Amazon parece estar lista, finalmente, para inundar el cielo estadounidense con drones para entregas a domicilio. El miércoles, el gigante tecnológico anunció su plan para expandir ese sistema de entregas a casi 500 ciudades de Estados Unidos antes de que termine el año, en lo que parece un punto de inflexión significativo para un proyecto del que habló el fundador de la corporación, Jeff Bezos, por primera vez hace 13 años.
El gigante tecnológico acelera un proyecto anunciado por Jeff Bezos hace 13 años, mientras lidia con accidentes, restricciones regulatorias y quejas por el ruido
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Amazon parece estar lista, finalmente, para inundar el cielo estadounidense con drones para entregas a domicilio. El miércoles, el gigante tecnológico anunció su plan para expandir ese sistema de entregas a casi 500 ciudades de Estados Unidos antes de que termine el año, en lo que parece un punto de inflexión significativo para un proyecto del que habló el fundador de la corporación, Jeff Bezos, por primera vez hace 13 años.
El anuncio multiplicaría por seis la flota de drones disponible actualmente y aceleraría el programa de entregas en media hora de muchos de sus productos, incluyendo alimentos, medicinas, cosméticos o electrónicos. Según David Carbon, vicepresidente de Prime Air, la meta es alcanzar el millón de entregas con drones en 2026, un sistema con el que esperan revolucionar la compañía.
Hasta ahora, sin embargo, se han encontrado con un buen número de obstáculos, desde problemas regulatorios y recortes de personal en esa división hasta quejas de vecinos por ruido en las zonas donde se ya está en marcha.
Desde que Bezos se comprometió en 2013 a crear un sistema para entregar pequeños paquetes con drones en media hora o menos, Amazon ha invertido más de 2.000 millones de dólares, sin que el servicio haya llegado a ser rentable todavía a gran escala. Ahora, el coloso de la venta digital presume de estar realizando «miles de envíos» diariamente con sus drones, atendiendo a clientes en ciudades de siete estados – Arizona, Florida, Kansas, Luisiana, Míchigan, Nebraska y Texas-, con planes para comenzar a operar en Georgia, Ohio, Illinois, Idaho y Nueva York en los próximos meses.
Los miembros de Prime pagarán 2,99 dólares por envíos de 50 dólares o más y los clientes que no cuenten con la suscripción, 4,99 dólares, con artículos que no deberán superar los dos kilos y medio peso. Eso significa que más del 60% de los productos que los clientes compran con mayor frecuencia en Amazon son aptos para este servicio, según la empresa.
Pero no están solos. Wing, propiedad de Alphabet -la compañía matriz de Google-, ya ha superado la marca del millón de entregas con drones a través de su colaboración con Walmart y Doordash. El caso de Zipline es aún más notorio, con dos millones de entregas. Fundada en 2014 en Half Moon Bay, California, la compañía está valorada en más de 7.600 millones de dólares.
Sobre el papel, las ventajas para las empresas son cuantiosas, empezando por incrementar la velocidad de las entregas y siguiendo con el ahorro de personal y de transporte que supone modificar ese último tramo de la entrega. La realidad ha resultado ser muy distinta, al menos hasta ahora. Empezando por los varios accidentes que se han registrado. En octubre de 2025, dos drones chocaron contra una grúa en Arizona, con incendio incluido. En Texas, uno seccionó un cable de internet y otro se estrelló contra un edificio de apartamentos con las hélices aún girando.
A eso se suma una carga regulatoria considerable: en EEUU, cualquier vuelo que supere el alcance visual del operador exige una certificación pensada originalmente para aerolíneas comerciales, y la norma que debía sustituir ese sistema por autorizaciones más ágiles lleva ya años de retraso.
Después está el zumbido constante de los drones sobrevolando barrios residenciales, que ha generado quejas y rechazo vecinal en varias zonas piloto, o la lluvia, el viento fuerte o las temperaturas extremas que obligan a suspender el servicio con frecuencia. Y aunque se elimina al repartidor, sigue haciendo falta personal cualificado para supervisar varios drones a la vez y gestionar incidencias, lo que recorta buena parte del ahorro laboral prometido. Los retos para que el sistema de cuajar son muchos.
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