Renunciar a la nacionalidad rusa, una medida que muchos hombres contemplan para evitar ser movilizados y acabar en el frente de Ucrania, es más caro desde este verano. En algunos casos, el importe de la tasa que se abona por dejar de ser ciudadano de la Federación Rusa se ha multiplicado por diez. Los organismos oficiales indican que se debe pagar el equivalente a mil euros –importe similar al de un salario mensual medio– para iniciar este trámite, pero el total puede ser más elevado dependiendo del lugar en el que se lleve a cabo.Donde más se ha encarecido el procedimiento es dentro de Rusia. Se ha disparado de 43 euros a 500. Y no es porque se haga de forma exprés, ya que el proceso se alarga al menos seis meses. En Kazajistán y Armenia, dos países cercanos que cobijan a muchos exiliados, la factura asciende a 1.300 euros. Y en los Estados considerados ‘no amistosos’ por el Kremlin, como Reino Unido, Estados Unidos o todos los miembros de la UE, la tasa asciende a 2.200 euros. Además, la renuncia solo se aprueba si el solicitante carece de deudas con Hacienda o multas pendientes. Tampoco pueden devolver su pasaporte aquellos sobre los que pese una condena vigente o, más importante, quienes tienen el servicio militar por hacer.Hasta la invasión de Ucrania, la principal razón para rechazar la ciudadanía entre los rusos residentes en el extranjero residía en la aceptación de otra de un país que no permite la doble nacionalidad –como es el caso de España con Rusia– y que otorgaría más facilidades laborales y de viaje en sus nuevos lugares de residencia. Ahora, entre otros motivos se encuentran evitar posibles extradiciones por condenas ‘in absentia’ y, ahora, sobre todo escapar de una posible llamada del Ministerio de Defensa .Este último argumento es el que más pesa para un ruso afincado en América que habla bajo condición de anonimato. Conseguir la nacionalidad del país que le acoge no es complicado y es lógico que le preocupe continuar siendo ruso. «Si cuando voy a ver a mis padres resulta que me reclaman en el frente, no podré salir», explica a este diario. Porque, siempre que se encuentre en territorio de Rusia, será tratado como un nacional y, una vez emitida la notificación militar con su nombre, los varones no pueden abandonar legalmente las fronteras y deben presentarse en un cuartel para iniciar el proceso de reclutamiento. «Además, he sido bastante crítico en el pasado, aunque no soy nada relevante. Quién sabe si me podrían condenar por ‘fakes’ sobre el Ejército o algo así», añade.«Si cuando voy a ver a mis padres resulta que me reclaman en el frente, no podré salir», afirma un ruso, afincado en AméricaMoscú niega otra leva masivaEn cualquier caso, el Kremlin reitera que no se prepara una nueva llamada a las armas. «Por el momento, no necesitamos una movilización masiva y, hasta donde yo sé, no está prevista ni se la espera», declaró este viernes Vasily Nebenzia, su representante en las Naciones Unidas. Y el vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, denunció que esa idea la ha instalado el enemigo: «Difundir disparates sobre la supuesta preparación del país para la movilización no es más que una falsa provocación». Sin embargo, expertos y países occidentales dudan de esas afirmaciones y recalcan que el Kremlin ya tiene listo un marco para llevarla a cabo. Además incluso se señala una posible fecha: después de las elecciones parlamentarias que se celebrarán entre el 18 y el 20 de septiembre. Una de las señales más destacadas que apuntan en esa dirección son los cierres de algunos pasos fronterizos como los de Finlandia, Estonia y Letonia.Además están los múltiples anuncios en plataformas de empleo como Headhunter. Allí, las ofertas para «especialistas en movilización y registro militar» aumentan y actualmente ya suman cerca de 2.500. Por otro lado, en algunas regiones como Riazán y Cheliábinsk se ha impuesto un cupo mínimo de empleados en el frente: dos para las empresas que tengan entre 150 y 300 trabajadores en nómina, tres para aquellas en las que la plantilla alcance los 500, y un mínimo de cinco para las más grandes.El peligro del activismoEn cualquier caso, no solo los varones en edad militar tienen razones para renunciar a la nacionalidad rusa. Los activistas también se pueden beneficiar, porque la justicia del país ya ha condenado o puesto en búsqueda y captura a disidentes que viven en el extranjero. Los casos más recientes son los de Zhanna Nemtsova y Lev Ponomariov. El pasado mes de julio, a la primera se le dictó prisión preventiva por dirigir una ONG que las autoridades rusas tienen en su lista de ‘organizaciones indeseables’; al segundo se le condenó a cinco años de prisión por eludir sus obligaciones como persona catalogada como ‘agente extranjero’. Pero desligarse de la nacionalidad no solo es complicado por todas las implicaciones sentimentales. Puede convertirse en un problema futuro para los propios interesados. Es el caso de una rusa afincada en Austria que prefiere no hacer público su nombre. Abandonó su país natal en los 90, en una época en la que muchos emigraban tras el colapso de la URSS . Con el tiempo consiguió obtener el pasaporte europeo, pero a costa de su ciudadanía. «En un primer momento me pareció el paso más obvio, vivía allí indefinidamente con mi familia más directa y podía olvidarme de los trámites de Extranjería más complicados», cuenta, señalando que entre los aspectos negativos está el requisito de solicitar un visado para regresar a Rusia, donde también aprecia una regresión en materia de libertades individuales. Sobre todo para la comunidad LGBTI. «El país del que me fui ya no existe», sentencia. Por el vínculo emocional, asegura que seguirá yendo, pero menos que antes de la guerra por los altos precios de los viajes entre Viena y Moscú, y por la incomodidad del trayecto.
