Sólo una isla del Mediterráneo se coló como invitada inesperada en el 250 aniversario del Día de la Independencia de Estados Unidos. Mallorca. Su nombre apareció el pasado 4 de julio como una gota de barro en un escaparate de 350 millones de habitantes. Su rocoso contorno quedó marcado como un mordisco en la gran manzana, en los titulares de la prensa popular neoyorquina por el caso Dujawi. Una campaña publicitaria a coste cero.
El primero en enamorarse de la isla fue Michael Douglas. Le han seguido James Costos y Michael Smith, Jennifer Aniston, Jeff Bezos, Kanye West. Los vuelos directos entre Nueva Yorky Palma les animan, además, a invertir.
Sólo una isla del Mediterráneo se coló como invitada inesperada en el 250 aniversario del Día de la Independencia de Estados Unidos. Mallorca. Su nombre apareció el pasado 4 de julio como una gota de barro en un escaparate de 350 millones de habitantes. Su rocoso contorno quedó marcado como un mordisco en la gran manzana, en los titulares de la prensa popular neoyorquina por el caso Dujawi. Una campaña publicitaria a coste cero.
La isla está de moda en Manhattan, sobre todo desde que en junio de 2022 la aerolínea United Airlines estrenó ruta regular entre Palma y Nueva York. Y fue allí, haciendo cola en una puerta de embarque del aeropuerto de Newark, donde una tuitera del universo trumpista pilló a Dujawi, ilustradora y mujer del alcalde Zohran Mamdani (primer mayor musulmán de la ciudad de los rascacielos) embarcando de incógnito en un vuelo a Palma mientras la ciudad se engalanaba para la celebración de su gran fiesta nacional.
Un chubasco de críticas cayó sobre la mujer del alcalde. Los conservadores la acusaron de borrarse de la fecha señalada para irse a un retiro espiritual a Mallorca. Un encuentro de mujeres musulmanas que se entregan a la meditación y el mindfulness en una villa de 20.000 euros a la semana mientras se alimentan de recetas veganas y platos sanadores que aparecen en el Corán.
En realidad, Rama Dujawi no sólo hacía uso de su libertad: también se dedicaba simplemente a ir a la moda. Porque las calas y las montañas mallorquinas se han convertido en un lugar de peregrinación y recomposición espiritual para norteamericanos de clase alta que acuden atraídos por la romántica idea de entregarse al dolce far niente de los días de vino y ensaimadas.
Lo hizo Dujawi y lo hicieron, a otro nivel, el rapero Kanye West y su mujer, Bianca Censori, que el año pasado ya recurrieron a uno de esos retiros de bienestar para huir de sus escándalos y polémicas. Eligieron una exclusiva clínica que ofrece tratamientos de hasta 150.000 euros, incluyendo retiros en yates y casas rurales con todo tipo de lujos. Censori y West salieron del retiro, se alquilaron un casoplón con vistas al mar y, ya relajados, visitaron una tienda erótica de Palma.
La historia de los famosos se escribe ahora en clave mística pero hubo un tiempo en que todo era más prosaico.
El pionero en ese idilio entre Estados Unidos y Mallorca fue Michael Douglas. El actor lo ha llevado ahora a otro nivel. Ya no es aquel veraneante que desde los años 80 traía una pequeña dosis de glamour de Hollywood a Valldemossa (el precioso pueblo que encandiló a Borges), invitando a amigos como Jack Nicholson o paseando luego su romance con su segunda esposa, Catherine Zeta-Jones, a la que sorprendía cenando en la azotea.
Desde que renunció a vender su finca S’Estaca (llegó a estar a la venta por 50 millones de euros), el hijo de Kirk Douglas se ha mallorquinizado más que nunca, dentro -claro está- de sus californianas posibilidades. Recibe a sus amigos, viaja a ver caballos en Menorca y se hace vídeos selfie en su finca, frente a su pequeña viña, como si fuese un agroinfluencer de la España vaciada. Douglas cuenta a sus fans que pasa mucho calor, recomienda el idílico museo de sus amigos Jakober, anfitriones en Sa Bassa Blanca, o lanza un cebo sobre la próxima publicación de su libro, que verá la luz en otoño.
