Helena Córdoba, la ingeniera multimedia que superó el ‘valle de la muerte’ del emprendimiento: «No es solo que no ganaba nada, tuve que poner de mi salario para cubrir los costes»

Piense en aquello que le apasiona desde que era niño. Imagine ahora el reto de querer vivir de ello en un mundo que no siempre ofrece un camino fácil. ¿Lo haría? Helena Córdoba dijo que sí en sus veintes mientras estudiaba su último año de Ingeniería Multimedia en la UPC (Barcelona), y le dio una oportunidad a Messcellany, el proyecto que une sus pasiones: el diseño y la producción de contenidos visuales innovadores, como videoproyecciones y efectos de luces, para las artes escénicas (como la danza y la ópera). «En 2019 estrené mi primera pieza para el final de la carrera y me lie la manta a la cabeza: dije ‘yo quiero vivir de esto’. Ha sido el desafío más grande de mi vida a nivel de aprender», recuerda.

 Logró impulsar Messcellany, el negocio que creó como estudiante en un país donde los emprendedores se enfrentan a altos costes, largos procesos y mucha incertidumbre  

Piense en aquello que le apasiona desde que era niño. Imagine ahora el reto de querer vivir de ello en un mundo que no siempre ofrece un camino fácil. ¿Lo haría? Helena Córdoba dijo que sí en sus veintes mientras estudiaba su último año de Ingeniería Multimedia en la UPC (Barcelona), y le dio una oportunidad a Messcellany, el proyecto que une sus pasiones: el diseño y la producción de contenidos visuales innovadores, como videoproyecciones y efectos de luces, para las artes escénicas (como la danza y la ópera). «En 2019 estrené mi primera pieza para el final de la carrera y me lie la manta a la cabeza: dije ‘yo quiero vivir de esto’. Ha sido el desafío más grande de mi vida a nivel de aprender», recuerda.

Que una idea se convierta en una gran realidad cuesta mucho, demasiado, en España y para las nuevas generaciones. Lo sabe Córdoba: «Yo era estudiante y no tenía muchos contactos en el mundo escénico», recuerda, ya que en ese tiempo estudiaba y trabajaba media jornada. «Todo lo que es alquilar teatros, técnicos… tiene un coste que no podía cubrir en ese momento. No tenía mucho dinero, pero a través de la universidad conseguí la sala, con mis ahorros pagué el equipo que necesitaba e hice un crowdfunding para mi primera pieza. Con lo que había invertido no quería que se quedara como un proyecto final». Después empezó a desarrollarlo más, con espectáculos más largos (de 50 minutos a una hora) «con la intención de que los teatros tengan más interés en programarlo».

Entre quienes tienen entre 18 y 24 años, hay mucha distancia desde el nacimiento de una idea hasta su materialización y, sobre todo, hasta ser capaz de mantenerla con vida más allá de los tres años y medio. Cuando el emprendimiento de Córdoba estaba despegando, llegó la pandemia, un duro golpe para el mundo del espectáculo y la cultura. «Fue de lo primero que se cayó, muchos estudios de artes escénicas quebraron. Incluso cuando el sector se empezó a recuperar, ya era complicado porque yo me encontré con teatros que solo vendían el 50% de la sala para mantener la distancia». Pero en lugar de dejarlo ir, «siempre he sido tozuda con mi espectáculo. Quería impulsarlo y dedicarme a ello», asegura. Por eso, empezó a trabajar como recepcionista en una academia de danza en Barcelona; quería ganar más dinero y pagar el equipo. «No solo no ganaba nada, sino que tuve que poner de mi salario para cubrir los costes».

Para muchos, la cuarentena por covid-19 fue un impulso para empezar a emprender (o al menos tener la idea de hacerlo) porque, en ese periodo, el porcentaje de quienes tenían intención de crear una nueva empresa alcanzó un máximo histórico del 22%. Sin embargo, cuando las aguas se calmaron y el mercado laboral reabrió, cayó al 11%. La consolidación de los proyectos sufrió el mismo shock: del 5% al marginal 2%. Estos datos pertenecen al informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) publicado por el Observatorio del Emprendimiento. En 2025, esa conversión del deseo en realidad reduce las distancias ligeramente: la intención escala con mucha fuerza (15%) y la consolidación da muestras de una lenta recuperación (3%).

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Córdoba siempre recalca lo positivo de seguir su pasión, pero no ha sido inmune a esos momentos de querer tirar la toalla. «Llevaba un año y había muchos momentos que evidentemente se me pasaba por la cabeza decir ‘paramos todo porque no me lleva a ningún sitio», recuerda. «En ese momento fue como un arma de doble filo porque nadie hacía cosas porque no había presupuesto, pero a la vez éramos pocos los que hacíamos cosas, por lo tanto estábamos más en el punto de mira». Quienes tienen entre 25 y 34 años tienen más suerte en esto y en la brecha entre el deseo y la consolidación. Aunque en 2021 existía una gran desconexión (con el 28% de la intención nacional, pero con un pobre 5% de la consolidación, pese a su experiencia y alta cualificación académica), hoy la situación contrasta con una intención que cae al 24%, pero con la consolidación aumentando al 11%. Saben identificar qué ideas materializar.

