El pasado martes, el Consejo de Ministros retiró la Gran Cruz de Sanidad concedida por el régimen franquista en 1947 a Antonio Vallejo-Nágera (1889-1960), a quien el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llamó en un vídeo de TikTok «el Mengele español», en un ejercicio de desmesura, desconocimiento histórico e incluso de ofensa para las miles de víctimas torturadas mediante experimentos físicos, como inyecciones letales o cirugías sin anestesia, sobre todo en gemelos y personas con enanismo, o enviadas tras una selección genética a las cámaras de gas por el ángel de la muerte en Auschwitz.
La hija de Antonio Vallejo Nágera, ‘última víctima’ de la memoria histórica, y Colate, su nieto, muestran su indignación por la decisión del Gobierno de retirar una condecoración al psiquiatra muerto hace ahora 66 años.
El pasado martes, el Consejo de Ministros retiró la Gran Cruz de Sanidad concedida por el régimen franquista en 1947 a Antonio Vallejo-Nágera (1889-1960), a quien el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llamó en un vídeo de TikTok «el Mengele español», en un ejercicio de desmesura, desconocimiento histórico e incluso de ofensa para las miles de víctimas torturadas mediante experimentos físicos, como inyecciones letales o cirugías sin anestesia, sobre todo en gemelos y personas con enanismo, o enviadas tras una selección genética a las cámaras de gas por el ángel de la muerte en Auschwitz.
«Comparar a mi padre con Mengele«, afirma en conversación con LOC Paloma Vallejo-Nágera (1949), su única hija viva (eran cinco hermanos, fruto del matrimonio con María Dolores Botas), «es un insulto y una difamación. Mi padre fue un psiquiatra reconocido y condecorado internacionalmente, que estudió en Alemania, donde coincidió con Jung, y que vivió entregado a la psiquiatría, que era su gran pasión. Fue el primer catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, miembro de la Real Academia, coronel del Ejército… estas acusaciones que hace el presidente no tienen ninguna validez jurídica porque nunca hubo ninguna sentencia contra él. Ya veremos si tomamos alguna medida».
La equiparación entre el médico nazi Josef Mengele y Antonio Vallejo Nágera forma parte de las acusaciones que una parte de la historiografía española ha mantenido con el que también es llamado el «psiquiatra de Franco». Autor prolífico desde muy joven, el médico fue durante los años 30, junto a Misael Bañuelos y Juan José López Ibor, uno de los principales representantes de las teorías eugenésicas y raciales en España. Aunque ahora se trate de textos académicos que han perdido toda validez científica y moral, sobre todo después del Holocausto, en un texto de Salvador Cayuela y Paula Arantzazu Ruiz, editado por el Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, se reconoce que la preocupación por «la caracterización biológica de las razas» era muy habitual entre el mundo científico durante la Segunda República. «La permanente preocupación eugenésica por las conductas procreadoras y la propia sexualidad» era «un asunto que se convierte ya en el periodo republicano en una verdadera cuestión social. Todos estos elementos y preocupaciones son constantes en el movimiento regeneracionista y eugenista español, y son, de hecho, transversales a todas las ideologías y discursos políticos de la época«.
No obstante, fue su actuación a partir de 1938 en la prisión burgalesa de San Pedro de Cardeña (donde estuvieron encarceladas muchas presas y la mayor parte de los miembros de la Brigadas Internacionales) lo que alimentó su leyenda como responsable de supuestos experimentos psicológicos y del robo de niños, algo que nunca ha logrado sustanciarse, pese a que la política del Auxilio Social de orfanatos y adopciones fue sistemática en los primeros años de la posguerra española.