El oscarizado actor es feliz en Mallorca y quiere venir más. Lo advirtió hace dos años, cuando fue premiado en el festival de cine que amadrina la Reina Letizia y dijo que su principal aspiración era venir más a la isla, donde disfruta del habitual anonimato que le brinda la idiosincrasia balear, alérgica a incomodar al extranjero.
Poco a poco lo va cumpliendo y hasta tiene mote en el pueblo: el Miquel de S’Estaca. Su hija Carys, de 23 años, dice que adora Valldemossa, que es el mejor lugar del mundo, que asocia a su infancia. Y lo dice en un buen castellano, ante la mirada orgullosa de su padre ya octogenario.
Douglas es embajador de la isla en el mundo. Y, en camino inverso, embajador del mundo en la isla es James Costos. El ex embajador, literal, de Estados Unidos en España, amigo de los Obama, tiene en el interior de Mallorca una sofisticada villa de aires gatopardescos. Él y su pareja, el interiorista Michael Smith, compraron recientemente la casa, que perteneció a la paisajista Isabel Carvajal. Se llama X’arbet y es un oasis con fuentes y patios de inspiración clásica y andaluza y con vistas a la Sierra de Tramuntana. Allí actuó Pitingo en uno de sus cumpleaños y allí se ha alojado Michelle Obama, que desde hace años es una de las visitantes ilustres del verano insular.
El poder político marca la estela al poder empresarial. En Mallorca estrenaron superyate Jeff Bezos y Mark Zuckerberg. Sus dos barcazos, a los que se desplazan en helicóptero valen juntos 800 millones de euros. O lo que es lo mismo: más que el presupuesto del Ayuntamiento de Palma para 2026.
Pero más allá de las grandes fortunas, Mallorca encanta a las celebrities de la mitad norte del continente americano. La última estrella de Hollywood que ha aterrizado en Mallorca este verano es el actor Orlando Bloom, que llegó el miércoles en jet privado para ir directamente a pasearse en un yate junto a su nueva novia, la modelo suiza de 28 años Luisa Laemmel.
La actriz Jennifer Aniston (ex de Brad Pitt) ha repetido este verano por segundo año seguido. Vino primero con su flamante pareja, el coach Jim Curtis, al que algunos apodan el gurú del amor. Les gustó la escapada y este año se han apuntado con amigos, nunca mejor dicho. Aniston estado estos días solazándose con Courteney Cox, su compañera de reparto en la mítica serie Friends (1994-2004), separada recientemente. Con ellas ha llegado Pedro Pascal, actor de moda (The Last of Us, Gladiator II, The Mandalorian) de origen chileno. Todos ellos han navegado en el yate Rising Sun, del productor David Geffen, un hotel flotante para famosos de Estados Unidos, a bordo del cual han pasado por la isla personajes conocidos como las hermanas Jenner, Leonardo Di Caprio u Oprah Winfrey.
La lista de nombres vip no se acaba ahí. Steven Spielberg navegó el año pasado en su yate junto al oscarizado actor Daniel Day-Lewis. El canadiense Justin Bieber se paseó por el Puerto de Andratx, donde se asomó a la puesta de sol como un turista meditabundo más y acudió a un beach club donde alquilan por 400 euros cada hamaca. Tom Cruise se paseó por la isla junto a estrellas del deporte, mitos americanos como Michael Jordan, que estuvo en Ibiza el mes pasado, o Tom Brady, el jugador más laureado de la NFL.
Mallorca tiene intensas conexiones aéreas con destinos de todo el planeta (vuelos a Nueva York, Washington y Montreal), una fuerte actividad de jets privados y es además un hub internacional para yates y megayates, que encuentran en sus puertos refugio invernal con todos los servicios.
Además, garantiza privacidad por el carácter reservado de sus residentes (Amber Heard, ex de Johny Depp, se refugió en un pueblo y la prensa no se enteró hasta que pasaron semanas) y el mercado inmobiliario de lujo está disparado a pesar del enfriamiento del último año. «La isla está de moda, muchos norteamericanos con dinero vienen de vacaciones aprovechando las conexiones y compran casa aquí, siempre les ha gustado la idea de tener casa en Europa», explica un profesional del sector que conoce de primera mano numerosas operaciones.
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