Carlos Queiroz, el ex que vuelve con Ghana para cruzarse en los planes de Colombia

El reencuentro con un ex no suele ser fácil, y mañana Colombia se encontrará con el suyo. Aquel que, supuestamente, nunca llegó a entenderla. La Tricolor recibirá a Ghana y, en el banquillo, se sentará Carlos Queiroz. El actual seleccionador de las Estrellas Negras también dirigió a la selección cafetera. Estuvo al mando desde febrero de 2019 hasta diciembre de 2020, con 18 partidos resueltos en nueve victorias, cuatro empates y cinco derrotas. Su relación duró poco menos de dos años, pero la ruptura llega hasta hoy, obligándolos a reencontrarse en unos dieciseisavos de una Copa del Mundo. El fútbol es caprichoso.

 El técnico de Ghana, en su quinto Mundial, se enfrenta a la Tricolor, a la que dirigió durante casi dos años. Su estilo de juego y los conflictos con la Federación dinamitaron su continuidad.  

El reencuentro con un ex no suele ser fácil, y mañana Colombia se encontrará con el suyo. Aquel que, supuestamente, nunca llegó a entenderla. La Tricolor recibirá a Ghana y, en el banquillo, se sentará Carlos Queiroz. El actual seleccionador de las Estrellas Negras también dirigió a la selección cafetera. Estuvo al mando desde febrero de 2019 hasta diciembre de 2020, con 18 partidos resueltos en nueve victorias, cuatro empates y cinco derrotas. Su relación duró poco menos de dos años, pero la ruptura llega hasta hoy, obligándolos a reencontrarse en unos dieciseisavos de una Copa del Mundo. El fútbol es caprichoso.

El portugués no llegó a Bogotá de cualquier manera. Fue el sustituto de José Néstor Pékerman, quien había clasificado a Colombia a dos Mundiales de manera consecutiva y había alcanzado la mejor participación de la historia en Brasil 2014: la selección avanzó hasta los cuartos de final, donde fue eliminada por la anfitriona.

Quizás fuera la ambición de contar con un técnico de talla mundial, experto en selecciones y que incluso había entrenado al Real Madrid de los Galácticos lo que llevó a Colombia a fijarse en él para que la Tricolor repitiera gestas como las de Brasil. Pero, como ocurre con muchas relaciones cuando terminan, la de él con Colombia no acabó bien.

Los comienzos fueron buenos, pero, cuando llegaron los baches, los rumores sobre la mala relación entre los jugadores y el técnico se dispararon. Incluso se especuló con que parte del vestuario le hizo la cama, una versión que el propio Queiroz siempre desmintió. El punto de no retorno llegó con dos goleadas sufridas en las eliminatorias rumbo al Mundial de Qatar 2022: un 3-0 ante Uruguay y un 6-1 frente a Ecuador. Lo que es cierto e innegable es que, a esas alturas, la relación ya estaba desgastada y los problemas internos acabaron saliendo a la luz.

Meses después de su salida, Queiroz identificó al responsable de una ruptura que, para él, tenía nombre y apellidos: Álvaro González Alzate, directivo de la Federación desde hace más de medio siglo. Pero, más allá de las disputas en los despachos, la opinión de gran parte de la afición fue clara: Queiroz nunca terminó de entender la esencia del equipo, su forma de jugar y su identidad.

Pero ahora, el poco entendimiento entre ambas partes, que por aquel entonces jugó en contra de la selección, puede convertirse en una baza para Colombia. Esta madrugada, los de Néstor Lorenzo tendrán delante a alguien a quien conocen muy bien. A él y a su estilo de juego. El portugués ha construido el equipo que pretendió formar en Colombia: un grupo ordenado, con gran capacidad física y verticalidad. Son rasgos que ha buscado plasmar en cada una de las selecciones que ha dirigido, que no han sido pocas (Portugal, Arabia Saudí, Sudáfrica, Colombia, Egipto, Irán, Qatar, Omán y Ghana). Tampoco han sido pocos sus Mundiales en la zona técnica. Debutó con Portugal en 2010 y desde entonces ha acudido a todos. Los tres siguientes fueron con Irán, antes de volver a lo que parece su hábitat natural con Ghana.

Queiroz, poco antes del partido ante Croacia en Philadelphia.
Queiroz, poco antes del partido ante Croacia en Philadelphia.AFP

Aunque con Colombia no logró clasificarse, Queiroz tenia muy claro que su plan de juego pasaba por un hombre: James Rodríguez. «Alrededor de él hay que construir el futuro porque es el alma y el corazón del equipo», admitió. Aunque, si hubo un jugador que supo plasmar lo que el técnico quería, ese fue Luis Díaz. Se podría decir que el preparador luso quiso adaptar a la selección a un juego más europeo y que, con el actual jugador del Bayern, al menos al principio, encontró el perfil que buscaba. «Luis Díaz revienta el fútbol. Los jugadores con esa capacidad creativa, esa capacidad de innovar en cada acción sobre el campo, son raros. Díaz siempre trata de encontrar diferentes soluciones técnicas durante los entrenamientos y luego las lleva a los partidos, donde impone su magia».

Ahora, desde el otro lado, se reencontrará con ellos, con ellos y con todo un país en el estadio de Kansas City. El destino ha querido que, cinco años después, Queiroz tenga la oportunidad de medirse al país que nunca terminó de conquistar. Dicen que los reencuentros con un ex nunca son fáciles. El de esta madrugada (03:30 h) tendrá 90 minutos para ajustar cuentas antes de que el fútbol dicte sentencia.

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