A pesar de todo esto, Messcellany superó los temibles tres primeros años y ahora va para los siete, pasando por el Teatro del Rabal, el Centro de artes digitales de Barcelona, el Cirque du Soleil y La Monnaie (Ópera Nacional de Bélgica). No sin asumir nuevos retos, como el darse de alta de autónoma por la necesidad de facturar en los teatros cuando tenía unos 20 años. «Tuve la suerte de que el Gobierno lanzó esas ayudas, que tampoco eran increíbles, pero al menos me ayudaron a pagar la cuota de autónoma cuando me di de alta», cuenta. Sin embargo, dudaba en seguir durante la pandemia. «Sabía que me tocaría darme de alta otra vez por la naturaleza de mi tipo de empleo, pero tendría que partir directamente de la cuota mínima de 300 y pico euros y no quería perder mis beneficios del primer año con una cuota reducida».

De hecho, dar el salto al régimen de autónomos -donde ya hay más de 3,4 millones de trabajadores- implica enfrentarse a la burocracia, la incertidumbre financiera y la gestión de tiempo. Las obligaciones fiscales son uno de los principales obstáculos, con el pago obligatorio de impuestos y cotizaciones por ingresos reales o estimados antes de lograr rentabilidad, lo que limita su liquidez y frena el crecimiento. Según la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), esta es la principal preocupación de la mayoría de autónomos, con una brecha fiscal con las sociedades que supera el 30%. Este régimen, aseguran, tributa a un tipo de entre el 20% y el 24%, con una deducibilidad mucho más limitada y mayores cargas administrativas.

Para quienes necesitan hacerlo, como Córdoba, a una temprana edad, estos costes y procesos pueden ser decisivos para continuar con su propio negocio. La franja de edad de entre los 25 y los 34 años asume una importancia mucho mayor en el ecosistema emprendedor español. De hecho, en 2025, el 24% de todas las nuevas empresas están impulsadas por personas que integran esta generación. Mientras que a nivel de creación de compañías, es muy superior a la generación más joven. Una similitud importante es su alto nivel de rotación: esta franja de edad ha sufrido un fuerte repunte en la destrucción de negocios, pasando de representar el 20% de los cierres en el año anterior a concentrar el 25% de todos los abandonos en 2025.

Córdoba es uno de los casos más claros que refleja que en el emprendimiento hay mucho que celebrar, pero también mucho que sufrir. Por un lado, quienes han emprendido con 18 a 24 años han atravesado distintas etapas, siempre marcado por quienes prefieren estudiar y los continuos cambios cíclicos sobrevenidos por crisis como la de 2008 o la pandemia. La Tasa de Actividad Emprendedora (TEA, que mide el porcentaje de la población adulta involucrada en la creación o gestión de iniciativas empresariales recientes con menos de tres años y medio de vida) se situaba en torno al 5% antes de la gran crisis, pero se desplomó al 2,8% en 2010. Después logró recuperarse al 4,9% previo a la pandemia; volvió a caer al 2,9% en 2021 y alcanzó su mínimo histórico (2,6%) en 2023.

Por esto, el emprendimiento compite activamente con la seguridad que da el empleo público en España. El número de plazas de la oferta para este año en la Administración General del Estado creció a 27.232 y, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), más del 60% de la población percibe el empleo público como atractivo para los jóvenes, sobre todo por la crisis de acceso a la vivienda y la temporalidad de los empleos, lo que hace que muchos prioricen la seguridad funcionarial.

Sin embargo, aún hay quienes confían en el emprendimiento. De hecho, 2025 significó un punto de inflexión. El peso de este grupo en las nuevas empresas dio un salto cuantitativo hasta el 11%, la mayor cifra de la última década. Este repunte está auspiciado por la integración de nuevas tecnologías, su liderazgo en innovación y la inmigración: el 10% de los jóvenes migrantes lideró una iniciativa reciente en el año pasado.

«Tengo como objetivo acercar las artes escénicas al público juvenil a través de esas nuevas tecnologías, pero tratándolas de una manera delicada. Es decir, que no cambien el mensaje de la narrativa escénica, sobre todo, cuando se trata de ópera, obras más clásicas, para preservar la identidad y el mensaje», detalla Córdoba. Y es que las herramientas digitales cada vez están más presentes, especialmente con el boom de la IA que está redefiniendo todo, incluido el mercado laboral y las carreras que surgen por las nuevas necesidades.

Vea el siguiente capítulo de No es país para jóvenes con la historia de Carlota Salazar, una de las primeras graduadas de la carrera de ingeniería en inteligencia artificial.

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