El QR no basta para ver al Papa, se necesita un milagro: «Nos hemos saltado el control para comulgar»

Cuando Adriana y su grupo de amigos bajaron del metro en Alonso Martínez todavía quedaba una hora y media para que arrancara la misa del Corpus que este domingo ofició el papa León XIV. Todos llevaban en el teléfono los códigos QR correspondientes para entrar al sector que les habían asignado. Pero lejos de ver el oficio desde el carril central del Paseo de la Castellana, tuvieron que tirar de la retransmisión televisiva: «Nos hemos quedado sin entrar porque nos han dicho que el aforo está completo», protestó.

 El Santo Padre ha congregado a más de un millón de personas pero, pese a la minuciosa organización y adquisición de entradas, ha habido fieles que no han podido acceder a los sectores asignados  

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Cuando Adriana y su grupo de amigos bajaron del metro en Alonso Martínez todavía quedaba una hora y media para que arrancara la misa del Corpus que este domingo ofició el papa León XIV. Todos llevaban en el teléfono los códigos QR correspondientes para entrar al sector que les habían asignado. Pero lejos de ver el oficio desde el carril central del Paseo de la Castellana, tuvieron que tirar de la retransmisión televisiva: «Nos hemos quedado sin entrar porque nos han dicho que el aforo está completo», protestó.

A las 10.04 de la mañana la Policía cerró los accesos de todo el Paseo de la Castellana por el este y el oeste al cumplir con el máximo de ocupación previsto». Igual que este grupo de jóvenes, decenas de personas de todas las edades se apostaron sobre el cordón policial que les impedía el paso, aquejados por su ubicación en la antesala de la misa.

La colocación, apunta Adriana, no era baladí: «Se escuchaba fatal porque los altavoces están colocados para que se oiga en los sectores y donde estábamos nosotros rebotaba el sonido en los edificios».

Sumado a la acústica, el acento yankee del castellano de Robert Prevost puso algún bache al entendimiento de estos fieles más apartados. «Estuvo en Perú, pero sigue sin hablar un español perfecto y entre el sonido y el acento a veces costaba entenderle», apuntó la joven.

La camiseta blanca con la raya naranja de los voluntarios era el siguiente jalón para reclamar acceso. Muchos apuntaron que el aforo de los sectores estaba cuadrado al milímetro, aunque las cifras de personas inscritas a la misa no alcanzaban ni los 700.000 en la noche del sábado. «En la vigilia pasó lo mismo, da mucha pena porque hay gente que se queda fuera sin poder ver las pantallas, pero nosotros no podemos hacer nada», explicó Teresa, del sector W9.

La solución inmediata de alguno de los asistentes fue recurrir al teléfono. Pero la cobertura iba y venía, como suele ocurrir en los grandes eventos multitudinarios, así que sólo pudieron escuchar partes inconexas de la misa. Llegado el momento de la comunión, no lo dudaron, se «rebelaron» contra la policía: «Cuando vimos que podíamos nos saltamos el control y fuimos directos a los curas», celebró la joven.

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