Vínculos con los saudíes, codicia… Sam Altman, el gurú woke de la IA expuesto por el hijo de Woody Allen y Mia Farrow

<p>¿Puede confiar el mundo en<a href=»https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2025/11/14/691724f521efa048028b457b.html»> Sam Altman</a>? Parece una pregunta más, casi intrascendente —especialmente para quienes no saben quién es—, pero los hay en Silicon Valley que sostienen que de su respuesta puede depender buena parte del<strong> futuro de la humanidad</strong>. No es catastrofismo exacerbado sino la convicción de que el hombre al frente de OpenAI, una de las figuras clave en el desarrollo de la<strong> inteligencia artificial, </strong>es un mentiroso habitual respaldado por autocracias extranjeras que está tomando decisiones que pueden suponer una amenaza irreversible para las próximas <strong>generaciones de seres humanos.</strong></p>

Seguir leyendo

 Fundó OpenAI junto a Elon Musk y consiguió convertir su herramienta, ChatGPT, en sinónimo de inteligencia artificial. Un reportaje del hijo periodista del cineasta y Mia Farrow revela los vínculos de Altman con regímenes totalitarios y otras polémicas.  

¿Puede confiar el mundo en Sam Altman? Parece una pregunta más, casi intrascendente —especialmente para quienes no saben quién es—, pero los hay en Silicon Valley que sostienen que de su respuesta puede depender buena parte del futuro de la humanidad. No es catastrofismo exacerbado sino la convicción de que el hombre al frente de OpenAI, una de las figuras clave en el desarrollo de la inteligencia artificial, es un mentiroso habitual respaldado por autocracias extranjeras que está tomando decisiones que pueden suponer una amenaza irreversible para las próximas generaciones de seres humanos.

Ronan Farrow, el periodista hijo de Mia Farrow y Woody Allen, ha diseccionado al personaje en un amplísimo reportaje en la revista The New Yorker. Es el relato de un ejecutivo de St. Louis, Missouri, gay, de familia judía, casado con un ingeniero de software australiano, Oliver Mulherin, con el que comparte un hijo nacido por gestación subrogada. Si sus proyecciones más optimistas resultan ser correctas, podría convertirse en una de las personas más ricas y poderosas del planeta con el que dicen que es el invento más importante y peligroso de la historia de la humanidad: la inteligencia artificial.

Altman, que cumple 41 años en unos días, está preparando la salida a Bolsa de la compañía que fundó en 2018 junto a Elon Musk —el hombre más rico del mundo—, Ilya Sutskever y Greg Brockman, con una proyección inicial de un billón de dólares de valoración bursátil, lo que constituiría un récord. Entonces la premisa de los socios fundadores era hacer lo posible para que el invento no se les fuera de las manos. Como explica Farrow, la firma se estableció como una entidad sin ánimo de lucro cuyo consejo de administración debía garantizar la seguridad de la humanidad sobre el éxito de la empresa y sus beneficios. Pero con el tiempo, esa misión se ha ido distorsionando. Como le dijo Sutskever a otro miembro del consejo directivo: «No creo que Sam sea la persona que debería tener el dedo en el botón».

En otoño de 2023 se metieron de lleno en la tarea de eliminarlo de la ecuación y lo consiguieron. Altman estaba en Las Vegas en un evento de Fórmula 1 cuando le llamaron para comunicarle que dejaba de ser el CEO de OpenAI por su forma de manejar la empresa. La sorpresa entre los inversores fue tal, incluyendo al CEO de Microsoft y el confundador de LinkedIn, que movieron los hilos para tratar de enmendar lo que consideraban un error y un absurdo. En cinco días, Altman estaba de vuelta.

El periodista Ronan Farrow junto a su madre, la actriz Mia Farrow
El periodista Ronan Farrow junto a su madre, la actriz Mia Farrow

Si Satya Nadella (Microsoft) y Reid Hoffman (LinkedIn) hicieron bien en presionar para su regreso solo el tiempo lo dirá. De momento, hay motivos sobrados para estar sobre alerta. Para empezar, por sus comienzos. Tanto Musk como Altman compararon la IA con el Proyecto Manhattan que derivó en la creación de la bomba atómica. Hubo un punto en el que discutieron sobre el potencial peligro de su futura creación y en la necesidad de que el gobierno acabara controlando OpenAI por las implicaciones de seguridad nacional que podía acarrear.

Si salía bien, soñaron, su modelo acabaría con la escasez, la necesidad de trabajar, o el cáncer, facilitando un panorama de abundancia y hedonismo a gran escala. Pero si salía mal, estaríamos ante una suerte de apocalipsis, como ya han planteado un buen número de películas de ciencia ficción: ordenadores desobedeciendo a sus creadores y pasando a controlar las reglas del juego: desde los sistemas eléctricos a los aeropuertos, los mercados bursátiles o el arsenal nuclear. ¿Y por qué no un extermino de la raza humana por parte de las máquinas? No parece que estemos cerca de llegar a ese punto, pero son muchos los que han advertido del peligro existencial de una industria en pleno boom.

Sam Altman durante una conferencia en Tokio en febrero de 2025
Sam Altman durante una conferencia en Tokio en febrero de 2025GTRES

El mismo Altman especuló con esa idea en su blog en 2015, diciendo que la inteligencia artificial sobrehumana «no tiene por qué ser la versión intrínsecamente malvada de la ciencia ficción para acabar con todos nosotros. Un escenario más probable es que, sencillamente, no le importemos demasiado —en ningún sentido—, pero que, en un esfuerzo por alcanzar algún otro objetivo…, nos extermine».

Farrow sostiene en su historia que la de Altman ha sido una transformación paulatina, la del líder que ha pasado de predicar la contención a abrazar una expansión acelerada del poder tecnológico, incluso cuando eso implica relajar compromisos previos de seguridad. O incluso cuando supone hacer pactos con regímenes totalitarios como el saudí. En su intento de levantar capital, Altman se reunió con el príncipe Mohammed bin Salman, el monarca de facto acusado de ordenar el asesinato del periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi. Llegó incluso a formar parte del consejo de administración de Neom, el proyecto faraónico de ciudad en mitad del desierto que pretendía construir Bin Salman.

Las fuentes de Farrow comparan a Altman con alguien en quien no se puede confiar, una hombre con una versión distorsionada de la realidad, como Steve Jobs en su momento. «Es un sociópata», decía uno de sus compañeros de promoción durante sus años universitarios en Stanford. «Sería capaz de cualquier cosa».

 LOC

Noticias Similares