Karmele Marchante: «No me jubilo ni loca. ¿Cerámica? Qué horror»

Después de diez años alejada de la televisión, Karmele Marchante ha vuelto a un plató. Actualmente forma parte del espacio De lunes a viernes, en las tardes de Telecinco, un regreso que ella misma reconoce que nunca imaginó cuando abandonó la cadena hace una década. «Quién me iba a decir a mí que cuando me largué dando un portazo de Telecinco iba a volver de nuevo. Pero debo decir que este programa no tiene nada que ver con el anterior. Es un programa estupendo, fresco y divertido.»

 A sus 79 años, la periodista dice que mantiene intacta la curiosidad vital y que no piensa en la jubilación ni se pone una meta en el horizonte para hacerlo  

Después de diez años alejada de la televisión, Karmele Marchante ha vuelto a un plató. Actualmente forma parte del espacio De lunes a viernes, en las tardes de Telecinco, un regreso que ella misma reconoce que nunca imaginó cuando abandonó la cadena hace una década. «Quién me iba a decir a mí que cuando me largué dando un portazo de Telecinco iba a volver de nuevo. Pero debo decir que este programa no tiene nada que ver con el anterior. Es un programa estupendo, fresco y divertido.»

La periodista recibe esta nueva etapa con el mismo entusiasmo con el que ha afrontado toda su trayectoria. «Cuando me largué de aquel programa infame, lo que me ofrecieron después no me interesaba», afirma. En lugar de buscar otro plató, escribió dos libros, recorrió África siguiendo la ruta de la trata de mujeres porque es abolicionista y continuó haciendo teatro feminista. «Yo no estoy ni un minuto parada, estoy activa, a mí me gusta lo que hago.»

Por eso la jubilación ni siquiera aparece en su horizonte. Cuando se le pregunta si imagina el momento de retirarse para llevar una vida tranquila apuntándose a un taller de cerámica que está muy de moda, su respuesta es inmediata: «Ni loca. ¿Cerámica? Qué horror». Karmele aclara que tampoco vive obsesionada con el trabajo. «Tengo una vida organizada, es decir, cuando quiero descansar o tener ocio, lo tengo. No es que yo esté como una loca obsesiva, sino que distribuyo las cosas muy bien. No tengo ni estrés laboral, ni estrés vital, ni estrés emocional, ni nada.»

Karmele Marchante durante un momento del programa 'De lunes a viernes'
Karmele Marchante durante un momento del programa ‘De lunes a viernes’Mediaset

Ese rechazo a la retirada tiene mucho que ver con otra de sus batallas: el edadismo. «Yo niego el edadismo para mujeres y para hombres y estoy por las cosas transgeneracionales y transversales, es decir, que no porque tengas una edad determinada en el carnet de identidad te tienes que quedar en tu casita con un pañuelo negro en la cabeza.»

La experiencia, insiste, sigue teniendo valor. «Claro, la experiencia cuenta. Es importantísimo». Y explica cuál es el secreto para mantenerse activa: «Tengo la curiosidad vital. Leo tres periódicos al día, sigo la actualidad y procuro mantenerme informada de todo».

Al repasar una carrera que comenzó mucho antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos de la prensa del corazón, reivindica una trayectoria mucho más amplia de lo que suele recordar el gran público. Fue corresponsal en los países escandinavos, dirigió la revista Star, participó en la fundación de Ajoblanco y creó el Club de las 25, uno de los colectivos feministas históricos que continúa activo.

De hecho, recuerda perfectamente cuándo cambió su vida. Fue leyendo Mujer y sociedad, de Lidia Falcón. «Me lo tragué, me lancé a las páginas amarillas, la llamé y le dije: ‘Yo quiero ser como usted’. Aquel compromiso feminista nunca ha desaparecido y atraviesa toda su forma de entender el periodismo. Nunca ha visto incompatibilidad entre defender el feminismo y trabajar en la prensa del corazón. Explica que llegó a ese género casi por casualidad, después de abandonar Informe Semanal por sus discrepancias con un productor ejecutivo al que define como «un misógino horrible». Más tarde, una oportunidad en Televisión Española la llevó a especializarse en información social y, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en uno de los rostros más conocidos del periodismo del corazón.

Karmele Marchante en los años 80
Karmele Marchante en los años 80Ángel Casaña

Lejos de renegar de aquella etapa, la reivindica. «Se puede ser feminista y trabajar en la prensa del corazón y aplicar unos criterios y unas lógicas feministas, que es lo que hago yo». Tampoco pierde demasiado tiempo intentando convencer a quienes opinan lo contrario. «Quien dice eso son los tíos estos machirulos. Yo es que no quiero perder un minuto en lavarles el coco, que lo tienen sucio. Nunca pierdo un minuto en convertir a un machirulo en feminista. Que hagan lo que quieran y que digan lo que quieran, que a mí me da igual.»

La profesión, reconoce, tampoco ha sido siempre amable. «La norma general es pisar cabezas y apuñalar por la espalda», afirma al hablar del periodismo. Aun así, asegura haber conservado buenas amistades y distingue claramente entre el ámbito laboral y el personal. Pero, por encima de todo, reivindica el papel de las mujeres que la han acompañado durante toda su vida. «Las amigas, para las mujeres que somos feministas y que nos llaman de todo como feminazis, formamos unas redes de apoyo que son una de las cosas revolucionarias más importantes del mundo. Nos ayudamos, nos levantamos, nos apoyamos, nos enriquecemos, nos divertimos, todo.»

Esa forma de entender las relaciones también explica cómo ha organizado siempre su vida. Cuenta que distingue perfectamente entre sus distintos círculos de amistades y que nunca ha querido que el trabajo lo absorbiera todo. «Mi vida no ha sido nunca la tele y el trabajo, sino que yo tengo una vida siempre llena de personas amigas, de círculos… Nunca he dejado de hacer otras cosas.»

Cuando se le pregunta si se marca algún horizonte para dejar de trabajar, vuelve a responder con absoluta naturalidad: «No me pongo ninguna meta».

 LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón

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