El complejo puzle de Mourinho en el Madrid

Más allá de todas las polémicas que rodearon la primera estancia de José Mourinho en el Real Madrid, entre 2010 y 2013 (no fueron pocas), en la memoria colectiva del madridismo perdura el equipo que construyó para la temporada 2011-2012. Aquel grupo ganó la Liga, conocida como la de los récords: 100 puntos (que igualaría el Barça al año siguiente), 121 goles (marca todavía vigente), 32 partidos ganados, 16 como visitante… Y, más allá de los números, fue un equipo divertidísimo para el espectador, dueño de algunos de los contragolpes más bonitos de siempre. En aquel equipo vertiginoso solían jugar Casilllas; Arbeloa, Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso y Khedira; Cristiano, Di María, Özil y Benzemá.

 El portugués debe armar un equipo a partir de la presencia de Mbappé, Vini, Diomande y Bellingham  

Más allá de todas las polémicas que rodearon la primera estancia de José Mourinho en el Real Madrid, entre 2010 y 2013 (no fueron pocas), en la memoria colectiva del madridismo perdura el equipo que construyó para la temporada 2011-2012. Aquel grupo ganó la Liga, conocida como la de los récords: 100 puntos (que igualaría el Barça al año siguiente), 121 goles (marca todavía vigente), 32 partidos ganados, 16 como visitante… Y, más allá de los números, fue un equipo divertidísimo para el espectador, dueño de algunos de los contragolpes más bonitos de siempre. En aquel equipo vertiginoso solían jugar Casilllas; Arbeloa, Ramos, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso y Khedira; Cristiano, Di María, Özil y Benzemá.

Quince años más tarde Mourinho, o más bien el club y su presidente, Florentino Pérez, que es quien dirige la política deportiva, han confeccionado una plantilla que, puesta sobre la hierba, parece encaminarse a repetir aquella fórmula de equipo extremadamente vertical que jugaba, en cuanto recuperaba la pelota, a correr como demonios hacia la portería contraria. El fichaje de Diomande, la renovación de Vinicius, más las mejores versiones de Bellingham y Mbappé casi obligan a pensar en algo parecido a lo de entonces, replicando la línea de tres por detrás del delantero centro.

Habrá, como hubo, otras tardes y noches, obviamente, ante equipos pequeños, donde aquel equipo estuvo, y este lo estará, obligado a tener el balón. En aquella temporada, la clarividencia de Xabi Alonso y la de Özil ayudaba en esas otras tardes y noches. La duda, ante el adiós a la opción de fichar a Rodri, es quién desempeñará ese papel en el curso que está a punto de comenzar.

Porque parece obvio que los cuatro de arriba van a jugar siempre (hablamos de los partidos importantes, no hace falta explicar que la temporada de un equipo como el Madrid es larguísima y que habrá lesiones, sanciones y acumulación de partidos). De modo que, descontados esos cuatro, más los cuatro defensas y el portero, quedan dos puestos en el centro del campo.

De inicio serán Tchouaméni y Valverde, un pensamiento asentado en la necesidad de equilibrar de alguna manera la brutal proyección ofensiva de los cuatro de arriba. Sin embargo, para los críticos, que los hay, con esta planificación, la duda reside en saber quién desempeñará el papel de Xabi Alonso y el de Özil, futbolista de buen pie. Ni el francés ni el uruguayo cuentan entre sus virtudes con el buen manejo de la pelota. No tienen facilidad para encontrar pases entre líneas o hacer cambios de orientación.

En el club creen que ese papel está destinado a desempeñarlo Bernardo Silva. El portugués, que ha llegado libre del City con 32 años, tiene fútbol para dar y regalar, y se le intuyen altas capacidades para manejar el balón, y el equipo, cuando el rival se ponga, como dicen los modernos hoy en día, en bloque bajo, que es defender en tu propio campo de toda la vida. El portugués, sin embargo, llega en un momento de su carrera donde quizá no sea lo más conveniente ponerle a jugar más de 50 partidos en una temporada. Hay más opciones, sin embargo, en una plantilla a la que, de hecho, le sobran algunos efectivos con la llegada de los seis fichajes de este año.

El primero de la lista para esas salidas es Camavinga, otro mediocentro que no ha terminado de cuajar en el Madrid. Tiene más talento para la distribución que Tchouaméni y Valverde, pero recuperarle para afrontar una temporada no parece tarea fácil. Y luego andan por ahí jugadores como Brahim y Arda Güler, que pueden jugar también en la base del equipo, especialmente el turco. Endrick, Rodrygo cuando se recupere o Espí ofrecen soluciones, pero ninguna de ellas atañe a la zona donde más incógnitas puede tener este Real Madrid al que Mourinho quiere imprimir el sello de aquel equipo de la 2011-2012.

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