En Cautivos (Crítica, 2005), uno de los libros de referencia sobre el sistema penitenciario y los campos de concentración en España entre 1936 y 1947, el historiador y catedrático de la UAB Javier Rodrigo afirma que «estas investigaciones, ya estudiadas sobre todo en lo relacionado a la creación de la teoría de la segregación total y -paralelamente- en lo relativo a las mujeres encarceladas y al rapto de sus hijos, están, sin embargo, cargadas de incógnitas». Y sobre los experimentos psicológicos con presos, concluye Rodrigo: «No se trataba, por tanto, de la aplicación de políticas de esterilización o eliminación masiva de la inferioridad, ni tampoco a esas conclusiones se llegó en San Pedro. El racismo hispano de Vallejo tenía más que ver con variables morales que físicas, con la identificación de la comunidad nacional desde vectores identitarios (la identidad comunitaria), como una tentativa de justificar el nacionalismo a través de una ciencia objetiva».
Por todo esto, Nicolás Vallejo-Nágera, Colate, nieto del psiquiatra, muestra su sorpresa y su indignación por la actuación del Gobierno «contra una persona que murió en 1960 y que ya no puede defenderse. No creo que se pueda juzgar con los ojos de hoy lo que pasó hace casi 100 años. Desgraciadamente yo no tuve la suerte de conocer a mi abuelo, pero por lo que sé, estaba considerado como uno de los mejores psiquiatras del mundo y tiene tantos reconocimientos que no sabíamos que tenía también la medalla que ahora le quiere quitar este Gobierno, que lo que pretende es cambiar la historia y hacer un relato nuevo que convenga a una ideología determinada».
Para Colate, hermano de la también televisiva Samantha Vallejo-Nágera, «esto responde a un oportunismo político, de repente, porque nadie lo había hecho hasta ahora, atacan a mi abuelo con mentiras. Y yo creo que, como en el caso de Julio Iglesias, puede ser que lo hagan para que no se hable de otras cosas».
Paloma Vallejo-Nágera, a diferencia de su hermano mayor, Juan Antonio Vallejo-Nágera (1926-1990), conocido psiquiatra y escritor, premio Planeta en 1985 por su novela Yo, el rey, y condecorado también con la Orden Civil de Sanidad en 1969, se ha mantenido siempre al margen de la psiquiatría y de las polémicas en torno a su padre. «En mi vida he hecho de todo, bastantes cosas, la verdad, he trabajado desde los 15 años, aunque ahora estoy jubilada. He vendido gallineros, he tenido tiendas y he regentado tres restaurantes y he puesto dos librerías.» Explica que se acuerda con cariño de su padre al que recuerda ya de mayor, «casi como un abuelo. Mi padre murió cuando yo tenía 11 años. Recuerdo que era un apasionado de la música clásica y de Wagner, en particular. A mí me pagaba un duro para que lo acompañase a los conciertos. Otras veces, cuando venía de viaje y traía algunos discos nuevos, me tumbaba en el diván y si me mantenía callada, me daba otro duro. En un extremo de mi casa, mi padre escuchaba esos discos, y en el otro mi madre escuchaba tangos y boleros».
A Paloma Vallejo-Nágera le ha sorprendido también este ataque a su padre. «Cuando entró Podemos hubo algo, pero no le dimos mucha importancia. Esto de ahora es distinto». De manera recurrente, el Gobierno de coalición progresista de PSOE y Sumar echan mano de la Ley de Memoria Democrática (aprobada en 2022, en sustitución de la anterior, de Memoria Histórica, de 2007) para dictar sentencias políticas que poco o nada tienen que ver con el esclarecimiento de lo ocurrido en el convulso siglo XX español. Para eso fueron creadas, para construir un relato mitológico y maniqueo del pasado que, trasladado a la realidad política actual, permita identificar a unos españoles con los principios y valores democráticos y estigmatizar a los otros con la etiqueta de «fascistas». Exhumados Franco y Primo de Rivera del Valle de los Caídos, expurgado el callejero, anuladas las sentencias de los tribunales de la dictadura y contratados una pléyade de historiadores para fijar una indiscutible «verdad histórica«, llega el tiempo del señalamiento individual y la retirada de condecoraciones a personas que, como es el caso del psiquiatra palentino Antonio Vallejo Nágera lleva muerto más de 66 años.
LOC (La Otra Crónica). Noticias del corazón


