Benviro: el camino del laboratorio a la empresa para hacer realidad la solución contra los microplásticos

Estudiando ingeniería ambiental, Patricia Aymà (33) se enamoró de las bacterias que producen bioplástico. Más tarde, en un curso de emprendimiento halló a sus socios, Noelia Márquez y Jordi Margarit, con quienes en 2018 fundó Benviro para llevar la producción de bioplásticos del laboratorio al mundo empresarial. El resto es el camino que la ha conducido hasta el Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026 por «haber logrado transformar una visión científica en una realidad industrial escalable» y hacer de la transición hacia materiales biodegradables «un modelo de negocio viable y disruptivo«, expresa la Fundación.

 Nació en 2018 de la afición por los bioplásticos y el afán de poner un remedio a la crisis medioambiental  

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Estudiando ingeniería ambiental, Patricia Aymà (33) se enamoró de las bacterias que producen bioplástico. Más tarde, en un curso de emprendimiento halló a sus socios, Noelia Márquez y Jordi Margarit, con quienes en 2018 fundó Benviro para llevar la producción de bioplásticos del laboratorio al mundo empresarial. El resto es el camino que la ha conducido hasta el Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026 por «haber logrado transformar una visión científica en una realidad industrial escalable» y hacer de la transición hacia materiales biodegradables «un modelo de negocio viable y disruptivo«, expresa la Fundación.

Benviro está especializada en la fabricación con materiales de bioplástico, que no genera microplásticos persistentes ni en el medio ni en la salud. Es por ello que mantienen el germen de su actividad -la investigación y desarrollo biotecnológico de las bacterias que hacen biodegradable al plástico- y que hasta 2022 recogió una inversión total de 13 millones de euros. Su momento de inflexión llegó en 2023, cuando cambiaron la búsqueda de una solución única por «hacer recetas» de todos los tipos de bioplásticos biodegradables presentes en el mercado y comercializar distintas fórmulas, aplicaciones y precios. Desde este cambio de estrategia, la empresa catalana se dedica a la fabricación de envases alimentarios, piezas de cosmética y hasta un film de plástico proteger cultivos agrícolas del sol. Para este último uso, con su certificación de compostaje por cada producto que fabrica avalan que en 180 días el 90% de su plástico orgánico desaparece en el medio.

Su producción de la parte biotecnológica se desarrolla en una planta en Murcia. Aymà, que detalla que ahora mismo sus clientes son 30 empresas de los sectores de la alimentación, la cosmética, la agricultura o la hostelería, tienen muchos proyectos en marcha que aún se encuentran en fase de validación, el último paso antes de su comercialización. Con todo, acaban de cerrar una ronda para continuar con la investigación y desarrollo de su empresa a escala industrial, apoyados en un PERTE agroalimentario.

La empresa tiene un objetivo muy ambicioso: abrir mercado y ser seña de calidad y seguridad en bioplásticos. También extender sus líneas de productos al área médica, con prótesis o kits de sutura.

Y hay un obstáculo inicial para el cambio que quiere liderar esta compañía de 10 trabajadores: las empresas. Generalmente no terminan de ver los beneficios de una transformación a largo plazo, pero sí el efecto inmediato en sus márgenes al asumir un coste mayor. Y es que las piezas hechas a base de bioplástico de Benviro se venden entre un 10% y un 15% más caras que aquellas hechas a partir de petróleo. Que, puntualiza Aymà, «no contabiliza ni la contaminación al medioambiente, ni a nuestro cuerpo. Todo esto está externalizado: lo pagamos todos. No cuenta con mi posible inflamación en un futuro. ¿Eso cuánto vale?».

Para ahorrar tiempos -y decepciones- las primeras preguntas de Benviro a su potencial cliente son la percepción de sus consumidores del valor del producto (para prever si afrontarán el gasto), y cuál quieren que sea el destino final de su plástico (compostable en suelo, mar o casero…). La empresa que sigue adelante envía la pieza de plástico a transformar y sus especificaciones. Benviro selecciona los materiales que mejor se ajustan al producto y supervisa las pruebas de fabricación con él. Y si la solución encaja, comienzan a las estimaciones de costes.

«Es un proceso largo, y hay empresas que en esta parte entran en el Valle de la Muerte: mientras el cliente está certificando, homologando…, necesitas financiarte sin que te paguen, hasta que te hagan el pedido», explica Aymà. Pero aclara que ellos están superando el bache. Y que «nos sentimos acompañados. Muchas firmas españolas empiezan a estar comprometidas con el cambio, porque cuando se trata de ser líder, hay que serlo en todo».

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