Renunciar a la nacionalidad rusa, una medida que muchos hombres contemplan para evitar ser movilizados y acabar en el frente de Ucrania, es más caro desde este verano. En algunos casos, el importe de la tasa que se abona por dejar de ser ciudadano de … la Federación Rusa se ha multiplicado por diez. Los organismos oficiales indican que se debe pagar el equivalente a mil euros –importe similar al de un salario mensual medio– para iniciar este trámite, pero el total puede ser más elevado dependiendo del lugar en el que se lleve a cabo.
Donde más se ha encarecido el procedimiento es dentro de Rusia. Se ha disparado de 43 euros a 500. Y no es porque se haga de forma exprés, ya que el proceso se alarga al menos seis meses. En Kazajistán y Armenia, dos países cercanos que cobijan a muchos exiliados, la factura asciende a 1.300 euros. Y en los Estados considerados ‘no amistosos’ por el Kremlin, como Reino Unido, Estados Unidos o todos los miembros de la UE, la tasa asciende a 2.200 euros. Además, la renuncia solo se aprueba si el solicitante carece de deudas con Hacienda o multas pendientes. Tampoco pueden devolver su pasaporte aquellos sobre los que pese una condena vigente o, más importante, quienes tienen el servicio militar por hacer.
Hasta la invasión de Ucrania, la principal razón para rechazar la ciudadanía entre los rusos residentes en el extranjero residía en la aceptación de otra de un país que no permite la doble nacionalidad –como es el caso de España con Rusia– y que otorgaría más facilidades laborales y de viaje en sus nuevos lugares de residencia. Ahora, entre otros motivos se encuentran evitar posibles extradiciones por condenas ‘in absentia’ y, ahora, sobre todo escapar de una posible llamada del Ministerio de Defensa.
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Este último argumento es el que más pesa para un ruso afincado en América que habla bajo condición de anonimato. Conseguir la nacionalidad del país que le acoge no es complicado y es lógico que le preocupe continuar siendo ruso. «Si cuando voy a ver a mis padres resulta que me reclaman en el frente, no podré salir», explica a este diario. Porque, siempre que se encuentre en territorio de Rusia, será tratado como un nacional y, una vez emitida la notificación militar con su nombre, los varones no pueden abandonar legalmente las fronteras y deben presentarse en un cuartel para iniciar el proceso de reclutamiento. «Además, he sido bastante crítico en el pasado, aunque no soy nada relevante. Quién sabe si me podrían condenar por ‘fakes’ sobre el Ejército o algo así», añade.
«Si cuando voy a ver a mis padres resulta que me reclaman en el frente, no podré salir», afirma un ruso, afincado en América
Moscú niega otra leva masiva
En cualquier caso, el Kremlin reitera que no se prepara una nueva llamada a las armas. «Por el momento, no necesitamos una movilización masiva y, hasta donde yo sé, no está prevista ni se la espera», declaró este viernes Vasily Nebenzia, su representante en las Naciones Unidas. Y el vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, denunció que esa idea la ha instalado el enemigo: «Difundir disparates sobre la supuesta preparación del país para la movilización no es más que una falsa provocación».
Sin embargo, expertos y países occidentales dudan de esas afirmaciones y recalcan que el Kremlin ya tiene listo un marco para llevarla a cabo. Además incluso se señala una posible fecha: después de las elecciones parlamentarias que se celebrarán entre el 18 y el 20 de septiembre. Una de las señales más destacadas que apuntan en esa dirección son los cierres de algunos pasos fronterizos como los de Finlandia, Estonia y Letonia.
Además están los múltiples anuncios en plataformas de empleo como Headhunter. Allí, las ofertas para «especialistas en movilización y registro militar» aumentan y actualmente ya suman cerca de 2.500. Por otro lado, en algunas regiones como Riazán y Cheliábinsk se ha impuesto un cupo mínimo de empleados en el frente: dos para las empresas que tengan entre 150 y 300 trabajadores en nómina, tres para aquellas en las que la plantilla alcance los 500, y un mínimo de cinco para las más grandes.
El peligro del activismo
En cualquier caso, no solo los varones en edad militar tienen razones para renunciar a la nacionalidad rusa. Los activistas también se pueden beneficiar, porque la justicia del país ya ha condenado o puesto en búsqueda y captura a disidentes que viven en el extranjero. Los casos más recientes son los de Zhanna Nemtsova y Lev Ponomariov. El pasado mes de julio, a la primera se le dictó prisión preventiva por dirigir una ONG que las autoridades rusas tienen en su lista de ‘organizaciones indeseables’; al segundo se le condenó a cinco años de prisión por eludir sus obligaciones como persona catalogada como ‘agente extranjero’.
Pero desligarse de la nacionalidad no solo es complicado por todas las implicaciones sentimentales. Puede convertirse en un problema futuro para los propios interesados. Es el caso de una rusa afincada en Austria que prefiere no hacer público su nombre. Abandonó su país natal en los 90, en una época en la que muchos emigraban tras el colapso de la URSS. Con el tiempo consiguió obtener el pasaporte europeo, pero a costa de su ciudadanía.
«En un primer momento me pareció el paso más obvio, vivía allí indefinidamente con mi familia más directa y podía olvidarme de los trámites de Extranjería más complicados», cuenta, señalando que entre los aspectos negativos está el requisito de solicitar un visado para regresar a Rusia, donde también aprecia una regresión en materia de libertades individuales. Sobre todo para la comunidad LGBTI. «El país del que me fui ya no existe», sentencia. Por el vínculo emocional, asegura que seguirá yendo, pero menos que antes de la guerra por los altos precios de los viajes entre Viena y Moscú, y por la incomodidad del trayecto.
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