazo va a ser un negocio. La devastación de los pueblos de la costa catalana no se debe al franquismo, como el victimismo nacionalista tantas veces ha querido plantear. Se debe a este carácter catalán, mezquino, que chulea la belleza pensando que prostituir es una forma de gozar y todo lo convierte en sórdida ganancia. Sin inspiración, sin ni siquiera calcular si preservando el encanto podría con el tiempo ingresar más; y por supuesto con la total ausencia del deseo de un mundo mejor.Ni el Tercer Mundo se hizo en dos días, y es fácil detectar en algunos interlocutores la mentalidad que llevó a sus pueblos a destruirse; ni Cataluña ha tocado el fondo por un hundimiento repentino.El fracaso del pueblo catalán se puede constatar en su política, y en cómo el resentimiento sin causa, transmitido de generación en generación, ha dejado una sensación de asco e insatisfacción que cuando se ha querido encauzar políticamente, se ha transformado en frustración, ridículo internacional y profunda crisis económica. Pero esto es sólo lo que se ve en la superficie.Lo que desde el fondo del estanque mantiene a Cataluña atada a su tragedia, y destruida la antigua belleza de Calella, es la mezquina tacañería del avaro que se rasca los pies mientras el siervo cuenta monedas, todas ellas obtenidas en la creencia de que es más listo que los demás y que el único modo de hacer negocio es mediante el descarnado despiece y la treta. Serrat compuso las canciones del disco Mediterráneo en el Hotel Batlle de Calella de Palafrugell. Yo pasé en este hotel algunos veranos con mis padres, hasta que nació mi hermana y tuvimos que alquilar un apartamento. Era un hotel sencillo, sin pretensiones, con una cocina casera muy buena y habitaciones que bastaban para las personas que teníamos ganas de pasar un buen verano y ninguna idea del lujo había llegado todavía a complicarnos la vida. Calella era un pueblo muy bonito, un pueblo amable del Bajo Ampurdán, un pueblo pueblo, con sus comercios, sus lugareños, sus equilibrios arquitectónicos entre la estética que le era propia y algunas casas que ya se habían empezado a construir para los veraneantes. Era todo tan hermoso, bucólico, que hasta en algunos aspectos resultaba algo afectado y cursi, como la cantada de habaneras de cada verano.Enseguida Calella llamó la atención de los turistas del mundo entero, y fueron paulatinamente llegando y comprando lo que quedaba libre. Cada vez llegaban más turistas, cada vez querían comprar más, y el pueblo renunció a su esencia, y con una falsa idea del negocio trabajó severamente en su autodestrucción para convertirse en el pastiche que es hoy, sobre todo de noche. Hoy Serrat no podría componer ni sus malos discos en el Hotel Batlle, primero, porque el ruido se lo impediría ; segundo, porque tal como está hoy Calella no le inspiraría ninguna canción ni siquiera mediocre; y finalmente, porque el Hotel Batlle ya no existe. La diferencia entre Marbella y Calella es que a Marbella los alemanes no fueron de turistas sino que se instalaron, y no les bastó con disfrutar de ella, y quisieron recrearla, reinventarla. Ellos fueron l os artífices del sueño que nos dejó Puente Romano, Marbella Club, la clínica Buchinger, entre tantas otras joyas que han convertido «Marbella» en una marca internacional más allá de la ciudad.A Calella los alemanes, los ingleses y los franceses fueron sólo como turistas y compraron todo lo que había, y luego todo lo que el pueblo les vendió. Hay un tipo de catalán que no tiene ningún límite ni ningún escrúpulo a la hora de destruir cualquier cosa si cree que en el corto plazo va a ser un negocio. La devastación de los pueblos de la costa catalana no se debe al franquismo, como el victimismo nacionalista tantas veces ha querido plantear. Se debe a este carácter catalán, mezquino, que chulea la belleza pensando que prostituir es una forma de gozar y todo lo convierte en sórdida ganancia. Sin inspiración, sin ni siquiera calcular si preservando el encanto podría con el tiempo ingresar más; y por supuesto con la total ausencia del deseo de un mundo mejor.Ni el Tercer Mundo se hizo en dos días, y es fácil detectar en algunos interlocutores la mentalidad que llevó a sus pueblos a destruirse; ni Cataluña ha tocado el fondo por un hundimiento repentino.El fracaso del pueblo catalán se puede constatar en su política, y en cómo el resentimiento sin causa, transmitido de generación en generación, ha dejado una sensación de asco e insatisfacción que cuando se ha querido encauzar políticamente, se ha transformado en frustración, ridículo internacional y profunda crisis económica. Pero esto es sólo lo que se ve en la superficie.Lo que desde el fondo del estanque mantiene a Cataluña atada a su tragedia, y destruida la antigua belleza de Calella, es la mezquina tacañería del avaro que se rasca los pies mientras el siervo cuenta monedas, todas ellas obtenidas en la creencia de que es más listo que los demás y que el único modo de hacer negocio es mediante el descarnado despiece y la treta.  RSS de noticias de cultura

Serrat compuso las canciones del disco Mediterráneo en el Hotel Batlle de Calella de Palafrugell. Yo pasé en este hotel algunos veranos con mis padres, hasta que nació mi hermana y tuvimos que alquilar un apartamento. Era un hotel sencillo, sin pretensiones, con una … cocina casera muy buena y habitaciones que bastaban para las personas que teníamos ganas de pasar un buen verano y ninguna idea del lujo había llegado todavía a complicarnos la vida.

 

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